En Cristo Soy: Libre
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En Cristo Soy: Libre

Lamentablemente como creyentes muchas veces no entendemos la dimensión de la nueva identidad que es nos ha dado en Cristo. Aun conociendo al Señor, continuamos con luchas constantes con el pecado, tenemos problemas financieros, trabajamos esforzadamente intentando hacer las cosas bien, pero aun así sentimos que estamos encadenados y que no podemos avanzar.

La Biblia dice que la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. Y como personas que genuinamente hemos entregado nuestra vida a Cristo, ya no somos esclavos del pecado, sino que somos libres en Él.

¿Vivimos como personas libres o como esclavos? Existe mucho cristiano que vive como esclavo, sin tener victoria y sin caminar en el plan de Dios. La bendición de Dios es espiritual y no natural, y por ello surgen tantos conflictos en los temas de doctrina y teología de la prosperidad.

El plan de Dios fue hacernos prósperos con lo que tenemos y no a aspirar a cosas inalcanzables. Él nos puso como mayordomos de lo que tenemos, y nos bendijo con toda bendición espiritual. El dinero no puede comprar la paz y la seguridad de salvación.

Romanos 8:1 dice “Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús” Cristo no vino condenarnos sino a traernos salvación. Quienes estamos en Cristo, tenemos una eternidad garantizada a su lado.

Lucas 7:47 dice “al que mucho se le ha perdonado, mucho ama”. Nuestra vida iba dirigida a la destrucción, y al entender lo que se nos perdonó, el nivel de pecado que había en nuestra vida, concluimos; ¡estábamos perdidos! Sin duda alguna no había forma en que pudiéramos enderezar nuestra vida por nuestros propios méritos.

En el estándar de Dios, nadie puede cumplir con su ley, no somos salvos porque seamos buenos o malos; todos somos malos, todos hemos pecado y estamos destituidos de su gloria. No importa cuánto prediquemos, sirvamos o hagamos, estamos destituidos sin la gracia de la cruz y no hay forma de recibir salvación.

¿Cuáles son nuestros pensamientos naturales? ¿Estamos pensando en cómo agradar a Dios o estamos pensando más en lo que nos agrada a nosotros mismos? A pesar de haber nacido de nuevo, a menudo buscamos más agradarnos a nosotros o los demás en vez de agradar a Dios. Muchas veces buscamos más cultivar nuestro cuerpo que nuestro espíritu.

Si solo pensamos en carnalidad, sexo o cosas vanas estamos siendo personas carnales. Debemos evaluar si verdaderamente el Espíritu Santo está en nosotros, pues el sello de la obra de Dios es Su Espíritu en nosotros. Cuando le tenemos, el Señor nos da libertad y la capacidad de luchar contra el pecado. Este solamente se puede vencer cuando se alimenta nuestro espíritu. Cuando conocemos la verdad y no buscamos la mentira, ya no nos deslumbramos por las cosas que el mundo provee.

Como creyentes no nos movemos por lo que sentimos o por lo que vemos sino por las verdades del Señor. No necesitamos una oración de liberación de otra persona, necesitamos quitar mentiras, empezar a implantar verdades y caminar como aquel que conoce la verdad. Si conocemos la verdad, conocemos al Señor, y lo que el Él pide es obediencia. Cuando le amamos, no obedecemos por obligación.

El principio del cristiano es que el cristiano obra en amor porque Dios ya lo llenó de su amor. Su esencia está en nosotros. Le amamos a Él porque Él nos amó primero.

Romanos 8:6 dice “Por lo tanto, permitir que la naturaleza pecaminosa les controle la mente lleva a muerte. Pero permitir que el espíritu le controle, la mente lleva vida y a paz.”

Seguidamente el versículo 12 menciona: “Por lo tanto, amados hermanos, no están obligados a hacer lo que su naturaleza pecaminosa les incita a hacer.” Y los versículos 13-14 “Pues si viven obedeciendo la naturaleza pecaminosa, morirán. Pero si mediante el poder del Espíritu hacéis morir las acciones de la naturaleza pecaminosa, vivirán. Pues todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.”

Vamos a vivir una vida de guerra espiritual y esta no se libra de forma física sino en nuestra mente.

Si estamos en Cristo, debemos estar llenos del Espíritu Santo de Dios. Somos libres, pero el enemigo va a tratar de hacer que creamos que no lo somos, porque ser libre no es sinónimo de vivir como libre.

¡Se puede ser libre y vivir como esclavo! Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, aunque la acción concreta fue salir de dicho lugar ellos querían regresar.

Cuando decidimos creer a nuestras emociones, y en las mentiras, estamos alimentando la carne. Pero cuando ayuno, cuando vamos a la presencia de Dios, leemos Biblia, oramos, servimos al Señor, nos congregamos, alimentamos el Espíritu y el este empieza a tener control todo. La carne nos va a llevar a muerte, va a matar nuestro propósito en el Señor. El Espíritu va a llevarnos a que conozcamos nuestro propósito.

Cuando decidimos creerle al enemigo y el ladrón entra, nuestra casa sigue siendo del mismo dueño que lo era, del Espíritu Santo de Dios. El Señor sigue siendo dueño, pero el enemigo tiene acceso, toca, rompe y destruye perjudicando el plan de Dios para nosotros.

Veamos cuatro principios de cómo caminar en esta libertad que el Señor quiere comprar para nosotros.

