Situaciones Incómodas, Sobre la auto lástima
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Situaciones Incómodas, Sobre la auto lástima

En todas las iglesias hay personas que pretenden de una u otra forma encontrar todas sus necesidades suplidas, no en Cristo, sino en la iglesia. Hay personas que buscan dar lástima, personas que siempre se acercan con carita de “pobrecito yo”, personas a las que siempre algo malo les está pasando.

El orgullo no solo se manifiesta como prepotencia o superioridad. La auto lástima viene del orgullo.

El siguiente texto es una cita del predicador John Piper: La jactancia es la respuesta del orgullo al éxito. La autocompasión es la respuesta del orgullo al sufrimiento. La jactancia dice: ‘Merezco admiración porque he logrado tanto.’ La autocompasión dice: ‘Merezco admiración porque he sufrido tanto.’”  

La jactancia es la voz del orgullo en el corazón del fuerte. La autocompasión es la voz del orgullo en el corazón del débil. La jactancia suena a autosuficiencia. La autocompasión suena a autosacrificio.

La razón por la que la autocompasión no parece orgullo es que parece muy necesitada, pero en realidad esa necesidad surge de un ego herido. No proviene de una sensación de indignidad delante de Dios, sino de una valía no reconocida; es la respuesta de un orgullo no aplaudido.

En esta enseñanza se introduce el contexto bíblico en Números 11:  El pueblo de Israel estaba en esclavitud en Egipto, fue maltratado, golpeado, oprimido, y en medio de esa situación clamó a Dios. Dios escuchó su clamor, levantó a Moisés, manifestó milagros, sacó al pueblo con poder y lo sostuvo en el desierto. Dios Nunca dejó de proveer.

Sin embargo, el pueblo, aun siendo libre, empezó a quejarse y a añorar Egipto.

Se nos confronta con una verdad: muchas veces leemos este pasaje y pensamos que actuaríamos distinto; sin embargo, aun teniendo todas las comodidades, también fallamos. Por eso, antes de juzgar, debemos examinarnos: tendemos a compararnos con David, cuando en realidad, muchas veces somos Goliat.

En medio de ese tema de la auto lástima, nos encontramos la siguiente historia en Números 11:4-6 (RVR1960)

“Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.”

Aquí se observa que la auto lástima se contagia. Cuando nos rodeamos de las personas incorrectas, terminamos con la misma actitud. Por eso, debemos preguntarnos con quién caminamos, porque la autolástima se transmite con facilidad.

El pueblo tenía memoria selectiva: recordaba la comida, pero olvidaba la esclavitud, el dolor, los latigazos y el sufrimiento. Nosotros también podemos olvidar de dónde Dios nos sacó y dejar de valorar lo que Él nos ha dado.

Luego se muestra cómo Moisés también cae en esta actitud:

“entonces Moisés escuchó los lloriqueos de las familias a la entrada de sus carpas y el Señor se enfureció. Moisés también estaba muy molesto, y le dijo al Señor:

—¿Por qué me tratas a mí, tu servidor, con tanta dureza? ¡Ten misericordia de mí! ¿Qué hice para merecer la carga de todo este pueblo? ¿Acaso yo los engendré? ¿Los trajes yo al mundo? ¿Por qué me dijiste que los llevara en mis brazos como una madre a un bebé de pecho? ¿Cómo puedo llevarlos a la tierra que juraste dar a sus antepasados? ¿De dónde se supone que voy a conseguir carne para toda esta gente? No dejan de quejarse conmigo diciendo: “¡Danos carne para comer!”.  ¡Solo no puedo soportar a todo este pueblo! ¡La carga es demasiado pesada! si esta es la manera como piensas tratarme, sería mejor que me mataras. ¡Hazme ese favor y ahórrame esta miseria!” Números 11:10-15 (NTV)

Se evidencia el “yo, yo, yo”, el “pobrecito yo”. La autolástima produce un orgullo sutil al hacernos pensar que todo depende de nosotros; quitamos nuestra confianza de Dios y la ponemos en nosotros mismos.

Debemos reconocer que, cuando decimos: “Dios, es tu culpa”, estamos cuestionando Su voluntad. Llegamos a creer que, si las cosas fueran diferentes, nuestra vida sería mejor.

Pero Dios responde con gracia:

 “Entonces el Señor le dijo a Moisés:

—Reúne delante de mí a setenta hombres que sean reconocidos como ancianos y jefes de Israel. Llévalos al tabernáculo para que permanezcan junto a ti. yo descenderé y allí hablaré contigo. Tomaré del Espíritu que está sobre ti y lo pondré sobre ellos también. Llevarán la carga del pueblo junto contigo, y de esa manera no tendrás que soportarla tú solo. también dile al pueblo: “Purifíquense, porque mañana tendrán carne para comer. Ustedes gemían y el Señor oyó sus quejidos: ‘¡Oh, un poco de carne! ¡Estábamos en mejores condiciones en Egipto!’. Ahora, el Señor les dará carne y tendrán que comérsela” Números 11:16-17 (RVR1960)

Moisés se quejó, y Dios, en Su gracia, le dio ayuda y le proveyó apoyo.

Es importante que aprendamos a orar conforme a la voluntad de Dios y no a nuestra voluntad. Parte del proceso que hace Dios es que nos responde justo lo que queremos para que nos demos cuenta de que lo que queríamos no era lo que necesitábamos. Y es la forma en como Dios nos trata.

Romanos 9:13 (RVR1960) nos dice:

“A Jacob amé, más a Esaú aborrecí.”

Dios al que ama procesa. La bendición no está en lo material, sino en el proceso que transforma. Debemos entender que el proceso de Dios, aunque duela, produce algo eterno.

