Guiados por el Espíritu Santo
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Guiados por el Espíritu Santo

En ocasiones hemos escuchado la voz del Espíritu Santo pidiéndonos que hagamos algo que Él quiere. Es increíble cuando esto sucede y podemos obedecerle; así fue la vida de Felipe el evangelista, quien era diacono. Los apóstoles lo habían escogido por su testimonio de pureza y obediencia, estaba lleno del Espíritu Santo y de sabiduría, lo habían elegido para supervisar la repartición de la comida entre los pobres y las viudas.

Felipe fue una persona que se dejó guiar por el Espíritu Santo. En el contexto histórico de cuando este hombre vivió, vino una gran tribulación para el pueblo cristiano, fue el momento cuando mataron a Esteban por predicar la Palabra y ese mismo día se desató una gran persecución sobre la Iglesia. Tanta fue la persecución que todo el pueblo cristiano tuvo que ser esparcido y salir de ahí hacia otras ciudades, los perseguían y encarcelaban, y en ese momento Felipe se fue a Samaria.

Regularmente nos preguntamos ¿Por qué Dios permite estas cosas?, Dios en su soberanía permitió la persecución y la muerte de Esteban, porque Él es Dios y Él hace lo que quiere en el tiempo que Él considere, porque Su voluntad es buena, perfecta y agradable, a pesar de que muchas veces nosotros no lo podamos entender. Aquella persecución fue permitida por Dios porque Él les había dicho a los cristianos en ese momento que salieran de Jerusalén y predicaran la Palabra, pero en medio de esta persecución solo quedaron los apóstoles.

Hechos 1:8 dice:“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

Esta breve tribulación que tal vez estamos pasando va a traer un gran peso de gloria como la trajo sobre la vida de ellos. Fue tanto tan grande el poder de la predicación de Felipe en Samaria y su trabajo ministerial que tuvo un impacto en el crecimiento de la iglesia y la conversión de muchas personas. Cuando Felipe empezó a predicar, enseñaba de Cristo y la gente junta y unánime escuchaban atentamente las cosas que él decía, oían y veían las señales que él hacía. Muchas personas que tenían espíritus inmundos eran liberados, los paralíticos y los cojos eran sanados. Había gran gozo en aquella ciudad.

Cuando decidimos predicar la Palabra, ser obedientes al Espíritu Santo y vamos donde Él nos dirige, vendrá gran gozo sobre nosotros. Era tanto el poder de Dios que les anunciaba el Evangelio del reino en el nombre de Jesucristo, muchos se bautizaban y era tanto aquel movimiento que los apóstoles tuvieron que venir para impartir y orar por las personas.

¿Cuántos nos hemos sentidos perseguidos por venir a una Iglesia cristiana o por hablar de Dios?, ¿nos han perseguido porque nuestra vida ha sido transformada y ya no somos los mismos?, ¿nos han perseguidos nuestros padres, esposos o esposas, en el trabajo o nuestros amigos?, pero Jesús en el sermón del monte dijo “Bienaventurados – que significa feliz – dichosos a los que persiguen por mi causa porque de ellos es el reino de los cielos” y dijo también “dichosos, siéntanse felices, cuando por mi causa los insulten, los maltraten y digan cualquier clase de mentira a causa mía porque alégrense y gócense porque tengo un galardón para ustedes en los cielos”, eso es una gran bendición, no debemos de tener temor cuando nos persiguen.

Felipe seguía predicando e iba donde estaban los samaritanos, siendo ellos las personas que más odiaban a los judíos porque se habían mezclado con los gentiles, con gente que no era de su misma religión. ¿Cuántas veces el Espíritu Santo nos ha dicho que vayamos donde esas personas que se sienten rechazadas?, ir a buscar a esas personas que hoy están en una adicción, porque lo vil y despreciable del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios de este mundo. Dios nos ha dicho muchas veces que vayamos donde aquella persona que está enferma del alma, porque Dios vino a buscar a los perdidos, Él no vino a buscar a los sanos, sino a los enfermos, porque solo ellos tienen necesidad de Él.

¿Cuántas veces hemos tenido necesidad de que Jesús viniera a nuestra vida y vino alguien a hablarnos?, y quizás no fue un gran predicador, ni el evangelista que predica a 5000 personas, sino vino una persona como todos nosotros, como era Felipe, que no era el pastor de la casa, no era el apóstol ni tampoco el profeta, era un diácono, una persona común y corriente, igual que nosotros y el Señor lo usó.

A veces se nos acerca un amigo o amiga en los momentos que más necesitamos escuchar del Señor y quizás no nos diga grandes cosas, pero nos habla de su testimonio y de cómo Jesús ha cambiado la vida de ellos, que cambio su tristeza por gozo y de cómo Jesús nos salva. ¿Hemos sido como Felipe?, ¿hemos ido a buscar a nuestros amigos, orado por alguien, a buscar a aquella persona sola? ¿hemos obedecido la voz del Señor cuando nos pide que llamemos a alguien o que le hablemos a la persona que va a nuestro lado en el bus? ¿le hemos hecho caso al Espíritu y somos guiados por Él? O todavía nos da pereza y no queremos hacer las cosas. En la Palabra dice que Felipe fue guiado por el Espíritu y el Espíritu vino donde él estaba.

