El Camino a la Bendición
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El Camino a la Bendición

Les compartimos esta palabra en este tiempo donde el mundo está muy agitado, muchos han perdido sus trabajos y las personas se encuentran desesperadas por las consecuencias de la pandemia.

El clamor mundial es por una solución, por la bendición de Dios: “Dios protege nuestra economía, nuestros empleos, nuestras libertades”. Escuchamos a muchos rogarle a Dios por protección; sin embargo hay muy pocos que realmente van al Señor a clamar y decirle que nos muestre el camino para realmente ser dignos de Su bendición. Qué debemos hacer para que Él nos bendiga.

Si vamos a la Biblia, encontramos que la bendición de Dios tiene condiciones, pero el mundo no quiere saberlas. El clamor de muchos es: “bendice, pero no preguntes. Bendice, pero no voy a dejar nada; no voy a dejar mi pecado ni mi forma de vivir. Danos libertad, danos prosperidad, danos salud, pero no te metas con nuestra moralidad. No queremos arrepentirnos y queremos que nuestra vida siga exactamente igual, pero bendícenos”.

En la posición que estamos los seres humanos no estamos para ser bendecidos, somos amadores de nosotros mismos, somos egoístas, somos orgullosos, hemos perdido el amor, el afecto natural, altivos, nos hemos burlado de Dios, somos perversos, hemos llevado la sexualidad a extremos cada vez más altos, y como sociedad nos justificamos haciendo afirmaciones como “mientras no se metan conmigo todo está bien”.

Le hemos dado la espalda a Dios, y como dice Romanos 1:28, Dios nos ha entregado a nuestras mentes reprobadas pero la bendición tiene condiciones. La obediencia nos lleva a la bendición, pero la desobediencia nos lleva a la maldición.

Este mensaje se encuentra a través de toda la palabra de Dios, por ejemplo; en el libro de Jueces se relata que el pueblo estaba mal, ellos estaban cautivos y entonces se volvían a Dios, oraban y le clamaban y Él que es Bueno y Misericordioso los sacaba de dicha aflicción. Pero cuando el pueblo volvía a estar bien, se acostumbraban y se olvidaban de donde Dios los había sacado. Y se volvían otra vez a lo malo, se volvía idólatras, fornicarios y volvían a caer en maldición y esa era la forma de la ira de Dios sobre ellos: el Señor los dejaba, se apartaba de ellos. Ese ciclo se repetía muchas veces: se apartaban de los caminos de Dios, hacían lo malo, clamaban y el Señor los escuchaba, pero constantemente volvían a lo mismo, a hacer lo malo y volvían a caer en maldición.

No debemos temer a ningún virus, ni a la enfermedad, ni a la economía, debemos temer a que el Dios Todopoderoso se aleje de nosotros.

La palabra de Dios dice en Juan 14:15-18: “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.”

El que ama al Señor obedece sus mandamientos y no solamente lo habla de la boca para afuera, sino que obedece y lo busca y es fiel a su palabra.

En Nehemías capítulo 8, el pueblo de Israel había pasado una larga maldición, 70 años de ser cautivos y habían experimentado el juicio del Señor en manos de los babilonios. Pero este tiempo se estaba acabando, estaba pronto a terminar y el pueblo de Israel volvió a su ciudad santa, regresaron a Jerusalén y reedificaron los muros de la ciudad que Dios les había dado. Reedificaron el templo del Señor, ellos querían desesperadamente la bendición de Dios y comenzaron a caminar y moverse en la dirección correcta.

Y estos tiempos, es tan importante entender y conocer esta historia, para saber que debemos hacer para alcanzar la bendición de Dios.

Nehemías 8:1 nos dice: “y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.”

Entonces estaban todos ahí unidos y le dijeron a Esdras que trajeran el libro de la ley, porque sabían que si querían la bendición debían volver al libro.

Y luego Nehemías 8:5-6 indica “Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento. Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: !!Amén! !!Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.”

Lo primero que hicieron fue adorar a Dios, bendecir su nombre y alzaron sus manos, se humillaron, se postraron a tierra en medio de la aflicción. Debemos en tiempos así acercarnos al Señor como el hombre leproso que le dijo: “Señor si tu quieres me puedes sanar” (Mateo 8:2), pero no dejaremos de inclinarnos delante de sus pies porque sabemos a quien estamos adorando. Buscamos al Señor porque sabemos quién es Él, no por lo que nos puede dar.

