¿Quién no ha vivido alguna situación en la que, sin planearlo, termina estando en el lugar correcto y en el momento preciso? A veces, un encuentro inesperado o una decisión aparentemente insignificante puede cambiar el rumbo de toda una vida. Cuando era pastor de jóvenes, organizaba campamentos en la finca de mi abuela. La iglesia tenía recursos muy limitados, así que ese lugar era una gran bendición. La única condición que ella ponía era que, si rompíamos algo, debíamos pagarlo. Fuera de eso, nunca cobraba por el uso de la propiedad. Un día, un amigo me preguntó dónde realizábamos los campamentos. Pensé que tal vez podría ayudar a coordinar el préstamo de la finca y obtener una pequeña comisión. Sin embargo, las cosas tomaron otro rumbo. Mi amigo pasó a recogerme para visitar el lugar. En ese tiempo yo vivía con mis padres, y la casa tenía un muro......
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