
Agradecidos – La Adoración y la Gratitud
La prédica de hoy muestra cómo se relacionan los conceptos de Dar Gracias, Alabanza y Adoración. Alguno de estos pueden parecer muy similares entre sí, pero en realidad son temas muy diferentes. Vamos a ver que cada uno de ellos nos revela un atributo distinto de Dios. Entenderlos y distinguirlos nos permite acercarnos al Señor con humildad y bajo sus términos, moldeando y edificando así la forma en como nos relacionamos con ÉL.
Dar Gracias es reconocer la bondad de Dios. Él es bueno con nosotros tanto en lo natural como espiritual, porque a pesar de que no merecemos nada, todo lo recibimos solo por su infinita gracia y misericordia, porque le agrada amarnos, bendecirnos y proveernos.
Alabanza habla de su grandeza. Porque dar alabanza trata acerca de reconocer todo lo que Él ha hecho por nosotros, su pueblo. A lo largo de toda la biblia, dígase el Pentateuco, Josué, Jueces e inclusive si reflexionamos un poquito sobre nuestras vidas, vemos que Dios nos demuestra que ha hecho posible todo lo que nos parecía imposible. Incluso, muchos de nosotros hemos experimentado milagros en nuestras vidas, esto es producto de su grandeza.
Adoración es reconocer cuán santo es el Dios al cual servimos. Es entender el nivel altísimo de santidad del Señor, en contraste a la contaminación total que el pecado produce en el corazón de cada uno de nosotros. Es aceptar, que solamente Cristo en gracia pagó el precio para que saliéramos del mercado de los esclavos, y así enseñoreándose sobre los que lo reconocemos. Él nos da la capacidad de poder tener acceso al Padre, reconciliando así, al hombre pecador con el Dios santo.
Retomando el tema de Dar Gracias, vamos a considerar varios versículos que nos dan asociación entre los tres conceptos mencionados:
“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.” Hebreos 12:28 Reina Valera 1960.
La palabra agradecimiento etimológicamente tiene la misma raíz griega que la palabra gracia. Por lo tanto, no hay forma que podamos separar la “acción de gracias” de la “gracia de Dios. Necesariamente, cuando recibimos “gracia de Dios” la reacción natural debe ser tener un corazón agradecido con ÉL. Esto porque entendemos con claridad y agradecimiento la magnitud de lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz, derrotando el poder del pecado y librándonos de su esclavitud, y ahora somos esclavos de Él (su propiedad). Eso nos conduce constantemente a agradecer y tener una vida de servicio y de acciones agradables al Señor. En definitiva, no puede haber una vida de agradecimiento sin gracia.
Los incrédulos viven sin agradecimiento, porque no saben a quién agradecerle (porque no le conocen). Nosotros en cambio, derramamos nuestro corazón en agradecimiento a aquel que compró nuestra salvación a un precio altísimo que no podíamos pagar, por eso no podemos tener agradecimiento sin gracia.
“Y que la paz que viene de Cristo gobierne en sus corazones. Pues, como miembros de un mismo cuerpo, ustedes son llamados a vivir en paz. Y sean siempre agradecidos.” Colosenses 3:15 Reina Valera 1960.
Este texto nos indica que, para el creyente, el ser agradecidos es una obligación. Esto también lo vemos en casi todas las cartas de Pablo, que nos da una orden de vivir una vida de agradecimiento.
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5:18 Reina Valera 1960.
Es muy importante tener bien claro que debemos dar gracias a Dios no solo por agradecimiento sino también por obediencia a su santa voluntad. Cuando Él nos establece una ley no solo busca lo correcto, sino también porque es lo que nosotros necesitamos. Obedecer su ley siempre será nuestra bendición y resultará en su provisión.
Debemos comprender que Dios es bueno y por naturaleza solo da dádivas buenas a sus hijos. Nuevamente, dar gracias es una obligación tanto como una necesidad para el creyente.
Por todo lo anterior, podemos concluir que Dar Gracias me da acceso a Dios. Esto queda evidenciado en la historia de los leprosos, donde el Señor Jesús envía a los 10 leprosos con los sacerdotes para ser examinados y estos serían sanados en el camino. Jesús estaba dándoles una orden que requería fe. Estos van en fe y son sanados, pero de los diez leprosos solamente uno se devuelve para agradecerle, demostrando así que la fe para curar físicamente y no se compara con la que se necesita para transformar la mente y el corazón del hombre. Esto último solo lo puede hacer el Espíritu de Dios.
