La Santidad no es una opción: Totalmente apartados
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La Santidad no es una opción: Totalmente apartados

En esta ocasión queremos establecer que nosotros debemos estar totalmente apartados para el Señor y hablar de qué es lo que el Señor quiere hacer en nuestras vidas. Lo primero que tenemos que entender es que cuando hablamos que estamos apartados para Dios significa que hay una diferencia en nosotros con respecto al resto de la gente.

En la actualidad, muchas personas piensan que ser apartado o estar con Dios es solamente creer en Él. Muchos otros creen que con solamente decir que la Biblia es la Palabra de Dios es suficiente, mientras que otras personas piensan que basta con tener conocimiento de Las Escrituras. También hay quienes piensan que con solo asistir a la iglesia y hacer obras es suficiente.

Es importante congregarse, leer la palabra y conocer de Dios. Pero la diferencia es que el cristianismo no es lo que hacemos, sino lo que somos. No es actuar ni jugar a ser cristiano, sino es verdaderamente ser cristiano.

La Biblia nos enseña que el trigo y la cizaña crecen juntos; es decir, en la iglesia hay personas son uno o lo otro. Podemos crecer en la iglesia como cizaña o como trigo. Y esto se revelará y nos daremos cuenta de ello cuando el Señor venga por nosotros.

Lo que debemos preguntarnos es cómo estamos viviendo nuestras vidas y qué marca la diferencia. Las buenas obras no son suficientes. Hay muchas organizaciones y personas que hacen buenas obras sin conocer a Cristo.  Nosotros hacemos buenas obras porque son fruto de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, y porque son el reflejo del Señor Jesús quien entregó su vida, siendo el mejor ejemplo de una buena obra.

A la hora de considerar nuestras obras, no debemos entonces compararnos hacia abajo, con los injustos y los pecadores, sino hacia arriba, es decir, ver si nuestra vida se acerca a la vida de Cristo.

Una persona que asiste a un gimnasio, por ejemplo, debe seguir reglas específicas para adquirir hábitos saludables y mantenerse en forma. Solo así podría tener resultados notorios, dar un buen ejemplo y por ende buen renombre al gimnasio al cual asiste.  De igual forma, nosotros como cristianos debemos evaluar bajo qué reglas estamos viviendo nuestras vidas, cuál es la imagen que estamos reflejando de Cristo en nosotros, y cuáles son los resultados que estamos dando en nuestra vida espiritual. ¿Estamos apartados para Cristo o estamos separados de Él?

Gálatas 6:14 dice:

“14 En cuanto a mí, que nunca me jacte de otra cosa que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Debido a esa cruz, mi interés por este mundo fue crucificado y el interés del mundo por mí también ha muerto. 15 No importa si fuimos o no circuncidados. Lo que importa es que hayamos sido transformados en una creación nueva.

16 Que la paz y la misericordia de Dios sean con todos los que viven según ese principio; ellos son el nuevo pueblo de Dios. 17 De ahora en adelante, que nadie me cause problemas con esas cosas. Pues yo llevo, en mi cuerpo, cicatrices que muestran que pertenezco a Jesús. 18 Amados hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con el espíritu de cada uno de ustedes. Amén.”

Lo que hacemos no es para glorificar nuestro propio nombre sino para glorificar el nombre del Señor.  Esto lo aprendemos del apóstol Pablo. Cuando este hombre perseguía a la iglesia, él era un hombre reconocido y admirado, que gozaba de autoridad y una buena posición. Sin embargo, posteriormente este hombre toma la decisión de seguir a Cristo. Tras esto aquellos que lo alababan ahora lo perseguían.

Pablo pasó de tener las puertas abiertas en muchas ciudades a tener que ocultarse y huir porque lo querían matar. Ahora sufría persecución, hambre, naufragios, y muchas dificultades.  Pablo perdió su estatus social para ganar un estatus espiritual en el Reino de los Cielos. Asimismo, nosotros debemos estar dispuestos a sacrificar lo que el mundo llama hoy éxito para glorificar el éxito de Cristo viviendo una vida apartada para el Señor.

