Devocional: Oraciones icónicas – Día #3

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Un constante clamor

Plan devocional Día 3 de 10

“Ana, con una profunda angustia, lloraba amargamente mientras oraba al Señor” 1 Samuel 1:10 NTV

Hoy quisiera compartirles sobre la oración de Ana. Para ponerlos en contexto esta es una mujer que tenía, como muchos, un anhelo en su corazón. El de ella era ser madre. La Palabra de Dios registra como ella fue humillada, menospreciada y ridiculizada año tras año y, aunque contaba con el apoyo y cariño de su esposo, esto la desanimaba y hasta le quitaba su apetito. Esta es una historia muy cercana a mi corazón por muchas razones, sin embargo, quisiera compartirles dos cosas que el Señor siempre me recuerda cuando leo este capítulo de la Biblia y creo que aplica para todos:

La primera es que muchas veces oímos prédicas de grandes representantes de la fe y pocas veces se menciona a Ana entre estos. Esta mujer no hizo solo UNA oración, esta mujer tuvo que haber orado por su hijo durante años sin cansarse. La Biblia no lo registra, pero como mujer me puedo imaginar las noches enteras sin dormir, el llanto, el sentimiento de frustración y lo que podía sentir al ver a las demás recibir “tan fácilmente” algo que ella había anhelado por tanto tiempo sin respuesta. A veces cuando el Señor no nos responde nuestras oraciones rápidamente asumimos que la respuesta es negativa, o peor aún, “solucionamos” nosotros mismos con nuestras propias fuerzas. Sin embargo, Ana decidió dejar de lado su depresión, dejó de sentir lástima de ella misma, y nuevamente se levantó en oración para pedirle misericordia al único que puede cambiar su realidad. ¿Crees que hoy puedas hacer lo mismo con tu problema? ¿Crees que puedas salir de tu situación como un verdadero intercesor, valiente y con su mirada fija en el Señor y no en autoconmiseración? Tienes derecho a llorar pero llora en la presencia del Señor exponiendo tu verdadero corazón, no de lástima de ti mismo.

“«¿Por qué lloras, Ana? —le preguntaba Elcana—. ¿Por qué no comes? ¿Por qué estás desanimada? ¿Solo por no tener hijos? Me tienes a mí, ¿acaso no es mejor que tener diez hijos?»” 1 Samuel 1:8 NTV

La segunda es que mientras me encontré en mi propio proceso de orar por mucho tiempo por mi propio anhelo de corazón, el Señor siempre me traía este versículo a la memoria. Sin embargo, la pregunta no venía de mi esposo, venía del Señor. ¿No es el Señor mejor que lo que sea que estés pidiendo? ¿No es Él mejor que tener hijos o que conseguir una pareja, incluso mejor que la vida?

No quiero menospreciar el proceso en el que estás, ni quiero decir que lo que estés pidiendo sea poco importante. El Señor es Todopoderoso y Él tiene el poder para transformar todo, pero también es Soberano. ¿Qué pasa si no te concede el deseo de tu corazón? ¿Qué pasa si la respuesta a tu oración llega tiempo después? ¿Dejó Dios de ser Dios? ¿Dejó Él de estar en control? ¡No! Así que como Elcaná le preguntó a Ana, hoy yo te pregunto: ¿Porqué te desanimas? ¿No es el Señor mejor que cualquier otra cosa? ¿No continúa Él en control? ¡Deléitate hoy en Él! ¡Él es suficiente!

Te invito a que me acompañes hoy en oración:

Señor, ¿a quién iremos sino a Ti? Solo Tú tienes palabras de amor y eres la respuesta a cada una de nuestras necesidades y anhelos. Te ponemos nuevamente todas peticiones delante de Ti. Confiamos en que tus planes son de bien, pero Señor, que se haga tu voluntad y no la nuestra. No queremos vivir por emociones, ni por lo que el mundo dice de nosotros, así que nos volvemos a Ti y le ordenamos a nuestra alma adorarte aún cuando no lo sintamos. Señor, llénanos de tu gozo que es nuestra fortaleza. ¡Te amamos Jesús! Eres mejor que la vida misma y aunque en tu soberanía no nos concedas alguna petición, confiamos en que Tú sabes el porqué y en que eres SIEMPRE bueno. En el nombre de Jesús, amén!

Andrea Cortés

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