Los peligros de este siglo: No hay corona sin cruz
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Los peligros de este siglo: No hay corona sin cruz

El mundo está lleno de todo tipo de religiones, creencias y sectas. No alcanzaría el tiempo para hablar de todas, pero se pueden resumir todas en una sola palabra que está en la Biblia en Colosenses 2:8 “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.”

Cuando hablamos con personas que justifican su no creencia en el Señor por medio de la filosofía siempre podemos utilizar este versículo. Cuando la Biblia habla de rudimentos del mundo, se refiere a todo aquello a lo que estábamos atados antes de conocer a Cristo. Son las conclusiones obvias, muchas veces simplistas y sencillas, que la gente tiene acerca de cosas en su vida, los rudimentos se traducen como los elementos más básicos, sencillos, burdos, tradiciones sin fundamento, pensamientos basados en conclusiones por lógica humana pero no divina (es decir, proveniente de Dios).

Después de los apóstoles en la Biblia, vinieron los padres del cristianismo de la Iglesia, estos eran hombres apologetas que sabían defender su fe y por ello mataban. Sin embargo, hoy en día no es así, la gente cree lo que le dicen y no tiene bases para creer lo que cree.

Un ejemplo de esto es cuando un profesor le enseña a un joven universitario argumentos sobre la evolución y esta persona sin cuestionarlo lo cree, empieza a creer que es evolucionista y deja su fe solamente porque una persona le dio argumentos creíbles para él, aún siendo un tema que no ha sido probado científicamente.

Es también el religioso que se le pregunta sobre su elección de fe, y dice:  “así me enseñaron en mi casa”; no hay un pensamiento crítico, solo una repetición de actitudes, rituales y sacrificios. Esas son las religiones y credos del mundo.

Cualquier religión del mundo por más compleja que suene, es simplista e inmadura espiritualmente excepto el cristianismo. Este se fundamente en una relación con el Señor. Todas las religiones del mundo creen que “son salvos por sus obras” por lo que hacen, que hay un dios o una deidad que es fatalista, que si nos equivocamos nos va a condenar. Así que todo se trata de ¿qué hacemos nosotros?

En el cristianismo tenemos un Dios que entregó a su Hijo, para que nosotros aceptáramos la salvación por gracia por medio de Él. Nosotros no hacemos nada para ser salvos; Cristo ya lo hizo por nosotros; esa es la gran diferencia entre todas las religiones y credos del mundo y el cristianismo real.

Toda distorsión de hoy en día nos obliga como Iglesia a repasar los cimentos de lo que es la doctrina sana y bíblicamente correcta.

Estudiaremos un tema que es irrefutable, absoluto y que es una brújula para que podamos discernir entre que es correcto ante los ojos del Señor y que no lo es y es muy simple “no hay corona sin cruz”.

Cada encuentro que Satanás tuvo con Jesús para tentarlo le ofreció lo mismo: una corona sin cruz. Mateo 4:8-10 dice “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.”

El plan del enemigo era que Jesús no fuera a la cruz, pero no hay evangelio ni salvación si no está la cruz de Jesucristo, es el clímax de todo, sin este sacrificio nadie sería salvo, porque ninguno puede llegar a cumplirla ley de Dios.

En el contexto de este versículo, Mateo 16:23, estaba Jesús con sus discípulos y el Señor les hace la pregunta, – ¿quién dice la gente que soy yo? – Respondiendo, – algunos dijeron que era Elías, otros que Juan el Bautista, entonces Jesús respondió y dijo – ¿y ustedes, quien dicen que soy yo? -, Pedro adelantándose a sus compañeros, respondió correctamente: “Tú eres el Hijo del Dios viviente”. El Señor lo felicitó y le dijo que esas palabras no se las había revelado carne ni sangre, porque los judíos esperaban un mesías como un libertador como Moisés, un guerrero como David, pero Dios les dio algo mil veces mejor, nos dio a toda la humanidad algo mejor, nos dio a su propio Hijo.

El Señor le dijo – muy bien, y tu eres Pedro una piedrita pequeña, y sobre esa piedra angular (refiriéndose a Él mismo) construiría la Iglesia y las puertas del Hades no iban a prevalecer contra ella. El cimiento de la Iglesia es Jesucristo, no ningún nombre.

Dice la Biblia que inmediatamente después de estas palabras, Jesús comenzó a predicar sobre el sufrimiento que le iba a acontecer, que debía morir como un cordero por cada uno de nosotros, ese era el fin de su ministerio y el inicio de la salvación para la humanidad; pero en ese instante Pedro lo llevó aparte e intentó persuadirlo para que él no muriera en la cruz. Imaginemos eso por un instante; que el Señor no muriera, no llevar a cabo ese sacrificio por el cual hoy en día podemos ser salvos.

Jesús le respondió “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” Mateo 16:23.

Unos minutos antes, el Señor le dijo que sería una piedra para edificación de la Iglesia, es el homenaje más grande que un hombre puede tener. Pero luego, Jesús usó el mismo concepto de piedra para decirle que le era de tropiezo. Pedro estaba pensando como un hombre, con rudimentos del mundo y no pensamiento del Dios Eterno.

