Adviento - Adoremos al Rey
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Adviento – Adoremos al Rey

El adviento es uno de los momentos más importantes de la historia de la humanidad, Dios se hizo hombre para venir a vivir con nosotros. Esto no fue un accidente, no fue improvisado. Dios orquestó cada cosa que fue sucediendo en la historia de la humanidad antes de la venida del Señor, para que se cumpliera exactamente lo que ya estaba escrito en las Escrituras.

Para comprender mejor el contexto histórico, recordemos a Alejandro Magno. Este hombre abrió caminos entre los pueblos, rutas que más tarde serían utilizadas para predicar el evangelio. Además, el griego koiné se convirtió en el idioma universal, hablado por diferentes regiones, lo que permitió que las buenas nuevas se difundieran como nunca antes. Por eso los primeros cristianos, antes de llamarse así, se conocían como “los del Camino”, porque predicaban en los caminos.

Después de todo eso, Dios se hizo hombre y entró en la historia. Caminó con nosotros, estuvo con los más pobres y vino al mundo con una misión clara: morir por los pecados de cada uno de nosotros. El mensaje de Jesucristo no fue solo compañía o consuelo emocional; la Navidad habló de rescate. El Dios Todopoderoso nos vio y, al ver que ningún hombre lo buscaba de corazón, envió al mejor de los hombres: a Su propio Hijo. Él se hizo carne y vino a morir por todos los que estaban condenados, ofreciendo perdón, redención y esperanza eterna.

Hoy vivimos en un mundo escéptico, donde muchos dicen que todo lo que leemos en la Palabra del Señor es un cuento, una leyenda o una simple tradición religiosa. Pero eso no es más que ignorancia sobre los hechos. Dios usó la Biblia para mostrarnos, con hechos concretos, que lo que Él dice es verdad y que Su Palabra se cumple. La Escritura no es ficción; es historia cumplida y guía viva para nuestra vida.

La historia se prueba por testimonios, y en eso Jesús es insuperable. Jesucristo es el personaje histórico más citado de todos los tiempos. Platón y Aristóteles juntos apenas alcanzan unas setenta citas; Sócrates, ninguna. Pero Jesús, en el Nuevo Testamento, es citado más de veinticinco mil veces. Negar a Jesús, entonces, no es solo ignorancia espiritual, sino un acto de total incoherencia intelectual.

Y hay algo aún más impresionante: la Biblia es el único libro sagrado que se atreve a profetizar. Y no hablamos de profecías vagas o ambiguas: hablamos de predicciones precisas que se cumplen al pie de la letra. Un libro que profetiza y falla sería una farsa. En el mundo antiguo, un profeta que se equivocaba enfrentaba la muerte. Pero la Palabra de Dios nunca falla; todo lo que ha dicho se cumple, incluso en nuestro tiempo.

Un ejemplo claro de la fidelidad de Dios es la restauración del Estado de Israel. No hay otro país en toda la historia que haya regresado a su tierra de manera tan precisa y milagrosa como lo hizo Israel, exactamente como Dios lo había anunciado siglos antes. Esto no es coincidencia ni casualidad: es cumplimiento de la profecía.

La Biblia incluso anticipó aspectos de nuestra era moderna: el sistema económico global, la unificación de los pueblos y la tecnología que hoy nos conecta a nivel mundial (Apocalipsis 13). Es asombroso pensar que un pescador del siglo I, sin universidades, laboratorios ni medios tecnológicos, pudiera predecir que hoy operaríamos con pagos digitales y sistemas que enlazan a todo el planeta.

Esto nos enseña algo poderoso: la Palabra de Dios no es un libro de historias antiguas ni un mito inventado. Es verdad viva, testimonio histórico y profecía cumplida. Cada vez que abrimos la Biblia, no solo leemos palabras en un papel: vemos la evidencia de que Dios gobierna la historia, que Su plan nunca falla y que Su Palabra tiene autoridad sobre el tiempo, sobre los hombres y sobre nuestra vida.

