A pesar de las adversidades y dificultades que enfrentamos, cuando experimentamos la gracia en medio de los momentos más oscuros, Dios manifiesta su favor y su misericordia sobre nuestra vida. Jonás era un profeta de Dios. Dios le hablaba, lo usaba y le mostraba con claridad lo que debía hacer. Sin embargo, aunque era un hombre que conocía la Palabra, cuando Dios lo envió a Nínive, Jonás decidió ir en dirección contraria. Tomó un barco con rumbo a Tarsis, pero una tormenta enviada por Dios sacudió la embarcación. Los marineros echaron suertes, descubrieron que Jonás era el responsable y, al confrontarlo, él no mintió: “Sí, fui yo”. Finalmente, lo lanzaron al mar. No hay nada peor que sentirse solo en medio del mar. Así se encontraba Jonás. Jonás 2:1-10 Reina Valera 1960 (RVR1960) nos dice: “Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo:......
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Jonás, el amor de Dios para los perdidos – Amor bajo las aguas
La mayoría conocemos la historia de Jonás y siempre la relacionamos con este hombre y la ballena, y concluimos que causa de su rebeldía él terminó siendo tragado por el...
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