Muchas veces el Espíritu nos va a confrontar. En un momento dado, el Espíritu Santo vino y buscó a Felipe, cuando él estaba en lo mejor, en su impacto ministerial más grande. En Hechos 8:26 dice “Y el ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto”

Habían dos caminos: uno por el cual todo el mundo se iba y otro que era un desierto por el cual nadie pasaba, pero el ángel se le apareció y le dijo que fuera por el camino del desierto. ¿Qué pudo haber pensado Felipe?, quizás pensó – pero Dios ¿Qué es esto? -, estoy viendo la gloria de Dios, la gente sanarse, convertirse, me estás haciendo una persona útil, me has hecho indispensable en esta gran campaña evangelista y ahora me pides que tome ese camino por el cual no pasa nadie. ¿Qué hubiéramos hecho nosotros?, ¿nos hubiéramos opuesto? O quizás hubiéramos dudado creyendo que es el enemigo para que dejemos todo esto tirado y no veamos más la gloria de Dios o si venia de nosotros. ¿Cuántas veces hemos dudado de lo que Dios nos ha hablado?

O hemos sentido temor del que dirán o creemos que eso que quiere Dios que hagamos es una locura y decimos ¡no vamos a ir!, o quizás estamos muy ocupamos y no tenemos tiempo. También es porque estamos en una zona de confort y no queremos dejar algo que queremos mucho. ¿Cuántas cosas pudo habernos llamado Dios a hacer? Pero tenemos esa duda y Dios no nos dio temor, Dios nos dio un espíritu de amor, poder y dominio propio, quitó el temor de nosotros porque el Espíritu Santo de Dios que hoy está en nosotros.

Es el mismo Espíritu que nos da amor, poder y dominio propio para que tomemos esas decisiones y hagamos lo que Dios nos ha mandado. En el versículo 26 dice que Felipe cuando escucho la voz de Dios, Felipe escuchaba a Dios, sabía y obedecía la voz del Espíritu Santo. “Entonces él se levantó y fue.  Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Hechos 8:27.

Felipe obedeció y tuvo recompensa, y apareció este hombre de Etiopia , no era cualquier hombre, era muy inteligente, lo habían puesto en una posición de gobierno y autoridad, era rico y famoso, todos lo conocían al trabajar con los reyes. Pero Felipe no tuvo temor, no le importó que fuese un hombre importante y reconocido; así que decidió hablarle pues sabía que no importaban sus posesiones, sino que necesitaba a . Este hombre estaba leyendo la Biblia, viniendo de Jerusalén había oído de Jesús y compró aquel fragmento de la escritura de la Biblia el cual iba leyendo en voz alta, porque tenía sed de Dios, andaba buscando respuestas para su vida, “Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?” Hechos 8:29-30.

Quizás hemos sentido temor de ir a hablarle a alguien importante, a nuestros jefes o a una persona de autoridad, pero dice la Palabra que no nos preocupemos por lo que vayamos a decir “Y cuando os llevaren y entregaren, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo premeditéis; sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.” Marcos 13:11, el Espíritu Santo nos dará las palabras y las pondrá en nuestra boca pues Él mora en nosotros; no lo hacemos en nuestros propios medios porque la gloria sería nuestra y no es así, es del Señor, así que el Espíritu de Dios que habita en nosotros nos dará las palabras para convencer a las personas, no en nuestro hablar pues el único que convence de pecado, justicia y juicio es el Espíritu Santo.

Así como nos convenció a nosotros, convencerá a las personas para que se arrepientan y lleguen a los pies de Cristo, pero tenemos que ser guiados por el Espíritu Santo y hacerle caso a Él.

Efesios 6:19 dice “y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del Evangelio.” Debemos pedirle a Dios valentía para poder hablar.

¿Cómo es posible que la gente del mundo no le importa hablar de pecado abiertamente, mientras nosotros, sus hijos nos callamos porque tenemos miedo o vergüenza?; pero dice la Palabra de Dios que “no nos avergonzamos del Evangelio porque es poder de Dios, para sanar, restaurar, libertar y darnos vida eterna”

No nos avergoncemos de hablar de Aquel que murió en la cruz del calvario por nosotros, porque Jesús nunca se avergonzó de nosotros, cuando estábamos muertos en nuestros pecado y delitos. Fue el Señor quien nos salvó, fue a esa cruz y dio Su sangre, y nos dio la gracia que nosotros no merecíamos. La gracia es un favor que no merecemos porque todos somos pecadores, todos estamos destituidos de la gloria de Dios, porque el que se avergüence del Señor, Él no lo tomara en cuenta.

No nos avergoncemos del Señor, ni de su obra porque fue hecha por la sangre del Hijo de Dios derramada en la cruz del calvario. Cuando Felipe escuchó que aquel hombre oraba y leía la Palabra, Felipe supo una cosa revelada por el Espíritu, y era que había una oportunidad y que ese hombre tenía el corazón preparado. Así como Felipe debemos estar atentos a las oportunidades que el Señor nos pone, consultemos al Señor que quiere Él que hagamos y a quien quiere que le hablemos.

12-Sep-2021
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