El Poder del Testimonio
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El Poder del Testimonio

Al ver como Cristo actúa podemos comprender como el Padre quiere que nosotros también lo hagamos; dicho en otras palabras; Jesús vino a modelarnos el corazón y el carácter del Padre. Como es el Padre; es el Hijo.

El llamado de Cristo a ser y hacer discípulos es una invitación, una transformación y una participación de su ministerio. Un discípulo entiende quién es su Dios y conoce sus características; sabe quién es delante del Señor y entiende la responsabilidad del llamado que Dios le está pidiendo y le está poniendo en sus manos.

El discípulo es una persona que atiende rápidamente el llamado de seguir a Cristo y es una persona que Dios va a usar para hacer Su obra y Su voluntad. Dios trae ese diseño no sólo a la iglesia sino a cada hogar.

El Señor nos está llamando a ser y hacer discípulos; no es algo que se impone. La persona que discípula de manera correcta lleva a otros a que sean seguidores de Cristo lo cual va más allá de las paredes de la iglesia; debemos compartir nuestra fe porque nuestros testimonios hablan del poder de nuestro Dios.

Nuestro testimonio habla del poder de un Dios vivo. Nada de lo que Dios hace es pequeño porque cuando Él transforma a una persona esto es algo poderoso. Si el Señor nos ha dado un trabajo, familia, hijos todo esto son testimonios poderosos en Él. El problema es que muchas veces no sabemos comunicar ni sabemos contar las maravillas de lo que Dios hace.

Antes pensaba que mi testimonio era diminuto comparado con el de las personas a las que Dios había rescatado de las drogas o de alguna adicción, pero llegué a comprender que no es así, porque es Dios obrando y Él no obra en pequeño; y segundo – sin subestimar a nadie – en ocasiones es más fácil que una persona que está entre la espada y la pared, entre morir o buscar a Cristo, se encuentre con el Señor. Pero cuando alguien sin ningún tipo de necesidad (llámese adicción, enfermedad, crisis) igual decide concientemente aceptar al Señor en su corazón, lo que está decidiendo es que Cristo es su primer lugar independientemente de cualquier circunstancia, y este es también un testimonio de vida y transformación poderoso.

Cada testimonio tiene poder, va cargado de un peso de gracia y una obra poderosa en el espíritu hecha por el Espíritu Santo en Cristo.

En el libro de Hechos 26:4-23, Pablo estaba predicando el Evangelio con un llamado fuerte a salir de Jerusalén y a hablarle a los gentiles. Pablo caminaba bajo una promesa y era que él no solo iba a abrir brecha para los gentiles, sino que iba a llegar a predicar a gobernadores, personas poderosas con alto nivel y reyes.

Pablo estaba frente al rey de Judea – Agripa – en ese momento. Este hombre venía de una generación de personas que habían perseguido, destruido y mandado a matar a grandes hombres de Dios. En dicho momento, Pablo estaba frente a una persona que podría matarlo, pero él estaba gozoso porque estaba viviendo el cumplimiento de la promesa de Dios en su vida.

Pablo era un erudito de la Palabra, y entendía que las personas a las que les estaba hablando no conocían la Torá, solo la conocían superficialmente. Entonces pesó la oportunidad, reaccionó hacia ella, y empezó a contar su testimonio. Contó su historia, que él era un fariseo; una persona instruida por Gamaliel, que manejaba los principios de la Palabra. Una persona muy capaz, celoso a un punto que cuando vio el movimiento de seguidores de Cristo crecer; molesto y celoso por su fe empezó a buscarlos, perseguirlos y asesinarlos.

Este hombre contó que un día que iba camino a Damasco persiguiendo a aquellos que estaban en contra de sus principios, se le apareció Aquel a quién él perseguía, vio una luz poderosa y escuchó una voz que le decía “Paulo ¿Por qué me persigues?”; y cuando este hombre preguntó que quien le hablaba, escuchó “Soy Jesús, aquel que tú persigues”

Pablo quedó ciego y sus compañeros lo llevaron a la próxima ciudad donde se encontró con un hombre justo llamado Ananías. Después de ese encuentro poderoso con Jesús, Ananías oró por él, su ceguera física fue quitada y este hombre le dio una palabra a Pablo donde le decía que el Señor lo había apartado para ir a los gentiles y a predicarle a reyes y gobernadores. Ese fue el testimonio poderoso de Pablo.

Hay poder en nuestros testimonios porque tenemos un Dios vivo.

