Se Buscan Adoradores - ¿Qué es la adoración?
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Se Buscan Adoradores – ¿Qué es la adoración?

¿Qué es la adoración? Nosotros los que nos llamamos cristianos muchas veces somos buenos para apuñar cosas, para adoptar cosas preconcebidas y en ocasiones ni sabemos de dónde salen, de dónde vienen ni para dónde van, lamentablemente la adoración no escapa de esto.

Muchos de nosotros nos arreglamos en la mañana, nos miramos al espejo y decimos «Hoy voy a la iglesia a adorar a Dios» ¿Cierto? Posiblemente, muchos dijimos eso o alguien nos preguntó, «Hoy, ¿para dónde vas?» Y nuestra respuesta fue “Voy a adorar a Dios”. Es una frase, una palabra muy usada dentro de nuestro léxico y de nuestra forma de vivir como creyentes.

La palabra adoración es muy usada en la iglesia, pero a menudo es mal entendida. Con frecuencia la asociamos únicamente con cantar o tocar un instrumento; creemos que eso es adorar. Pensamos que cantar es suficiente, y otros relacionan el culto a Dios con asistir a una reunión o participar de un acto litúrgico. Sin embargo, la Palabra de Dios nos revela que la adoración es mucho más profunda: es una respuesta integral.

¿Por qué es una respuesta integral? Porque la adoración nos compete a cada uno integralmente, a nuestro ser, nuestra alma y nuestro espíritu, por eso no podemos fraccionar nuestra vida de la adoración, de lo que es bendecir y adorar a Dios.

Todos tenemos un cargador para el celular, ¿cierto? Algunos hasta tienen dos, tres o cuatro; y apenas vemos que la batería va por un 20%, salimos corriendo a conectarlo, porque sabemos que si se queda sin carga, tarde o temprano dejará de funcionar.

Hemos hecho de la oración esto mismo, venimos a la iglesia, el hermano que preside nos dice algo como «Bueno, hermanos, póngase de pie.» y es como que automáticamente sacáramos el cargador porque estamos en modo adoración, nos conectamos porque tenemos que cantar, pero llega un momento cuando se termina el tiempo y entonces dice el hermano, bueno, pueden tomar sus asientos y automáticamente nos desconectamos.

Pero ¿qué es realmente la adoración? A medida que avancemos, veremos cómo comprender esta verdad transforma nuestra relación con Dios y nuestra manera de vivir. Porque si decimos que vamos a la iglesia cada domingo, que escuchamos sermón tras sermón y que esta es nuestra comunidad de fe, pero nuestra vida sigue siendo la misma, entonces algo no está bien. Si la Palabra solo nos toca superficialmente, si apenas nos roza pero no nos transforma, no estamos respondiendo como Dios espera.

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adore”. Juan 4:23-24 (RVR1960)

Este pasaje viene precedido del diálogo de Jesús con la mujer samaritana. Todos lo hemos escuchado o hemos leído este pasaje de Jesús y su encuentro con ella, pero quiero que entendamos algo más, esta mujer representaba la condición y decadencia espiritual de toda una nación en ese momento.

Cuando ella manifestó que había tenido cinco esposos y que quien vivía con ella tampoco era su cónyuge, hacía referencia a que Israel le había dado la espalda a Dios, se había olvidado de Él y se había ido a otros dioses ajenos adulterando y fornicando con ellos.

Pero en ella había una situación y Jesús vino a romper varios paradigmas y esquemas religiosos al momento de hablar con ella; entre ellos la adoración.

Jesús en su diálogo con esta mujer rompió múltiples barreras:

– Judíos y samaritanos no se llevaban bien; no eran buenos vecinos.
– Jamás un rabino hablaba con una mujer públicamente, Él lo hizo por amor y misericordia.
– La mujer tenía una historia personal muy quebrada.
– Los judíos y los samaritanos debatían entre ellos dónde debería ser el lugar de adoración, si en Jerusalén, en el monte, o en el monte Gerezím, ahí en Samaria. Y eso creaba una discusión entre ellos.

En medio de la conversación surge una controversia religiosa, ya que la mujer tenía una confusión sobre el lugar donde se debía de adorar. Muchas veces tenemos también esa duda.

“nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar” Juan 4:20 (RVR1960)

Ella le hizo esta pregunta a Jesús: «Nuestros padres nos enseñaron que se debe adorar en este monte, pero ustedes dicen que el lugar donde se debe adorar es Jerusalén». Para ella, y para muchos de su tiempo, el debate giraba en torno al lugar de la adoración: ¿aquí o allá?, ¿el monte Gerizim o Jerusalén?, ¿quién tiene la razón?

