Después de la Guerra Parte #2: Trigo y Cizaña
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Después de la Guerra Parte #2: Trigo y Cizaña

24 Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

25 pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

26 Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.

27 Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?

28 El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?

29 El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.

30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

Mateo 13:24-30

36 Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

37 Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

38 El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

39 El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

40 De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

41 Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.

Mateo 30:36-42

Después de estos tiempos difíciles de pandemia ¿qué es lo que vamos a encontrar?

Nos encontramos en medio de luchas y batallas; el mal se ha multiplicado y aunque nosotros los cristianos sabemos que vamos a ir a un glorioso destino con Cristo, también debemos entender que la maldad ha crecido sobre la faz de la tierra.

La gente busca, hace y persigue la maldad, sin embargo; Jesús vino a establecer Su reino a este mundo y dentro de su misericordia dejo esta joya de la palabra de Dios que es la parábola del trigo y la cizaña

La cizaña es muy parecida al trigo y no es sino hasta que da fruto que podemos darnos cuenta si es cizaña o trigo. Sin embargo; la cizaña tiene la característica de ser venenosa.

Esta palabra debe entenderse en pares y vamos a ver cada uno de ellos.

Primer par: hay un primer hombre que sembró la buena semilla, pero también dice la parábola dice que mientras los hombres dormían vino el enemigo y sembró la cizaña.

Esta era una práctica muy común en Israel que consistía en que cuando alguien quería vengarse y hacer una injusticia iban al campo de la otra persona y de noche le sembraban lo contrario. La cizaña es tan grave que los romanos tuvieron que establecer una pena contra dicha costumbre.

Dice la palabra que hay un hombre bueno qué es el Hijo del Hombre, el mismo Jesucristo; es Él quien siembra la buena semilla, pero el diablo es el enemigo que siembra la mala semilla: la cizaña. Esta es una lucha en la que estamos envueltos, es una realidad donde tenemos dos personajes en esta parábola la cual dice que los hombres no se dieron cuenta que había mala semilla hasta que vino el fruto.

Esto nos enseña que no debemos dormirnos, no debemos descuidarnos no volvernos perezosos. Debemos tener la certeza de que quien nos sembró es Cristo, el Señor colocó a Sus hijos en el lugar que Él así quiso y dispuso.

Segundo par: hay dos semillas; la buena y la cizaña.

En la antigüedad los judíos conocían muy bien la cizaña y le decían trigo falso. Tenían la misma apariencia, parecían iguales, pero cuando salía el fruto de la cizaña era cuando recién se daban cuenta de lo venenoso que era.

El diablo siempre siembra su cizaña. Así como Dios te sembró a ti en el mundo, así Satanás ha sembrado su gente; no debemos cerrarnos a esta realidad. El enemigo no sembró cebada ni abrojos porque no tenía nada que ver con los hijos de Dios, no se parecían. No sembró espinos para que salieran espinas en medio del trigo, sino que sembró lo parecido, lo que era en apariencia idéntico; pero era falso.

El diablo no iba a sembrar algo que pasará tan percibido que todo mundo se diera cuenta.  Vamos a tener que aprender a vivir en este mundo lleno de mentira, hay maldad y falsedad en el mundo en todos los niveles, en todos los campos, en la ciencia, el arte, la moda, la música, el deporte, inclusive en la iglesia.

Tercer par: hay dos planes.

Dice la parábola que llegaron los hombres y preguntaron si arrancaban la cizaña; pero Dios en su palabra dice que no, que no hay que detenerla, que no hay que arrancarla, porque la cizaña es tan parecida al trigo en las primeras etapas que podría ser trigo.

El trabajo de los ángeles es arrancar la cizaña; no es el trabajo suyo ni mío. Muchas veces hemos desechado personas y hemos guardado en nuestro corazón cosas contra ellas, cuando no es algo que el Señor nos mandó a hacer. Hay gente que avanzó en los caminos del Señor, que muchas veces esperamos grandes cosas para ellas, pero de repente los vemos cometer un error y caerse. Y vienen los demás, y desarraigan a esa persona sin sabiduría, sin guía y Dios dice que esa no es nuestra tarea.

No nos referimos que la iglesia no ponga disciplina pues esta es tan necesaria como cualquier otro mandato del Señor, sino no debemos arrancar la cizaña porque podríamos llevarnos el trigo junto con ella. El Señor dice en su palabra que se debe esperar a la ciega y que Él enviará a los ángeles para que sean ellos los que recojan. Debemos tener cuidado de no desechar a las personas

En este punto es importante también aclarar, que la palabra también dice que hay gente por quienes llegan tropiezos para otros. Personas que conociendo la verdad se involucran en el pecado y traen tropiezo a los demás. La Biblia dice que fuesen mejor que se ataran una piedra en el cuello y tirarse a un río.

