Adviento – Anuncio del Nacimiento de Juan
Este mensaje trata sobre el nacimiento de Juan. Recorreremos su vida, que es el estándar de grandeza según Dios. Jesús mismo lo llamó el mejor hombre nacido de mujer. Mateo 11:11 (RVR1960) dice: «De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista»
Juan el Bautista, el último profeta del Antiguo Testamento. Nació en un tiempo específico de la historia de Israel. Hebreos 1:1 (RVR1960) dice: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo»
Los profetas hablaron, y Malaquías, el último del Antiguo Testamento, terminó su profecía con una maldición. Luego vinieron 400 años de silencio: no hubo voz de Dios, profetas, palabras ni visiones. Aun así, la historia y el plan redentor del Señor continuaron. Dios siempre quiere traernos a su diseño original, y eso se evidencia a lo largo de toda la historia, incluso durante esos cuatro siglos de aparente silencio.
En la época de Malaquías, Israel estaba bajo el dominio del Imperio Persa. Más tarde, el poder pasó a Alejandro Magno, un griego que conquistó gran parte del mundo antiguo y, sin saberlo, preparó el terreno para el evangelio. Alejandro unificó el idioma en los pueblos conquistados, difundiendo el griego koiné, que luego sería la lengua del Nuevo Testamento. También construyó caminos que los primeros cristianos usarían para predicar, convirtiéndose en los “hombres del camino”.
Cuando Jesús era niño, Herodes el Grande intentó matarlo, pero un ángel guió a José a llevarlo a Egipto. Ese Egipto ya no era el mismo de la época de Moisés, sino parte del mundo que Alejandro había transformado, demostrando cómo la historia y el plan de Dios se entrelazan para cumplir Su propósito.
Él había dicho que los judíos tendrían los mismos derechos que los macedonios en Egipto, donde podían vivir tranquilos. Jesús pasó gran parte de su infancia ahí. Muchos teólogos dicen que José y María lo sostuvieron con el dinero, el oro y la mirra. Así se cumplió la profecía (Oseas 11:1, RVR1960).
Tiempo después, Alejandro Magno murió y sus tierras se dividieron. En el año 69 a.C., Israel cayó bajo el dominio de Roma, que ejerció su poder sobre el país. Paraon 400 años de silencio hasta que Dios decide hablar otra vez. Dios no habló primero por medio de Jesús, sino por Juan, el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Juan anunció el tiempo que los profetas habían predicho: Isaías habló de la luz que vendría, del Dios fuerte, Consejero y Príncipe de Paz; Oseas anunció la llegada del Esposo; Jeremías, un nuevo pacto; Ezequiel, nueva vida; Zacarías, un Rey humilde; y Malaquías, un mensajero que prepararía el camino.
La vida de Juan fue extraordinaria y llena de intervención divina. Nació milagrosamente: sus padres, Zacarías y Elizabet, eran mayores y no podían tener hijos. Mientras Zacarías sirvió en el templo, un ángel le anunció que su hijo se llamaría Juan.
En teología, los tipos son representaciones de Jesús. Por ejemplo, cuando Herodes persiguió a Jesús niño, matando a toda su generación, esto recuerda el Éxodo, cuando el faraón mandó matar a los niños y solo Moisés sobrevivió. Todo el Antiguo Testamento apunta a Cristo, pero también hay situaciones que representan a Juan. Él no es el Mesías, sino un hombre como nosotros, pero Dios permite que ciertos eventos lo prefiguren.
El nacimiento de Juan y Sansón fue parecido. Un ángel le habló a Manoa, su papá, diciendo que sería nazareo (no podía beber ni cortarse el pelo). También, un ángel le habló a Elizabeth y Zacarías diciendo que su hijo no beberá vino ni sidra (Lucas 1:15, RVR1960). Hay una representación entre los dos. Sansón vivió en el tiempo de los jueces, fue el último y después vinieron los reyes. De igual forma, Juan fue el último de los profetas y después vino el rey esperado. Nadie profetizó el nacimiento de Isaías, Jeremías ni Daniel, pero Dios hizo algo específico con Juan, quien traía algo grande consigo.
Elizabeth, prima de María, y Sara eran estériles y el Señor les permitió tener hijos. Esto es un tipo de representación. Tanto Jesús como Juan nacieron milagrosamente. Jesús por la concepción del Espíritu Santo a través de María y Juan por obra de Dios en la vida de Elizabeth. Juan fue profetizado con una misión clara. Ningún otro profeta lo fue, solo Jesús. Isaías 40:3 (RVR1960) dice: «Una voz en el desierto prepararía el camino antes del Mesías.» Malaquías 3:1 (RVR1960) dice: «El mensajero que prepara el camino.» Se trataba de Juan, quien reconoció a Jesús antes de nacer.
