Nehemías – Reconstruyendo Muros: El Poder de un Equipo Unido
Quienes hemos formado parte de un equipo o hemos ejercido algún liderazgo sabemos que su fortaleza está en cuán unido se encuentre. Una individualidad puede sobresalir, pero la unidad de todo el conjunto produce una fuerza mayor.
Nosotros también somos parte de un equipo: el equipo del Señor. Él nos convocó, nos llamó, nos apartó y quiere usarnos. No solamente nos llamó a la Iglesia, el cuerpo de Cristo, sino también a una iglesia local, a nuestra familia y a los espacios donde nos ha colocado. La fortaleza de cada equipo está en la unidad que tengamos.
¿Qué es un líder y qué es un equipo?
En Romanos 12:6-8, Pablo habló de los dones que recibimos de Dios e incluyó la responsabilidad de presidir con diligencia. El liderazgo es un don, una dádiva y un regalo del Señor. No todos ejercemos la misma función, pero todos debemos desarrollar cualidades de liderazgo, porque parte de nuestro llamado es discipular; y cuando discipulamos también dirigimos y acompañamos a otros.
Romanos 12:6-8 (RVR1960): “Si el de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que hace misericordia, con alegría.”
Un líder implica personas que lo siguen. Padres y madres guían a sus hijos y nietos; en el trabajo también ejercemos influencia. Muchas enseñanzas que hoy parecen nuevas ya estaban planteadas en la Palabra de Dios.
Un equipo es un conjunto de personas que trabaja con un fin común. Si no compartimos ese fin, no podemos funcionar como equipo. Necesitamos saber hacia dónde vamos y qué nos corresponde hacer.
Reparar es hacer fuerte
Nehemías 3 puede parecernos una lista de nombres, lugares y proyectos, pero allí encontramos cualidades de un buen líder y de un equipo unido. La palabra reparar fue presentada como reforzar, hacer fuerte aquello que estaba debilitado. El fin de reparar es hacer algo fuerte.
Nehemías fue el hombre que Dios escogió para levantar el muro de una ciudad destruida. Dios puso aquella carga en su corazón; Nehemías oró, habló con el rey y esperó el momento correcto. Pero mientras esperaba, no se quedó quieto: planificó y se preparó.
Nehemías 2:1-9 (RVR1960): “Y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.”
Cuando Dios abre una puerta, necesitamos estar preparados. Esto también aplica a nuestras relaciones, familia y futuro: no podemos esperar que otros lleguen preparados si nosotros no estamos creciendo en integridad, santidad y servicio.
- Un líder necesita una visión
Un líder verdadero necesita una visión. Si dirigimos a alguien, lo dirigimos hacia algo. Podemos tener autoridad y tomar decisiones, pero necesitamos una dirección para el proyecto que tenemos delante.
Esta responsabilidad también alcanza a la familia. Los esposos deben preguntarse hacia dónde están guiando su hogar. Cuando no existe claridad sobre el propósito de la familia, la relación comienza a debilitarse. No podemos conducir a los nuestros si desconocemos hacia dónde vamos.
No nos casamos para colocar sobre nuestro cónyuge la obligación de hacernos felices. Estamos para ver cómo glorificamos a Dios mejor juntos que separados. Criamos a nuestros hijos para dejar una herencia de fe y dar gloria al Señor a través de nuestras generaciones. Todo es para la gloria de Dios; por eso necesitamos una visión.
Nehemías 2:17 (RVR1960): “Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio.”
El llamado fue a no permanecer en la derrota, sino a levantarse y edificar. Nehemías contó cómo la mano de Dios había sido buena sobre él y compartió las palabras del rey. El pueblo respondió:
Nehemías 2:18 (RVR1960): “Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.”
El equipo se consolidó alrededor de una misma visión y dispuso sus manos para trabajar. Pero Sanbalat, Tobías y Gesem se burlaron y cuestionaron lo que estaban haciendo. Un líder cristiano necesita recordar que la visión debe venir de parte de Dios.
Nehemías 2:20 (RVR1960): “El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos.”
El Dios de los cielos es soberano. Él da la visión, el respaldo y los recursos. Nosotros, sus siervos, nos levantaremos, edificaremos, trabajaremos y nos esforzaremos para que su proyecto avance.
