¿Somos parte de la iglesia de Cristo?
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¿Somos parte de la iglesia de Cristo?

Hablar de la iglesia es hablar del propósito de Dios.

Como creyentes debemos pedirle a Dios que seamos una iglesia conforme a su corazón. En la soberanía de Dios está el que caminemos en santidad conforme a las escrituras sobre lo que dice que es la iglesia.

La pregunta personal sería; ¿eres parte de la iglesia de Cristo?.

2 Corintios 13-5 dice: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”

Existe iglesia verdadera e iglesia falsa; y para comentar más sobre esta afirmación, debemos primero sentar las bases sobre lo que el apóstol Pablo escribió a la iglesia de Corinto de acuerdo al versículo anterior.

Debemos examinarnos. No ha de ser que estemos reprobados ante Dios y no estemos siendo realmente iglesia. Esto es de gran importancia, pues determina donde pasaremos la eternidad. ¿Somos la iglesia verdadera de Cristo?. Debemos escudriñarnos a la luz de la escritura para ver si somos o no parte del cuerpo de Cristo.

La palabra de Dios afirma que “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”. Mateo 7:21.

La biblia no es un libro de definiciones. La iglesia la podemos intuir por todo lo que el Señor dejó en su palabra, es el cuerpo de creyentes, el regalo de Dios a su Hijo, el pueblo de Dios unido a Cristo, el misterio de los tiempos; son los salvos; los nacidos de nuevo. La verdadera iglesia está compuesta solo de personas que han sido regeneradas por el Espíritu Santo, aquellos que el Señor a redimido y han sido lavados por su sangre.

La iglesia es columna invaluable de la verdad. Este es un tema de vida o de muerte. “¿Soy yo iglesia de Cristo, soy salvo, he sido transformado, he nacido de nuevo?”. No basta traer biblia debajo del brazo, no basta creer. Podemos creer que Jesucristo es Dios, pero la palabra afirma que hasta el diablo cree.

Si creemos que somos la iglesia de Cristo porque creemos que Jesús es Dios, esto no basta.

Debemos estar seguros de nuestra salvación. Debe haber evidencia de transformación en nuestra vida. Si no es así, hoy mismo debemos clamar al Espíritu Santo para que nos convenza de pecado, arrepentimiento y nos lleve a salvación. Es una advertencia de Dios que volvamos a los rudimentos de la palabra: “¿soy salvo?; si hoy muero, voy a pasar una eternidad con Dios?”.
Salmos 3:8 nos dice: “La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición.”

La salvación no es algo que merecemos ni algo que conseguimos. No es algo que podamos hacer para comprarla. Pensemos si María la hermana de Lázaro le hubiese dicho que saliera de su tumba cuando este ya había muerto. No fue así. Fue Jesús quien por su poder lo resucitó. La biblia dice que nacimos muertos en delitos y pecados. Ningún muerto responde a una voz, sino es llamado al llamado Dios.

Nosotros estábamos muerto, hedíamos al igual que Lázaro, nuestra condición natural era de maldad y opuesta a los caminos de Dios. Si nosotros creíamos que éramos pecadores morales; igual íbamos a ir al infierno como un pecador inmoral.

La salvación es un acto de la gracia de Dios, es algo divino, un acto que no podemos comprar ni pagar. Romanos 3:23 afirma: “Por cuantos todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.”

Un muerto en la vida no es uno que ha definido su muerte biológica, sino el que está separado de Dios. Muchas personas afuera, trabajan, comen, se divierten pero están muertos en sus delitos y pecados.

La palabra de Dios dice que somos por naturaleza hijos de ira; y antes de ser salvos en nuestra condición natural amábamos nuestro pecado. Esto lo podemos ver por ejemplo en como el hombre saca partido del pecado hasta en la publicidad; haciendo mofa de este. Y nos justificamos muchas veces con afirmaciones como: “es que yo soy así o yo nací así”. No; en nuestra naturaleza amamos el mal, nos deleitamos en él, y no buscamos la presencia de Dios.

Antes de ser salvos por gracia; odiábamos la justicia de Dios, nos atrevíamos a juzgarlo, y a creernos más justos que Él, juzgando y condenando su justicia.
Cuando vivíamos y practicábamos el pecado, no lo veíamos grave. Nuestra justificación era el decir que todos pecamos, lo cual es verdad; pero quienes hemos sido salvos hoy tenemos al Espíritu de Dios que nos instruye, nos recuerda su palabra, nos da discernimiento y nos fortalece para mantener una vida constante de oración y lectura de la palabra.

Salmos 5:5 nos dice: “Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.” Dios aborrece el pecado en todos sus niveles.
Si todos estábamos destinados a permanecer eternamente separados de Dios e íbamos rumbo al infierno,¿cómo hacemos para entender que Dios en su gracia y misericordia nos rescató?. Esto es una obra divina, no fue algo que usted y yo hiciéramos. Y lamentablemente hay muchas personas que creen que merecen el amor de Dios por algo que ellos hacen.

Cuando somos salvos, la ira ya no está sobre nosotros; sino el amor de Dios. Muchas veces sólo  queremos hablar de los atributos de Dios; pero nadie habla de la ira de Dios. Pero la biblia afirma que Dios es ira consumidora.

¿Porque la ira de Dios no está sobre usted o sobre mí?. Porque Dios dijo: “<Escriba su nombre>: ven fuera!”. Así como le dijo a Lázaro “ven fuera”, así Él nos llama. Ni usted ni yo teníamos ninguna inclinación hacia Dios. Para poder responder a la primera pregunta sobre si somos la iglesia de Cristo, debemos responder primero si somos salvos, si hemos sido llamados, si hemos sido transformados, si nuestro corazón de piedra ha sido transformado por un corazón de carne.