La Biblia nos recuerda que Dios no está distante ni desconectado; Él obra en la historia, cumple lo que promete y transforma la realidad. Su Palabra nos asegura que, aunque los hombres fallen, Su propósito se cumple, y que todo lo que Él anuncia finalmente se hará realidad.

Sobre nuestro Señor Jesucristo existen más de 332 profecías cumplidas:

* Miqueas profetizó setecientos años antes que nacería en Belén:

“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.” Miqueas 5:2 (RVR1960)

* Jeremías habló del nuevo pacto:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.” Jeremías 31:31 (RV1960)

* Oseas anunció que el Mesías vendría de Egipto:

«Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.» Oseas 11:1 (RVR1960)

* Y Jesús fue llevado a Egipto siendo niño y regresó después:

«Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.» Mateo 2:13–15 (RVR1960)

* Isaías profetizó el nacimiento de una virgen:

«Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.» Isaías 7:14 (RVR1960)

* David anunció la resurrección diciendo que no vería corrupción:

«Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.» Salmo 16:10 (RVR1960)

El Salmo 22 describió su crucifixión más de mil años antes de que existiera ese tipo de castigo.
En 2 Samuel 7 se anunció que vendría de la descendencia de David.
El Salmo 118 lo identificó como la piedra rechazada.
Isaías 61 habló de sus obras redentoras.
Daniel 9 dio el tiempo exacto de su venida.
Isaías 53 lo describió como el siervo sufriente, molido por nuestros pecados.
Deuteronomio 18:15
anunció que sería un profeta como Moisés.
Zacarías 9:9 profetizó que entraría en Jerusalén montado en un asno.

Josh McDowell, uno de los teólogos más reconocidos, calculó la probabilidad matemática de que un solo hombre cumpliera todas estas profecías: una entre diez a la diecisiete. Esto no es casualidad ni coincidencia; es intervención divina. Dios orquestó cada detalle de la historia y cada profecía para que supiéramos con certeza que el Mesías había llegado, que Jesús es el cumplimiento perfecto de lo que Dios prometió.

Dios anunció el rescate a través de la ejecución de su propio Hijo. A muchos se les enseñó que Dios es un Dios malo, pero la vida de Jesucristo nos muestra que Dios es amor. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” Juan 3:16 (RVR1960)

Jesús caminaba entre la gente y los veía como ovejas sin pastor y sentía compasión profunda por ellos: “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.” Mateo 9:36 (RV1960)

Su mensaje no fue para mejorar la autoestima ni para prosperidad material. Eso no es el evangelio. Su mensaje fue salvación. Nadie merece la salvación. Necesitábamos un Salvador de afuera. Él vivió perfectamente y fue asesinado por nosotros, derramando hasta la última gota de su sangre.

Estábamos condenados, ahogándonos, y solo un Salvador podía sacarnos. Ese es el mensaje de la Navidad: Dios nos dio su regalo más grande, a su Hijo.

Sus milagros trascendieron religiones. Aun religiones que no lo conocen hablan de Él como sanador. Pero solo el cristianismo reconoce quién es realmente.

«Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.» Mateo 9:33 (RV1960)

Jesús sanó al siervo del centurión romano, y la Biblia dice algo increíble: Jesús se maravilló de su fe Dijo: “Ni aun en Israel he hallado tanta fe” Mateo 8:10 (RV1960). Él no vino solo para Israel, vino para todos los seres humanos.

Jesús no vino a cumplir nuestros sueños personales. Vino a salvarnos del pecado. Por eso lo mataron. Pero la tumba no pudo retenerlo. “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” Juan 11:25 (RV1960)

Creer que Jesús existió no te hace cristiano. Ser cristiano es rendir nuestra vida al Señor. Santiago dice “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” Santiago 2:19 (RV1960). La salvación viene cuando reconoces tu pecado y entiendes que solo Jesucristo salva.

Jesús no vino a hacernos mejores personas, vino a salvarnos. Ser cristiano es difícil en estos tiempos, ha habido persecución durante más de dos mil años, muchos murieron para que hoy nosotros estemos aquí. Pero tenemos esperanza: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Mateo 28:20 (RVR1960).

Él sigue siendo Emanuel, Dios con nosotros.

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