Caminando en el Espíritu: Los Dones del Espíritu Santo
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Caminando en el Espíritu: Los Dones del Espíritu Santo

Existe una gran diferencia entre los siguientes conceptos: doctrina fundamental vs posición teológica. La doctrina fundamental hace referencia a los principios bíblicos que no pueden ser negociables ni debatibles por los creyentes. Si un individuo comparte la misma doctrina fundamental del cristianismo, es nuestro hermano en la fe, sin embargo; la Biblia también expresa temas que pueden dejar un poco de apertura debido a traducciones y perspectivas sobre los mismos.  Dichos temas son los que crean diferentes posiciones teológicas, es decir interpretaciones con diferentes posturas.

Los dones del Espíritu Santo es un tema que involucra mucha posición teológica. Este no es un tema para debatir con otros, pues lo más importante es que velemos por la unidad del cuerpo de Cristo. ¿Por qué creemos en los dones? Existen dos posturas relacionadas a los dones, la posición del cesacionismo y el del continuismo.

Continuista es aquel que cree que la continuidad de los dones se da hasta el día de hoy y el cesacionista quien cree en el cese de estos, es decir que los dones dejaron de ser practicados con el fin de la era apostólica y por ende el cese de las obras concernientes a ello.

Es importante tomar en cuenta que la experiencia no hace doctrina ni nos puede llevar a creer algo porque lo “vivimos”. Por ejemplo, las sectas se basan en eso: experiencia que los lleva a crear una doctrina.

El sustentar la existencia de los dones desde una perspectiva bíblica es relativamente fácil, lo complicado es sustentar el buen uso de los dones desde una forma bíblica. Quizás muchos creyentes hemos sido heridos o hemos tenido una mala experiencia por el mal uso de un don.

Los dones, “carismas” o “charismata” del griego talentos hace referencia a capacidades que el Espíritu Santo provee por gracia para la edificación del cuerpo de Cristo, es decir los dones no se forman, ni se enseñan, no se fuerzan o estudian, tampoco son producto de nuestro actuar en Cristo.

Podemos creernos los más expertos e increíbles en lo que hacemos, pero los dones el Señor los reparte en su gracia, soberanía y misericordia; así que tener entendimiento de esto es fundamental porque debe llevarnos a cambiar paradigmas de nuestra forma de pensar. A menudo creemos que no hemos recibido algo del Señor porque debemos ser “mejores” y así no trabaja el Señor; Dios provee porque Él es un buen Padre, no provee porque nosotros seamos buenos hijos.

1 Corintios 12:4-6 nos dice “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.” En estos pasajes vemos como la Biblia nos enseña que la trinidad trabaja en conjunto.

El versículo 7 del mismo capítulo dice “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”. Cada creyente tiene dones y es nuestra responsabilidad ponerlos al servicio del Señor. Como hijos de Dios tenemos propósito, sostenemos a la iglesia de Cristo y necesitamos ser capacitados para edificarnos los unos a los otros.

El don no nos lo da al líder para edificar el cuerpo, el don es dado por el Espíritu Santo para edificar al cuerpo. Todos deberíamos de velar, orar, pedir por los dones y entender de que si Dios nos dio un talento es para Su gloria.

Dios nos creó con una identidad y con ciertas capacidades, y es vital que entendamos que esto lo hizo para edificarnos unos a otros y no para nuestro propio beneficio. Esto trae beneficios para nuestra familia y gloria a Dios.

Es triste que hoy en día existe mucha aversión en servir. Las personas no quieren hacerlo y eso se refleja en no querer usar lo que Dios ha puesto en sus manos para edificar y levantar el cuerpo de Cristo.

1 Corintios 12:8-11 nos dice: “Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;  a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.”

El versículo 7, menciona que los dones deben ser puestos para provecho. El original hace referencia a la palabra “sunfero”, que quiere decir “soportar juntos”. Dicho de forma práctica se refiere a soportar la edificación que Dios quiere construir. A través de la iglesia – que es el cuerpo de Cristo – el Señor quiere edificar, moverse, llegar a lugares donde no se ha predicado aún el Evangelio, usarnos y alcanzar personas. Y esto sucede cuando nos movemos en unidad y en los dones del Espíritu Santo; pero ¿qué pasa cuando la iglesia no se mueve en dones y tiene pereza de usar sus talentos para Dios?

Romanos 12:3-8 menciona “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.”

El versículo 3 menciona como se debe usar el don y como se desarrolla, nos dice que nadie debe tener un concepto más alto de sí mismo. Sabemos que en Cristo ahora tenemos una nueva identidad de hijos, así que los dones no se dan por lo que hacemos sino por lo que somos: hijos de Dios, adoptados e incorporados en la iglesia que es el cuerpo de Cristo. Nuestra identidad es la condición para que el don sea repartido. El Padre nos quiere dar, tenemos herencia y entendemos nuestro rol, pero lo que la Biblia dice es que más allá de hijos no nos pongamos en una posición más alta de la que deberíamos.

El don se usa en humildad, entendiendo la sujeción y que nuestro rol es de servir antes que ser servido.  Una persona así va a ser capacitada con dones. Pero si alguien nunca los va a poder poner en práctica – llena de talentos, pero sin el carácter – esto trae destrucción como Saúl, pero una persona con talento y carácter lleva a propósito como David.