Crecí con asma y de un día para otro esta enfermedad desapareció de mi vida, el Señor no solo tiene el poder de sanarnos también es capaz de en restaurar familias y matrimonios. Nuestro Dios es real, uno que salva a aquel que está perdido, que trae libertad a quien está atado a un pecado, toma a una mujer que es estéril y le da la posibilidad de tener hijos y lo único que necesitamos es a Cristo y empezar a obedecerle, empezar a traer el diseño de Dios a nuestra vida.

Salmos 119:111 nos dice “Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón.” En este versículo David hablaba que por herencia hemos tomado los testimonios de Dios. Estos testimonios son las pruebas de un Dios vivo actuando en medio de su pueblo, y ahora nosotros somos pueblo escogido por Dios, Él nos eligió para ser parte de sus promesas, las cuales, aunque no seamos judíos por sangre heredamos un legado espiritual de un Dios vivo que obra para bien.

El Señor abrió el mar a nuestros antepasados espirituales, levantó personas de entre los muertos y hoy nosotros estamos viviendo bajo ese caminar y ese el legado. Por eso David dice “tus testimonios para siempre son el gozo de mi corazón” pues este hombre vivía gozándose del Dios al que había orado. Debido a ese legado un hombre valiente como Pablo murió predicando el Evangelio, para que nosotros tuviésemos libertad, para adorar al Señor. Lamentablemente hay personas que no participan de esa heredad, que no tienen gozo, no tienen un testimonio. Cuando tenemos testimonios vivimos continuamente en un gozo.

Vamos a mencionar tres características de los testimonios:

Número 1: El testimonio muestra como es Dios. El mundo no entiende que la venida de Cristo está cerca y que todo lo que está sucediendo alrededor del globo es la manifestación de cómo la tierra se duele en la espera del regreso de nuestro Salvador. El mundo no puede verlo en el ámbito espiritual como usted y yo lo podemos ver, pero hay algo que sí pueden ver y es nuestro testimonio, de allí la importancia del poder de estar contándolo, para que puedan ver quienes éramos y quienes somos ahora que nos encontramos con Cristo.

Las personas no pueden ver como Dios trabaja si nosotros no lo comunicamos, así que no basta con ser moralmente correcto y ser excelente en el trabajo, debemos decir que si lo hacemos es porque Dios dice que tenemos que trabajar con excelencia. Pero además debemos contarle a las personas – con base en este ejemplo – que antes éramos vagos, pero vino Cristo y transformó nuestra vida y ahora somos personas disciplinadas porque hacemos las cosas para Él.

Si no contamos nuestro testimonio la gente va a pensar que solamente somos personas moralmente correctas, pero no se van a dar cuenta que la transformación no fue por nuestras propias fuerzas, sino que fue por el Señor.

Un discípulo apunta Cristo, no apunta a sí mismo; el discípulo no busca las luces, sino que lleva a la gente a la única luz: a Jesús. Y tiene que alumbrar para traer libertad a esas vidas así que punto número uno: los testimonios muestran como Dios obra.

Número 2: Los testimonios crean expectativas en el corazón. Cuando contamos nuestro testimonio, creamos proféticamente una expectativa en las personas a las que les estamos hablando. Abrimos una brecha para que el Espíritu pueda entrar y tocar a esa persona para bien.

Necesitamos entender primero que, en el libro de Hechos, cada vez que algún apóstol hablaba un testimonio no era solamente sobre su vida, también sobre todo lo escrito en la Palabra; empezaban a narrar lo que Cristo había hecho y lo que Dios hizo en sus propias vidas. Algo sucedía en el mundo espiritual y había una receptividad para escuchar el evangelio.

Los testimonios crean una expectativa en el corazón.

Punto #3: Los testimonios conectan generaciones de creyentes a las promesas de Dios. Deuteronomio 6:5-9 nos dice: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.”

Hemos de meditar la Palabra de Dios de día de noche: hay una manifestación física y espiritual.

Existen dos formas de evidenciar o de expresar los testimonios de Cristo:

Primero: Un anhelo de una forma espiritual que tiene que ver en como lo comunicamos en nuestra casa. Como traemos esas obras de Dios a nuestras generaciones contando los testimonios de lo que Dios hace pero también una forma física. El resto de naciones y de familias que no le conocen tienen que saber y entender porqué a una familia le va tan bien, porqué un matrimonio tiene tanto gozo, porqué una persona en medio de problemas tiene paz.

Las personas deben ver físicamente que es Dios quien nos sostiene. Muchos hijos no siguen los caminos de Dios porque los padres no lo han hecho real en su tiempo, en sus vidas. Sus propios padres no disfrutan, no se deleitan en la adoración y no se deleitan en la comunión con Dios. No traen los diseños de oración e instrucción a su familia, por lo tanto, en ese hogar no hay testimonios que contar.

