Examinándonos a nosotros mismos
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Examinándonos a nosotros mismos

La situación actual nos ha obligado a repensar nuestra manera de relacionarnos no solamente dentro del contexto de la iglesia, sino en todos los ámbitos de nuestra vida.

Este cambio en la forma de comunicarnos ha sido total en todo el mundo, sin embargo esto no implica ninguna diferencia en la manera en la que nosotros nos relacionamos con Dios.

Estas circunstancias son una oportunidad para que meditemos sobre nuestra relación con el Señor, y es por esta razón que vamos a reflexionar sobre el siguiente pasaje de la biblia:

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” 2 Corintios 13:5

El texto en particular tiene 3 grandes partes:

Primero dice que debemos examinarnos, luego probarnos y por último que debemos llegar a una conclusión, la cual es de previo conocimiento.

“Examinarnos a nosotros mismos a ver si estamos en la fe”: debemos tener mucho cuidado al estudiar este texto, pues puede existir una tendencia relacionada al contexto en el que se escribió, de que se trata de una situación particular, individual o puntual.

En el contexto de dicho versículo, Pablo estaba peleando con aquellos que lo estaban cuestionando como apóstol y aunque el versículo cumple como defensa de dichas discusiones, el texto va mucho más allá de ello. Por lo tanto el texto nos sirve no sólo en el contexto específico sino que este es más amplio alcanzándonos a nosotros en nuestra relación con Dios.

La voz en la que está escrita es una orden: “examínense” no es solo una situación eventual, algo que en algún momento hemos pensado hacer, sino que es un continuo absoluto: debemos continuar haciéndolo y permanecer en proceso de realizarlo siempre; es un examen.

La frase tiene una razón de ser: “examinarnos a nosotros mismos para corroborar si estamos en la fe”. Así que la razón de examinarnos es evaluarnos si estamos en la fe. Es decir es necesario saber si nosotros somos o no cristianos.

El venir a la iglesia, el haber hecho una oración, el participar de actividades de la iglesia o poseer lenguaje eclesiástico propio no es suficiente para saber si somos cristianos. Entonces, la biblia nos pide examinarnos, y para tal caso queremos vamos a leer Juan 3:1-8

“1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.

2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?

5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”

Jesús no habla de pasos para nacer nuevo. No hay tampoco un mandato, hay una afirmación y una evidencia de una realidad: para poder entrar en el reino de Dios se debe nacer de nuevo.

El nacimiento de un bebé es el referente que utiliza Jesús en el texto anterior. Y la pregunta es ¿qué participación tuvimos nosotros en nuestro nacimiento? Ninguna. Fue la decisión de otras personas el que nosotros naciéramos. Lo que Jesús nos está diciendo es que es necesario nacer, pero que esta decisión no depende en primera instancia de nosotros, es la obra de Dios puesta en la persona.

El versículo 5 de Juan 3 nos aclara lo anterior: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” La acción del Espíritu Santo en la vida de la persona es la que posibilita el nuevo nacimiento; es decir: el nacimiento sucede a nosotros no mediante nosotros. No es el resultado de pasos, es la decisión de Dios en la vida de una persona.

La biblia no se contradice a si misma, por lo que Romanos 8:29-30 nos aclara lo anterior:  “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.”

El acento no está en la predestinación la cual es con destino previo. El énfasis de este pasaje está en el llamado. El destino previo es un resultado, es algo que ya ha sido prefijado de antemano para una decisión que se ha tomado. ¿Y cuál es esta decisión?: la de ser llamado.

Dios ha decidido llamarle por lo tanto la regeneración es un acto soberano y necesario para entrar al reino de Dios. La palabra dice “al que llamó también justificó y al que justificó también glorificó”.

Así lo que nos corresponde a nosotros es la respuesta al llamado. La decisión de nacer es soberana: Dios llama. La pregunta es cómo cada uno de nosotros responde al llamado. La respuesta de dicho llamado no es en pasos, es en la relación íntima del corazón.

Se trata de estar en Cristo no con Cristo. Lo que habla el término es si estamos en Cristo, y esto no es el resultado de una metodología.

La iglesia ha simplificado el evangelio a simples puntos a cumplir, como una pequeña oración pero eso no es lo que palabra de Dios dice. El que se salva no es el que se sabe pecador, el que se salva y el que nace de nuevo es el que se siente pecador. Es aquel que ante el llamado de Cristo no solo ha reconocido su incompetencia, su bancarrota espiritual es aquel que entonces entiende la dimensión de su pecado, de su vida, de su posición y ante la respuesta del llamado lo que hace es que quebranta su corazón y se siente indigno porque lo es.

Y su respuesta es “Señor estoy en bancarrota. Esto tú lo llamas pecado, yo lo llamo pecado. Me acojo a la labor de la cruz salvadora y me acojo y recibo la justificación”. Esto no son pasos sino una respuesta relacional a una oferta relacional.