Necesitamos manejar el don en humildad, se usa desde una posición de entendimiento de quienes somos en Cristo, somos hijos, tenemos el Espíritu Santo, en nosotros hay poder y autoridad delegada por Dios, pero también debemos entrar en una posición de humildad, porque muchas veces por ser cristianos, nos sentimos diferentes y mejor que los demás, pero debemos entender que lo único que nos hace ser mejores, no proviene de nosotros, proviene de Dios. Cuando caminamos en humildad damos espacio para que el Espíritu Santo obre, entendidos de quiénes somos y delante de quien estamos.

El versículo 4 de Romanos 12 nos dice “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función”.

El don es una función, no un valor.  Nunca nos debemos comparar con aquellos que tienen dones diferentes a los nuestros, porque a todos el Señor nos va a repartir y cada uno tenemos una función. A menudo nos gustaría hacer el servicio más visible, pero el Señor escogió el don que Él quería darnos y el Señor necesita de cada uno de nosotros cumpliendo nuestra función para que la iglesia sea edificada.

Dios es más sabio e inteligente que nosotros, sus caminos son más altos que nuestros caminos, Él es quien sabe el por qué y a quién reparte cómo lo hace. Debemos atesorar lo que el Señor nos ha dado.

El versículo 5 de Romanos 12 menciona: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”. Es interesante que estos dos capítulos de Romanos y Corintios, hablan del cuerpo, para dejarnos claro que ningún miembro fuera del mismo funciona por sí solo. El don se utiliza dentro del cuerpo de Cristo; fuera de Él no es el diseño para el cual fue creado. El estar conectado a la fuente de vida – donde la cabeza es Cristo – es la forma en que el Señor diseñó como se usa el don.

Dios es quien tiene la autoridad y el control sobre le don el cual se usa en el cuerpo, la iglesia local donde el Señor nos colocó. El diseño se llama unidad, un don fuera de dicha unidad no está bien utilizado y no funciona.

Romanos 12:6 “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe” En este versículo pareciera que Dios nos va a utilizar a la medida en que crezcamos en fe, y ahí viene la condición: debemos crecer en fe para poder crecer en el don y que esa fe va a asociada a la persona, sin embargo; lo correcto es que nuestro don no se usa conforme a la medida de la fe que tengamos, sino conforme a la medida de la iglesia.

Lo anterior quiere decir que el don se usa bajo el marco de referencia de las escrituras, el problema no es la existencia o no de dones, el problema es que el don se ha utilizado fuera de cómo la escritura norma que se debe utilizar.

Argumentando el punto de vista de una iglesia continuista – es decir aquella que cree en los dones – el Nuevo Testamento evidencia en todo lugar donde llega, que la norma de la iglesia es moverse en toda la plenitud de los dones: los cristianos en Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), iglesia de Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), Galacia (Gálatas 3)

Gálatas 3 nos habla de que en cada lugar donde el Evangelio era predicado, donde Cristo era recibido, la norma era que el Espíritu Santo descendía y se empezaba a mover en dones y talentos. Empezaba a capacitar personas.

Una iglesia sana debería edificarse en todos los dones del Espíritu manifestándose.

Otros argumentos bíblicos de personas que no fueron apóstoles pero que fueron utilizadas en dones son los siguientes: los setenta que fueron comisionados en Lucas 10:19-20; los ciento ocho que estuvieron en el tiempo de Pentecostés – además de los doce apóstoles – ; Esteban (un diácono) en Hechos 6, Felipe en Hechos 8, Ananías en Hechos 9, los miembros de la iglesia de Antioquía en Hechos 13, los conversos anónimos en Éfeso, las mujeres de Cesarea Hechos 21:8-9, Gálatas 3:5, creyentes en Romanos (Romanos 12), creyentes en Corinto (1 Corintios 12) y así sucesivamente encontramos muchos ejemplos en el Nuevo Testamento de personas que fueron comisionadas en dones sin ser necesariamente apóstoles.

La Biblia da suficientes referencias sobre el hecho de que en cada sitio donde el Señor llegaba, los dones eran la norma de ese lugar.

1 Corintios 13 habla que los dones van a permanecer hasta la llegada de lo Perfecto. El argumento cesacionista dice que lo perfecto es la Palabra de Dios, pero cuando leemos este capítulo, vemos que indica que la iglesia va a ser edificada hasta la llegada de Aquel que va a poner todas las cosas en orden. Lo Perfecto es Cristo.

La iglesia primitiva ocupó los dones, y más los necesitamos nosotros como Iglesia de Cristo hoy en día. Necesitamos ser edificados y crecer más en el Señor con la ayuda del Espíritu Santo. ¿Sigue la iglesia siendo el soporte para edificar?

Si estudiamos la historia de la iglesia a profundidad en la Palabra, nos daremos cuenta que la normativa siempre ha sido el uso de los dones.

1 Tesalonicenses 5:16-22 dice “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.”

Como hemos mencionado anteriormente: la experiencia no hace doctrina; pero una buena doctrina nos lleva a experiencia. La Biblia es un libro que podemos simplemente leer, o podemos experimentar, un libro que podemos vivir lo que dice, porque es la Palabra de Dios que es VIVA y eficaz.

La Palabra nos dice que no debemos apagar el Espíritu, es una orden clara, concisa y directa. El original habla de la palabra “extinguir”; es decir, no debemos extinguir el Espíritu y tristemente a menudo lo hacemos cuando resistimos su obra.

Necesitamos ser comisionados, envestidos del Espíritu, ser llenos de talentos para ser personas usadas por el Señor para impactar al mundo con poder y autoridad del Espíritu Santo de Dios.

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