Después de la Guerra Parte #3: Viviendo bajo nuestras convicciones
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Después de la Guerra Parte #3: Viviendo bajo nuestras convicciones

Es una realidad que estamos viviendo tiempos difíciles de mucha tribulación, problemas y batallas. Esto no sólo sucede en las circunstancias actuales; sino que puede pasar en cualquier etapa de nuestra vida.

La voluntad del Señor en este tiempo es que conozcamos quién es Cristo en nuestra vida y que tengamos esa convicción de quién es Él. Es un tiempo de tomar resoluciones, que empecemos a dar testimonio en nuestras casas, pues quizás en otro tiempo por el hecho de que no viviéramos tanto tiempo juntos en la familia no era tan evidente nuestro testimonio con hijos de Dios. Este es un tiempo donde Dios va a sacar tanto lo mejor como lo peor de nosotros.

Hay tres resoluciones que debemos tomar en este tiempo: la primera es dar testimonio donde quiera que estemos, en nuestra casa, en el trabajo, donde sea que el Señor nos haya puesto. La segunda es predicar el Evangelio, que compartamos nuestra fe con todas las personas a nuestro alrededor y la tercera es que seamos personas enseñables; no solamente que Dios nos enseñe sino también que permitamos que nuestros hermanos nos puedan enseñar; incluso que les permitan corregirlos porque quiere Dios quiere que lleguemos a ser personas humildes.

Debemos tener valentía para llegar a hacer la voluntad de Dios. 2 Corintios 4:7-10 nos dice: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.”

Esos vasos de barro somos usted y yo. Gente común y sencilla. Somos de barro porque somos frágiles, somos imperfectos y tal vez para muchas personas no valemos mucho, pero Dios quiso depositar en personas como nosotros un gran tesoro y ese tesoro era el Espíritu Santo de Dios que Él quería que fuera depositado en nosotros para que llegáramos a dar ese mensaje que puede transformar y salvar vidas y darnos eternidad.

Dios nos hizo portadores de su gloria y con esto en mente debemos entender que para Dios somos muy importantes, pero aún así Él permite los sufrimientos y las tribulaciones en nuestra vida.

El apóstol Pablo vivió una vida de grandes tribulaciones pero siempre creyendo en quien había puesto su confianza: en nuestro Señor Jesús. En este pasaje él le estaba hablando a otras personas que también le servían y Él les hace las siguientes preguntas en 2 Corintios 11:23-28:

¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.”

No bastaba que él tuviera tantos tribulaciones y que hubiese sufrido incesantemente durante toda su vida y su ministerio; sino que además él se preocupaba por los creyentes, por las iglesias. en ese tiempo cuando él fundó las iglesias los judaizantes se metían en las iglesias para traer una falsa doctrina y también entraban personas pecaminosas para para de poder contaminar al pueblo.

Pablo escribió las escribió trece cartas sólo para los creyentes porque los amaba. Él deseaba que nadie se apartara del camino, tenía una carga espiritual muy grande por ellos y sufrió mucho por la iglesia. Él vivió una vida también muy solitaria, pero ¿cómo llegó a ser victorioso? Es bastante difícil aún cuando nos va bien serle fieles a Dios; ahora imaginemos cuando vivimos una vida constante de sufrimientos poder decir que no vamos a abandonar al Señor; que lo vamos a seguir hasta el final.

Pablo decía a los creyentes que no desmayaran, los animaba diciéndoles que así como él no había dejado el evangelio; así como él no había avergonzado a Cristo, así debían gritar el perdón y continuar predicando el evangelio.

Si hoy estamos pasando por un pecado, es tiempo de arrepentirnos, de no desmayar. No permitamos que el enemigo nos aparte de Dios. Pablo menciona que él no fue perfecto pero que una cosa hacía dejando atrás el pasado, dejando atrás la vida de pecado, enfocándose hacia la meta. Ese premio celestial que es el supremo regalo que Dios nos dio el día que nos llamó por medio de Cristo Jesús.

Pablo permaneció siempre aferrado a la gracia aún en medio de sus debilidades, él confiaba en Dios, un Padre misericordioso y por eso Pablo triunfó, y pudo llegar al fin de su carrera. Pero; ¿Cómo podemos mantenernos en este tiempo como se mantuvo él en esa victoria? Pablo vivió con base a sus convicciones; él no vivió basado en sus creencias ni sus sentimientos. Convicción es cuando tenemos una seguridad, una certeza, cuando estamos firmes, sabiendo y creyendo que la palabra de Dios es verdad; que Jesucristo es el Señor de nuestra vida. Eso es tener convicción.