María y Elizabeth estaban embarazadas. María llegó a visitar a su prima, quien tenía 6 meses más que ella. Según Lucas 1:41 (RVR1960), la criatura saltó en su vientre, refiriéndose a Juan, al ver que María llegó. Antes de nacer reconoció, adoró y cumplió el propósito para el cual Dios lo había creado. El ángel le dijo al papá de Juan: será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre (Lucas 1:15, RVR1960). En el Antiguo Testamento el Espíritu de Dios tomaba a alguien, como Sansón que se volvía fuertísimo. Pero el pequeño Juan fue lleno antes de Pentecostés, así como el Señor.
Juan fue consagrado antes de nacer y su vida estaba completamente dedicada al cielo. A diferencia de Sansón, él sí cumpliría su propósito. Su ministerio fue profético y rompió los 400 años de silencio. Israel estaba seco, sin palabra ni profetas y apareció esta voz que clamaba en el desierto. Juan no predicaba en templos sino en el desierto. Eso simboliza a Dios clamando nuevamente, purificando, demostrando la separación y el juicio que Dios tenía contra esa religiosidad muerta de los fariseos de su tiempo. Era un nuevo comienzo y Juan era la señal de que Dios volvería a hablar.
Juan predicaba y les decía a las personas que se arrepintieran y cambiaran su mente (metanoia). Era un giro de 180 grados en sus vidas, sino no iban a ver el reino de Dios, el cual estaba muy cerca. De pronto, las multitudes comenzaron a venir ante un mensaje fuerte: “arrepiéntanse y bautícense”. Llegaron personas de Jerusalén, Judea, provincias alrededor del Jordán y no judíos, y eran bautizadas al confesar sus pecados.
Si predicamos sobre prosperidad, diezmo y que Dios tiene un propósito, las iglesias se llenarán. Pero también hay unas que lo harán al escuchar el verdadero mensaje del Señor. Después del nacimiento de Juan, vimos su llamado, consagración y rol profético. Para entender por qué Jesús lo llamó el mejor hombre nacido de mujer, veamos sus características. Este mensaje consiste en poner su vida como espejo para entender cómo el Señor quiere que vivamos y seamos exhortados.
Primero, Juan estaba seguro de su identidad, no buscó fama para sí mismo. Él dijo, «Yo no soy la luz, solo la voz que la anuncia”. Pudo haberse declarado el Mesías porque cumplía con sus características, pero no lo hizo, o decir, «No soy el Mesías, pero sí el segundo al mando» y tampoco lo hizo. Al contrario, abrazó su misión y no le importó disminuir cuando le correspondió hacerlo. Estaba más interesado en cumplir la voluntad de Dios que la suya. Hubo un momento en el que sus discípulos se acercaron con algo de envidia: «Juan, este hombre al cual tú aprobaste está bautizando y predicando.»
Él les contestó: “El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido” Juan 3:29, RVR1960. Juan estaba feliz y dijo: «Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe» Juan 3:30 (RVR1960)
Juan estaba dispuesto a entregar todo: amigos, discípulos, ministerio… porque sabía que no le pertenecían. A veces no somos agradecidos con el lugar que Dios nos da, desesperamos y queremos reconocimiento. Creemos que predicamos, enseñamos o hacemos cualquier cosa mejor que otros. Juan sabía cuándo dar, entrar y desaparecer. Entendía que no se trataba de él sino del Señor. Cuando ponemos lo que está en nuestro corazón (orgullo y deseos) en primer lugar, antes que el Señor, nos separamos de lo que era Juan. Por eso Jesús lo amaba tanto porque era un hombre tan parecido a Él.
Nos han bombardeado tanto con lo que deberíamos ser como cristianos. Vivimos en un tiempo de mucha bulla y nos alejamos de lo que realmente es, lo simple: un corazón puro para el Señor. Juan era radicalmente humilde, vestía piel de camello y su comida era langostas (grillos) y miel silvestre.
Juan comía eso porque estaba alejado de lo que lo podía desviar de su propósito. Diferente a muchos predicadores de hoy en día que visten trajes y zapatos de miles de dólares. El ministerio no es eso. Juan nos enseña que es sobre servir al Señor con todo lo que somos, sin importar las apariencias.
Muchos teólogos dicen que Juan era posiblemente un esenio. En los desiertos del Medio Oriente hay personas en carpas que son nómadas. Viven en el desierto, salen a vender cosas y toman agua de los ríos. Dicen que Juan era uno de ellos porque no tenía casa y estaba donde ocupaba estar. Mientras más pequeño se hacía, más grande lo veía Dios. Su vida era al revés a la nuestra. Muchas veces queremos vernos grandes para el mundo y no entendemos que nos hacemos pequeños para Él. Entre más amemos el anonimato y que nadie nos celebre, nos volvemos más grandes para el Señor.
