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Justificación y Santificación

Justificación y Santificación

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La biblia nos dice que Dios no envió a su hijo Jesucristo a condenar al mundo; sino para que el mundo sea salvo por medio de Él (Juan 3:17). En todo creyente que ha sido salvo hay tres procesos que ocurren:

  1. La justificación: Estar en Cristo Jesús.
  2. La santificación: Andar en Él.
  3. La glorificación: Ocurrirá al morir cuando lleguemos a la presencia de Dios.

La biblia enseña que somos declarados justos por medio de la fe en Cristo:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9

El Espíritu Santo es Dios en su naturaleza misma, Él es quién sopló las palabras a los escritores de la biblia, Él es quien nos abre los ojos y la conciencia; nos revela la acción de gracia, y Él es Quien hace que busquemos a Dios.

El Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad, y no busca adoración. Es Dios Padre quien planifica, es Cristo quien expresa, y es el Espíritu Santo quien actúa. Él nos capacita y nos lleva a Cristo, y nos recuerda todas las cosas que Jesús enseñó. Y finalmente, es el Espíritu Santo el medio que nos guía al proceso de santificación.

Al ser salvos, Cristo nos ha incorporado en su vida; y al estar en Él ya no vivimos nosotros sino Cristo en nosotros. Nuestra vida ya no es nuestra; se nos ha dado una nueva naturaleza por tanto andamos en ella: en la naturaleza de Cristo.

Colosenses 2:6-7 nos dice lo siguiente: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.

El estar arraigados es una consecuencia de estar en Él. Todo creyente ha sido injertado en una raíz madre que es Jesús:

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.” Apocalipsis 22:16

Hemos sido fuertemente implantados en Cristo; y el estar sobreedificaros es el resultado de estar arraigados; lo cual producirá crecimiento.

El hebreo utiliza varios simbolismos para expresar una idea, y lo que se quiere dar a entender con la sobreedificación, es que cuando una cultura conquistaba otra, quitaba todo lo anterior y construía sus nuevas edificaciones encima de las anteriores. Había una supremacía que indicaba quien era ahora era el que mandaba.

Al ser sobreedificados en Cristo; Él es ahora quien ha hecho algo nuevo y anulado lo viejo; lo anterior en nosotros. Él es ahora quien gobierna nuestra vida pues hemos sido comprados por su sangre.

Sin embargo; cuando empezamos a crecer en Cristo, nos damos cuenta que el pecado aún está en nosotros pero con la gran diferencia que ya no gobierna nuestras vidas. El pecado tiene tres aspectos: acto, estado y poder.

Con la justificación, el acto fue perdonado, el estado ha cambiado y el poder ha sido quitado. Pero la presencia del pecado no se ha ido.

Aunque estamos en el proceso de santificación, el pecado va a estar ahí, en espera de ver cuando caemos y venga el enemigo a acusarnos. Pero; permaneciendo en Cristo quien es la raíz, empezamos a crecer (santificación); somos apartados del mundo y del poder que estaba en nuestras vidas: el del pecado.

La santificación no es lo que hacemos para llegar al estándar de Dios, es la acción que el Espíritu Santo hace que nos acerca cada vez más al carácter de Cristo Jesús. Somos perfectamente santificados en Cristo Jesús. No es nuestra obra, es la obra del Espíritu Santo en nuestra vida.

Podemos utilizar la siguiente metáfora: un juego de llaves representan nuestra vida y cada una abre un área de ella. Cada llave que le damos al Espíritu Santo; le estamos entregando una parte de nuestra vida.

Si el Espíritu Santo quiere abrir un cuarto, pero no puede entrar, es porque nosotros no le hemos entregado esa llave. Debemos estar dispuestos a darle las llaves de todo nuestro corazón para permitirle entrar y que Él haga su obra. A menudo no logramos la victoria sobre algo o alguna situación y es porque aún no le hemos entregado esa llave o esa parte de nuestra vida al espíritu de Dios. Cuando no hacemos esto; el pecado va a llegar y nos va a decir que esa área le pertenece; sin embargo Apocalipsis 1:17-18 nos dice:

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”.

La santificación consiste en que usted y yo entreguemos las llaves. Y caminamos, y en el proceso vamos siendo transformados, pero no tenemos que esperar que el edificio esté terminado para llegar a la santificación.

La justificación es un posición legal; mientras que la santificación es una condición interior que continúa toda nuestra vida. Es una obra progresiva de Dios la cual nos acerca cada vez más a Cristo.

La santificación no son las obras. Nuestra participación como seres humanos; es solamente ser dóciles ante el Espíritu Santo y permitirle que actúe en nuestra vida. El único medio de santificación es la obra redentora de Cristo Jesús.

Sin la acción del Espíritu Santo de Dios, no tendríamos la palabra.

Hay tres aspectos importantes en la vida del creyente:

  • La palabra: lectura de la biblia.
  • La oración: hablar con Dios.
  • La comunión con los hermanos: consecuencia de lo anterior y de permanecer en Cristo.

Por la fe somos confirmados. La fe es por el oír y por el oír la palabra de Dios. La fe no es lanzarse de un edificio sin paracaídas, sino es el conocimiento por el cual sabemos en quién hemos creído y en quién estamos arraigados.

Lo primero que el Espíritu Santo utiliza para mantenernos unidos a Cristo, es la palabra.

La oración es como el respirar de Dios. Pero si nos cuesta respirar nos morimos. La oración nos alimenta.

La santificación es el resultado de andar en Cristo Jesús, pero no podemos andar en Él sino estamos en Él. La pregunta es: ¿andamos en Él?.

Salmos 27:4 nos dice: “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.”

Usted y yo no debemos buscar ser diferentes, debemos buscar permanecer en Él.

Oremos para permanecer arraigados en la raíz que es Cristo Jesús; quién completará su obra para gloria de su nombre estando persuadidos de que Él; quien es quien comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de su regreso!