Él sabía que la palabra de Dios era verdad y se aferró a ella. Abracemos las certezas en nuestra vida, las verdades de la palabra, viviendo bajo ese poder de Cristo en nuestra vida porque si seguimos el evangelio según sus sentimientos y emociones nos vamos a desviar. Dice la palabra que engañoso es el corazón más que todas las cosas; el corazón siempre nos va a engañar. Dios creó las emociones y estas no son malas en si mismas; el problema es cuando las emociones nos gobiernan en vez del Espíritu Santo.

Pablo siempre vivió bajo las convicciones de la palabra de Dios. Aunque nuestras batallas no sean iguales a las de él; también tenemos muchas batallas que librar y Dios quiere que hoy resistamos al enemigo, a Satanás, a través de esas convicciones. ¿Qué actitud tienes hoy ante estos problemas ante las tribulaciones; ante las batallas?

Todas las personas tenemos problemas, esto es una realidad. El Señor dijo que “nos había hablado todas las cosas para que tuviésemos paz; porque en el mundo encontraríamos aflicción, pero que confiáramos porque Él ya venció al mundo”.  En esta vida siempre vamos a tener aflicciones que quizás puedan terminar hoy, pero tal vez duren más tiempo pero lo importante es que vivamos bajo la convicción de que el Señor está con nosotros. Dios afirma que “cuando me llamen yo les responderé estaré con ellos en medio de las dificultades los rescataré y los libraré”.

Hay varias batallas por las que pasamos en algún momento, donde parece que todo se va derrumbar, donde siempre vamos a tener un enemigo (Satanás) y donde este enemigo siempre va a venir contra nuestros pensamientos.

Vemos en la biblia como José, el esposo de María recibió una noticia inesperada cuando ella le dijo que estaba embarazada. Él la amaba; pero sus planes de casarse con María se vieron frustrados en ese momento pues pensaba que él niño era de otro hombre.

Al igual que José, en este tiempo se nos pueden haber derrumbado nuestros planes, proyectos, un trabajo, tus finanzas, tu matrimonio, relaciones con otras personas. Podemos habernos deprimido, sentido tristes, inclusive echado la culpa a alguien más de las situaciones que nos acontecen.

Sin embargo; José recibió una palabra de Dios. José era un hombre justo y no quiso traer vergüenza en público a María, por lo tanto decidió romper el compromiso en privado y mientras consideraba esa posibilidad un ángel del Señor se le apareció en un sueño y le dijo “José hijo de David, no tengas miedo”.  El ángel le dijo que tomara por esposa a María porque el niño que llevaba dentro de ella fue concebido por el Espíritu Santo. Una palabra de Dios basta. Esa palabra no va a cambiar la circunstancia, pero sí va a cambiar la manera en que pasamos esa circunstancia.

Otra batalla que tendremos es que siempre se levantarán enemigos; llámense personas, problemas, sentimientos, desafíos, pecados. Sin embargo, el enemigo número uno de nuestra vida es Satanás quien vino a robar, matar y destruir; él siempre va a lanzar engaño porque él es padre de la mentira, siempre te va a lanzar malos pensamientos y amenazas porque él quiere que tú le creas y en la medida que lo hagas esas mentiras las vas a hacer una verdad y vas a vivir conforme a esa verdad.

Si Satanás un día nos dijo que no servimos para nada, que éramos fracasados, que debíamos siempre estar tristes y deprimidos, viviendo en temor, que mejor muriéramos y le creímos, lo que hicimos fue hacer de esas mentiras una verdad. Pero este enemigo siempre nos va a decir mentiras y Dios quiere que escuchemos Su palabra de vida y no que hagamos caso a los pensamientos de derrota, temor, depresión, dudas sino que estos sean quitados de nuestra vida porque son mentiras.

Hay una manera de quitar estos pensamientos: la palabra de Dios dice en Santiago 4:7 soméntase pues a Dios; resistan al diablo y éste huirá de ustedes”. Someterse a Dios es un término militar que era usado para que una persona de un rango más bajo se pusiera debajo de otro rango; implicaba ponerse debajo de la autoridad de un general, era usada para que ese soldado se rindiera delante de ese superior y confiara en la capacidad y en la logística en la manera que ese que general iba a confrontar aquella batalla. El soldado se sabía respaldado porque el general iba a llevar adelante la batalla y la iba a ganar, y sentía que esa persona estaba allí para ayudarle, darle apoyo, y que necesitaba esa ayuda tanto en lo físico como en lo espiritual.