Siguiendo con el libro de Nehemías 8:8 se menciona: “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.”

Este es el principio de la predicación expositiva: trajeron el libro y lo explicaron, porque si iba a haber bendición no solamente debían llevar el libro, sino que también tenían que explicarlo. La biblia no es un amuleto de la suerte. No se trata de abrirla y dejarla en la mesa con un salmo expuesto, como si eso fuese a cambiar algo. Debemos leerla, vivirla y obedecerla.

Luego Nehemías 8:18 indica: “Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne por siete días, y el octavo día fue de solemne asamblea, según el rito.” Leyeron y la gente escuchaba.

Nehemías 9:1 dice: “El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí.”Esto significaba un dolor muy grande, que estaban en tiempos de tristeza.

Nehemías 9:2 indica: “Los de ascendencia israelita se separaron de todos los extranjeros para confesar sus propios pecados y los pecados de sus antepasados.” Después de haber leído, escuchado y comprendido las formas en como Dios obra, como se busca la bendición de Dios, su gran amor, su gran misericordia, ellos se vistieron de luto como si estuvieran en un funeral porque comprendían muy bien que le habían fallado al Señor, que habían pecado contra Él.

Pero no sólo se vistieron de luto, no sólo estuvieron dolidos, sino que dice la palabra que se alejaron de los extranjeros lo cual en el contexto representaban su pecado, de los que lo llevaba a hacer lo malo. Es decir; se apartaron de aquello que los llevaba a pecar, cambiaron su vida, hubo un arrepentimiento no sólo en su corazón sino en las obras, y confesaron frente a todos sus pecados y los de sus padres porque estaban desesperados por caminar en la bendición del Señor.

Hoy tenemos la oportunidad de cambiar, y de arrepentirnos y empezar una vida nueva en Cristo. Como cristianos no tememos a la muerte, a lo que nos vaya a pasar en este mundo. Al único que tememos es al Señor, así que es tiempo de cortar de raíz nuestro pecado, lo que nos lleva al mal y confesar con nuestra boca que hemos hecho lo malo y que sólo Dios nos puede sacar y nos puede bendecir.

Nehemías 9:4-6 dice: “Los levitas —Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenaní— estuvieron de pie en la escalera de los levitas y clamaron al Señor su Dios en voz alta. Luego los jefes de los levitas —Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías— llamaron al pueblo: «¡Levántense y alaben al Señor su Dios, porque él vive desde la eternidad hasta la eternidad!». Entonces oraron: «¡Que tu glorioso nombre sea alabado! ¡Que sea exaltado por sobre toda bendición y alabanza!» Sólo tú eres el Señor. Tú hiciste el firmamento, los cielos y todas las estrellas; hiciste la tierra, los mares y todo lo que hay en ellos. Tú los preservas a todos, y los ángeles del cielo te adoran.”

Muchos sólo adoran a la creación, pero sólo quien conoce al Señor llega a la fuente. Y en los versículos siguientes (del 7 al 31), ellos comenzaron a recordar lo que Dios había hecho con ellos como pueblo, recordaron a Abraham como el Señor lo sacó de Ur,  los liberó de los egipcios, cómo abrió el mar rojo para que ellos pasaran y los sustentó en el desierto por 40 años, y nunca les hizo falta nada. Porque ese era el Dios que ellos tenían, así que se volvieron a Él, recordaron todo lo que Él había hecho y se arrepintieron de corazón.

Así que recordemos lo que el Señor ha hecho en nuestra vida, cómo Él ha sido Fiel con nosotros, con nuestra familia, y como nunca nos ha hecho falta nada; porque el Señor Todopoderoso está con nosotros. Roguemos por la bendición de Dios siendo cristianos que verdaderamente lo amemos con todo nuestro corazón y lo demostremos en obediencia. Que queramos estar con el Señor por quien Él es y nos deleitemos en todo tiempo en su presencia.

Nehemías 9:32-33 nos dice “Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria hasta este día. Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo”

Ellos estuvieron dispuestos a obedecer y ser bendecidos porque trajeron el libro, lo leyeron, confesaron su pecado, cambiaron su vida, se arrepintieron y el Señor los bendijo.

Por último, la biblia enseña que las cosas cada vez se van a ir haciendo más difíciles y que la maldad se va ir multiplicando, pero Jesús nos dice en el libro de Mateo que no temamos, porque Él va estar con nosotros hasta el fin del mundo.

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