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La Muerte: una perspectiva bíblica

En Estados Unidos, los ciudadanos tienen la costumbre de realizar grandes celebraciones y homenajes cuando alguien muere. Ellos tienen la tradición de homenajear a sus pastores, a los militares y a la gente que ha dado su vida por servir. Las personas que visitan los cementerios parecen celebrar la muerte, de la misma forma que nosotros celebramos un nacimiento.
Hay muchos pasajes en la biblia que hablan sobre la muerte, pero nos vamos a enfocar en este contenido en el libro de Eclesiastés, el cual fue escrito por Salomón a quien se describe como el hombre más sabio que ha nacido sobre la tierra, un rey poderoso, que estaba lleno de placeres, diversión y dinero; y a pesar de ello él empieza en el capítulo 1 con la frase: vanidad de vanidades. Vano significa algo sin importancia, algo insignificante.

Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.Eclesiastés 1:2.

En este libro de la biblia, Salomón dice que todo, absolutamente todo es vanidad, que las preocupaciones, y todo lo que está en esta tierra no tiene sentido; pues a todos nos alcanza la muerte. Sea rico, sea pobre, si se ha disfrutado mucho, si se es joven o viejo, la muerte nos alcanza a todos por igual.
Él compara la vida con el sol que sale de día, y se apresura a ocultarse en tan solo unas horas porque los días pasan rápido. También hace una comparación con el viento, el cual pasa por muchos lugares, y siempre en su movimiento vuelven a él mismo.

¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo.” Eclesiastés 1:3-16

El punto de todo esto, es que es lamentable ver las cosas en esta vida a las cuales les damos importancia. El dinero viene y se va; este no compra ni estabilidad ni mucho menos la vida, nos preocupamos y nos afanamos por todo, pensamos en lo que hubiera pasado si hubiésemos tomado una decisión u otra, si discutimos con alguien nos alteramos en demostrar quién tiene la razón, y así pasan los días sin que nos enfoquemos y comprendamos lo que en esta vida es realmente importante.
La biblia dice en Lucas 12:16-21 que Jesús habló lo siguiente a una multitud de personas: “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?
Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.
Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?
Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.”
La palabra es clara. Por más que nos afanemos, nos enfoquemos en los placeres de este mundo, busquemos nuestro propio beneficio, y nos gloriemos en nuestro conocimiento o inteligencia, nada de esto es importante. Nadie, absolutamente nadie tiene potestad sobre el día de la muerte. Vana es la “sabiduría humana”, sino se tiene a Dios en el corazón.
Es interesante, porque este es un tema que las personas prefieren evitar: la muerte. Sin embargo, volviendo a Eclesiastés en el capítulo 7 el versículo 1 empieza así: “Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento.” Y más adelante dice que es mejor el llanto que la risa y que la tristeza es buena para el corazón, y que aquel que es sabio piensa mucho en la muerte.
Salomón escribió que es mejor el día que morimos, que el día que nacemos. Sin embargo; es común ver que cuando un bebé nace, los familiares y amistades pueden pasan horas en el hogar dando la bienvenida al recién nacido, más cuando una persona muere las personas sienten la presión de retirarse lo antes posible de ese lugar. ¿Porqué?. Porque a las personas simplemente no nos gusta hablar de la muerte.
Los seres humanos somos por naturaleza conflictivos, y la mayoría de veces no logramos estar de acuerdo en todo, mucho menos en estos tiempos donde se enseña falsamente que la  verdad es “relativa” (los hijos de Dios, sabemos que es absoluta y que la verdad es una persona: Cristo Jesús); sin embargo hay algo en lo que todos coincidimos: algún día vamos a morir.
La biblia dice que todos nacemos pecadores, pero para aquellos que hemos sido transformados por la gracia de Dios al depositar nuestra fe en Jesús, la muerte significa victoria. Cuando morimos en realidad queremos que se haga una fiesta y se celebre. Que sepan que estamos con el único y verdadero Dios Todopoderoso.
La biblia dice que estamos de paso en este mundo; por eso debemos enfocarnos en lo que es realmente importante. Pensar en la muerte trae sabiduría. Los cristianos sabemos que Jesús nos hizo libres de la muerte espiritual. La palabra dice en Romanos 6:23: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”
La vida trae momentos de risa y de llanto. La palabra enseña que la aflicción nos crea carácter como personas. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.” Santiago 1:2-3. El ministerio y el servicio al Señor es sufrido muchas veces. No nos creamos la falsedad que el evangelio se trata de estar siempre bien, pues no es así.
En los tiempos actuales se nos vende una felicidad falsa, una felicidad digital, donde tomamos fotos de nuestros viajes y de momentos de mucho alegría, pero no publicamos cuando estamos pagando las deudas de estos por ejemplo. Buscamos aceptación del mundo, y colocamos una foto con una gran sonrisa, pero una vez que nos volvemos a ver esa fotografía, se refleja nuestro semblante, nuestro verdadero yo, lejos de ese semblante alegre plasmado en la foto.
Poner buena cara pero en realidad no estarlo por dentro, es un asunto que se nos ha enseñado culturalmente. Pero la iglesia de Cristo no es un lugar para estar siempre bien. Es un hospital para las personas, donde todos venimos quebrados y donde el Señor es el único que nos puede salvar.  Si nos encontramos quebrantados, para eso tenemos hermanos en la fe en los que podamos apoyarnos. El Señor en su perfecta sabiduría nos dio una hermandad para confortarnos unos a los otros, no para presumir sino para edificarnos.
La muerte es inevitable. No temamos al tiempo de la tristeza. No debemos vivir pensando que debemos arreglarle a las personas todos sus problemas. Hay que dejarlos que lloren, que sean quebrantados. Hay personas a las que les enseñaron a estar felices siempre, a la fuerza y eso más bien les causa más mal que bien. Viven fingiendo.
Aunque nosotros como hijos de Dios vamos a tener gozo en el corazón, no quiere decir que forzosamente debemos mostrar estar bien siempre. La risa del necio se apaga enseguida, quien no quiere enfrentar la muerte se apaga pronto.
Jesús es nuestro ejemplo por excelencia del diferenciar entre lo que es importante y lo que no lo es. Él sabía que él iba a morir. El Señor caminó en esta tierra, sufrió en el Getsemaní y lloró sangre. Y ahora, los seres humanos podemos alcanzar la gracia a través de ese sacrificio tan grande e inmerecido que hizo el Señor por nosotros.
La palabra dice que Jesús vio a las multitudes y tuvo compasión de la gente al verlos como ovejas sin pastor. Es esa tristeza de la que estamos hablando. Jesús tuvo misericordia de nosotros y eso es lo que nosotros debemos reflejar.
Jesús, siendo el hijo de Dios dio todo por nosotros, y Él tuvo esta perspectiva de la muerte. Jesús habló de ella, y nunca dejó de hacerlo. Días antes de morir, Él dijo que para esto había venido, Jesús estaba enfocado y aunque los judíos lo rechazaron, Él les decía que aún así quería salvarlos y darles una oportunidad. El quería avivarlos, es decir traer a vida a aquello que no tenía vida.
El día que conocimos al Señor, Él avivó nuestro corazón. Sólo áquel que entiende lo que es importante, sabe que esta vida es pasajera, se enfoca y tiene otra perspectiva de la muerte.
Jesús estuvo enfocado en la muerte, y gracias a su sacrificio es que ahora nosotros tenemos vida eterna.
Juan 12:25 nos dice: “El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”. Es esta perspectiva de la vida la que Jesús nos enseñó: morir a los placeres de este mundo, y vivir enfocados en la nueva naturaleza que se nos ha dado buscando solamente las cosas de arriba, las del reino de Dios. Y esto es pensar más en la muerte – que al final es el principio de la vida eterna con el Señor – que en esta vida pasajera.

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