Jesús nuestro descanso - Descanso para nuestro ser

Jesús nuestro descanso – Descanso para nuestro ser

Hoy cerramos la serie de Jesús es mi descanso. Comenzamos con tres preguntas para que meditemos en nuestro corazón:

¿Tenemos paz?

No respondemos rápido ni lo que es cristianamente correcto. ¿Estamos en paz? ¿Es una paz que se sostiene en medio de las temporadas difíciles? No hablo de estar bien porque hoy no tenemos ningún problema, sino de esa paz que sobrepasa todo entendimiento, la seguridad de aquel que prometió estar con nosotros está ahí sosteniendo nuestra mano.

Y la tercera pregunta: ¿En qué está puesta nuestra confianza? ¿En qué nos sostenemos en el tiempo de dificultad?

Hoy vamos a estudiar Mateo 11 ya viajar por distintos pasajes para hablar del descanso que Jesús quiere darnos: descanso para nuestro ser.

JESÚS TE HACE UNA INVITACIÓN TRASCENDENTE

Mateo 11:25-30 nos presenta la invitación central de esta prédica. Jesús dice:

“Venid a mí todos los que estánis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprendid de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”.  Mateo 11:28-30 (RVR1960)

Hoy Jesús nos hace una invitación trascendente: la invitación más importante de toda nuestra vida. Y nuestra responsabilidad es poner en tela de duda cómo está tu vida espiritual para que puedas reconocer si realmente experimentas esa paz que sobrepasa todo entendimiento.

Vamos a empezar desmitificando algo: congregarse no es salvación . Ir a una iglesia, pertenecer a una iglesia, ser miembro, asistir todos los domingos, levantar las manos, adorar o conocer la Palabra no es sinónimo de ser salvo. La salvación tampoco tiene que ver con cumplir reglas. Incluso haber hecho la oración de salvación no es lo que te hace salvo.

La salvación no descansa en lo que nosotros podemos hacer; descansa en una persona, y esa persona es Jesús.

En el libro de Mateo se indica lo siguiente:

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” . Mateo 1:21 (RVR1960)

La salvación es la forma en que nuestro Salvador nos libra de la opresión, de la esclavitud, del dolor y del peso que produce el pecado. Todos sabemos lo que es cargar con la falta de perdón, la ira, la angustia, la falta de paz o luchar con algo que queremos dejar y terminamos haciendo una y otra vez.

Nuestra salvación es una invitación que Jesús nos hace. Jesús no te dice: “Ve a la iglesia” . No te dice: “Ve donde tu pastor” . Te dice: “Ven a mí” . Vengan, acérquense, conózcanme.

Puedes conocer el ABC de cómo funciona una iglesia, conocer una denominación, pastores y servidores, y no conocer a Jesús. Puedes servir en una iglesia, hablar de Jesús y hasta predicar de Jesús y no conocer a Jesús. La invitación de Jesús es: “Ven a mí, acércate”.

Y es una invitación trascendente porque no viene simplemente de un maestro. Jesús revela quién es Él mismo. En Juan 10:30 dice: “El Padre y yo uno somos” . Y en Mateo 11 continúa hablando de esa relación única entre el Padre y el Hijo.

Por eso la invitación no es de cualquier persona: es la invitación de Dios, la máxima autoridad, que te dice: “Ven, quiero que me conozcas. Ven y quiero que te des cuenta de quién soy yo”.

Mateo 11:2-6 nos muestra incluso a Juan el Bautista, aquel que había anunciado al Mesías, enfrentando dudas en medio de su momento más oscuro. Desde la cárcel pregunta:

“¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?”  Mateo 11:3 (RVR1960)

Jesús no le responde simplemente con una explicación. Le dice que vean lo que Él hace:

“Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, ya los pobres es anunciado el evangelio.”  Mateo 11:5 (RVR1960)

Jesús dice, en otras palabras: ven, conoce mi ministerio. Mira lo que hago y escucha lo que digo.

ESTA INVITACIÓN ES PARA LOS CANSADOS Y CARGADOS

El ministerio de Jesús no terminó en Él. Como cuerpo de Cristo, también recibimos un llamado. Jesús envió a sus discípulos a sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos y echar fuera demonios. Lo que por gracia hemos recibido, por gracia lo damos.

Ese llamado es para todos. No es únicamente para el pastor. Tal vez mañana alguien te diga: “Me siento mal”. Y puedas detenerte y decir: “Voy a orar por ti”. El ministerio de Jesús hoy reposa en la iglesia.

Quizás estés aburrido de que pase lo mismo una y otra vez porque no has dejado que el Espíritu Santo te empiece a usar. Pero volvemos a la invitación: “Ven a mí” .