Ahora el amor de Dios está sobre nosotros, por los atributos de Cristo, porque Dios es amor. Aunque nosotros éramos pecadores, y destinados a condenación; en su gracia Dios se glorificó y nos dio el regalo de la salvación. No lo compramos, nos lo dieron regalado. Es básico y fundamental que entendamos esto; que Dios estaba reconciliando al mundo en Cristo.

No debemos desacreditar el carácter de Dios; Él no ve el mundo y dice “que travesuras las de mis hijos”. Para Dios el pecado es abominable y asqueroso. No creamos que el que mata, viola, secuestra es más merecedor de condenación. Todo pecado, grande o pequeño es igual. Para Dios el pecado es asqueroso, abominable, intolerable. Pero dice la palabra de Dios, que Él preparó un plan.

Dios tomó su pecado y el mío; y lo colocó en las espaldas de su hijo, y sobre Jesús descargó su ira; toda su ira. En paga de su pecado y el mío. El único camino es Cristo, es por sus atributos que ahora Dios nos ve como sus hijos. Que cuando dice que Él es amor es porque su Hijo es la evidencia más clara del amor, y cuando afirma que va glorificarse en la iglesia, es porque Él va a construirla con gente que estaba muerta y desechada. Gente muerta, que ahora vive.

Dios escoge y lleva salvación a gente que no tenía nada bueno en sí.  Dios por su carácter misericordioso extendió su amor con nosotros, y eso se llama gracia.
Lo que Jesús hizo fue el acto perfecto de expiación para lavarnos los pecados, ahora Dios nos mira como santos (apartados para Él); limpios, blancos, inocentes como a Cristo, porque la sangre de Cristo está sobre nosotros.

Dios no mira nuestro pasado ni nuestras debilidades. Dios nos mira con un manto de justicia para que podamos entrar a su trono. Él nos cambió, sepultó nuestros pecados en el fondo de las aguas, en nosotros está la sangre preciosa de Cristo. Para que Jesús nos pusiera esa sangre tuvo que sufrir una muerte dolorosa.  Sin embargo, lo que Cristo padeció no fue la cruz en si misma, sino el hecho de desligarse en ese momento de la comunión con el Padre.

En ese momento; Jesús estaba llevando sobre sus espaldas toda nuestra maldad,y no lo soportaba, era el peso de tu pecado y el mío. La crucifixión era una muerte terrible, Jesús evidentemente sufrió por esas espinas y latigazos; pero su dolor más grande fue que en ese momento Dios lo abandonó. Lo dejó.

Lo que dice la biblia es que el santo, el inocente se hizo pecado, no cargó el pecado en su corazón, no entró al corazón de Cristo, pero Dios lo puso sobre sus espaldas.
Jesús canceló el pecado del mundo, cargando sobre sus hombros toda nuestra maldad. Como oveja al matadero no abrió su boca, fue a la cruz para que usted y yo pudiéramos entrar a la presencia de Dios y ser aceptos ante Él. En esa cruz se realizó el más grande y fundamental milagro.

Es nuestra oración que el Espíritu Santo nos de convicción. Si decimos que somos cristianos pero no creemos en el valor de esa sangre o peor aún, la pisoteamos, y hacemos burla viniendo a la iglesia como una acto de religiosidad pero viviendo como los impíos, no podemos decir que somos salvos. Si es así, no pertenecemos a la iglesia de Cristo.

Oramos para que entendamos todo esto. Sino podemos ver la gravedad de nuestro pecado, lo inmerecido de la sangre de Cristo sobre nosotros, lloremos, clamemos, humillémonos ante la presencia de Dios para que el Señor nos escuche, tenga misericordia y traiga salvación. Que venga el Espíritu de Dios a regenerarnos, a cambiarnos y decirnos que ahora somos de Cristo.
No es una oración, no un acto irresponsable. Dios ha tenido misericordia de nosotros, pero Dios no nos llamó para que viviéramos como nos diera la gana, sino para servir a un Dios vivo, y darle gracias todos los días por todo lo que ha hecho y hace por nosotros aún sin merecerlo.

Si nuestra vida no está siendo transformada por el Señor, sino hay evidencia del fruto del Espíritu Santo, sino hay un morir a la carne,  podríamos no ser iglesia; y lamentablemente viviremos eternamente apartados de Dios, e iríamos al infierno.

Cristo ahora nos ha hecho irreprensibles. Nuestra deuda, la cual era infinita fue cancelada y ocupaba un valor que solo Cristo podía darnos.

Sino creemos en nuestra propia insuficiencia, si no creemos que el sacrificio de la sangre de Cristo fue la que nos salvó, nuestra fe no nos será contada por justicia.

Si añoramos que en la iglesia se nos hable de ciencia, comportamiento, teología y otros temas,  pero odiamos que nos hablen de la cruz, tenemos un serio problema.

Si creemos que el Espíritu Santo nos saca de nuestra tumba de muerte, y afirmamos “ Sí, Señor, yo te creo, entiendo que yo era una persona corrupta, y que tu cancelaste la deuda con Dios. No es por lo que he hecho, no tiene nada que ver conmigo, se trata de Quién Jesús tú eres y lo que has hecho por mi”. Si aceptamos por fe que Cristo cargó y llevó nuestro pecado, quizás hoy podemos salir de donde estemos siendo parte de la iglesia de Cristo.

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