Nehemías también actuó de manera organizada. Distribuyó la construcción por sectores y supo delegar. La explicación del mapa destacó algo importante: comencemos a trabajar donde somos más vulnerables. Si existe un área de nuestra vida que ha sido piedra de tropiezo, no debemos dejarla abierta; allí necesitamos fortalecer el muro.
- La persona indicada en el puesto indicado
Nehemías 3:1-3 (RVR1960): “Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas.”
El relato comienza con los sacerdotes. Pudieron haber utilizado su posición para no recibir instrucciones, pero reconocieron a un líder con visión y se dispusieron a colaborar. Si queremos crecer en el Señor, dejémonos pastorear, enseñar y formar.
También habrá momentos en los que tendremos que hacer algo que no nos gusta. Los sacerdotes no se limitaron a orar mientras otros construían: tomaron el martillo y comenzaron a edificar. Un verdadero líder empieza por ser ejemplar. No se apoya únicamente en su título; sirve.
En la construcción participaron personas de distintos oficios, mujeres y hombres. Nadie valía más que otro. Así debe ser la iglesia: diferentes funciones, un mismo propósito. Nuestro valor no depende de cuán visible sea nuestro servicio. Cada persona que sirve puede tener un impacto que quizá no alcanza a dimensionar.
- Honor a quien honor merece
Nehemías no presentó la reconstrucción como un logro personal. En el capítulo 3 honró a quienes contribuyeron: mencionó nombres, familias y el trabajo realizado. Entendió que él solo nunca habría podido levantar aquella obra.
Esta enseñanza también nos recuerda el valor de sembrar un legado en nuestros hijos y nietos. El Señor conoce a quienes los llevaron a la iglesia, les hablaron de Dios y perseveraron acompañándolos aun cuando parecía difícil. También reconoce a quienes sirven de maneras que otros quizá no ven.
Nehemías 3:5 (RVR1960): “E inmediato a ellos restauraron los tecoítas, pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor.”
Siempre habrá quienes trabajen y quienes se mantengan al margen. La falta de disposición no es un asunto pequeño delante del Señor. Esto nos confronta en el estudio, en el trabajo y en el servicio.
2 Tesalonicenses 3:10 (RVR1960): “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.”
Pero también encontramos el contraste:
Nehemías 3:27 (RVR1960): “Después de ellos restauraron los tecoítas otro tramo, enfrente de la gran torre que sobresale, hasta el muro de Ofel.”
Mientras algunos no quisieron trabajar, otros terminaron su parte y asumieron una responsabilidad adicional. La pregunta para nosotros es: ¿qué hacemos cuando terminamos lo que nos correspondía? ¿Nos cruzamos de brazos o buscamos qué más hace falta?
Dios quiere servidores dispuestos a preguntar: ¿qué más hay que hacer?, ¿en qué más podemos ayudar?, ¿qué podemos recoger?, ¿cómo podemos servir en nuestra casa?
- Un líder sabe dar oportunidades
Nehemías 3:11 (RVR1960): “Malquías hijo de Harim y Hasub hijo de Pahat-moab restauraron otro tramo, y la torre de los Hornos.”
La prédica vinculó a Malquías con el mencionado en Esdras 10:31, un hombre que había sido confrontado por su pecado. Sin embargo, después aparece sirviendo en la reconstrucción. Nehemías le dio una oportunidad para trabajar.
Está bien confrontar cuando algo necesita corregirse. Lo que no está bien es quedarnos para siempre con la primera impresión. Con el tiempo necesitamos la gracia para mirar a una persona con ojos distintos al juicio que nos formamos cuando la conocimos.
Que alguien haya fallado no significa que siga siendo la misma persona inmadura, insolente o rebelde de antes. Un buen líder reconoce que puede haber crecimiento y da oportunidades. Necesitamos aprender a corregir y también a permitir que las personas vuelvan a servir.
Lo que alegra el corazón de Dios
La reconstrucción del muro nos deja cinco verdades:
- Dios se goza cuando hay trabajo en unidad. Familia, proyecto, negocio e iglesia se fortalecen cuando distintas personas trabajan con un mismo propósito.
