Hechos 29 – La Iglesia Apostólica
Para quienes gustan de la lectura de la Biblia van a notar que el libro de Hechos llega hasta el capítulo 28. Esta serie se titula “Hechos 29” ya que cuando leemos este libro, nos pueden quedar varias preguntas. Por ejemplo la historia de Pablo en su viaje hacia Roma deja varias incógnitas abiertas y creemos que hay una intencionalidad en que el libro quede abierto ya que Hechos no terminó con Pablo.
Vemos a la iglesia primitiva en el contexto de Israel, sencilla y aún en sus primeras etapas. Luego, al avanzar en la línea del tiempo hasta nuestros días, nos encontramos con una iglesia que adora con instrumentos, luces y una expresión muy distinta. ¿Qué ocurrió en todo ese proceso? A veces resulta difícil trazar la conexión bíblica entre aquellos inicios y la realidad que vivimos hoy.
Debemos preguntarnos cómo debería de verse un cristiano, ¿cómo era mi cristianismo cuando yo llegué al Señor?, ¿qué ha cambiado?, ¿qué se ha ido derrumbando en mi relación con Dios? y volver a esas raíces como iglesia, individuos y ministros de Dios, ¿cómo se debería de ver la vida cristiana?
El grafito de Alexámenos trata de la primera representación pictográfica conocida de la crucifixión de Cristo, es una evidencia de una fuente no cristiana, de que la muerte de Cristo fue real, el grafito fue descubierto en 1857 cuando el edificio denominado Domus Gelotiana – una especie de internado para los pajes imperiales – fue desenterrado en el monte Palatino.
Se estima que data entre los años 85 y 95 d.C., aproximadamente cuarenta años después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo. En ese tiempo surge esta imagen, que posteriormente quedó preservada, y cuyo propósito era ridiculizarlo. La época que vivimos hoy no es tan distinta: la burla hacia los cristianos sigue presente.
El apóstol Pablo utiliza la palabra ecclesia para referirse a la iglesia. Y es precisamente en el libro de Hechos donde encontramos su punto de partida.
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen . Hechos 2:1-4 (RVR1960)
La iglesia comenzó con un acontecimiento poderoso: estaban todos juntos, unánimes en oración, cuando el Espíritu Santo descendió y la iglesia recibió su encomienda. Allí dio inicio la etapa en la que aún vivimos. Pero no solo se estableció un punto de partida; también se le confió una misión.
Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28:19-20 RVR1960
La iglesia tiene un llamado a salir, no es un lugar, es un conjunto de personas, somos la iglesia de Cristo, fuimos incorporados a ella el día que nacimos de nuevo, pero debemos adoptar el llamado y el propósito. Y ¿Cuál es?: ir y hacer discípulos a las naciones.
Todos los que estaban en ese momento lo entendieron y lo abrazaron, dijeron «Este es mi propósito de vida”. Si nosotros no lo hacemos, debemos meditar en cuál es nuestra identidad y fin.
En el año 30, aproximadamente en la iglesia había 120 cristianos, en el año 33 había 14,000. En una predicación de Pedro se convirtieron 3,000 personas en un día; en el año 67 después de Cristo – en el momento donde estaba la persecución romana al máximo – ya había 95,000 cristianos.
El templo se cayó y aun así los cristianos continuaron multiplicándose. En el año aproximadamente 150, llegaron a los 2 millones. En el año 300, a los 5.5 millones de cristianos y esto habla de una cosa: la iglesia entendió su propósito, salió y predicó con valentía en tiempos donde había altísima persecución.
Los discípulos tomaron la visión, utilizaron los medios que tenían y se fueron a predicar a todo el mundo, en poco tiempo todas esas iglesias estaban establecidas en medio oriente. La historia habla de qué pasó con ellos, narra que Tomás se fue a predicar hacia el este, llegó hasta la India, donde dio su vida por el evangelio.
Simón el celote; se cree que lo más lo probable es que terminó en Gran Bretaña predicando. María Magdalena terminó en Francia, Andrés en España, donde fue asesinado por el evangelio. Cada una de estas personas dio su vida no por una ideología, no por algo que ellos pensaban o creían con todo su corazón, si no, porque ellos fueron testigos de que lo habían visto morir y resucitar.
Lo tocaron, lo vivieron y le creyeron, dieron su vida por la fe, pero no fueron los únicos. ¿Qué pasó después? la iglesia nació en un contexto y lugar donde existían dos grandes grupos de interés: por un lado los judíos representaban una religión litúrgica, de tradiciones que nosotros no podemos entender, aunque lo quisiéramos, vivían bajo miles de años de tradición, de cómo hacer las cosas, y el Señor les dice: «Voy a cambiarles y renovarles la mente».