Hoy tenemos un general: ¡El Señor! Ese general se llama Jehová de los ejércitos que va a delante de nosotros, que va peleando por nosotros que nos dice que estamos bajo Su autoridad, que nos sometamos, nos rindamos delante de Él, que le obedezcamos en lo que Él nos ha dicho, nos sujetemos delante de Él porque eso es eso es someterse. Y si lo hacemos Él nos va a dar la autoridad para que resistamos al enemigo; y resistir no es que nosotros vamos a ir a peleando, buscando y provocando al enemigo. La biblia es clara que Satanás es como león rugiente buscando a quien devorar, él es el que nos está amenazando, él es el que nos está buscando y quien quiere venir a destruirnos; pero nosotros lo vamos a resistir no a buscar. Lo resistimos con la autoridad que Cristo nos ha dado porque nos hemos sometido a Dios. Con la autoridad que el Seños nos ha dado es que podremos echarlo fuera y él tendrá que huir de delante de ti; por eso la palabra nos dice que lo resistamos y él huirá de nosotros.

Muchas veces estamos en pecado sin poder resistirlo. Y la razón es porque no creemos que tenemos esa autoridad que el Señor nos ha dado. Cuando viene la tentación el diablo se aprovecha para meternos mentiras de culpabilidad y de condenación; pero si hoy decidimos creerle al Señor y acercarnos en arrepentimiento, dice la palabra que podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia, con un espíritu de humildad, con un corazón contrito, para poder alcanzar esa gracia, ese favor que no merecemos.

Dice Colosenses 2:13-15: “Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y porque aún no les habían quitado la naturaleza pecaminosa. Entonces Dios les dio vida con Cristo al perdonar todos nuestros pecados. Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz. De esa manera, desarmó a los gobernantes y a las autoridades espirituales. Los avergonzó públicamente con su victoria sobre ellos en la cruz.”

Hay un acta donde estaba escrito nuestro nombre y los pecados en los que íbamos a caminar; pero el Señor la tomó y al clavarla en la cruz la anuló, en esa cruz no estaba ya nuestro nombre, había otro nombre y era el nombre de Jesús que es nombre sobre todo nombre. Y el Señor no sólo la anuló, sino que la eliminó totalmente para que pudiéramos tener vida en Él. Además, despojó a principados, autoridades espirituales, potestades y gobernadores; les quitó la autoridad que tenían sobre nuestras vidas y los exhibió públicamente avergonzándolos con su victoria.

Debemos tomar hoy esa autoridad, tomar el escudo de la fe que es lo único que sirve para que podamos apagar los dardos del enemigo (las mentiras),  andar en fe con esa convicción de lo que no estás viendo y lo que estás esperando vas a recibirlo, y esto nace por el oír de la palabra de Dios, porque cuando la escuchamos vamos a tener fe.

No dudemos porque los que dudan dice el Señor, son como las olas del mar que vienen de un lado a otro. No podemos decir hoy creo y mañana no, no debemos vivir bajo las emociones de las circunstancias; dice la palabra que Dios quiere que el viene a Él crea que Él existe.

¿Cómo vamos a actuar en medio de las de los sufrimientos? Vemos el ejemplo de Pablo que nunca se rindió, nunca se dio por vencido ni en la angustia, tribulaciones, persecución siempre tuvo las heridas de guerra, pero nunca se resintió. Cuando pasemos por pruebas no nos resintamos, no le echemos la culpa a los demás por lo que estamos viviendo y sobre todo no se la echemos a nuestros seres queridos, a nuestra familia, no te llenes de amargura porque la amargura es un veneno que contamina todo.

Debemos tener cuidado de eso también. Pablo siempre mostró contentamiento y gratitud; dice la palabra que él aprendió a estar contento, vivir humildemente, escasamente, abundantemente con hambre, con necesidad, cualquier cosa que fuera y al final dijo “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”

También siempre adoró al Padre, se enfocó en su futuro, hacia esa hacia esta meta, dejando atrás el pasado, siguiendo hacia ese premio celestial. Muchas veces el propósito del sufrimiento es liberarte del orgullo para que seas humilde. Pablo había tenido muchas experiencias con Dios; había muchas revelaciones maravillosas que Él le había dado, pero el Señor impidió que él se volviera orgulloso y le dio un aguijón y cuando él le pidió tres veces al Señor que se lo quitara, Él no lo hizo.