Sin embargo, cuando vemos buenos padres que le dan testimonio a sus hijos, estos siguen a Dios porque ellos están viendo un Señor que obra. Cuando hablamos a nuestros hijos de como El Señor nos usó, nos habló, nos dio un negocio Dios, como Él nos dirigió a hacer algo y lo hacemos y obedecemos, cuando actuamos a Su Palabra y vemos el cumplimiento de ella en nuestra vida, nuestros hijos no estarán escuchando un cuento sino viendo actuar a un Dios vivo. Lo verán morar en sus casas. Cuando oramos por nuestros hijos porque tienen pesadillas y estas se van, ellos se dan cuenta de que Quien está obrando a favor es nuestro Dios.

La Palabra dice que con mano poderosa Dios hizo señales, grandes milagros y terribles en Egipto sobre el faraón. El Señor nos sacó de ese lugar de oscuridad para traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres. Es tiempo de contarle a nuestras generaciones testimonios reales de quién es y cómo es nuestro Dios quien obra y sigue actuando.

El problema es que olvidamos los testimonios de lo que Dios hizo en nuestra vida. Salmos 78:9-11 dice “Los hijos de Efraín, arqueros armados, volvieron las espaldas en el día de la batalla. No guardaron el pacto de Dios, ni quisieron andar en su ley; sino que se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado”

Cuando leemos el libro de Reyes nos damos cuenta de que las personas caían en el momento donde se olvidaban de lo que Dios había hecho. Esos reyes que gobernaban una tierra que Dios les había dado milagrosamente poderosa, cuando se apartaban de los testimonios de Dios y le daban la espalda, fracasaban.

Cuando nos olvidamos de lo que el Señor ha hecho en nuestras vidas, esto da cabida al primer paso que nos lleva a la desobediencia, nos desenfocamos de lo que Dios nos habló y de lo que Él ha hecho.

La palabra de Dios dice que “al que mucho se ha perdonado mucho le ama”. Ese es mi lema de vida; mucho el Señor me ha perdonado, me ha sacado de mucha destrucción y por eso mucho le amo.

Salmos 66:5-7 dice: “Venid, y ved las obras de Dios, Temible en hechos sobre los hijos de los hombres. Volvió el mar en seco; por el río pasaron a pie; allí en él nos alegramos. El señorea con su poder para siempre; sus ojos atalayan sobre las naciones; Los rebeldes no serán enaltecidos.”

Cuando pensamos en los testimonios de Dios y recordamos lo que Él ha hecho, El Señor continuará trabajando en nuestra vida, la cual empieza a ser motivada, guiada a una obediencia a Su palabra.

Quisiera compartirles un consejo práctico; tratemos de contar nuestro testimonio en tres minutos explicándolo 3 partes:

Primero: Lo que éramos; quienes éramos antes de Cristo.

Segundo: Lo que sucedió cuando Cristo vino a nuestro encuentro, qué cambió, que sucedió cómo fue ese encuentro poderoso en Cristo Jesús.

Tercero: Lo que somos hoy en Él; porque somos ahora otra persona.

Así las personas van a empezar a ver el poder de Dios siendo evidenciado en nuestras vidas a través de quienes hoy somos en Él; y van a poder ver como fuimos quizás personas con vicios, o llenas de orgullo, arrogantes, sin dominio propio, perezosas, entre otros, pero ahora nos movemos en gozo, somos hacedores de paz, personas llenas de amor, esforzadas y valientes… y verán que esto “no es normal” ni producto del esfuerzo humano.

Solo Cristo puede cambiar la vida de alguien y transformarla para siempre. La gente puede hacer esfuerzos por hacer las cosas de manera diferente, pero como esfuerzo humano se viene abajo pronto. Nuestro testimonio es válido en la medida en que lo repitamos en acciones de integridad. Una y otra vez si empezamos a repetir acciones que honren al Señor, nuestro testimonio empezará a llenarse de poder.

Cuando un testimonio va cargado de poder pueden pasar generaciones de generaciones que tarde o temprano impactarán a otros. Necesitamos estar llenos de Cristo en nuestro corazón para poder comunicar lo que Dios hace, hizo y seguirá haciendo. Pongamos nuestra mirada el Señor y recordemos cómo fue ese momento en el que nos rescató, cómo fue ese encuentro, hacia dónde iba dirigida nuestra vida y hacia dónde va dirigida hoy.

05-Sep-2021
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