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La Palabra, la Comunión y la Oración

El sueño del Señor es su iglesia y quien es obediente a sus mandatos puede ser un instrumento del Señor para esta obra. Cuando somos obedientes y lo buscamos de todo corazón Él hace la obra con nosotros.
La pregunta que todo cristiano se debe hacer, es como debe alinearse a la voluntad del Señor, como hacer su obra. Solo lo que el Señor hace, vale.
Debemos despojarnos de todos nuestros problemas y enfocarnos en lo que Él es y lo que Él hace, pues sin el Señor nuestra vida no vale nada. Que mejor forma de agradarle que querer ser parte de su obra.
Volviendo a la pregunta: ¿Cómo hacemos para ser instrumento útil para hacer la obra del Señor?. Veamos Hechos 2:42 primero que todo en contexto: el Señor vino tal cual había sido anunciado por lo profetas, fue crucificado, luego resucitó y pasó varios días con sus discípulos. Jesús les dijo que podían estar tranquilos pues iba a venir a alguien que era mejor que Él (haciendo referencia al Espíritu Santo).
Los discípulos tenían una mezcla de ira y nostalgia por lo que le hicieron en el Señor,  había un conflicto dentro de ellos. Ellos se encontraban orando cuando de repente vino el Espíritu Santo y los tomó. En ese momento empezaron a predicar en diferentes idiomas y Pedro poniéndose en pie comenzó a hablar con gran denuedo. En ese momento, pasaron de ser ciento veinte personas a más de tres mil quienes conocieron al Señor.

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”. Hechos 2:42

La palabra de Dios afirma que estos primeros cristianos perserveraban y eran personas constantes. Eran convencidos de sus pecados y se arrepentían, había una certeza de que lo que se les estaba predicando era el propósito de sus vidas. La biblia dice que todas estas personas estaban unidas, y se mantenían firmes en la doctrina, compartían sus alimentos y eran persistentes en sus oraciones.
Entonces, siguiendo el ejemplo que nos dejó el Señor en su palabra; ¿cómo nos alineamos a la voluntad de Dios?. No se trata de como “sentimos” que sea, sino como el Señor quiso y quiere que sea.
La biblia enseña que los primeros creyentes tenían la doctrina en su mente y en su corazón. Un ejemplo es la doctrina fundamental de la salvación. Muchas personas lamentablemente no entienden que es la salvación, y alguien que no sabe de que lo salvó el Señor no es salvo. La biblia dice que el Señor es el logo, el verbo, la palabra de Dios. Entonces, cuando no leemos la biblia, no podemos saber a ni quien oramos ni a quien buscamos.
La salvación implica tener conocimiento de la palabra de Dios. Un miembro que no conoce la biblia, que no tiene el Espíritu Santo no va a poder en sus propias fuerzas dejar el pecado. Nadie puede. Solo el poder de Jesús en nuestras vidas nos ayuda a vencer y nos hace salvos.
En la segunda carta a Timoteo 2:4 Pablo dice “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.”
Es importante conocer la palabra de Dios y perseverar en ella. Pueden haber personas que aún no conocen a Jesús y que no estén practicando algún pecado evidente, pero sólo piensan en si mismos, o si oran lo hacen por ellos solamente. Aunque la salvación no es por obras, ellas son un reflejo de nuestra salvación.
Una persona que no conoce a Jesús personalmente, no va a poder discernir cuando vengan los errores porque cualquier movimiento de doctrina los va a mover.
Colosenses 2:8 dice “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.” Los rudimentos del mundo hacen referencia a ese evolucionista que piensan que lo que afirman es correcto, que lo que el mundo cree que es lógico lo es, pero nada de eso los salva.
No nos dejemos engañar creyendo que por venir a la iglesia aunque no leamos la biblia, somos salvos. La biblia es la base. En ella se encuentra la palabra de Dios.
Volviendo a Hechos 2, se habla también de la comunión y el partimiento del pan, esto es la esencia, lo que no cambia. Es nuestra carta de presentación para quienes aún no conocen a Jesús. Los primeros cristianos estaban en comunión con el Señor así como los unos con los otros.
En la mesa del Señor la gente venía de diferentes lugares y compartían el sacrificio de Jesús entre ellos. No había egoísmo, compraban y repartían todo. La salvación del Señor para ellos era suficiente, y eso debería ser para nosotros. La salvación significa todo.
Respecto al partimiento del pan, encontraremos que el pan es un alimento en casi todas las culturas. Este simboliza en la biblia el cuerpo de Cristo, y se utiliza este alimento para que en cualquier lugar se pueda celebrar la muerte y resurrección del Señor.
La comunión hace referencia a principios fundamentales de la iglesia. En este aspecto, debemos preguntarnos: ¿Oramos por los demás o solo por nosotros mismos?. ¿Nos preocupamos por otras personas como si fuéramos nosotros mismos?. ¿Buscamos la manera de edificar a otros?. Lo que el Señor nos dio por gracia, démoslo.
Mateo 16:24, es una invitación a ser salvo, si queremos ir en pos de Jesús, debemos negarnos a nosotros mismos, hacernos a un lado, y seguirlo.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”
Ahora bien si la palabra del Señor es la base, y la comunión es la esencia, la oración es manifestación del entendimiento de la iglesia.

En resumen, hay tres cosas elementales para nosotros como cristianos: leer la palabra, tener comunión unos con otros y orar. No vale a decir que leemos sino oramos y no tenemos comunión. Lo vital para cada uno de nosotros es perseverar en estos principios y mantenernos en ellos.
Que pasa cuando los verdaderos creyentes compartimos, cuando cumplimos y cuando queremos ser la iglesia del Señor, leemos, compartimos, oramos. Hechos 2:43; esta es la respuesta.

“Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.”

Vino temor a la gente. Esto en griego, es la reverencia más increíble. Es guardada para un milagro, para algo divino, y estas personas tuvieron esa reverencia con el Señor. Y no por milagros. Primero vino temor y luego ocurrían milagros. Y es bueno ver estas cosas, pero el milagro más grande es ser pecador y que Cristo nos haya salvado.
Nuestra carne a menudo nos dice somos lo importante pero Jesús dice no, yo vine también por esta otra persona. Cuando hacemos iglesia como Él quiere, la gente tiene reverencia ante el Señor.
Juan 17:23 dice: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”
Para que el mundo crea que el Señor vino, debemos ser uno.
Los primeros cristianos perseveraban constantes en la palabra del Señor, cada día pasaban en el templo y partiendo el pan en sus  casas, alababan a Dios y tenían favor con todos, y el Señor añadió cada día gente a la iglesia para ser salvos. Ahora, el Señor desea agregar más personas a su reino, entonces la pregunta es personal: ¿Quieres ser parte de lo que el Señor más ama?

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