Devocional: Libro de Santiago – Un Reto a Nuestra Fe – Día #3

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Cuidando lo que hablamos

(Capítulo 3)

Plan Devocional Día 3 de 5

«Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!»

Santiago 3:5

A muchos de nosotros nos gusta memorizarnos las letras de las canciones; otros tienen una excelente memoria para diálogos de películas o series. A veces pasamos por alto que las palabras tienen una capacidad enorme de quedar grabadas en la mente de las personas. Santiago, capítulo 3, se refiere a la lengua como algo muy pequeño pero con enorme poder , y es que Jesús hizo un gran hincapié en que nuestras palabras son un reflejo de lo hay en nuestro corazón.

Un mal día nos va a frustrar y ante el primer inconveniente vamos a usar palabras duras, cortantes, severas hacia los demás y hasta contra nosotros mismos. Esas emociones que nos ponen incómodos hacen que solo reaccionemos sin pensar en las consecuencias. Una actitud grosera y altanera al expresarnos, siempre dará un mal resultado. Por eso, la palabra de Dios nos manda a pensar en todo lo que es justo, amable, bueno, y digno de alabanza, en lugar de pensar que las cosas no salen como lo esperábamos o culpar a los demás por nuestra ilusión de tener todo bajo control.

Cuando más bajamos la guardia con lo que hablamos, es cuando nos sentimos más en confianza. Hacer bromas, comentarios sarcásticos, hablar de los demás, son malas ideas. Creemos que otros lo van a tomar bien, que se les va a olvidar, que son solo “bromas” pero tengamos cuidado, que podríamos estar haciendo mucho daño a quienes las escuchan y a quien o quienes nos referimos.

Ese es el fuego pequeño que puede causar un gran incendio del que habla Santiago; un riesgo que no vale la pena tomar. Más bien, aprovechemos cada momento con nuestros amigos, familia, novia, compañeros para ser luz, para tratar a los demás con amor y compasión, sin necesidad de palabras adornadas, ¡claro que podemos ser nosotros mismos! Y es que eso debe notarse cuando hablamos: Que fuimos rescatados, nacidos de nuevo, amados, perdonados; y queremos que todos sepan quién es Jesús, lo que ha hecho en nuestras vidas y esto podemos reflejarlo a través de nuestras palabras.

Oremos:

“Señor, enséñame a usar mis palabras para bendecir a otros, para dar testimonio de lo que has hecho en mi vida, no importa en lugar donde esté. Ayúdame a ser consecuente en lo que digo y en lo que hago, así como Jesús lo fue, no para gloria mía, sino para darte la honra a ti. Que tu amor, compasión y perdón sean siempre mi tema favorito de conversación. Amén.”

Joseph Brenes

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