Devocional: Saliendo de la Comodidad – Día #3

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Confesando mis pecados

Plan Devocional Día 3 de 5

«Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón«

Proverbios 28:13

Creo que a nadie le gusta tener que confesar sus errores, al menos para mi ha sido una de las cosas que más me han costado, pero hoy quiero contarles un poco de lo que Dios ha tratado en mi vida en los últimos años.

La biblia nos cuenta en 2 Samuel 11, que el mismo rey David, (aquél con el corazón conforme a Dios) escondió su pecado luego de adulterar y asesinar, intentó encubrir todo de tal manera que no hubiera prueba de lo que había hecho. Aunque mi pecado fue diferente al de David, yo también quise ocultar mi pecado muchas veces, pensamientos de culpa y vergüenza me detuvieron de hablarlo y muchas veces me auto–motivaba diciendo: Yo puedo salir sólo de esta, nadie tiene porqué saberlo.

Sin embargo, no fue así, caída tras caída podía sentir como el tener esa lucha en la oscuridad sólo me hacía perder mis fuerzas, David mismo vivió esto cuando dijo Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día Salmo 32: 3. El ocultar nuestro pecado no sólo estanca nuestro crecimiento espiritual, sino que endurece nuestro corazón, apartándonos de la presencia del Señor.

Y así como David fue confrontado por Natán, yo también fui confrontado por el Señor, entendiendo que el ocultar mi pecado no sólo era por miedo y vergüenza, sino también por orgullo, por mi falta de humildad para reconocer que lo necesitaba, que mis fuerzas no eran suficientes y que necesitaba ayuda de su cuerpo, que es la Iglesia. Así que lo confesé, en obediencia y confianza de que Jesús nunca echa afuera un corazón arrepentido y humillado. Y así fue, poco a poco ese peso que llevaba tanto tiempo cargando fue cayendo y abriendo paso a la sanación y restauración.

Si usted al leer esto sabe que ha cargado con un peso que no lo deja avanzar y no ha hablado con nadie, sea por vergüenza, temor, culpa o orgullo le quiero recordar que Cristo quiere hacerlo verdaderamente libre, por eso fue a la cruz por usted y por mi. Salga de su comodidad y siga el ejemplo de David: Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor», y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Salmo 32: 5

Oremos:

Padre, yo hoy te pido perdón y me arrepiento por mis pecados.  Te pido que traigas tu luz a mi vida y me muestres cualquier cosa que esté oculta. Te doy gracias porque sé que me amas y que tu anhelo es lavarme y que sea libre, te pido que me ayudes a nunca encubrir mi maldad y siempre confiar en tu misericordia, en tu nombre. Amén.

David Picado

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