Nos debemos examinar a nosotros mismos en el cómo llegamos a ser cristianos, si por una reunión particular donde nos hicieron pasar por un acto ceremonial, porque pertenecemos a una familia que asiste a una iglesia entonces asumimos que esto es suficiente o hemos venido a Cristo porque hemos reconocido nuestra bancarrota espiritual y nos hemos vuelto a Él con el corazón roto pidiendo misericordia y recibiendo la gracia inmerecida. Y por esto no hemos tenido otra opción más que volvernos a Él  y responderle al amor de Dios con el amor que Él ha puesto en nuestro corazón.

Así que lo primero que debemos hacer es examinarnos. 1 Corintios 11-27-32 nos dice:

“27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.

30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados”

El texto no está diciendo que la justificación y redención de Jesús es insuficiente. Lo que está diciendo es que la necesidad de examinarnos se refiere a que entendemos el valor de la obra de justificación en nuestra vida y la valoramos tanto que continuamente estamos revisándola. El Espíritu Santo de Dios actúa en nuestra vida y nos muestra donde y como estamos. Nos examinamos constantemente porque queremos agradar a quien nos llamó.

Esto no es un acto super espiritual, sino consecuente de relación. Cuando amamos a alguien cuidamos nuestra relación, tratamos de sacar todo aquello en nuestra vida que impide ser una relación de amor, transparente, efectiva. Lo que es real en la vida cotidiana lo es en la vida del espíritu. Vamos a querer si estamos en Cristo Jesús examinarnos continuamente para agradarle.

Este es el segundo punto: pruébense a ustedes mismos. Si nos hemos examinado y hemos llegado a ser cristianos desde el punto de vista bíblico entonces debemos probarlo para mostrar que hay un cambio en nuestras vidas. La palabra de Dios nos muestra que hemos sido trasladados de un estado de postración de muerte a vida. Y si tenemos vida, esta debe manifestarse, no puede ser lo contrario. Hay una probanza, y es necesaria.

Mateo 5 nos dice: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”

Los fariseos ya tenían todo un sistema de justicia, ellos ya habían determinado quien podía y quien no podía ser justo. Y tenían toda una elaboración de actos externos que posibilitaban tal situación.

Pero Jesús dice no es suficiente el rótulo, no es suficiente lo externo que nos llamemos a nosotros mismos cristianos, debemos mostrarlos. Así que Jesús dice vamos a cambiar el estándar y lo vamos a llevar uno más alto, y la palabra clave aquí es justicia.  La cual es una manera larga de decir que esta es la manera consecuente en la que debemos vivir.

Si una persona está en Cristo, la justicia debe ser su manera de vivir. Por ejemplo, no puede ser que una persona tenga relación de adulterio con alguien, o decir que vive con alguien sin estar casado y decir que es cristiano, porque esto no justo delante de Dios. Los cristianos vivimos justicia.

Y muchos dirán, que todos pecamos, y sí, así es. Pero cuando el Espíritu Santo nos lo muestra, nos sentimos incómodos con el pecado. Si este no nos molesta, sino odiamos el pecado deberíamos cuestionar si el examen que nos hicimos antes está malo; pues no nos podemos llamar a nosotros mismos cristianos si nuestros hechos muestran lo contrario.

Nuestra justicia debe mostrar lo que somos. Y decimos “nuestra justicia” porque ahora esta justicia es la Dios porque estamos en Él. No hay justicia humana, es la de Dios la que lidera nuestra vida y marca nuestra forma de ser. No podemos vivir con el pecado, porque los hijos de Dios son justos.

2 Timoteo 2:19 nos dice: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.”

Lo que dice el texto es acción relacional: conoce. Este conocimiento no es intelectual ni referencial, sino vivencial. Producto de esa relación con el Señor. Jesús conoce a los que son suyos. ¿Y cual es la evidencia tangible de que esta persona es de Él?: porque se apartan de iniquidad al invocar el nombre del Señor.

Cualquier cosa que hacemos o dejemos de hacer lo hacemos para agradarle a Él y así mostramos la justicia de Dios en nuestra vida. La justicia de la redención, de la justificación, el hecho de que hemos sido transformados y que esto se demuestra en actos tangibles.

Tito 1:16 nos dice: “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” 

Esta es la persona religiosa, que cree que el simple rótulo de cristiano lo convierte en uno, pero no basta con llamarse así mismo como tal pues no es el hábito ni la forma externa lo que evidencia que realmente ha habido una transformación en la persona. Somos cristianos porque estamos en Cristo, vivimos en Él y manifestamos Su naturaleza.

Las pruebas de que estamos en Cristo Jesús es que nuestra forma de hablar, de tomar decisiones, de vivir en este mundo es diferente a la de los demás. No buscamos ser igual a los demás. No es una persona diferente, es una persona opuesta al mundo.