Y también estaban los romanos, era un imperio vil de puño de hierro, donde ellos demostraban su músculo con poder, muerte, destrucción, dioses poderosos y con un César al que llamaban señor. Aquí empezamos a entender por qué la religión cristiana chocó tanto.
Las enseñanzas de Jesús dicen que si queremos ser primeros, debemos servir a los demás. Donde la religión o la cultura romana era de inmoralidad, la cultura cristiana era de pureza y de castidad, en medio de ese lugar, los romanos empezaron a ver a los cristianos como una amenaza.
Leamos una cita de Marco Minucio Félix, él era un romano convertido al cristianismo, historiador político, un hombre importante, dice lo siguiente: «Consideraban a los cristianos peores de toda la sociedad”
Históricamente, la cruz era un instrumento de tortura usado para castigar a ladrones y a los primeros cristianos, considerados la peor escoria de su tiempo. ¿Por qué? Para entenderlo, debemos adentrarnos en la vida cristiana de los siglos I y II, para la cual existe documentación de cómo vivían y practicaban su fe.
La iglesia buscaba diferenciarse de la cultura judía y romana, dejando atrás las costumbres de su entorno para asumir la nueva identidad que Cristo les otorgaba.
Un grupo de hombres estableció principios sobre cómo vivir la vida cristiana y cómo interpretar las Escrituras. Estudiar a estos grandes hombres de Dios nos ayuda a comprender sus enseñanzas y su legado.
– Bernabé, el compañero de Pablo, escribió una carta que vale la pena estudiar y leer.
– Ignacio de Antioquía, discípulo de Pedro.
– Papías de Erápolis, discípulo de Juan.
– Policarpo, discípulo de Juan.
– Clemente, discípulo de Pedro y de Pablo, este hombre fue privilegiado
Todos los primeros cristianos enfrentaron muertes trágicas y terribles, víctimas de emperadores crueles: los enviaban al coliseo, los quemaban vivos, los crucificaban o los arrojaban a los perros. La historia relata que Mateo murió crucificado y encendido, y aun mientras moría, predicaba el evangelio. Se dice que su martirio llevó al rey que lo mató y a toda su nación al cristianismo.
Orígenes de Alejandría, educado por su padre cristiano, quiso entregar su vida por la fe desde niño. Aunque su madre lo protegió, se convirtió en un gran teólogo y apologeta, defendiendo la fe con la misma Biblia que usamos hoy. También murió martirizado.
Así, la cultura cristiana comenzó a diferenciarse de las tradiciones judías y romanas. Lo que antes era una sociedad jerárquica se transformó en una comunidad donde todo aquel “nacido de nuevo” se incorporaba al cuerpo de Cristo, dejando atrás sus pecados para caminar en el Señor.
Efesios 3:6 (RVR1960) nos dice: «que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio»
Antes, nosotros no teníamos acceso al evangelio, pero el Señor abrió el camino a través de Cristo. Al leer la Biblia hoy, nos reconocemos como aquellos gentiles cuya cosmovisión fue transformada.
Los primeros cristianos no rechazaban el judaísmo, pues era la base de su fe. Compartimos los mismos libros —la Tanaj judía, que es nuestro Antiguo Testamento—, pero la revelación se cumplió en el Mesías y ahora la recibimos completa, por gracia.
En ese tiempo existían dos formas de griego: el de la élite, hablado por escritores y educados, y el griego común o koiné, del pueblo. El mensaje cristiano, radical y poderoso, empezó a tocar corazones en distintos niveles sociales y a expandirse por diversos lugares, cumpliendo el plan de Dios de llevar el evangelio a los confines de la tierra. Todo esto fue posible gracias a hombres comprometidos con la misión de hacer discípulos.
Respecto a los cultos de la época, se reunían los domingos, a veces en casas, a veces en lugares públicos, siempre compartiendo y apoyándose como hermanos, mientras huían de la persecución.
Los primeros cristianos comenzaban sus reuniones adorando a Dios, cantando y hablando de Jesús. Estaban dirigidos por un obispo o pastor, y un diácono enseñaba sobre el Antiguo Testamento. Cuando llegaban apóstoles, compartían las instrucciones de Jesús de manera oral. Los cultos podían durar horas, reflejando su hambre y sed de Cristo.
Ayunaban dos veces a la semana, conscientes del poder de la oración y el ayuno. Hoy es tiempo de que la iglesia retome grandes convocatorias de ayuno, oración y consagración. Vivían en santidad, sin tolerancia hacia la idolatría, la magia o la inmoralidad sexual, en contraste con la sociedad actual que lo tolera demasiado.