- Dios se goza cuando hay líderes íntegros. Líderes con visión clara, que trabajan, motivan, reconocen, edifican, levantan y dan oportunidades.
- Dios se goza cuando hay disposición al llamado. Necesitamos estar preparados para responder: “Aquí estamos, Señor; estamos listos”.
- Dios se goza cuando hay obreros esforzados y comprometidos. Al terminar nuestra tarea, no nos quedemos tomando café o buscando qué hacer para nosotros; preguntemos qué más hace falta.
- Dios se goza cuando trabajamos con propósito. Todo debe hacerse para la gloria de Dios, no solamente por salario, reconocimiento o crecimiento profesional.
Nuestro trabajo debe dar gloria a Dios
Dios nos coloca en ambientes donde otros necesitan conocerlo. Nuestra manera de trabajar, nuestra ética, las palabras que usamos, las decisiones que tomamos y la forma en que administramos el dinero hablan del Dios que tenemos. Cuando encontramos la oportunidad de anunciar el evangelio, también damos testimonio de Él.
Recuerdo una vez que una persona se contuvo de decir una mala palabra al estar con mi persona. Esto me recordó el impacto que puede tener nuestro testimonio. Debemos procurar que las personas reconozcan una diferencia en nuestra vida.
Que nuestra conducta refleje al Señor y que, cuando algo deshonre lo que debe ser honrado, tengamos el valor de señalar que no está bien. Nuestro trabajo debe dar gloria a Dios.
Jesús, nuestro líder por excelencia
Nuestro líder por excelencia es Jesús. Nehemías construyó un muro natural, pero Jesús quiere edificar y fortalecer nuestra vida. La imagen del constructor nos lleva a recordar la piedra angular, las piedras vivas y la edificación.
Efesios 2:20-22 (RVR1960): “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.”
Jesús quiere edificar algo en nosotros y a través de nosotros. Quizá nos sentimos derrotados, derribados, destruidos o quebrados. Pero el líder que siempre fue íntegro y mostró el sacrificio quiere encontrarse con nosotros.
Jesús sirvió con entrega, ministró a las personas y apartó tiempo para orar. Su sacrificio no consistió solamente en dar lo mejor de su trabajo: entregó su vida por nosotros. Él es el líder dispuesto a darnos oportunidades a pesar de nuestras fallas y nuestro pecado.
Primer llamado: permitir que Jesús construya su proyecto en nosotros
El primer llamado es para quienes se sienten lejos del Señor o quizá nunca lo han conocido. Podemos habernos mantenido apáticos a su voz por ignorancia o por el afán de la vida. Pero hay un líder y un constructor que quiere tomar nuestra vida y construir algo maravilloso.
Dios quiere levantar un proyecto a través de nosotros y dirigirlo. Tiene una visión para nuestra vida mayor de lo que podemos imaginar y nos invita a seguirlo.
Segundo llamado: renovar nuestro compromiso con Dios
Lo aprendido sobre un equipo unido y sobre el liderazgo no debe quedarse en teoría. Necesitamos que penetre en el corazón y nos haga meditar en nuestro compromiso. La prédica confrontó tres actitudes:
- Quienes permanecemos cómodos sin hacer nada. Podemos llevar años asistiendo sin contribuir, quizá por una herida, amargura o enojo que nos hizo dejar de ofrecernos.
- Quienes estamos satisfechos solamente con cumplir. Cumplimos y nos vamos. No buscamos crecer ni estamos dispuestos a ofrecer algo adicional.
- Quienes estamos comprometidos y dispuestos a darlo todo. Somos llamados a mantener esa entrega y renovar nuestro compromiso.
La pregunta que debe confrontarnos a todos es: ¿y si todos diéramos todo?, ¿hasta dónde llegaríamos?
No importa si acabamos de llegar a la iglesia o si todavía no estamos sirviendo. Este es un llamado que evalúa el corazón, no la función.
Efesios 6:6-7 (RVR1960): “Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres.”
No sirvamos para quedar bien con nuestro líder. No demos para quedar bien con alguien. Hagámoslo porque tenemos un compromiso con Dios. Cristo es nuestra cabeza y nuestro líder. La invitación es a caminar en integridad, servir, darlo todo y estar dispuestos a dejar sangre, sudor y lágrimas por Cristo.
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