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Hambrientos y Sedientos

Hambrientos y Sedientos

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“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mateo 5:6

La biblia habla del hambre como un don que Dios da, como una necesidad para el cristiano. En Mateo 5:6 se habla de una justicia que no es humana. No hace referencia a hacer lo que nosotros queremos hacer sino a una necesidad por ser obedientes a Dios. Las palabras dichas en dicho versículo salen de la boca de Jesús en el sermón del monte.

Es importante entender que nuestra posición (social, económica, profesional, etc.) nunca va a definir quienes somos. Cuando estamos cara a cara con el Señor entendemos el porqué estamos aquí, la razón de quienes somos y el motivo de nuestra existencia. Cuando buscamos al Señor nos volvemos más necesitados de Él.

En el momento que pronunciamos afirmaciones como “a mi nunca me va a suceder esto, o yo siempre voy a estar bien”, y pensemos que tenemos todo en nuestra vida resuelto es cuando no nos podemos encontrar más lejos de Dios.

Podemos tener hambre de Dios, pero debemos buscar también su llenura, de la misma forma que el alimento en lo natural lleva a saciarnos en la vida.

El hambre por conocer y obedecer más a Dios es evidencia de humildad. Ser humilde es entender que nunca voy a poder hacer nada solo, por mi mismo, en forma autosuficiente.

¿Cómo desarrollamos hambre? a la medida que busquemos tiempos extendidos con Dios.

De nada nos sirve que entrenemos dos horas seguidas un día, en vez de realizar un esfuerzo corto pero con disciplina. Debemos dedicar un tiempo corto primero, es un proceso.

Tenemos que ser expuestos a la presencia de Dios. No podemos conformarnos con lo mínimo. Si nos cuesta orar mas de diez minutos, debemos meditar si tenemos hambre. Cuando tenemos hambre la forma que adoramos es distinta. Es como si nos rasgáramos el pecho ante la presencia del Señor. Es cuando lloramos porque sabemos que no somos merecedores de estar ante su majestuosidad. Lloramos de felicidad, y venimos a su presencia quebrantados y con nuestra boca empezamos a adorar.

Debemos ir a la presencia de Dios, no esperando obtener respuestas, sino que Él nos diga lo que Él quiera. No podemos venir en exigencia. Dios no nos va a dar menos, sino que nos va a dar justo lo que ocupamos. Nuestra oración debe cambiar por “Señor dame lo que necesito escuchar, en vez de lo que quiero escuchar”. Hambre es tener la humildad de poner al Señor primero porque nosotros pasamos a un segundo plano.

Lamentablemente, el cristianismo de hoy en día muchas veces trata de involucrar a Dios en nuestros negocios, en vez de involucrarnos en los negocios de Dios. Cuando oramos “exigiendo” que Dios haga lo que nosotros queremos, nos entronamos, tratamos de moldear a Dios como queremos en vez de permitir Dios nos amolde a nosotros.

Una persona con hambre pasa límites, pero es importante aclarar en este punto que Dios nunca va a justificar lo injustificable. Por ejemplo, hay gente que ha robado por necesidad, es tal su hambre que cruzan un límite que de otra manera no pasarían. El hambre nos hace pasar límites.

En Salmos 40:17 se lee lo siguiente: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.”

Estas palabras las pronuncia David, quien siendo rey y probablemente el hombre más poderoso en la región donde habitaba, oraba en su clamor como el más pobre y necesitado. El sabía que el Señor era su salvador. David entendía necesitaba que el Señor derramara su abundancia sobre su vida.

Ahora bien, en cuanto más nos de el Señor, mas tenemos que entender nuestra posición: de siervos. Predicar es muy difícil, debemos tratar de decir verdades bíblicas. Y aunque la palabra consuela, exhorta y  edifica; debemos tener cuidado de meter nuestra humanidad en las cosas de Dios.

Debemos mantener la bendición de Dios en el sitio correcto. Si asociamos bendición con dinero, estamos mal.  Dios nos quiere bendecir con cosas mucho más importantes. Hay cosas mas importantes que la plata. La bendición económica en sí misma no es algo malo, pero sí lo es cuando se encuentra en un lugar inadecuado, cuando solo hablamos de los asensos que tenemos, compramos cosas porque eso me nos hace sentirnos mejor, y colocamos esa bendición donde no corresponde.

Muchas veces nos tomamos la atribución de decir que el Señor no ha sido bueno con nosotros, porque bendice a otros y no a nosotros, entonces nos volvemos circunstanciales: si Dios nos da, vamos a la iglesia, pero si no, no vamos.