Para Roma, eran una amenaza, pues se reunían abiertamente y no participaban en actividades paganas. Plinio el Joven, historiador romano, documentó la existencia y la vida de la iglesia para informar a los gobernantes, aunque no era cristiano.
Pineo del joven dijo «Prácticas inofensivas y una superstición depravada y excesiva. Eran demasiado expresivos en su adoración. Era raros, son los raros de la sociedad, pero no le hacen mal a nadie.”
Los romanos llamaban “ateos” a los cristianos, porque rechazaban a sus muchos dioses. Cuando otras culturas se mezclaban con Roma, los cristianos afirmaban con firmeza que solo hay un Dios verdadero, distinto de las imágenes de barro de los romanos, generando así conflicto.
Los gobernantes comenzaron a perseguirlos, crucificándolos, quemándolos y despedazándolos. En el año 70, la destrucción del templo, lejos de debilitar el cristianismo, fue una oportunidad: los cristianos se dispersaron y llevaron el evangelio a nuevos lugares.
Aun bajo persecución y opresión, predicaban con valentía, incluso en el coliseo romano, demostrando que el cristianismo no se trata de nuestra mejor versión, sino de la mejor versión que Dios nos da. La Biblia nos promete que enfrentaremos aflicciones, pruebas y sufrimiento, pero que en medio de ellas, nuestra fe persevera.
«En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo» 1 Pedro 1:6-7 (RVR1960)
El puño de hierro del Imperio Romano empezó a perder efectividad. Los romanos se preguntaban por qué su arma de temor, que había sometido a todos los reinos, no funcionaba con los cristianos. Estos afirmaban con sus vidas que habían visto al Mesías resucitado, y eso les daba valor para no rendirse, porque tenían la promesa radical de inclusión, amor y propósito.
Sabían que Cristo era el Mesías y confiaban en la esperanza de un Dios de amor. Para ellos, la muerte no era el fin, sino simplemente cambiar de ubicación: el cuerpo quedaba aquí, pero se reencontrarían con todos los que habían muerto en Cristo, enfrentando la muerte como un encuentro cara a cara con Él.
“Entonces, cuando nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos que nunca morirán, se cumplirá la siguiente Escritura: «La muerte es devorada en victoria.
Oh muerte, ¿dónde está tu victoria? Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón? ».
«Pues el pecado es el aguijón que termina en muerte, y la ley le da al pecado su poder. ¡Pero gracias a Dios! Él nos da la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo”1 Corintios 15:54-57 (NTV)
Estos grandes hombres de Dios —los discípulos y los padres apostólicos— dejaron un legado invaluable. La iglesia debe estudiar y comprender su vida, porque ellos vivieron de primera mano las enseñanzas e instrucciones que Jesús les dio.
«Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a estas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida” Filipenses 4:3 (RVR1960)
En la iglesia existía disciplina, como hoy, pero entonces era muy estricta: quien fallaba en el servicio podía ser removido. Clemente aclara: “Si se arrepiente genuinamente, vuélvanlo a recibir en la iglesia.” La disciplina espiritual no busca castigar, sino restaurar, y así debería funcionar la iglesia.
Bernabé escribió una carta que en su momento fue considerada canónica y se leía en los cultos. Era una carta anti-judaizante que abordaba la fe cristiana, la moral y los principios que aún aplican los teólogos. Fue escrita alrededor del año 60, 30 o 60 años después de Cristo, y contiene enseñanzas clave para la vida cristiana.
Epístola de Bernabé 4:6 dice, “no os asemejéis a ciertas gentes, amontonando pecados a pecados, gentes que andan diciendo que la Alianza es de aquéllos y nuestra. Nuestra, ciertamente; pero aquéllos la perdieron en absoluto del modo que diré, después de haberla ya recibido Moisés”
La verdadera fe cristiana no puede ser unicitaria, ni bautizar como los unicitarios, leamos como ellos bautizaban.
Didahés 7 del 1 al 3 “Y referente al bautismo, bautiza de este modo: habiendo recitado estos preceptos, bautiza en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva; Pero si no tienes agua corriendo, bautiza en otra agua, y si no puedes bautizar en agua fría, hazlo con agua tibia; Pero si no tienes ninguna, echa agua tres veces sobre la cabeza, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”
Esto no es parte de la Biblia, pero es interesante ver cómo los primeros cristianos la interpretaban. El principio que vamos a leer sería de gran beneficio para la iglesia actual si lo conociéramos y estudiáramos.
Didag 11 del 4 al 6 “Todo apóstol que llegue a vosotros ha de ser recibido como el Señor. Pero no se quedará por más de un día o dos, si hace falta; quedándose tres días, es un falso profeta. Al partir, el apóstol no aceptará nada sino pan para sustentarse hasta llegar a otro hospedaje. Si pidiere dinero, es un falso profeta”
Ellos nos dejaron escritos. y una vida íntegra, hablaron la verdad con valentía, enfrentando su vida, fueron consistentes entre lo que hacían y lo que predicaban, vivieron una vida de sacrificios, de pureza sexual, velaron por la unidad de la iglesia.
