Enfrentando la Crisis - Ante la depresión
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Enfrentando la Crisis – Ante la depresión

Los desiertos como la depresión van a tocar nuestra vida en algún momento, sin embargo, no debemos temerles, pues en ocasiones estas son parte del proceso que Dios permite para producir un crecimiento en nuestra vida. No crecemos en el confort, necesitamos muchas veces de la crisis para entender la voluntad de Dios. Es necesario tener claro que también hay depresiones que se dan por pecado.

¿Puede un cristiano lleno del Espíritu Santo, una persona que camina conforme la voluntad de Dios, experimentar una depresión? La respuesta es, sí. La Biblia nos deja ver múltiples personajes que experimentaron depresión, tristezas profundas y a esas personas, Dios no les ocultó sus debilidades, están puestas ahí en la Palabra de Dios para que sean ejemplo de aprendizaje para nosotros.

Un ejemplo es Ana, la mamá de Samuel. Ana lloraba todo el día y su vida estaba afligida. Hasta que llegó a la presencia de Dios en el altar del Señor a dejar todo su dolor y ansiedad debido a que no podía tener hijos. Moisés por ejemplo, le pidió al Señor que lo matara debido a la rebeldía del pueblo de Israel. Y David después de que cometer pecado – el cual trajo consecuencias en su familia – cayó en una depresión. Este hombre decía “mis lágrimas han sido mi alimento de día y de noche”.

David llegó a decir en el Salmo 42 “Dios mío, mi alma está abatida hasta la muerte”. Una depresión, puede llegar a este punto de desear la muerte, hasta nos volvemos religiosos y le pedimos al Señor que venga.

Dicen que Martín Lutero un día se levantó y vio a su esposa vestida de negro y le preguntó si alguien había muerto; su esposa quien era una mujer muy sabia, le dijo Dios; Dios está muerto. A lo que esté hombre le cuestionó el porqué de dicha afirmación. Ella le respondió: “Martín, tú vives como si Dios estuviera muerto”. El gestor de la reforma había caído en depresión.

Elías, fue un profeta que oró al Señor y por tres años no llovió. Luego este hombre volvió a orar y el Señor hizo que lloviera de nuevo. Fue un hombre que oró y de una vasija casi vacía de aceite y una vasija casi vacía de harina comenzó a multiplicarlas y no escaseó en medio de una hambruna.

Vamos a estudiar y ver cómo fue la vida de depresión y cómo salió de la depresión Elías. 1 Reyes 19:1 “Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.” Dios llevó a Elías hasta el monte Carmelo donde retó a todos los profetas falsos que habían tomado la vida espiritual de Israel; los profetas de Asera y los profetas de Baal. Ambos eran ídolos. Dios tuvo que traer una sequía que generó hambruna, porque Baal era el dios de la agricultura. Entonces el Señor trajo un juicio sobre Israel y no llovió durante tres años.

El pueblo elegido entre todas las naciones de la tierra, se había vuelto a adorar a Baal y Asera, sembraban árboles al frente o dentro de sus casas para celebrar Asera la esposa de Baal. La corrupción había llegado a tal punto, que Jezabel junto con su esposo, el rey de Israel, Acab, habían patrocinado y levantado santuarios de adoración, templos para adorar en Israel.

Elías con su ministerio profético, retó abiertamente a todos los profetas de Baal y de Asera para traer un sacrificio y que el dios que respondiera sería el verdadero Dios. En ese tiempo los 450 profetas de Baal derramaban sangre, gritaban y hacían todo tipo de invocaciones esperando que Baal se manifestara en ese lugar, y Elías estuvo todo el día esperando y burlándose, porque cuando le tocó el turno a él, Dios vino, descendió del cielo con un fuego, lamió todo el sacrificio, las piedras, el agua, y absorbió toda el agua que habían derramado.

Dios tuvo una gran victoria. Y el pueblo supo que el verdadero y único Dios era Jehová de los ejércitos. Sin embargo; después de una gran victoria también puede venir una gran depresión.

Muchas veces hemos estado en momentos de nuestra vida donde hemos tocado el cielo con las manos. Durante un tiempo de adoración, en un tiempo de ministración, y hemos salido de ese lugar sintiendo una paz y victoria en nuestras vidas. Sin embargo, unos días después estamos luchando otra vez con los mismos problemas. Lo bueno es que Dios sabe que nosotros somos carne, entiende que somos débiles y comprende nuestras luchas.

En el capítulo 17 Elías profetiza a un Israel que había abandonado al Dios verdadero y se había entregado por completo a la idolatría. Adoraban dioses y adoraban cosas inmorales. Pero recordemos lo que dice 1 Reyes 19:1 “Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.” Había matado, degollado a todos los falsos profetas. Y dice en el versículo 2 y 3 “Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.  Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.”

Elías se fue para salvar su vida, el hombre que había derrotado, matado, pasado a la espada a más de 450 profetas de cada dios falso, el hombre que había hecho que Dios bajara fuego del cielo, de un momento a otro se sintió derrotado y el detonante de su depresión fueron las palabras de esta mujer. Este hombre no buscó a Dios; en el versículo 3 de 1 Reyes 19, dice que lo primero que este hombre hizo al oír la amenaza fue esconderse, se fue al desierto. Venía de un gran triunfo y de descubrir lo que no es verdadero, pero deseando morirse. Elías exhibió muchas de las características propias de un estado de depresión profunda; y huyó lleno de miedo en su corazón.