Sin embargo, Jesús llevó la conversación a un nivel mucho más profundo: desvió la atención del lugar físico hacia una realidad espiritual que todo verdadero adorador debe comprender y vivir.

Jesús no responde enfatizando un lugar físico, sino la esencia verdadera de la adoración, esto nos obliga a reconsiderar qué es realmente adorar a Dios. Ellos creían que la adoración pertenecía a un lugar exclusivo, fuera de ahí no era posible adorar a Dios y a veces creemos que el templo es el único lugar donde venimos a adorar y no es así.

Jesús reveló un cambio radical: la adoración ya no está ligada a un lugar, sino a una relación viva con el Padre. Ya no está relacionada con un lugar físico. Entonces, ¿dónde es la adoración? ¿En el muro occidental, conocido como el Muro de los Lamentos? No. La adoración ocurre aquí, donde estamos; en nuestra casa, en nuestro trabajo, en los lugares donde vivimos cada día. Dios no busca rituales vacíos, sino adoradores genuinos.

La adoración comienza con Dios y no con el hombre. El versículo 23 dice: «Porque el Padre busca tales adoradores». La adoración no nace de una iniciativa humana, sino del deseo del Padre. ¿Y cuál es el deseo del Padre? Relacionarse con nosotros mediante la adoración.

Por eso nuestra adoración no puede estar condicionada a tres canciones; debe ser constante. Es de todos los días y en todo momento. La adoración es Cristo céntrica: solo a Él y para Él.

Adorar no es hacer algo para Dios, sino responder a lo que Él ya hizo por nosotros

Si perdemos de vista esto, la adoración se vuelve actuación y no comunión. Las preguntas son: ¿cantamos con entendimiento? ¿Adoramos al Padre con el entendimiento de Su Palabra?

Debemos entender a quién damos nuestra adoración. No adoramos a Dios porque simplemente hoy amanecimos con ganas de adorarlo; adoramos porque Él dio su vida por nosotros.

La adoración no depende de un lugar, sino de una relación, Jesús le dijo a la mujer en el versículo 21 «Ni en este monte ni en el otro, ni en este monte ni en Jerusalén”. Jesús rompe con el exclusivismo geográfico. La adoración auténtica no está limitada a templos, ni estilos ni formas musicales. También rompe con el ritualismo externo y nos llama una realidad interna que nace de un corazón genuinamente arrepentido.

¿Por qué adoramos? ¿Por qué estamos llamados a adorar? Porque en nosotros tiene que haber un corazón genuinamente arrepentido que reconoce hacia dónde íbamos y por qué Él murió por nosotros, por eso adoramos. En toda cultura y contexto, la adoración a Dios puede manifestarse de maneras distintas, pero su esencia permanece intacta.

Tengo un pastor amigo, trabaja con iglesias en el norte y en el centro de África, una de las iglesias en Nigeria, fue invadida y tomada por rebeldes musulmanes, mataron al pastor de la iglesia y a algunos feligreses, además quemaron lo que llamaban iglesia.

Todos pensaron que la iglesia se terminó ahí y él me mandó un video al día siguiente donde los que quedaron aún con carbones humeantes, arrancaron hojas de palma y adoraban a Dios ahí en las cenizas de lo que ellos llamaban iglesia.

A veces la comodidad mata la adoración, la vida tan cómoda nos quita el real sentido de adorar a Dios, porque lo que estamos buscando es darle respuesta a la pregunta de este tema. ¿Qué es la adoración? Hay hombres y mujeres que lo han entendido de una manera completa y diferente a como nosotros muchas veces lo hemos asimilado. No solo adoramos los domingos en la iglesia, adoramos cuando obedecemos, cuando perdonamos aun cuando no fuimos el ofensor, cuando trabajamos con integridad donde quiera que estemos.

Juan 4:24 nos dice que, «Dios es espíritu.» Adorar en espíritu implica que la adoración nace de un corazón regenerado por el Espíritu Santo, no solamente emociones pasajeras. Si mi adoración está fundamentada en emociones momentáneas, no es adoración, es actuación, son canciones que me sé y que repito de memoria.

Cuando adoremos pensemos en lo que estamos cantando, ¿realmente Jesús es el centro de nuestra vida?, ¿reflejamos que Él es el centro? En un culto es fácil, pero realmente cuando la adoración es real y genuina comienza saliendo de la puerta, cuando nuestra vida debe reflejar una vida de adoración.

