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La llenura del Espíritu Santo

La llenura del Espíritu Santo no es una opción, es un requisito absoluto e indispensable si se quiere cumplir la misión con respecto al objetivo de Dios. De otra forma el poder de la iglesia es la promesa del Padre de llevar adelante la obra.
El poder es:

  1. Un agente capacitador.
  2. Un agente instrumentalizador para poder cumplir el objetivo.

No es que nos consideremos competentes en nosotros mismos. Nuestra capacidad viene de Dios. Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. 2 Corintios 3:5-6

El Espíritu Santo de Dios es una persona, es el dador del poder y el ejecutador. La herramienta y el objetivo van juntos, hay quien hace énfasis en el instrumento pero deja el objetivo de lado. Sin embargo ambas deben ir juntas, son una unidad. El énfasis acá está en la unidad de la utilidad de la herramienta en función del propósito
¿Cómo opera esto? Veámoslo primero en Jesús:

El Espiritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos. Lucas 4: 18

Ungido significa que el espíritu de Dios nos ha marcado, nos ha señalado, nos ha separado. Además ungido es Mesías, el agente bautizador el agente que da el poder y la instrumentalización ha venido a señalar y separar con un propósito. La unción no está en función de la persona sino más bien del propósito. Objetivo y unción van juntos, es decir, se unge, se señala con un propósito.

Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado. Juan 17: 3

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