Luego Dios advirtió al pueblo en Números 11:18-20 (RVR1960)

“También dile al pueblo: “Purifíquense, porque mañana tendrán carne para comer. Ustedes gemían y el Señor oyó sus quejidos: ‘¡Oh, un poco de carne! ¡Estábamos en mejores condiciones en Egipto!’. Ahora, el Señor les dará carne y tendrán que comérsela.  y no será solo un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni aun veinte. La comerán durante un mes entero, hasta que les produzca náuseas y estén hartos de tanta carne. Pues han rechazado al Señor que está aquí entre ustedes y han lloriqueado diciendo: ‘¿Por qué dejamos Egipto?’».

El problema no era la necesidad, sino el corazón. Preferían ser esclavos sin Dios que libres con Dios.

Luego en Números 11:21-23 (RVR1960) leemos que Moisés vuelve a dudar:

“Entonces Moisés respondió al Señor:

—¡Hay seiscientos mil soldados de infantería aquí conmigo y aun así dices: “Yo les daré carne durante un mes entero”!  aunque matáramos a todos nuestros rebaños y manadas, ¿podría eso satisfacerlos? O si pescáramos todos los peces del mar, ¿alcanzaría?

El Señor le dijo a Moisés:

—¿Acaso mi brazo ha perdido su poder? ¡Ahora verás si mi palabra se cumple o no!”

Aquí se nos enseña que nosotros no necesitamos entender, necesitamos obedecer. Nuestra confianza no está en entender el camino, sino en conocer a quien nos guía. No depende de ver con claridad el siguiente paso, sino de saber que Quien nos dirige es Bueno, Fiel, nos ama y tiene el control de todo.

Números 11:24-30 (RVR1960) nos dice:

“Así que Moisés salió y comunicó al pueblo las palabras del Señor. Juntó a los setenta ancianos y los colocó alrededor del tabernáculo. Después el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. Entonces les dio a los setenta ancianos del mismo Espíritu que estaba sobre Moisés; y cuando el Espíritu se posó sobre ellos, los ancianos profetizaron; pero esto nunca volvió a suceder.

sin embargo, dos hombres, Eldad y Medad, se habían quedado en el campamento. Ellos estaban incluidos en la lista de los ancianos, pero no se presentaron en el tabernáculo. Aun así, el Espíritu también se posó sobre ellos y profetizaron allí en el campamento. un joven corrió y le informó a Moisés: «¡Eldad y Medad están profetizando en el campamento!».

entonces Josué, hijo de Nun, que era ayudante de Moisés desde su juventud, protestó:

—Moisés, mi señor, ¡detenlos!

pero Moisés respondió:

—¿Estás celoso por mí? Ya quisiera que todos los del pueblo del Señor fueran profetas y que el Señor pusiera su Espíritu sobre todos.”

De este texto vemos cómo Moisés comienza a ser sanado de la autosuficiencia y de la autocompasión. Empieza a entender que no se trata solo de él, y que si Dios levanta a otros, es para Su gloria. Su corazón refleja humildad y un proceso real de transformación.

Comprende que, si Dios quiere darles palabra o profecía a otros, eso también es motivo de gozo, porque al final todos le pertenecemos a Él, y Él hace como quiere.

Leemos en Números 11:30-32 (RVR1960)

“Entonces Moisés regresó al campamento con los ancianos de Israel. Ahora bien, el Señor envió un viento que trajo codornices desde el mar y las dejó caer por todo el campamento. Había codornices por kilómetros en todas las direcciones, volando como a un metro del suelo. Así que el pueblo salió y atrapó codornices todo ese día, a lo largo de la noche y también todo el día siguiente. ¡Nadie recogió menos de cincuenta canastas! Entonces esparcieron las codornices por todo el campamento y las pusieron a secar.”

Reflexionemos sobre la siguiente pregunta:

¿Cómo se ve la auto lástima hoy? Se resume en esta frase:

“Si tú, Dios, hubieras hecho las cosas diferentes, yo sería mejor.”

Nosotros debemos reconocer que muchas veces culpamos a Dios por nuestra condición. Pero el problema no es Dios, es que hemos sacado a Dios de nuestras vidas. Dios nunca es un mal padre; Él procesa a los que ama. A través de las pruebas, Él forma nuestro carácter.

Recordemos que todos los grandes hombres de Dios pasaron por pruebas: Abraham, Job, David, Jesús. La diferencia es que respondieron con obediencia.

Nosotros debemos entender que la vida no siempre es fácil, pero si Dios nos tiene en un proceso, es porque está obrando en nosotros.

Debemos entender tres cosas: la auto lástima se contagia, nos lleva a otros pecados y nos centra en nosotros mismos.

También debemos aprender a:

– Identificar entre una verdadera necesidad y la auto lástima.

– Atender la necesidad, pero no alimentar la auto lástima.

– Definir límites para no contagiarnos de la autocompasión.

Finalmente, si nosotros hemos caído en auto lástima, debemos hacer tres cosas:

  1. Recordar quiénes somos: no merecemos nada, todo es por la gracia de Dios.
  2. Recordar quién es Dios: Él es Bueno, Fiel y Soberano.
  3. Aprender a obedecer y adorar en medio de la dificultad.

Porque el señorío de Dios no se prueba en la abundancia, sino en la dificultad. Cuando en medio del dolor podemos decir “Dios es bueno”, entonces Él verdaderamente es nuestro Señor.

Cerremos esta enseñanza con la siguiente oración:

“Señor, perdónanos porque muchas veces no hemos sabido atesorar tu bendición en medio de nuestra necesidad. Perdón porque de nuestra boca han salido más quejas que gratitud. Perdón por poner la mirada en nosotros mismos y no en ti. Enséñanos a tener un corazón agradecido, aun en medio de la espera. Amén.”

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