¿Para quién es esta invitación? Para los cansados ​​y cargados.

No puedo hablar del testimonio de otra persona; pero puedo compartir cómo conocí al Señor. Yo tenía 19 años y, externamente, tenía todo: estudiaba lo que quería, estaba rodeado de personas que me amaban, mis papás estaban casados, mis hermanos tenían buena salud, tenía carro y sentía que mi vida estaba resuelta.

Pero lo que la gente no veía era que muchas veces salía con alguien y, en lugar de llegar feliz a mi casa, llegaba solo y triste. Muchas veces terminaba llorando en mi cama preguntándome:

“¿Por qué si tengo todo me siento vacío? ¿Por qué si tengo todo siento que no tengo nada? ¿Por qué si tengo todo siento que me falta todo?”

En medio de una oración le dije al Señor: “Si tú eres real, voy a darte la oportunidad. Manifiéstate en mí. Quiero ver si verdaderamente tú eres real”.

Muchos llegamos al Señor así: cansados ​​y cargados . Tal vez por un problema que no se resuelve en casa, una situación interminable, un matrimonio por el que llevas tiempo luchando o un hijo por el que has orado y, en lugar de acercarse a Dios, se aleja .

En ese hueco, muchas veces decimos: “Señor, voy a darte una oportunidad”.

Pero en el contexto de Mateo 11, Jesús también está hablando de las cargas que los fariseos ponían sobre las personas: la carga de la religión.

Mateo 23:2-4 (RVR1960) dice: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os dicen que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”. 

Seguir una religión muchas veces es una carga pesada. Puedes seguir una religión y no seguir a Cristo. Puedes seguir normas y no conocer al Dios al cual todo eso apunta.

Jesús no vino a quitar la ley; vino a cumplirla. La ley es buena porque evidencia nuestra necesidad de un Salvador, evidencia que todos pecamos y que necesitamos salvación. El problema viene cuando añadimos cargas que Dios no puso.

ACEPTAR A JESÚS IMPLICA LLEVAR SU YUGO

Ahora viene la segunda invitación: Jesús te dice que hay un yugo que llevar.

Un yugo era un instrumento colocado sobre dos bueyes para que caminaran juntos y jalaran en una misma dirección. En el contexto judío representaba aquello a lo cual uno se rendía en obediencia.

La primera invitación es: ” Ven a mí. En mí encontrarás salvación, paz, amor y descanso” . Pero aquí viene la invitación difícil: “Déjame llevar el control de tu vida” .

Para los que somos controladores, Jesús dice: “Deja de tener el control. Yo quiero tener el control” . No podemos dos manejar el mismo yugo. Uno querrá ir a la derecha y otro a la izquierda.

” Suéltalo y déjame a mí llevar el control. Déjame que yo tome el control de tu vida. Déjame que yo sea Señor”.

No podemos recibir salvación sin señorío. La Palabra dice que debemos negarnos a nosotros mismos para convertirnos verdaderamente en discípulos:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.” Mateo 16:24 (RVR1960)

¿Y sabes qué es lo que muere en esa cruz? El yo.

Todos llevamos un yugo, nos guste o no. Puede llamarse familia, falta de perdón, etiquetas que nos marcaron desde la infancia, pecados, adicciones o cualquier cosa que empieza a dirigir quiénes somos. Y ese yugo se vuelve pesado.

Pero Jesús nos hace una invitación: “Mi yugo no es ese” .

No tienes que seguir llorando, seguir en ansiedad, vivir sin paz o en estrés. Agarra mi yugo. Mi yugo es fácil y ligero.

Mateo 11:29 dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprendid de mí, que soy manso y humilde de corazón”.  Mateo 11:29 (RVR1960)

¿Sabe qué es necesario para aceptar el señorío de Cristo? Dejarse enseñar. Necesitamos descansar y dejar que Él nos enseñe porque Él sabe más que nosotros. Necesitamos ser personas enseñables y con dominio propio: “Señor, di y yo hago. Habla y yo obedezco. Yo quiero ser tu siervo y no quiero ser el Señor” .

Jesús no solamente dice que su yugo es fácil ; Dice que es manso y humilde . Hay un precio: rendirnos para que Él tome el control . Pero Él es tierno, Él es dulce y Él tiene cuidado de nosotros.

“Y encontraréis descanso para vuestras almas”.  Mateo 11:29 (RVR1960)

No significa dejar de hacer. Es tener paz mientras hacemos. Es saber que Él está con nosotros en todo momento y descansar en que hay promesas eternas para cada uno de nosotros.

