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Discerniendo la verdad de la mentira

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error. 1 Juan 4:1-6

En todo tiempo discernir la verdad de la mentira es muy importante. La palabra discriminar es separar, distinguir, diferenciar una cosa de la otra, lo bueno de lo malo. Muchas veces no tenemos claridad donde termina lo bueno y empieza lo malo, la brecha se difumina y esto significa terreno fértil para el error.
Los principios que Juan habla en esta epístola son inspirados por el Espíritu y está dividida en tres grandes grupos:

  1. Fase de la conversión real.
  2. Relación de evidencia de una verdadera conversión en función de los deberes del creyente.
  3. Juan toma el concepto de la conversión real y lo desarrolla para dar seguridad de salvación, aliento y estimulo.

Cuando Juan habla de Cristo, no habla de la persona solamente. Habla de la integralidad de Cristo, de su totalidad y llamado, de su propósito y su mensaje. Cristo es todo el mensaje en una persona, cuando Juan quiere decir “hemos visto la verdad” simplemente dice hemos visto a Cristo.
¿Cómo aplica esto a nuestras vidas?
Cuando el cristiano verdadero dice he encontrado al Señor, está diciendo he encontrado la salvación al caer bajo convicción de pecado y arrepentimiento ante Dios, he creído en el evangelio y caído de rodillas ante su enseñanza, quiere decir, me he sometido enteramente a Cristo y he sentido el poder transformador del Espíritu Santo de Dios. ¿Podemos verdaderamente decir eso?
Juan toma el primer capítulo para establecer las bases de la verdadera vida en el espíritu. Y establece cinco puntos para identificar una verdadera vida espiritual.

  1. Una conciencia sensible hacia la santidad.
  2. Sometimiento y obediencia a la palabra de Dios.
  3. Vínculo de comunión espiritual.
  4. Separación del mundo.
  5. Instintivo conocimiento de la fe y lealtad para defenderla.

Quien vive en el espíritu sabe y entiende que tiene estos puntos, por ende, vive bajo este estándar. La santidad no es una opción, es el resultado y la condición normal de alguien que está en el espíritu, es la condición de la nueva naturaleza.
Cuando Juan habla que el verdadero cristiano no peca quiere decir que el cristiano no puede vivir una vida de pecado intencional y deliberado, pecar no está dentro de sus planes.

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