Pero hoy nosotros hemos querido agradar al mundo, buscamos maneras de comunicación igual que los demás, creemos que el evangelio no es suficiente, creemos que Cristo debe convertir a una persona famosa para que el evangelio sea notorio. Pero Jesús no necesita de estas personas, pero en su misericordia las puede alcanzar porque al igual que usted y yo necesitan salvación. Pero Cristo no necesita sus medios para hacerse famoso y alcanzable. Es el artista el que necesita los medios de Dios para ser alcanzable el reino de Dios. Así que no es suficiente profesar es necesario vivirlo.

Primero debemos examinarnos, segundo nosotros debemos probarlo. Y luego la última parte del versículo dice¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”

Si vemos el lenguaje de este pasaje en NTV (Nueva Traducción Viviente) lo que básicamente está diciendo es “¿Ustedes no conocen que Cristo está en ustedes? Es decir; ¿ustedes no entienden lo que significa el haber sido justificados, redimidos? ¿No entienden su nueva naturaleza? porque si no entienden esto entonces ustedes con razón viven otra vida.

Hemos recibido la vida eterna que tiene objetivos particulares y eternos, y vivimos con los ojos puestos en las expectativas y perspectivas que el mundo puede dar. Por eso creamos una inconsecuente vida entre lo que Cristo ha hecho en nosotros y lo que nosotros queremos ser.

Nosotros queremos tener la vida eterna, queremos vivir en los beneficios de la justificación pero queremos tener los deleites del mundo. Esto es como aquel hombre que se casa y sabe que su relación con su esposa le obliga a ser fiel sino a una dinámica de pareja, pero también quiere tener los beneficios de la soltería e ir los viernes hacer sus cosas. Y no es que no tenga derecho a su tiempo personal, sino que no ha renunciado a su vida de soltero y de casado.

No es posible que queramos tener todos los beneficios que el cielo da y todos los que el mundo da, porque son opuestos.

Para poder entender esto, vamos a Hebreos 11:13 en adelante.

La gente que aparece enumerada en este capítulo vivió con menos revelación que nosotros. No tenían una revelación completa, sino que vivieron en el proceso de la formación de la esta. Ellos ni siquiera tenían un libro, mientras que nosotros tenemos 66. Además, vivieron bajo en el pacto de la ley cuando lo único que este mostraba era el pecado. Este pacto no tiene tantas promesas como el pacto de la gracia y aún así ellos permanecieron fieles.

Ellos no tenían al Espíritu Santo viviendo en sus vidas cotidianamente. El Espíritu Santo bajaba puntualmente sobre personas puntuales para actos puntuales. Mientras que hoy nosotros tenemos la residencia del Espíritu Santo permanente en nuestra vida, y aún así teniendo más promesas, beneficios, y herramientas que ellos, tenemos una vida más decadente que la que vivió esta gente.

¿Qué hizo que esta gente viviera un estándar de vida más alta con menos cosas de las que nosotros tenemos hoy?

La respuesta está en dicho capítulo:

“13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria;

15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.

16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.” Hebreos 11:13-16

Esta gente vivía con una perspectiva eterna, su vida estaba puesta en resultados eternos y por eso vivía en función de ello, ni siquiera pudieron ver el cumplimiento de las promesas en sus vidas, sino que las vieron pasar de lejos, mientras nosotros vivimos reclamándole a Dios el cumplimiento de lo que queremos en la nuestra.

Pero ellos vivieron en función del deseo y el estándar de Dios. Eso es lo que hace la diferencia. El que sabe que fue llamado y por quien y a qué fue llamado responde a su este con un corazón quebrantando, y este corazón humillado le posibilita a una vida transformada que manifiesta la vida nueva en Cristo Jesús y cambiando su perspectiva ahora. Como dice Pablo: “yo no sé que quiero, sería preferible morirme y estar con Cristo allá, pero me es necesario permanecer aquí”.

La pregunta al final de esto es ¿tenemos por costumbre examinarnos? Es necesario hacerlo. ¿Somos cristianos, realmente hemos entregado nuestra vida a Cristo Jesús porque nuestro corazón se ha quebrantado ante su oferta, ante su llamado, ante la necesidad de que Él supla lo que es imposible para nosotros, es decir el ponernos en paz con Dios?

Y así, transformado en Cristo Jesús ¿nuestra vida manifiesta la obra de Cristo, o solamente nos hemos quedado con las propuestas religiosas y por eso somos demandantes con Dios y en vez de ser un siervo en función de Él?

Es necesario que hagamos cambios en nuestra vida. Si creemos que la Biblia es la palabra de Dios entonces debemos vivir como Dios quiere, con su estándar, en función de Él agradándole a Él no agradándonos a nosotros mismos. Es difícil, porque es necesario morirse y morir a uno mismo duele. Pero al final no es un asunto de inversión de algo que hacemos para obtener un beneficio. Al final es una respuesta de amor a Alguien que nos amó primero.

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