Podemos ver a través de la lectura de este capítulo esos rasgos de depresión que Dios no oculta de sus hijos. Elías se llenó de temor, se quedó solo, dejó a su empleado atrás y se aisló. ¿Cuántas veces hemos dejado de venir a congregarnos y nos hemos aislado de la iglesia? Sentimos que nos somos dignos, tenemos una carga pesada en nuestro corazón, creemos que Dios nos ha dejado abandonados, porque luchamos con una crisis de la cual no podemos salir adelante solos.

La Palabra de Dios dice que este hombre se quedó solo, estaba fatigado y desgastado, se sentía fracasado, tenía pensamientos de inutilidad. ¿Cuántos de aquí nos hemos sentido en algún momento con algún rasgo o varios de la depresión? Sin embargo Dios nos ha dado una instrucción que no podemos ignorar. En Proverbios dice “guarda tu corazón porque de el mana la vida”.

Elías dejó que algo lo ministrara, Jezabel fue el detonante, y este hombre ya tenía un pensamiento adentro con el cual no había podido lidiar. Elías se dejó ministrar del temor de una mentira. ¿Cuántos de nosotros dejamos gestando en nuestro corazón mentiras? Mentiras tales como que “Dios no nos oye, dónde estaba Él cuando lo necesitaba, nadie me quiere y me voy a quedar solo o sola.”

Estos pensamientos son intrusos que vienen a nuestro corazón, y si no cuidamos nuestro corazón y le damos rienda suelta, podemos caer en una depresión.

El detonante de este hombre fueron las amenazas que lo llevaron a creer una mentira. 1 Reyes 18:22 “Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; más de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.”

Más adelante en 1 Reyes 19:9-10 dice “Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”

Elías nunca fue a preguntarle a Dios, simplemente infirió que él era el único. ¿Cuántos somos así?, que va a pasar con mis hijos si falto y si no estamos quien se hace cargo.

Este hombre dejó que este pensamiento calara tan profundo, que huyó, se metió en una cueva y se echó a morir. Pero si se quería morir, ¿por qué no dejó que Jezabel lo matara? Es incongruente lo que Elías decía, porque una persona que está en tristeza no piensa con efectividad.

Dios lo que le pidió a Elías era que aprendiera a confiar en Él, que le siguiera. Al igual que a este hombre, Dios nos pide lo mismo, que confiemos y que le sigamos. No importan las circunstancias, porque sabemos que todo está bajo su control, pero entendiendo que un cristiano puede experimentar el sufrimiento. Por ejemplo Pablo, o la vida de los primeros cristianos

Pero dice la Palabra de Dios que aunque Elías tenía celo por la obra de Dios, él llegó a creer que toda la responsabilidad del reino de Dios en ese momento en Israel estaba sobre él.

1era de Reyes, capítulo 19:5-6 dice “Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.” En este versículo podemos ver el Dios amoroso, de misericordia, que no condena y no desecha a nadie. Y fue a buscar a su hijo donde estaba en su peor momento, en una cueva, deseando morirse. Después de que ese hombre había visto la gloria de Dios descender; Dios lo encuentra y lo va a buscar al igual que a nosotros.

Un día el Señor nos salió a buscar, no podemos ocultarnos de Él, aunque nos escondamos debajo de la peña, Dios nos llama y cuando nos encuentra, nos sustentará, nos llevará en sus hombros, nos sanará y nos restaurará, porque esa es la promesa de Dios sobre nosotros.

Dios entendió que Elías estaba cansado, le permitió que comiera, durmiera y le mandó un ángel. Dios nos va a sostener a través de nuestra crisis y nos va a enviar a alguien con una palabra, un abrazo y una mirada de amor.

Jehová llevó a este hombre al Monte Horeb, al monte de Dios. Dice que volviendo el ángel de Jehová la segunda vez lo tocó, ya lo había dejado descansar y comer. Y le vuelve a decirle “levántate, come porque el camino es largo”.

¿Sabes cuál es nuestra peor conducta cuando estamos en una depresión? Dejar la iglesia, apartarnos de nuestros amigos en Cristo, no oír la palabra de Dios. Sin embargo Dios le dijo a Elías, come, fortalécete porque tengo un trabajo para ti. Cuando estemos en el momento más triste de nuestra vida, sigamos trabajando. Tal vez no la misma cantidad de horas y de esfuerzo, pero no dejemos de trabajar, no nos entreguemos a la depresión.

El versículo 11-13 dice “Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?”

Dios se manifiesta al hombre en su necesidad, en su crisis.  Si vamos al libro de Hechos vemos cómo fue el Pentecostés: fue con terremoto, con viento y con fuego. Y Dios estaba ahí, pero eso no era lo que necesitaba Elías. El Señor lo ministró con su silbo apacible.

No podemos perder la esperanza, no pensemos que nuestra situación es ya lo último, que ya no tenemos fuerzas, que ya no podemos seguir peleando, que Dios nos ha dejado, que no nos ha tocado la bendición de Dios. No creamos en las mentiras que a veces rondan y hacen nido en nuestra cabeza.

Hay muchas razones por las cuales podemos caer en depresión, algunas veces el matrimonio no resulto ser lo que esperábamos, también a veces hemos sentido tanto rechazo en nuestra vida que sentimos que no encajamos en ningún lado. Los jóvenes hoy se suicidan porque no encajan.

Debemos cuidar nuestro corazón porque de él mana la vida. Vayamos al Señor y pongamos delante de Dios nuestra lucha. Confesemos nuestro fracaso.

A Elías se lo llevó de Dios en un carro de fuego, Dios no lo desechó. ¡Qué especial y bueno es ese Dios al cual podemos a contarle nuestros fracasos!

A Dios no tenemos que ponerle una máscara de religiosidad. Todos vamos a pasar por el día malo en algún momento, pero tenemos el Espíritu Santo de Dios que nos fortalece, que nos da vida, tenemos su Palabra la cual nos sostiene.

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