Como el Señor nos ama tanto,  si es necesario Él arrancará esa bendición que ocupa su lugar, pues siempre que hacemos esto, le estzmos dando una posición de trono en nuestra vida.

El Señor puede, pues Él tiene el poder para dar y para quitar. El Señor va a preferir conservar nuestra vida, Él quiere bendecirnos. Cuando tenemos humildad y Dios nos da algo no es porque somos muy inteligente es porque el Señor en gracia quiso hacerlo. Y vamos a contentarnos con lo que tenemos . Es entender que seguimos a Dios no porque lo que el nos da, sino por quién Él es.

Debemos extender nuestro tiempo de oración , repasar límites, nuestra carne va a tender a poner otras cosas antes que el Señor porque así es como trabaja Satanás.

Mateo 4:3-4 nos enseña lo siguiente: “Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

Esta es la estrategia del enemigo, él va a tomar algo material que no fue hecho para alimentarnos para que cuando lo consumamos creamos que estamos saciados, cuando el único que sacia es Cristo. Que cuando tengamos de frente esa piedra que no fue destinada para saciar tengamos pensamientos lujuriosos, y es cuando esa piedra de tropiezo se convierte en pan para nuestro matrimonio por ejemplo.

Esa piedra me quita tiempo con el Señor y cuando la tomamos le empezamos a dar más importancia a esto que a nuestros asuntos con Dios. Es cuando apenas nos da tiempo de venir a la iglesia, es el momento que empezamos a llenar nuestra necesidad de cosas contrarias a lo que Dios quiere y ya no vamos a tener hambre por Él, porque llenamos nuestra necesidad y nos creemos saciados con esas otras cosas, en vez de llenarla con toda palabra que sale de la boca del Señor.

Estamos viviendo una generación de distracciones, de experiencias, donde si no viajamos somos unos fracasados, sino vamos a la universidad, sino hago esto o aquello, soy un fracaso. Pero no hay concepto más distorsionado, porque aparte que nos distrae de lo importante – Dios – todo lo que hacemos lo realizamos a medias, y esto crea mediocridad.

Empezamos a decir que si no hacemos tal cosa no lo vamos a hacer nunca, y empezamos a saciar nuestra hambre de piedras de experiencias. Podemos vivir todas las experiencias que queramos y creamos que son lo mejor pero nunca vamos a estar totalmente saciados.

Podemos compararnos con todos nuestros supuestos amigos en redes sociales, y esto tampoco nos va a saciar, pues en estas todo el mundo se ve feliz y todos se ven mejor hijo, el mejor papá, pero esto no va a transformar nuestro entendimiento. Necesitamos ser renovados y buscar las cosas del reino y no las del mundo.

La la biblia relaciona la madurez espiritual como el tomar leche y comer carne. Tomar leche es lo que los papás le suministran al niño, comer carne es una elección. Y para comer carne se debe tener la valentía para ir a cazar el alimento y ser lleno de el.

Cuando nos acostumbramos nada más en recibir lo que escuchamos los domingos durante la prédica, esperando que eso nos sustente toda una semana de intimidad con Dios en vez de ir a la biblia y buscar “carne”, buscar que Él nos hable y ser llenos mediante su palabra.

Estas palabras son para los que están cansados, cansados de no ver resultados en su vida, pues el motivo muy probablemente sea falta de intimidad y relación con el Señor. Mantenerse sedientos y hambrientos es importante.

En Éxodo 36:6 se menciona lo siguiente: “Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más”. En el contexto de lo que sucedió en dicho tiempo, es que la gente seguía dando todas y cada mañana para la obra del Señor, tanto que los maestros del santuario dijeron que la gente había dado más de lo necesario…

Con base a lo anterior, hacemos la pregunta: ¿En que tiempo estamos en la iglesia?. No es el dinero lo importante, el que siembra lo hace por convicción no por obligación. ¿Es el tiempo de dar más?. Va a haber gente que el Señor va a empezar a mover en “hambre”, hambre por su palabra, por su voluntad, que van a ser encendidos, que comen y van a querer más. Vamos a empezar a caminar distinto, donde nuestra experimentación pasa de ser teoría a una práctica real de la palabra que el Señor nos está hablando.

Dios está buscando esa generación. Gente que sepa que hay un precio que pagar. El Señor nos pone en un lugar determinado porque El quiere que su reino se extienda. Los entendidos son los que van a salir de iglesia y van a empezar a hacer y decir: “No estoy conforme, no me conformo con lo que hay ahorita”.