Cuando Jesús llegó a bautizarse, Juan estaba peleando con los fariseos: «¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre” Lucas 3:7-8 (RVR1960)
Juan era apasionado y violento. Apareció el Señor y cambió su forma de hablar: «Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado» Juan 1:27 (RVR1960). Nadie conocía a Jesús, su ministerio era anónimo y era solo un carpintero.
Juan dijo: «Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Mateo 3:14 (RVR1960). No podía bautizarlo porque no era más que un pecador. Tenía total reverencia, respeto y admiración por Jesús. Él no decía, «Decreto esto». No creamos en ese tipo de evangelio, solo la Palabra de Dios tiene poder.
Juan no manipulaba a nadie ni competía, solo se rendía ante el Señor. Por eso Jesús lo dejó coronar y presentar al Rey de Reyes. En el Jordán, Juan tuvo el honor de presentar y bautizar a Jesús. “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” Mateo 3:1, RVR1960.
Después, el Espíritu Santo descendió como paloma. Aunque el Padre lo amaba y estaba complacido con Él, lo entregó para morir por nosotros. Era el sacrificio más sencillo porque quienes tenían dinero traían un cordero y quienes no una paloma, así el sacrificio del Señor era para todos, no para unos.
El cielo se abrió y Juan pudo verlo. La última vez que esto pasó fue en el tiempo de Ezequiel, 600 años antes.
Hay personas que dicen, «Vengan, den porque estamos en cielos abiertos», pero esos no son de los que habla la Biblia. Cuando esto sucedió en Ezequiel ni él mismo entendía lo que estaba viendo. Esto que vivió Juan con Jesús se vio una vez en la humanidad. Ya se dio y no se volverá a ver. Así que cuando nos bauticemos no esperemos que se abran los cielos y que el Señor diga, “este es mi hijo amado” porque no lo hacemos por esa razón. Dios no nos debe nada.
Juan tenía una valentía increíble. Confrontó el pecado en todos los niveles. Predicó arrepentimiento al pueblo y los fariseos llamándolos «generación de víboras». Ellos hicieron un complot para condenar a Jesús y matarlo, eran hombres con mucho poder político, pero a Juan no le importó y los llamó así.
También confrontó a Herodes por su inmoralidad. Esto le costó la vida, pero estaba dispuesto a predicar sin importar nada porque su compromiso era con el Señor. El teólogo William Barkley prefería tener una cabeza cortada como la de Juan y su valentía, a una cabeza cobarde pegada a su cuerpo.
Herodes, el tetrarca o Antipas, no era el mismo Herodes el Grande que persiguió a Jesús cuando era niño. Ese Herodes ya había muerto, de hecho, era su papá. Murió de una de las formas más horribles, su cuerpo se pudrió por dentro. Este era su hijo, el tetrarca, porque reinaba sobre el 25% de Israel. Al final, los que gobernaban eran los romanos, él era un títere a cargo de Galilea y Perea. Era terrible, déspota, asesino y tenía al pueblo en la mayor miseria mientras él vivía en opulencia. Se autoproclamó rey de los judíos y no lo era, era un edomita, descendiente de Esaú y su mamá era samaritana.
Juan lo confrontó frente a todos por su inmoralidad sexual: No te es lícito tener la mujer de tu hermano Marcos 6:18, (RVR1960). Herodías era la esposa de su hermano Felipe. Él la conoció y hubo adulterio y traición, entre otros. Hasta incesto, porque muchos teólogos pensaban que era su media hermana.
Juan le predicó y exigió una moral judía porque él era judío, pero Herodes no. Se trataba de predicar la moral de Dios que está por encima de todos. Cada vez que callamos cuando un amigo está en fornicación y decimos, «No le voy a predicar porque no es cristiano«; pues es la moral de Dios.
Estamos llamados a predicar porque Él está por encima de todo. Aquellos que no conocen al Señor, “demuestran que tienen la ley de Dios escrita en el corazón” Romanos 2:15 (NTV). Si predicamos, vamos a mover su corazón. Herodes tenía el poder para matar a Juan y no lo hizo porque le temía.
En el tiempo del profeta Elías, el rey Acab tenía a una mujer pagana llamada Jezabel. Él se dejó influenciar tanto por ella que metió ídolos como Baal en el templo del Señor. Pero Elías, el último de su generación, se levantó y lo confrontó por lo que había hecho y por cómo había traicionado a Dios.