Siempre va a existir una lucha entre Satanás y el bien. Estamos en medio de una batalla, de una guerra espiritual. El diablo siempre va a querer traernos cizaña a nuestra vida e inclusive enviar gente vestida de ángel de luz para sacarnos de los propósitos de Dios, para traer tropiezo. Por eso debemos permanecer alertas y estar apercibidos de que estamos en una guerra real.

Cuarto par: El señor atara en manojos y echará al fuego eterno a la cizaña y el trigo lo guardará en su granero símbolo de la presencia eterna con Dios.

A los creyentes nos sembró Cristo no Satanás. Pero vamos a tener que convivir con lo falso, vamos a tener que luchar para que Dios nos de discernimiento y saber que cuando el trigo empieza a dar fruto aparece la cizaña.

Si el enemigo ve que estás dando fruto enviará cizaña a tu ministerio, a un obrero de Dios, a un padre de familia. Cuando una persona se levanta en oración, lee la palabra y da fruto, el diablo le siembra cizaña alrededor para robarle la buena semilla, los buenos propósitos y quitarle la semilla que Dios le ha puesto.

Estamos llamados a dar fruto. Debemos ser luz donde Dios nos pone: en el trabajo, en el ministerio, en nuestra casa. Se necesita gente que camine en el temor de Dios, en predicación de la palabra, que sean luz hombres y mujeres en todos los campos, que sean llenos del Espíritu Santo, ser semilla plantada por Dios y resplandecer.

Cuando se ve el fruto del trabajo arduo de un cristiano, de un ministerio, una iglesia, una familia, se empieza a caminar en la verdad divina y a ser guiado con la palabra de Dios, comienzan a vivir en el temor de Dios; cada vez que hay predicación de la palabra de Dios del Evangelio y alguien recibe algo del Espíritu de Dios; Satanás indudablemente enviará cizaña.

Muchas veces cuando una persona recién acaba de caminar con Cristo los amigos y familiares empiezan a funcionar como cizaña para desanimar a las personas. Habrá pleito y señalamiento. Todo esto son luchas espirituales.

¿Eres trigo o eres cizaña? ¿eres salvo no? Tenemos que radicalizarnos, caminar en la verdad, depender del Espíritu Santo para que saque adelante nuestra tarea, nuestro propósito.

Debes preguntarte en este tiempo de pandemia si te da pereza orar, adorar, si no buscas la presencia de Dios, si no tienes hambre y sed de la presencia de Dios, si desprecias Su palabra, si no tienes en alta estima las instrucciones de tu Padre Celestial quien te plantó.

Como cristiano, aunque estés en el mundo, no le perteneces al mundo. Eres un representante del reino de Dios en la tierra y la gente no va a conocer a Dios sino es través de la predicación de la palabra y nuestro testimonio. Debemos anhelar la presencia de Dios siempre, porque al más mínimo descuido vendrán los que quieren botarte, hacerte daño y hacerte tropezar.

Si te cansas de la palabra y de la revelación de ella, el espíritu de Dios enviará sobre ti mayor dificultad para entender su palabra, para que viendo no veas, para que oyendo no oigas porque tu corazón se ha engrosado, se ha cansado se ha apartado de la palabra de Dios.

¿Qué has descubierto en este tiempo de confinamiento, de lucha, de batalla? ¿estás lleno de temor y angustia? ¿En manos de quién estamos? ¿Quién es nuestro Padre?

Dice la biblia que Dios no le habló claramente al pueblo de Israel porque el corazón se les había engrosado, y con los oídos oían pesadamente, se les había cerrado sus ojos para que no vieran, y no oyeran con sus oídos ni con el corazón entendieran, se convirtieran y el Señor los sanara. Por eso les habló en parábolas, pero el Señor vino a sus discípulos y les explicó cada palabra.

¿Estás orando en este tiempo? ¿tienes pereza y estás escuchando pesadamente la palabra de Dios porque no hay nadie que te esté viendo? ¿no vas a la iglesia por pereza, excusa o porque le temes más al padre de mentira? No te estamos diciendo que te expongas, sino que confíes. Debes tener certeza de que quien te sembró en el lugar en el que estás es el Señor y no el enemigo; debes ser intencional en buscar el rostro de Dios, su presencia, orar y leer la palabra, y estar alerta para que el enemigo no intente robarte la semilla que el Señor sembró.

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