Pablo entendió que Dios quería que él fuera humilde y que viviera siempre con ese aguijón para que nunca se exaltara. Debemos vivir siempre en humildad y Pablo aprendió que sólo podía ser humilde cuando él se bastaba en la gracia porque el poder de Dios se perfeccionaba en su debilidad.

Cuando nos sintamos débiles, rendidos a los pies de Cristo, cuando reconozcamos en humildad que queremos hacer la voluntad de Dios y no a la nuestra, el poder de Dios se va a perfeccionar en nosotros y va a reposar sobre nuestra vida. Pero ese poder no es cualquiera, es el poder del Espíritu Santo; el mismo poder que levantó a Cristo de entre los muertos.

Dios permite las tribulaciones es para que formemos carácter. La palabra dice que Pablo se gloriaba, se sentía feliz en medio de las tribulaciones porque él sabía que la tribulación le iba a producir paciencia, la cual iba a formar en él un carácter firme, que ese carácter firme le iba a dar esperanza y que esa esperanza nunca lo iba a avergonzar porque el poder de Dios, el amor del Padre estaba sobre él.

También Dios nos capacita para consolarnos en las tribulaciones, el mismo consuelo que viene del Espíritu Santo con amor y humildad, es el mismo con el que podremos hablar y consolar a otros.

Debemos vivir con base a nuestras convicciones, sabiendo y creyendo que que Dios es fiel y que debe depender de Él en todo momento. Cuando nos sintamos mal, leamos el Salmo 23. Dice el versículo 4 que “aunque pase por el valle más oscuro no temeré porque tú Señor estarás a mi lado, tu vara y tu callado me protegen y me confortan”. Dice también la palabra que Dios nos prepara un banquete en presencia de mis enemigos, que nos honrará ungiendo nuestra cabeza con aceite.

Cuando salgamos de ese valle de sombra de muerte, al otro lado Dios nos espera con una mesa,  con un banquete que El nos quiere da y en esa mesa reall el que está sentado como anfitrión se llama Jesucristo; quien va a estar sentado ahí con nosotros, con nuestra familia para demostrarles a tus enemigos que nos han perseguido, que nos han querido hacer daño, que Él está con nosotros y que satanás no te puede quitar nada.

Dios nos unge con Su Espíritu Santo; sigamos adelante porque esta breve tribulación traerá un enorme peso de gloria. No nos demos por vencidos, ni nos rindamos, así como Pablo nunca lo hizo; prosigamos a la meta, lleguemos hasta el final. Satanás no viene no viene por la persona en sí, sino por nuestro propósito, nuestro llamado, él quiere que lo abandonemos.

Cuando Pablo estaba a punto de ser ejecutado, escribió su última carta a Timoteo. Él quería ver el rostro de su amigo. Muchas veces nos cansamos  y nos sentimos solos, y tal vez no va a haber nadie con nosotros en ese momento al igual que Pablo, pero él le dice a Timoteo aún en esas circunstancias que “no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor ni de mí, si no participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, pero tú se sobrio, soporta las aflicciones, haz obra evangelista, cumple tu ministerio”

Pablo tenía y vivía por convicción. ¿Qué es lo que Dios quiere hasta el final de nuestra vida? ¿Podremos decirle a Dios, que hemos peleado la buena batalla, hemos acabado la carrera, hemos guardado la fe?

¿Cuáles son nuestras convicciones hoy durante este tiempo de guerra? Hay muchas personas que tienen demasiadas creencias, pero pocas convicciones. Las convicciones son aquellas verdades por las cuales estaríamos dispuestos a seguir al Señor en servicio y gratitud, a pesar de las circunstancias que son temporales y pasajeras.

¿Estás dispuesto a pasar por tribulaciones y poder afirmar que Dios te ama y te llamó yo con propósito santo? Anhelamos que vivas bajo la convicción de tu Padre y le creas a Él y dejes atrás ya hoy todas las cosas tú pasado y te vuelvas al Señor. El premio celestial que te espera no se compara con nada este mundo.

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