Habacuc 3:17-18 (RVR1960) nos dice: Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación

“En espíritu” no se refiere al estado de ánimo con el que nos encontremos; no depende de cómo nos sintamos. Dependemos del Señor y vivimos para Él. No podemos moldear nuestra adoración según nuestras emociones o cómo nos sintamos. Le amamos porque Él nos amó primero. A menudo hay mucha emoción y mucha carne, pero la carne y el espíritu no compaginan. Las emociones son traicioneras.

Por eso no está condicionada a un lugar, Jesús le dijo a la mujer, «Ni allá ni acá. No existe un lugar.” por lo tanto, no toda adoración es grata. Muchas veces nuestra expresión de adoración hacia Él es tan superficial y vana que olvidamos la verdad de “que el justo fue por los injustos”

Levantemos las manos, brinquemos, corramos, arrodillémonos, pero no olvidemos arrodillar también nuestro corazón, humillar nuestro espíritu y rendir nuestra alma, como dice el salmista: “alma mía, bendice a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios”.  

En espíritu y en verdad. ¿Qué es la verdad? La verdad no es subjetiva; está revelada en Su Palabra y en la persona del Señor Jesucristo. ¿Qué implica la verdad? Conocer a Dios. Por eso, nuestra adoración debe estar fundamentada en una cristología correcta. ¿Por qué? Porque no podemos adorar a Dios sino le conocemos.

Si solo nos conectamos con la Palabra el día que nos congregamos y el resto de la semana únicamente masticamos paja seca, no conocemos al Dios que adoramos, al único que merece toda la adoración. Y si no lo conocemos, le adoramos mal, porque carecemos de una verdadera revelación de quién es Él.

Nuestra adoración debe estar informada y formada por la Palabra, no solo por sentimientos, modas o tradiciones religiosas. Se trata de comprender que nuestra vida misma es adoración.

La adoración verdadera transforma la vida. Cuando tenemos un encuentro personal con el Dios eterno, cuando cada día procuramos vivir para Él y buscamos en cada momento ser adoradores que le agraden, entonces entendemos que nuestra vida gira únicamente en función de Él.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Romanos 12:1 (RVR1960)

Pablo amplía este concepto y nos muestra que la adoración se expresa en una vida completamente entregada a Dios. La adoración no es cantar; es existencial, no solamente ceremonial. Implica la mente, el cuerpo, la voluntad y las acciones; es integral, abarca todo nuestro ser. Adoramos cuando procuramos vivir en santidad, cuando amamos al prójimo y cuando reflejamos a Cristo en nuestra vida cotidiana. Así es como adoramos a Dios.

Entonces, va mucho más allá de levantar las manos, brincar o saltar. Y no estamos diciendo que eso esté mal, pero debe ser una manifestación de lo que hay en nuestro interior; tiene que brotar de lo más profundo de nuestro ser. Las canciones terminan, pero Él sigue esperando que le adoremos con nuestra vida, con nuestro comportamiento, nuestra manera de pensar, nuestra mirada y nuestras palabras. La adoración no está limitada a un espacio físico ni a un momento del culto; es una vida rendida al Padre, en espíritu y en verdad, como respuesta a la gracia que nos fue revelada en Cristo.

Examinemos nuestro corazón para que nuestra adoración no sea solamente verbal, sino una vida que glorifique a Dios en todo momento y en todo lugar. En Romanos 12, Pablo conecta esta exhortación con toda la doctrina que ha desarrollado anteriormente. En otras palabras, adoramos a Dios por todo lo que Él ha hecho por nosotros; adoramos a Dios por quien Él es y por lo que representa para nuestra vida.

Pablo no impone esta respuesta; la suplica con base en las misericordias de Dios. ¿Y qué incluyen esas misericordias? Si quieres fundamentos para adorar, aquí los tienes: hemos sido justificados por la fe, hemos recibido el perdón de nuestros pecados, fuimos adoptados como hijos de Dios y hemos recibido el don del Espíritu Santo. ¿Acaso eso no es suficiente para comprender cómo debemos adorar?

¿Y cómo deben ser presentados nuestros cuerpos? De manera voluntaria y continua, como un sacrificio vivo. Esto no se limita al aspecto físico, sino que abarca toda nuestra vida: nuestras acciones, decisiones, hábitos y el uso de nuestro tiempo.

¿Sabes qué es la adoración? Somos usted y yo. Pablo concluye diciendo: «Porque este es vuestro culto racional»; algunas versiones traducen: «culto espiritual» o «adoración racional». Es un culto consciente, dirigido y meditado, una respuesta inteligente a la gracia de Dios.

 

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