El siguiente versículo hace una división enorme con el cristianismo falso dentro de la Iglesia “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí..” Mateo 6:24; esto es una invitación a la salvación, no es una invitación a un nivel mayor de cristianismo, porque no hay niveles en el cristianismo, somos salvos o no lo somos.

Podemos tener 40 años en el ministerio o un día, que igual somos discípulos de Cristo. Jesús estaba diciendo que cualquiera que quisiera ser parte de su llamado, que quisiera caminar con Él, ser su discípulo, ser cristiano, ser creyente, debía entregarle su vida a Él.

Siguiendo con Mateo 6:24-25 “…niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

Imaginémonos lo que fue decirle esto a los judíos, quienes sabían lo que era la crucifixión. Se cree que alrededor de 30 000 judíos fueron asesinados en la cruz, crucificados, en el tiempo que el Imperio Romano dominó a Israel, era la muerte más horrible y dolorosa, la cual simbolizaba maldición. Imaginémonos lo que era esto: decirle a alguien tomara esa cruz con la que lo iban a matar y seguir a Cristo.

Ese es el evangelio real, y no, no se deben hacer obras para seguir a Cristo, sino ese es el efecto de alguien que realmente conoció al Señor. Cuando tenemos un encuentro genuino con Jesús vamos a ser buenos hijos, vamos a querer hacer las cosas bien, que la demás gente le conozca a Él, sacrificar nuestra vida abnegada porque entendemos que hay algo mucho más importante que nuestra propia vida y es Cristo, así como Él murió por nosotros, nosotros queremos morir y dejarlo todo por Él; ese es el cristianismo real.

La salvación es por gracia, y los que somos salvos por gracia nadie nos la puede quitar, pero nuestras obras van a determinar si verdaderamente somos salvos y si nos hemos encontrado con Jesús. Pablo dice en Gálatas 2:20, “estoy juntamente crucificado, ya no vivo yo, más vive Cristo en mi”, Pablo entendía que lo que él era ya no era importante, porque a Jesús no le importó dar todo por nosotros.

Todos – o casi todos – entendemos que el “cristianismo de la prosperidad” es falso. Durante su ministerio en la tierra, Jesús no tuvo ni una sola moneda y esto no significaba que el Señor no trabajara, lo hizo durante muchos años de su vida. Pero, existe todo un movimiento que dice que “debemos dar y se nos dará más”. Esto no es así, si damos algo es por agradecimiento al Señor.

Hoy en día, hay muchos movimientos sumamente peligrosos que están dentro de la Iglesia. Existen “motivadores cristianos” que predican y dicen que Dios va a dar y dar. Las personas siguen esto como si fuera un evangelio de Dios; sin embargo, no cualquiera que diga que conoce al Señor realmente lo hace. Este no es el evangelio, el Señor da riquezas, pero riquezas espirituales.

También existe el cristianismo político, nacionalista, que es muy peligroso donde un grupo de cristianos cree que la salvación vendrá por medio de la política. El Señor no escoge a los presidentes, Él no se mete en el tema de la democracia, la cual es un deber cívico. Si bien uno debe ir a votar con los principios primero, no podemos votar en contra de las cosas que la Biblia dice.

Existe también el cristianismo liberal: “cristianos” que practican abiertamente el pecado y hablan de Dios sin remordimiento. Esto es muy peligroso, en especial con los jóvenes que ven esto y piensan que es cristianismo real; piensan que el cuerpo es malo, y como es así, pueden hacer lo que sea con el porque lo que se salva es el espíritu. Eso no es cristianismo, porque el Señor nos manda a buscar la santidad y sin santidad nadie verá a Dios.

Muchas personas viven así, hacen obra social, son buenos ciudadanos, pero viven libremente su pecado, y eso no lo aprueba el Señor, no hay bendición en el pecado, con Dios no se negocia, lo que Él dice es la Palabra del Señor y nada más.

También hay personas que vienen a la Iglesia para ver como “los sorprendemos” con una prédica, con la nueva revelación que el Señor trajo para la Iglesia, y muchas veces estas “revelaciones” son contrarias a la Palabra del Señor. La Iglesia se convierte en un proveedor de contenido, en dar cosas nuevas para que las personas no se vayan, y eso está muy mal. Las verdades bíblicas son tan increíbles y profundas que nunca las vamos a llegar a entender a la perfección. Cuando estudiamos la Palabra, nos sorprendemos de las cosas increíbles que el Señor nos puede enseñar.

Nunca debemos de aburrirnos del Evangelio de Cristo, de las doctrinas bíblicas, de la salvación, de la gracia, la justificación y la sustitución. Estas doctrinas son el tesoro más grande y de los misterios más increíbles que Dios nos pudo haber dado; si tenemos al Espíritu Santo en nosotros, comprenderemos la Palabra del Señor, porque para aquellos que no lo tienen es locura, pero para nosotros que lo tenemos, es poder de Dios para salvación.

 No hay transformación de vidas sin el Evangelio y tampoco vida eterna sin la cruz de Cristo.

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