El Amor
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El Amor

¿Qué es el amor?
El amor es Dios, en su palabra dice: Dios es Amor. El amor tiene que ver con la esencia, el carácter de Dios. Y como Él tiene ese carácter y esencia, nosotros también deberíamos de tenerlos.
El amor de Dios es una señal que El Padre quiere usar para comunicarse con nosotros.
El amor de Dios es inagotable, es infalible, es eterno, es fiel, es verdadero. El Amor de Dios no se puede comparar con el amor terrenal. El amor terrenal siempre va a fallar, pero el amor de Dios no falla nunca.
La Biblia declara El que ama es hijo de Dios y conoce a Dios, y el que no ama, no conoce a Dios.
Sabemos del amor en la medida en que conocemos que su amor fue mostrado cuando El decidió enviar a su hijo a la Tierra.
¿En qué consiste el amor de Dios?
Vamos a conocer algunos aspectos del amor de Dios a través de esta enseñanza.

1. Dios nos amó primero

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 1 Juan 4:10.

Cuando nos reunimos como iglesia no lo hacemos porque lo amamos, lo hacemos porque Él nos amó primero.
Nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, destituidos de la gloria de Dios, pero aún así Él nos amó.
No importa cuantos errores hemos cometido, cuantas veces nos hemos equivocado, ya él Señor antes de la fundación del mundo había decidido que íbamos a ser sus hijos. Porque desde antes de la fundación del mundo, nos amó de forma inagotable.

Él se ofreció en sacrificio, para perdonar los pecados que tenemos, que tuvimos y que tendremos.
Les quiero compartir una historia personal: hace algunos años antes de convertirme al Señor, yo no amaba a las personas, pasaba al lado de los indigentes y no sentía amor por ellos. Cuando me convertí al Señor le pregunté que cómo hacía Él para amar a tantas personas, a las prostitutas, los indigentes, a los asesinos, y a mí misma. Entonces un día tuve un sueño, en el que uno de mis hijos se cayó en la piscina y era pequeño, y se estaba ahogando y yo lo veía y yo no hacía nada ni iba a socorrerlo, y de repente algo sobresaltó en mí y salí corriendo y llegué a la  par de la piscina y mi hijo ya estaba muerto. Ese día lloré con un gemido del alma y con mucho dolor que salía de mis entrañas. Y le preguntaba al Señor que porqué se lo había llevado. Y lo único que El Señor me dijo durante el sueño fue: lo mismo que tu hoy sientes es lo que yo siento cuando una persona muere sin mí. A partir de ese día entendí cuanto Dios nos ama, y que Él nos va a buscar a donde sea que nos tenga que buscar para hacernos regresar a casa.

Cuando perdemos a un ser querido, hay un dolor del alma que nos abarca y nos duele lo más profundo de nosotros, eso es lo que él Señor siente cuando decidimos darle la espalda y morir sin Él. ¿Qué más queremos que Dios haga para entender que Él nos ama? Si ya Él lo dio todo, dio a su hijo, aun con todo lo malo que hemos hecho, aún cuando no nos lo merecemos, el Padre dio a su único hijo y lo vio derramar hasta la última gota de sangre. Ese es el Amor de Dios.
Dios no tiene que reponernos el dinero que nos hace falta, ni tiene que sanar a nuestro familiar enfermo, tampoco tiene que darnos un trabajo o hacer un milagro para demostrarnos su amor, ya su amor fue totalmente demostrado al morir en la cruz del Calvario y nadie puede objetar ante tal manifestación. Su amor es mucho más que riquezas y milagros y no hay punto de comparación.
Tenemos que estar seguros de que Dios vive en nosotros y que su amor está en nosotros y que nosotros vivimos en Él y Él vive en nosotros. Y su amor esta impregnado en nosotros.
Cuando Él vive en nosotros y nosotros vivimos en Él, la señal es que el Espíritu Santo está en nosotros.
Cuando tenemos al Espíritu Santo, vamos a declararle al mundo que Jesús es el hijo de Dios, que vino a salvar a cualquiera que crea que Jesús es el Hijo de Dios, y El Señor va a vivir en nosotros. Cuando esto sucede, el amor de Dios empieza a habitar en nosotros porque ese amor es un regalo que fue dado en la cruz, porque no nos lo merecíamos.

2. Cuando hay amor no hay temor

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4:18

Hay una realidad que es que donde hay amor, no puede haber temor.
Confiamos y no dudamos, no tememos porque si tememos, es porque pensamos q habrá un castigo cuando venga el juicio final. Si conocemos el amor de Dios no deberíamos de temer. El que ama con el amor de Dios y el que conoce a Dios no tiene temor.
Cuando luchamos con el temor de que no vayamos a ser salvos, es porque no hemos sido perfeccionados en el amor de Dios, porque un hijo de Dios sabe que peca, y que puede ir al trono de la gracia y le pide perdón a Dios y se arrepiente, entonces Él va a borrar nuestros pecados. Sino tenemos confianza de nuestra salvación es porque no le conocemos, o porque aún realmente no tenemos convicción de que somos hijos de Dios.

