Devocional: ¿Inmune a situaciones del mundo? – Día #5

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Cuando mi cuerpo se convirtió en lo mas importante para mi

Plan Devocional Día 5 de 5

«El entrenamiento físico es bueno, pero entrenarse en la sumisión a Dios es mucho mejor, porque promete beneficios en esta vida y en la vida que viene».

1 Timoteo 4:8

Como hombres nos gusta competir. Durante muchos años de mi vida competí con mis amigos por el que tenía más dinero o el mejor trabajo, pero también por ser el que tenía el mejor cuerpo.

Hoy en día, cada foto o anuncio nos dice que nuestro valor depende de cumplir con las medidas para ser atractivos para los demás. En Instagram vemos como una mujer o un hombre entre más piel enseña es más “likeado” y aceptado. Siendo sincero con ustedes, yo también fui así, siempre busqué ser atractivo para las mujeres, ser aceptado y deseado me hacía sentir bien, ese era mi valor, aunque no fuera suficiente y siempre terminara vacío.

Fue acercándome a Jesús que entendí que estaba buscando mi valor en el lugar equivocado. Cuando comprendí que el Rey del universo vino a este mundo a sufrir y morir por mí, que a sus ojos fui valioso; supe que toda esa búsqueda de ser deseado y aceptado era simplemente para llenar un espacio en mi vida que sólo Él podía llenar. Muchas veces nos olvidamos tan fácil de esto, muchos buenos amigos que caminaron conmigo ya hoy no están porque pusieron su vista en lo físico y no en lo espiritual.

No quiero satanizar el hacer ejercicio, de hecho, la Biblia nos manda a cuidar nuestro cuerpo porque es templo de Espíritu, pero hoy quisiera que reflexionemos si hemos puesto nuestro cuerpo por encima de Dios en nuestra vida, si le hemos dedicado más tiempo a vernos bien por fuera, que a alimentar nuestro espíritu por dentro. Como Jesús dijo a la Samaritana: «Cualquiera que beba de esta agua pronto volverá a tener sed, pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás.» Juan 4:13–14

Oremos:

Padre, hoy te quiero pedir perdón si he puesto mi cuerpo por encima de ti, perdóname si he sido vanidoso y me he preocupado más por mi apariencia que por mi Espíritu. Recuérdame que mi valor está en la sangre que derramaste para darme vida nueva, y que en tu amor encuentro toda mi plenitud. Amén

David Picado

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