Todos se fueron limpios, pero solo uno decidió regresarse para agradecer, es decir, solo uno fue transformado espiritualmente en su mente y su corazón. Una mente renovada buscará regresar a los pies del Señor en agradecimiento porque comprendimos lo que fue recibir gracia de Dios y una condición espiritual renovada y eterna. Sin acción de gracias nunca vamos a poder estar tan cerca del Señor, porque ella muestra el nivel de entendimiento que tenemos de la gracia de Dios que hemos recibido.
“Es cierto, ellos conocieron a Dios pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión.” Romanos 1:21 Nueva Traducción Viviente.
“Por pensar que era una tontería reconocer a Dios, él los abandonó a sus tontos razonamientos y dejó que hicieran cosas que jamás deberían hacerse. Se llenaron de toda clase de perversiones, pecados, avaricia, odio, envidia, homicidios, peleas, engaños, conductas maliciosas y chismes. Son traidores, insolentes, arrogantes, fanfarrones y gente que odia a Dios. Inventan nuevas formas de pecar y desobedecen a sus padres. No quieren entrar en razón, no cumplen lo que prometen, son crueles y no tienen compasión. Saben bien que la justicia de Dios exige que los que hacen esas cosas merecen morir; pero ellos igual las hacen. Peor aún, incitan a otros a que también las hagan”. Romanos 1:28-32 Nueva Traducción Viviente.
Estos textos muestran como claramente las consecuencias que recibimos y en lo que nos convertimos cuando no adoramos ni damos gracias al Señor. Vemos entonces que aunque nos definamos como creyentes, si en nuestra vida quitamos a Dios del primer lugar, inevitablemente nuestra mente empezará a nublarse y los pecados pasarán a ser normativos en mi vida, así como la ausencia de Dios.
“Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones.” Salmo 100:4-6 Nueva Traducción Viviente.
En este Salmo vemos la gran asociación que existe entre la alabanza y la acción de gracias. El Salmo nos deja claro que la puerta del templo es la acción de gracias. Para posteriormente pasar por los atrios con alabanza. Este es el camino hacia el lugar santo y el lugar santísimo (donde reposa su presencia).
Por eso lo primero que debemos hacer en nuestra vida, todos los días, es dar gracias a Dios por todo. Sin acción de gracias, no podemos alabar ni tener acceso al Señor, pues no nos ha sido revelado lo bueno que Él es. En medio de cada prueba, nuestro confort siempre debería ser entender la inmensa bondad del Dios a quien servimos y adoramos. No necesitamos entender nada más, no debemos esperar que nos dé explicaciones o razones, pues nos basta con confiar en que Él es bueno y que tiene el control y todos sus propósitos son buenos y terminan a bien, porque esa es su naturaleza. Esto aplica aún en las situaciones más difíciles de nuestra vida.
Este mismo texto que nos da tres razones por las cuales siempre debemos y podemos agradecer a Dios a pesar de nuestra circunstancia:
- El Señor es bueno, como lo hemos visto en esta enseñanza.
- Su amor inagotable permanece para siempre y por eso, sin importar todo lo malo que hemos hecho, lo bajo que hemos caído o lo avergonzados que hemos estado de volver a la iglesia, en el día que decidimos poner un pie en el lugar correcto, su infinita misericordia le permite mantener sus brazos abiertos para perdonarnos. No se trata de que siempre nos permite hacer lo que queramos, sino que Él siempre está con los brazos abiertos para recibirnos cuando queramos volver. Él es el padre bueno en la historia del hijo pródigo en Lucas 15:11-32.
- Su fidelidad continúa de generación en generación. Su palabra es verdad y nunca dejará de ser, nunca pasará. «Cielo y tierra pasará más mi palabra no pasará.» Mateo 24:35.
En esas tres verdades que acabamos de ver y que no cambian, incondicionales a nosotros, hay suficientes razones para estar agradecidos con Él.
“¡Vengan, cantemos al Señor! Aclamemos con alegría a la Roca de nuestra salvación. Acerquémonos a él con acción de gracias. Cantémosle salmos de alabanza, porque el Señor es Dios grande, un gran Rey sobre todos los dioses. En sus manos sostiene las profundidades de la tierra y las montañas más imponentes. El mar le pertenece, pues él lo creó; sus manos también formaron la tierra firme. Vengan, adoremos e inclinémonos. Arrodillémonos delante del Señor, nuestro creador, porque él es nuestro Dios. Somos el pueblo que él vigila, el rebaño a su cuidado. ¡Si tan solo escucharan hoy su voz!” Salmo 95:1-7 Nueva Traducción Viviente.