3. El amor de Dios consiste en que debemos obedecer

En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos.  Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. 1 Juan 5: 2-3

Y el amor de Dios consiste en que debemos de obedecer. Porque la fe sin obras está muerta.
El que ama a Dios es el que obedece su palabra. Todo lo que se habla en la Biblia de amor tiene que ver con amar a Dios y amar a los demás.
Cuando guardamos sus mandamientos en amor a Dios porque lo conocemos y sabemos la obra que Él ha hecho, le vamos a obedecer en amor. La fe hace que venzamos al mundo y a la carne.

4. La Biblia declara que debemos de amar a Dios sobre todas las cosas

Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Marcos 12:30

Debemos de amarlo con el cuerpo, con la mente, con el espíritu.

5. La Biblia declara que debemos de amar a nuestro prójimo

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Marcos 12:31

Los mandamientos declaran el amor que debe de haber en las personas
Aparte de honrar a Dios, aparte de amarlo, aparte de no idolatrar otros dioses, aparte de no jurar en el nombre de Dios debemos de seguir estos mandamientos.
No matar: se cuenta como homicidio el enojarse con alguien y estar falto de amor.
No robar: nos hace faltos de amor
No levantar falso testimonio
No mentir: no debemos de mentir porque reflejamos que Dios no está en nosotros, y eso nos hace faltos de amor.
No codiciar, no tener envidia de lo que tiene mi hermano, la envidia nos lleva a odiar, tener malos deseos, no soportar a esa persona y enojarse con ella.
Para Dios es tan importante nuestras relaciones con la familia, con los hermanos, con las personas que tenemos a nuestro alrededor. Por eso nos dejó un legado y un regalo para saber como comportarnos con ellos en nuestro día a día.
Hay muchas personas que no tienen familia, pero los hijos de Dios somos familia. Debemos de dejar de quejarnos, de odiar, de dejar de tratar de cambiar a las personas, debemos de revisarnos y cambiarnos a nosotros mismos. Debemos de llenarnos del amor de Dios, si no cambiamos nosotros, no veremos cambios en nuestra familia. El anhelo de Dios es que nos amemos los unos a los otros.
Es muy triste lo que siente una madre y un padre cuando sus hijos se pelean, y un hijo se siente triste cuando sus padres se pelean. Eso siente Dios cuando no nos amamos.
El Señor dice en 1 Juan 4: 20-21

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

Cuando mostramos amor, las personas alrededor lo van a sentir, y dirán, que quieren tener lo que nosotros tenemos porque ven el amor de Dios en nosotros. El amor de Dios es algo que se refleja.
1 Juan 3-15-18 nos confronta con estas palabras:

Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

Que el día que Dios nos llame, ojalá que no tengamos de qué avergonzarnos y que tengamos nuestra lámpara lista y hayamos amado a nuestros hermanos.

7. Debemos de cambiar nuestra manera de pensar para poder amar

La única manera de tener empatía con los demás, es cambiando nuestra manera de pensar a través de la palabra, porque eso va a transformar nuestras emociones. Cuando escuchemos la palabra de forma consciente. Debemos dejar de ser egocentristas, dejar de pensar en nosotros mismos, sin fijarnos en las necesidades y las heridas que tienen los demás.

La palabra es la espada que discierne las intenciones, lo que pensamos y no habrá nada oculto que Dios no sepa, El Señor va a desnudar, va a exponer todo lo oculto y lo va a sacar a la luz cuando nos exponemos a su palabra. Y esto nos va a hacer morir a nuestra naturaleza vieja que está llena de inmoralidades sexuales, de deseos impuros, de prácticas que Dios aborrece, de malos deseos, de pasiones desordenadas, de malos deseos para otras personas, de insultos y malas palabras que salen de nuestra boca para los demás cuando peleamos, de orgullo, de enojo (si dejamos que el enojo pase al otro día Satanás sacará ventaja de nosotros), de egoísmo, de mentira (hipocresía), de pleitos y divisiones, chismes y murmuraciones. Hay muchos más pecados que estaban en nuestra vida pasada, pero el Señor quiere que renunciemos a todo eso, que seamos revestidos de la nueva naturaleza. El Señor quiere que tengamos esa nueva identidad de hijo.

Revístanse del nuevo hombre porque es la nueva identidad de hijo que dios nos quiere poner.
Cada persona con su profesión tiene una identidad: Si vemos a alguien con gabacha, es un doctor, si vemos a una persona con casco puede ser un bombero. Todos tenemos una identidad, no podemos vestirnos de malas vestiduras, porque van a preguntarse si eso es un cristiano, dudarán de nuestra identidad, porque sino pueden ver nuestra identidad de hijo de Dios revestido como un nuevo hombre entonces no nos distinguirán.

El Señor nos vistió con un vestido que dice: Escogidos de Dios, llenos de compasión, llenos de bondad, llenos de humildad, llenos de mansedumbre, llenos de misericordia, llenos de paciencia, soportándose unos a otros, perdonándose unos a otros, amándonos unos a otros, no haciéndole el mal al hermano, no siendo homicida.

Revistámonos de amor porque ese es el vestido con el que vamos a engalanar a Dios.
El revestirse de amor es el vínculo perfecto, La unidad perfecta que traerá armonía a la casa, que hará que seamos llenos de Su paz, porque Él nos ha llamado a que formemos un cuerpo. Cuando tenemos paz, no tenemos pleitos, no tenemos insultos, no causamos división.

¡Que la mente esté llena de paz para que Él nos pueda usar y que reine en nuestra mente!

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