Clemente a Corinto, dice: «Y nosotros también, llamados por su voluntad a Cristo Jesús, no somos justificados por nosotros mismos, ni por nuestra propia sabiduría, entendimiento, piedad, ni por obras que hayamos realizado con santidad de corazón, si no por la fe mediante la cual desde el principio Dios todopoderoso justificó a todos los hombres, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”
Orígenes llevaba el entendimiento, el apartarse de una cultura pagana llena de principios paganos e idolatría. Orígenes escribe “la magia no es como piensan los seguidores de Picuro y Aristóteles, completamente incoherente, sino que como demuestran los expertos en estas materias es un sistema real, consistente cuyos principios son conocidos por muy pocos”
«Toda la Escritura es inspirada por Dios, útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” 2 Timoteo 3:16 (RVR1960)
Estos hombres nos dejaron textos, ejemplos y testimonios, pero el principio más importante que nos legaron es el concepto de la inspiración bíblica. La revelación es cómo Dios comunica misterios que no pueden ser conocidos por una persona, entregándolos a hombres inspirados por el Espíritu Santo, quienes escribieron las cartas que luego formaron la Biblia.
La inspiración bíblica se sostiene en cuatro criterios, que establecen lo que hoy conocemos como la palabra de Dios:
- Antigüedad: Un texto canonizado es un texto que se escribió en el primer siglo.
- Apostólico: Fue escrito por un apóstol o una persona muy cercana a los apóstoles como Lucas con Pablo.
- Católico: La palabra católico quiere decir universal, que esos textos se reconocían a través de todas las iglesias de la época.
- Es una carta de ortodoxia: habla que tiene una coherencia con las enseñanzas de la palabra de Dios, de Jesús y de los apóstoles.
¿Cómo vivieron ellos, para mostrarnos cómo debemos vivir nosotros?
Se apartaron: vivían tratando de distinguirse, no vivían bajo los principios de antes, vivían bajo los principios de la fe cristiana y de Jesús. El que ha nacido de nuevo tiene que entender esto, la vieja forma de vivir tiene que morir completamente para que podamos entrar en el nuevo pacto de Dios.
Hoy en día hay dos castas de cristianismo, el que es solo de nombre y el que ha sido regenerado por el Espíritu de Dios, el que ha sido regenerado es radical, toma la decisión radical de seguir a Cristo y dejar el pasado atrás, porque el pecado costó la sangre de nuestro amado Jesús.
«Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” Corintios 1:18 (RVR1960)
Como iglesia debemos hacernos estas preguntas: ¿Nos distinguimos del mundo? ¿Se nota que soy cristiano? Si realmente lo somos, vamos a chocar con los principios del mundo, que adoran al dinero y toleran la inmoralidad, mientras nosotros adoramos a Jesús, la santidad y lo santo.
El amor genuino entre hermanos: El verdadero cristiano prioriza a sus hermanos en la iglesia, no solo a sus amigos del colegio, del trabajo o de su pasado. No se trata de exclusividad, sino de prioridad. Cuando alguien es probado, puede decir: “Conozco el amor de Dios a través del amor de los hermanos.” No podemos ser islas en la iglesia; fuimos llamados a ser hermanos y a demostrar el amor que tenemos unos por otros.
La persecución será por un tiempo: tarde o temprano el Señor nos va a dar el premio que quiera darnos por amor, porque nos mantuvimos fieles hasta el final.
«Dios los bendice a ustedes cuando la gente les hace burla y los persigue y miente acerca de ustedes y dice toda clase de cosas malas en su contra porque son mis seguidores. ¡Alégrense! ¡Estén contentos, porque les espera una gran recompensa en el cielo! Y recuerden que a los antiguos profetas los persiguieron de la misma manera” Mateo 5:10-12 NTV
Comenzamos con la referencia blasfema del grafito de Alexámenos y cómo se burlaban de él. En el mismo lugar se encontró otra inscripción en griego: “Alexámenos fidelis”, que significa que se mantuvo fiel hasta el final. No se sabe si lo escribió él o un amigo, pero refleja su compromiso radical con el Señor.
Un joven desconocido, sin fama ni reconocimiento, fue perseguido, humillado y mofado. No sabemos cómo murió, quizá en persecución, pero pudo decir: “Me mantuve fiel hasta la muerte, fiel hasta el martirio, fiel en Cristo.” Esta sociedad necesita hombres y mujeres que permanezcan fieles hasta el final.
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