#1: Debemos reconocer que necesitamos ayuda, nadie que no reconoce necesitarla, va a ver victoria. Mientras no reconozcamos esa necesidad, nunca vamos a poder salir de esa condición, ni siquiera Dios nos va a sacar de ahí, porque el Señor respeta nuestra libre decisión.

En la historia del hijo pródigo, el hermano menor despilfarró la herencia en cosas pecaminosas y terminó literalmente comiendo con los cerdos. Lucas 15:17 “Cuando finalmente entró en razón, cayó en conciencia de su condición pecaminosa. Se dijo a sí mismo: “En casa hasta los jornaleros tienen comida de sobra, ¡Y aquí yo estoy muriéndome de hambre!” Necesitamos entrar en razón, esa es una obra que solo el Espíritu Santo puede hacer. Necesitamos ayuda, reconocer que necesitamos salir de nuestra mugre para poder recibir transformación.

#2: Debemos arrepentirnos delante de Dios y de otros. Lucas 15:18 “Volveré a casa de mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”

Necesitamos reconocer que le hemos fallado al Señor y a las personas. Este hombre dijo; necesito ir a reconocer mi pecado delante de Dios y delante de los hombres. Es más fácil reconocer el pecado delante de Dios, porque “nadie se da cuenta”, pero no nos damos cuenta de que necesitamos ser expuestos a la luz, para que verdaderamente haya sanidad en nosotros. Debe haber un verdadero arrepentimiento en nuestra vida para que el Señor empiece a hacer cambios.

Arrepentimiento no es lo mismo que confesión. El arrepentimiento involucra la confesión, pero se puede confesar y no arrepentirse. Nuestro arrepentimiento tiene que ser una confesión pública de nuestra condición pecaminosa. Tiene que haber un cambio de dirección total.

Podemos pedir perdón pero si volvemos a lo mismo, no estamos arrepentidos. Necesitamos cambiar de dirección totalmente y hacer cambios radicales; ¡una condición diferente!

Nuestra mente necesita dejar de ser una mente corrupta y empezar a ser una mente bíblica y espiritual.

Este hombre entendió esto, dijo: “Yo entiendo que a como estoy, estoy mal y me sería mejor ser un jornalero porque no había visto la gracia del padre. Prefiero ser jornalero que estar comiendo con cerdos”

Romanos 12:2 dice: “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta” Es decir, nosotros no deberíamos de pensar cómo piensa el mundo sino que deberíamos de continuamente renovar nuestra mente en el Señor. Este no es un proceso de iniciar y terminar, sino que toda nuestra vida vamos a tener que trabajar en esto; en nuestra batalla entre la carne y el espíritu.

Santiago 5:16 dice “Confiesa los pecados los unos a los otros, y ora los unos a los otros para sanidad. Porque la oración del justo puede mucho hay poder en la confesión” Solo en la confesión vamos a ser libres del error y del pecado.

Cuando traemos luz a través de la confesión la libertad va a brotar de nosotros. Todos los avivamientos de la historia han empezado con la confesión pública de pecado. Hechos 19 es un ejemplo. En Éfeso, Pablo empieza a predicar y lo primero que sucede es que todos los brujos y hechiceros empezaron a traer sus libros delante del Señor y confesaron públicamente los pecados. En ese momento la iglesia de Éfeso se empezó a levantar y a traer el diseño de Dios.

Cuando hay confesión, cuando se trae luz en medio de tinieblas, el Señor se empieza a mover.

#3: Debemos renunciar a las mentiras. Las mentiras siempre van dirigidas a dos palabras absolutas: nunca o siempre. Siempre voy a ser así, nunca voy a cambiar.

Decidimos creerle mensajes al enemigo, caminar más por emociones que por principios bíblicos. El que el hijo ha hecho libre verdaderamente es libre. ¿Por qué seguimos caminando como esclavos? Toda atadura espiritual comienza con una mentira, y como no conocemos la Biblia, no sabemos distinguir si es mentira, si es verdad porque no leemos ni buscamos la verdad en la Palabra.

Lucas 15:25-29 dice “Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.  Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.

Este hombre aunque estaba en casa, era libre y no comía con los cerdos, literalmente su corazón y su condición era peor que la de su hermano. El padre ya le había dado la herencia, y él aún llega a decirle “nunca me has dado nada”.

Y muchas veces llegamos así donde el Señor; con un espíritu malagradecido sin reconocer todas sus bendiciones Hasta que no renunciamos a las mentiras, no seamos humildes, reconozcamos que necesitamos ayuda, no nos arrepintamos de corazón, confesemos nuestros pecados delante de Dios y de forma pública, seguiremos siendo libres pero viviendo como esclavos.

#4: Necesitamos recibir lo que el Señor de antemano nos ha dado y volver a ser aquellos a quienes Él llamó el primer día: cuando recibimos su salvación. Lucas 15:22 dice “Sin embargo, su padre dijo a los sirvientes. Rápido, traigan la mejor túnica que haya en casa y vístanlo. Consigue un anillo para su dedo y sandalias para sus pies”

Esa fue su vida. Él vivió con su ropa sacerdotal en un lugar de privilegio, con todo lo que el Señor le daba y con un padre que lo amaba y le quería dar todo, así fue como él creció.

Cuando salimos del plan de Dios, entramos a comer con cerdos. Cuando el Padre nos abre los brazos, a menudo queremos seguir siendo jornaleros y no logramos entender que Él nos quiere volver a la posición de hijos.

¿Cómo queremos vivir hoy? ¿Cómo libres o como esclavos? La libertad ya fue comprada por ti y por mi en la cruz del calvario.

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