De igual forma, Juan confrontó a Herodes por estar con una mujer mala y pagana. Ambos comparten esa similitud. Jesús mismo llamó a Juan el Elías. Mateo 11:14 (RVR190) dice: él es aquel Elías que había de venir. Aquel que no le iba a importar quedar bien con el rey y confrontarlo hasta el final.
Luego, Marcos 6:19-20 (RVR1960) dice: Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía; porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana. Herodes recibía lo que Juan le predicaba.
Así que, cuando prediquemos, aunque estemos confrontando y sea difícil, algo está quedando en esa persona. Algo quedó guardado en el corazón de Herodes. Dios da la oportunidad a todos de arrepentirse. Herodes la tuvo, pudo escuchar a Juan y hacer lo bueno, o quedar bien con las personas.
Herodes invitó a quienes quiso a una fiesta de cumpleaños. Herodías le puso una trampa, mandó a su hija a bailarle. En las élites de ese tiempo ya existía la pedofilia, al final de las fiestas sacaban a las niñas para que les bailaran a los hombres, pero no era común que sacaran a la hijastra del rey.
Herodes, lleno de lujuria y embriaguez, le hizo una promesa: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré Marcos 6:22, (RVR1960). Ella, engañada por su madre, dijo que quería la cabeza de Juan el Bautista. Ese es el momento al que todos llegamos: ir con el Señor y confiar en Él, o quedar bien con el mundo.
Herodes tenía que tomar una decisión y eligió el mundo. Mandó a matar a Juan, su cabeza fue cortada y dada a una niña de 12 años. Ella la recibió y se la dio a su madre, quien la escupió. Seguir los caminos del mundo, complacer a las amistades y lo que la sociedad nos exige nos va a llevar siempre a muerte.
Poco tiempo después, Herodes fue atacado por su exsuegro. La Biblia no dice, pero los escritos de Josefo cuentan que fue la venganza de Dios por lo que le hizo a Juan el Bautista. Terminó pobre, huyendo con su esposa y muriendo solo en una eternidad oscura sin Dios. Hoy está en el peor lugar.
Después de matar a Juan, Mateo 14:12-13 (RVR1960) dice: “Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús. Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado”. En los momentos difíciles, Jesús se apartaba para buscar al Señor.
Jesús se dolió tanto al ver al mejor hombre caer. Estaba triste, turbado por la muerte de su primo, antecesor y amigo. Él podía decir, «Yo lo conozco desde que estábamos en el vientre de nuestras madres, de toda la vida y daría testimonio de que es el mejor hombre nacido de mujer”.
Herodes comenzó a tener paranoia. Cuando Jesús comenzó a hacer milagros, dijo: Este es Juan el Bautista; ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes Mateo 14:2 (RVR1960). Creía que Jesús era Juan y lo venía a atormentar. El hombre que mató al profeta le temía a Cristo.
Herodes llegó a ser cómplice del juicio del Señor (Lucas 23, RVR1960), pero esta vez Jesús sí iba a levantarse de los muertos. Para quien no conoce al Padre, no hay peor enemigo que su Hijo que reina hoy, mañana y siempre. Un día, Herodes tuvo que poner su cara frente a Dios y dar cuentas.
Aprendamos a ser como Juan, abrazar quiénes somos en Cristo, ser humildes y dejar que otros crezcan. Solo somos piedras pequeñas en el ministerio y la obra de Jesucristo. Hay que predicar con valentía, aunque confrontar un pecado con la verdad de Cristo nos haga perder amigos, trabajos…
Juan perdió su cabeza por eso. Tenemos que ser reverentes a Dios, orar por los demás y ser valientes para no intimidarnos ni ser moldeados por el mundo. Juan hoy está con su amado primo, a quien entregó su vida, cuyo nombre exaltó y gloria anunció. El mensajero terminó su misión y llegó a casa.
Oración:
Padre, tú eres bueno. Confronta quiénes somos y haznos más como tú y Juan. Con tanto mundo alrededor, a veces se nos olvida para qué fuimos hechos, lo verdaderamente importante y ser agradecidos por cada cosa que pones en nuestro camino, porque podemos servirte de buena gana.
Se nos olvida que ya diste todo por nosotros. No nos debes nada, entregaste hasta la última gota de sangre, Jesús. Que no vivamos hundidos en lo que el mundo quiere de nosotros, sino que busquemos tu voluntad porque así nos haremos grandes para ti, siervos fieles que peleamos la buena batalla.
En el nombre de Jesús, amén.
Otros Sermones de Esta Serie

Adviento – El Nacimiento del Rey
diciembre 21, 2025

Adviento – Anuncio del nacimiento de Jesús
diciembre 14, 2025

Adviento – Adoremos al Rey
diciembre 28, 2025
¿Cómo podemos ayudarte?