Este texto nos muestra varias claves o formas sobre cómo nosotros debemos acercarnos al Señor (siendo estas progresivas):
1) Alabémosle aclamando con alegría, gritando con energía y así veremos como Dios empieza a llenar nuestro corazón con su gozo, porque eso es lo que todos necesitamos en nuestras vidas.
2) Acerquémonos con acción de gracias y a cantar salmos de alabanza reconociendo su grandeza, poder y autoridad. Porque cuando entendemos que Él es el creador del mundo y en Él todas las cosas se sostienen, entonces desaparecen nuestros miedos y lo alabamos por ser grande. Cuando un creyente no alaba al Señor es porque su “Dios” es débil y pequeño. Por eso, nuestra alabanza al Señor está relacionada con nuestra perspectiva de Dios, de qué tan grande es Él.
3) Pasamos de nuestra posición de alabar a reconocer su grandeza, para posteriormente acercarnos a su trono de gracia para ser cautivados por su santidad y hasta nos preguntamos quienes somos nosotros para ser merecedores que el Señor nos abra las puertas para poder acercarnos a ÉL. Resaltan en el texto del Salmo 95 las palabras “vengan, adoremos, inclinémonos y arrodillémonos” las cuales para muy similares, pero en su original hebreo toman mayor importancia conforme el orden en que aparecen.
En el contexto de adoración, la palabra “vengan” es una invitación a una acción mayor que una simple expresión de sonido, es una actitud que implica una posición física y espiritual que involucra todo. De esta forma, vemos que para acercarnos a la santidad de Dios empezamos con acciones y declaraciones con nuestra boca, las cuales progresivamente van a llevarnos a tomar una postura especial y humilde ante el Rey, reconociendo su santidad. Además, la palabra “vengan” implica que cada vez que nos acerquemos al Señor vamos a tener que confrontar lo que “no nos gusta” y ser muy “intencionales” con cada cosa que hacemos o expresamos delante de Dios.
Las siguientes tres palabras vamos a abordarlas en el orden contrario para buscar el cierre de esta prédica. Sin embargo, debemos recordar que en el hebreo el orden denota importancia (de mayor a menor).
La palabra “arrodillémonos”, (hbr. Barak utilizada por ejemplo en Num. 6:24) también puede ser traducida por “bendigamos”. Esto nos indica que al acercarnos a Dios lo primero que debemos hacer es bendecir su santo nombre, o sea se empieza con una proclamación de nuestra boca que habla de una condición “arrodillado” de nuestro corazón.
La palabra “inclinémonos” o “postrémonos” (hbr. kará) se encuentra también en Isaías 45 donde dice “toda rodilla se doblará y toda lengua confesará su santo nombre”. Al postrarnos, reconocemos nuestra condición de incapacidad en comparación con la santidad y título del Señor, porque lo único que podemos hacer ante un Dios santo es rendirnos, humillándonos al entender nuestro lugar bajo ante lo digno y merecedor que Él es de toda adoración.
Finalmente, la palabra “adoremos” describe la acción de colocar la cabeza al suelo. Esto implica algo más que una actitud o posición física, es inclinar y priorizar nuestro corazón y rendirnos ante Dios en la posición más vulnerable que el ser humano puede tomar. Es una posición de rendición total porque ya pasamos de bendecir su nombre, de reconocer su autoridad y se llega a un punto donde decimos “Señor no valgo nada, aquí estoy y esto es lo que soy”.
Finalmente, el texto visto del Salmo 95 termina diciéndonos en el versículo 8: “si tan solo escucháramos su voz”. El texto nos invita a que cuando pasamos del agradecimiento y de la alabanza a proclamar, a reconocer su autoridad y a rendirnos delante de Él, llegamos a un punto donde estamos tan cercanos al corazón de Dios que las palabras sobran. Entonces, en ese lugar es cuando la voz del Señor se empieza a ser cercana a nosotros, y donde Dios empieza a hablarnos.
La invitación para nosotros hoy es: “vengan y cerremos el año escuchando su voz, estando cerca y delante de su presencia”.
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