Devocional: Esfuérzate – Día #4

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Esforzándome en la debilidad

Plan Devocional Día 4 de 5

(…)y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.

Daniel 10:9

Crecí como una persona temerosa en un hogar donde hubo agresión física y verbal. Siendo joven-adulta me puse “el disfraz de rudeza”, pero era sólo apariencia y un método de defensa. Cansada un día, Jesús salió a buscarme; Su amor me conquistó, comenzó a sanarme, limpiarme, transformarme y al llegar a ser parte de Su familia yo pensaba: “¡qué lindo, no más gritos, no más pleitos, todo es perfecto!”.

Ahora sonrío. Dice Proverbios 27:17 que “Como el hierro se afila con hierro, así un amigo se afila con su amigo”. El Señor está más interesado en nuestro corazón que en simplemente “darnos cosas buenas” las cuales, por Su naturaleza, da. Dios permite que pasemos por situaciones para formar nuestro carácter y crezcamos: en obediencia, confianza, valentía, perdón, amor, en parecernos más a Su Hijo Jesús.

Nunca tuve miedo de compartir mi fe, más sí de cualquier cosa que implicara «conflicto»; le huía, pero por los motivos incorrectos: el temor. Pero como familia, el Señor nos enseña cómo manejar las diferencias, corregirnos y edificarnos. Dice Proverbios 27:6 que “Las heridas de un amigo sincero son mejores que muchos besos de un enemigo”. Pero, muchas veces hui como Jonás, desobedeciendo, sabiendo que estaba mal; pero el Señor me guiaba a hablar con las personas en diversas situaciones y para Su gloria, la relación se fortalecía. Hasta que un día; alguien se enojó demasiado y “me gritó”. Esa debilidad que abre paso al pecado llamada temor – contraria a la valentía – salió de nuevo a la luz y me refugié en “mi zona de confort” evadiendo, no muriendo a “mi yo”, no siendo “sal del mundo” y sin confiar en el Señor.

Poco después recibí esta palabra: no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.”. Le pedí perdón al Señor y a esa persona por guardar rencor cuando Dios me decía que perdonara como Él me había perdonado. Aún tengo luchas, pero ese día algo se “liberó” en mí, y aunque a veces “mi viejo yo” dice “huye”, sé que Jesús está a mi lado diciéndome: “NO TEMAS, yo estoy contigo, esfuérzate, aliéntate. Aún no he terminado contigo”. Y respondo: “Sí Señor, porque TÚ poder se perfecciona en mi debilidad; Tú dices que en este mundo tendría aflicción, pero que CONFÍE porque Tú ya venciste”. Y vos, ¿tenés temor o luchas constantes?, esfuérzate, aliéntate, obedece y confía, pues Aquel quien tiene el poder para “dar vida a lo muerto” es quien camina a tu lado.

Oremos:

Padre, perdóname por las veces que dudé aún sabiendo que Tú estabas conmigo. Sé que tu perfecto amor echa fuera todo temor, y sólo quiero vivir siempre con la certeza y seguridad que a pesar de mi Tú estás a mi lado, que me sostienes, y me das fuerzas cuando no tengo ninguna. Dependo de Ti siempre, y si me tienes que seguir haciendo pasar por situaciones que no entiendo para crecer, hazlo Señor. Tú sabes que es lo mejor para Tus hijos y lo que más anhelo es permanecer siempre a tu lado. Gracias Jesús por amarme de tal manera que diste tu vida por mí. Amén.

Alejandra Rodríguez


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