Devocional: Amistades Intencionales – Día #2

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Amistades que destruyen o edifican

Plan Devocional Día 2 de 5

Hay amigos que llevan a la ruina, y hay amigos más fieles que un hermano

Proverbios 18:24 (NVI)

¿Cuántas veces nos hemos rodeado de malas amistades? Yo la verdad, muchas. En mis primeros años de U formé malas amistades y comencé a tener una lucha con la fiesta. Iba en plan “sano”, o sea, no tomaba ni fumaba, pero igual iba. Comencé a pedirle al Señor que me ayudara con esto que yo estaba sintiendo porque cada jueves que mis “amigos” me decían: “Pau, jale a bailar, van casi todos los de la generación”, mi carne decía: “vaya, una salida no le hace mal, todo va a estar bien”, pero también en el fondo sabía que si yo iba mi espíritu se iba a ir apagando (Efesios 4:30). Entonces, cuando vi que ya no podía más ¿qué hice? Busqué ayuda. Primero, fui con quien más podía ayudarme: Jesús. Después, busqué a mis amigas de mayor confianza en la iglesia para contarles lo que me estaba sucediendo.

En esos momentos, esas personas siempre estuvieron pendientes. Ayunaban, oraban conmigo y por mí y lo mejor de todo… nunca se rindieron hasta que yo estuviera mejor. Ese es el verdadero amigo. Ese amigo que te acompaña en los momento más difíciles (Proverbios 17:17), el que te lleva a ser mejor persona, te acerca a Jesús y te enseña a andar como Él anduvo, entre muchas otras cualidades. Mi lucha fue la fiesta y Jesús me hizo libre y eso fue también gracias a todas las personas que estuvieron cerca para apoyarme cuando más lo necesitaba.

Pensemos… ¿estoy siendo buen amigo? ¿oro por los que amo y también por los que no? ¿cómo puedo ser mejor amigo? Fácil… la respuesta es Jesús. Él lavó los pies de sus discípulos y oró por ellos (Juan 13), les enseñó a orar (Mateo 6:9) y muchísimas cosas más. Todo lo que necesitamos para ser buenos amigos es ser más como Jesús.

Oremos:

Jesús, oro para que pongas en mí sabiduría y discernimiento para saber cuando algo está mal. Ayúdame a reconocer que soy débil y que sin ti nada puedo hacer. No permitas que las malas juntas me aparten de tu camino, sino que me ayudes a ser luz en sus vidas para que puedan conocer de ti. Gracias Jesús por ser siempre fiel. Gracias por ser ese amigo que siempre me escucha y que sé que NUNCA me va a fallar. De todo corazón quiero que bendigas a cada una de las personas que pusiste en mi camino para cuidarme, ayudarme y guiarme porque estuvieron para mí en tiempos de dificultad y nunca se cansaron de buscarme. Amén.

María Paula Villamil

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