La Biblia nos enseña que el mundo tiene los días contados, pronto va a llegar a su fin. Debemos entender que este mundo va a buscar alejarnos del propósito de Dios con cosas que a simple vista podrían no parecer tan malas. Evitar o dejar ciertas cosas del mundo podría presentársenos como algo demasiado radical. Es entonces cuando debemos preguntarnos si aquello que estamos haciendo nos acerca al propósito de Dios en nuestra vida o si más bien nos aleja.

El apartarse para Dios no se trata de aislarse totalmente de la sociedad, irnos lejos y no hablarle a nadie. Tal cosa no va a evitar que nuestra carne siga siendo carne ni que el pecado toque a la puerta de nuestra vida, ni tampoco asegura que vamos a poder vencer nuestras pasiones carnales. El único que nos puede dar la victoria es el Señor Jesús cuando realmente nos involucramos con Él y nos apartemos para Él.

Dios nos ha llamado a que quien esté cerca de nosotros pueda ver una diferencia entre nosotros y entre aquel que no sigue a Cristo. Tiene que poder distinguirse si somos trigo o cizaña. Debemos marcar la diferencia, no escondernos.  El cristianismo debe notarse en nuestra manera de hablar, de actuar y de pensar. Podríamos argumentar que nunca hemos matado a nadie, pero puede que hayamos hablado mal de nuestro hermano.

Aunque no hayamos robado o cometido adulterio físicamente, es posible que alguna vez lo hayamos pensado. Tenemos que preguntarnos si lo que hay en nuestro corazón nos acerca más a ser apartados para el Señor o si más bien nos separada de Dios.  La santificación es que nosotros buscamos cada vez parecernos más a Cristo. Dios nos llama a santidad, es decir, a ser apartados para Él y para Su propósito. Dios quiere que su pueblo se distinga del resto del mundo por la pureza en la que vive.

No quiere decir que se pueda vivir sin cometer errores y sin nunca pecar. Mas el que se arrepiente es el que busca una vida de santidad y va delante del Señor y le entrega sus luchas y confiesa sus problemas, es quien busca que Cristo sea el centro de su vida y está dispuesto a entregar cosas que otros no quieren entregar.

La madurez en la santidad se observa en aquellos que han dejado de preocuparse por sus propias necesidades y se enfocan en las necesidades de su vida espiritual. La santificación no la buscamos dependiendo de una posición o servicio en la iglesia, ni para que los demás nos vean, sino que nos santificamos porque amamos al Señor y nos queremos apartar para Él.

1 Tesalonicenses 4:3-7 dice:

“3 La voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; 4 que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor, 5 no en pasión desordenada, como los gentiles que no conocen a Dios; 6 que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano, porque, como ya os hemos dicho y testificado, el Señor es vengador de todo esto. 7 Dios no nos ha llamado a inmundicia, sino a santificación.”

Dios nos está llamando a santificación y a rechazar las demandas de la carne, cosas con las que puede que llevemos años luchando y que es necesario que entreguemos a Dios para entonces podernos acercar a Él. Tenemos que rechazar cualquier impureza, conducta, tentación o situación que esté en contra de nuestros principios, estando dispuestos a sacrificar cualquier cosa por Jesús, por acercarnos a Él.

Mateo 5:16 dice:

“16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

Apartados para Dios significa que vivimos en el mundo, pero como ciudadanos del cielo mostramos el amor, el gozo, la paz y la justicia de Dios. Somos peregrinos y extranjeros en esta tierra. No somos ciudadanos de este mundo, sino que estamos para influenciarlo con la luz de Cristo.

La Biblia nos enseña que en aquella ciudad santa no va a entrar nada impuro y nada corruptible. Y vamos a estar delante de aquel que es Santo, y en su presencia vamos a tener que rendir cuentas.

Debemos hacer una introspección y preguntarle a Dios qué son todas aquellas cosas que nos alejan del su propósito. Al ser apartados para Dios, la santidad debe ser primordial en nuestra vida. El ser apartados para Dios no es algo negociable: “Sed santos porque yo soy santo”.

Quien está apartado para Dios entiende el valor de ser comprado por la sangre de Cristo y no actúa como el resto del mundo lo hace. No importa que seamos señalados y que el mundo nos juzgue de acuerdo con sus normas, pues estas no aplican para nosotros ya que no somos ciudadanos de esta tierra, sino que somos ciudadanos celestiales. Somos nación santa y pueblo escogido por Dios.

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