CAMBIAR EL PESO QUE ESTAMOS CARGANDO

Quiero usar una imagen sencilla. Un bulto puede ser cómodo cuando te lo pones por primera vez. Pero después de caminar 100 metros, 200 metros, un kilómetro, empiezas a decir: “Ya no aguanto este bulto”.

Así trabaja muchas veces el pecado. Cuando alguien nos hace daño, tal vez el primer día no parece tan grave, pero conforme pasan los días, la herida se vuelve más pesada. Cuando sabemos que estamos en pecado, tal vez al principio parece que todo está bien, pero con el tiempo descubrimos el verdadero peso que estamos cargando.

Y el Señor nos hace una invitación: “Quítate este yugo”.

Él pone su yugo y dice: “Ahora vamos a cambiar de bulto”.

Muchas veces llegamos y preguntamos: “Señor, ¿puedo llevar esto?”. Y el Señor dice: “No te conviene. Esto solamente va a generar más peso”.

La promesa no es solamente que dejemos de cargar; es que Él lo va a llevar con nosotros.

Ser cristiano es conocer el descanso para nuestra alma. ¿Cómo te das cuenta? Cuando en una situación apremiante vino el temor, vino la ansiedad y vino todo, pero en algún momento el Espíritu Santo te dice: “Tranquilo, yo tengo el control”, y vuelve la mente lúcida, sales del afán y dices:

“Sí, Señor. Eso era lo que yo necesitaba: seguridad, confianza, paz, amor, cuidado, ligereza, abrazo, ayuda y acompañamiento en medio de la soledad”.

ÉL TE ESCOGE

Por último, quiero que sepas algo: Dios te escoge.

Él es soberano y Él te escogió a ti.

Piense en el Dios creador de todo: el que creó el universo, las constelaciones, las estrellas, los animales, el ADN; el que hizo todo con detalle, grandeza y perfección. Y ese Dios puso su mirada en nosotros y dijo: “Yo te quiero conmigo”.

Él pudo no habernos escogido. Pero Mateo 11:25 dice:

“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.”  Mateo 11:25 (RVR1960)

Hay una condición necesaria para aceptar este llamado trascendente: dejar la autosuficiencia y caminar en humildad. No significa que el cristiano sea ignorante. Significa que nuestra inteligencia no puede ocupar el lugar del señorío de Dios.

El Señor dice: “La única forma de aceptar este mensaje es que tu inteligencia la hagas a un lado y vayas a la humildad; te vuelvas como niño”.

Si crees que eres sabio y quieres tener el control de tu vida, este mensaje no es para ti. Pero si estás cansado y cargado, si estás harto de cargar tus propios problemas y quieres decir: “Señor, ya me cansé”, entonces puedes abrir la puerta y decir: “Haz lo que tú quieras”.

Continúa diciendo:

“Sí, Padre, porque así te agradó.”  Mateo 11:26 (RVR1960)

Al Padre le dio placer escogerte, poner su mirada en ti y derramar de su amor en ti.

Y Mateo 11:27 nos lleva todavía más profundo:

“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. Mateo 11:27 (RVR1960)

Hay algo que me cuesta entender: cómo un pecador, un blasfemo, un enemigo de Dios – porque eso fuimos todos – puede un día ser alcanzado por la gracia y que Dios diga: “Yo escojo a ese” .

Y en medio de esa escogencia nuestra mente se abre. Entendemos que Él nos amó, que Él nos escogió y que Él murió por nosotros . Y decidimos decir: “Sí, renuncio a mi vida” .

No sé cómo explicarlo. Es un milagro. Es el Espíritu de resurrección y vida abriendo el entendimiento de una persona y diciéndole: “Ven, ven”.

La pregunta hoy es: ¿Cuántos van a venir hoy?

Inclina tu rostro donde estás y cierra tus ojos. Quiero devolverte a la misma pregunta con la que iniciamos:

¿Tienes paz?

Puedes tener diez años de venir a la iglesia y no tener paz. Puedes haberte encontrado con una religión, con una iglesia, con personas que te aman. Tal vez te cautivó la moral cristiana, el deseo de tener amigos diferentes o el pensar que puedes llegar a ser una persona de bien.

La invitación no es a una religión. La invitación es a Jesús.

Porque puedes conocer la iglesia y no conocer a Jesús. Puedes conocer las normas y no conocer al Dios al cual todo eso apunta.

Jesús te dice: “Venid a mí todos los que estánis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.  Mateo 11:28 (RVR1960)

Ven a Él. Entregue el control. Aprende de Él. Y encuentra descanso para tu alma.

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