Devocional: El Fruto del Espíritu – Día #8

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Mansedumbre

Plan Devocional Día 8 de 9

Un siervo del Señor no debe andar peleando, sino que debe ser bondadoso con todos, capaz de enseñar y paciente con las personas difíciles. Instruye con mansedumbre a los que se oponen a la verdad. Tal vez Dios les cambie el corazón, y aprendan la verdad

2 Timoteo 2:24-26 (NTV)

Es muy fácil tratar bien a los que me tratan bien, pero, ¿qué pasa cuando alguien me quiere pasar por encima?

Recientemente tuve un choque leve con otro carro. Al mío no le pasó nada, pero el otro sí tenía un pequeño golpe. Cuando intenté arreglar, la persona quiso aprovecharse pues su auto tenía otro choque serio y quería que yo pagara casi todo el arreglo de ambos. La conversación se puso tensa y al final, enojado, le dije que fuéramos a juicio.

Desde ese momento empecé a planear todo para ganar el juicio y sin darme cuenta permití pensamientos de enojo, pelea y venganza pasando noches en vela maquinando todo para que la justicia se hiciera con mis manos. En una de esas noches el espíritu me detuvo y mediante la palabra me habló: «Jesús dijo llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas». Recordé como reaccionó Jesús contra todos los que buscaban hacerle daño: con los fariseos que buscaban matarlo, los soldados que lo latiguearon y contra mi mismo que tantas veces le ofendí y la respuesta fue la misma: nos amó.

Con tantas razones para vengarse, aún así permaneció manso y humilde hasta su último aliento en la cruz, aún cuando se repartían sus ropas mientras daba la vida por todos dijo: «Perdónalos porque no saben lo que hacen». La mansedumbre a los ojos del mundo puede parecer una debilidad, pero es un fruto proveniente del Señor para reaccionar con el  amor y el carácter que Jesús nos recibió cuando estábamos en rebelión contra Él.

Al día siguiente, le ofrecí un monto justo a la persona y esta aceptó, le entregué el dinero y me disculpé. De regreso a mi casa oré por su familia y la bendije y ese descanso para mi alma llegó como si un peso fuera quitado de encima. Recordé que todo lo que tengo es por su provisión y que de mi justicia se encarga Él. Mi mejor manera de honrarlo es siendo manso y humilde así como Él lo fue.

Oremos:

Papá, gracias por tu amor, gracias por enseñarme a ser manso con tu ejemplo, que como cordero al matadero fuiste entregado sin oponerte. Ayúdame a no poner mi propia justicia antes que ser un reflejo digno de quién eres. Enséñame a amar como tu amas y a recordar que tu eres mi abogado y defensor. En tu nombre Jesús te lo pido, Amén

David Picado

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