Jesús El Pan de Vida
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Jesús El Pan de Vida

Jesús se introduce a sí mismo en el evangelio de Juan en siete ocasiones distintas y él dice “Yo soy” así como Dios se le presenta a Moisés en el desierto cuando le pregunta ¿Quién eres? Dios le dijo  “Yo soy el que soy” y esta es la forma el verbo ser en su forma eternamente presente; es el nombre de Dios, del eterno. Jesús dijo: “Yo soy el camino la verdad y la vida”, “antes de Abraham fuera, Yo soy”, “Yo soy el buen pastor”, “Yo soy la vid”, “Yo soy la luz del mundo” y en esta ocasión nos vamos a referir a la declaración “Yo soy el pan de vida”.

Jesús estaba diciendo que Él mismo era el Dios del Antiguo Testamento, Yahweh, Adonai. En Juan 6:25, y para entrar en contexto, Jesús se encontraba en Galilea de los gentiles, donde muchos judíos y no judíos comienzan a buscarlo para que hiciera sus milagros con ellos, para que los sanara. El día anterior había hecho uno de sus milagros más conocidos: la multiplicación de los peces y panes.  Tomó cinco panes y dos peces y los multiplicó para que 5000 comieran, y en la noche caminó sobre el mar en presencia sus discípulos. ¿Qué más podía hacer el Señor? y ahora, toda esta gente que había comido de los panes y peces el día anterior están buscando a sus nuevamente, y lo encontraron en Capernaum al otro lado del mar.

Debemos entender el corazón de Jesús, esta es la cúspide de Su ministerio en Galilea; Él estaba por irse, y necesitaba que la gente supiera que Él era el pan de vida. Ese es el corazón de Dios, el corazón que Jesús tiene para con la gente. Él sabía que esta misma gente lo iba a perseguir, lo iba a matar, pero aún así Él quería que ellos entendieran el mensaje; y es por esto que Él repetía muchas veces lo mismo. La Biblia no registra cuántos eran exactamente, pero era una multitud, y Jesús necesitaba que la gente escuchara y entendiera el mensaje. Este es el corazón de nuestro Señor, Él quiere que ninguno se pierda.

Juan 6:25-26 (RVR1960) dice: «Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.»

Jesús empezó a confrontarlos sobre sus motivaciones, porque ellos no fueron a buscar las cosas espirituales, sino que fueron por pan, por el pan que da el mundo, es decir, por sus necesidades de este mundo, que nunca serán saciadas. Así no es como se viene al Señor, así no se viene a la iglesia. Hay muchos hoy en día que utilizan ganchos para atraer a la gente a sus iglesias, con promesas falsan y diciéndoles lo que quieren escuchar. Pero el Evangelio es sufrido, y habrá persecución, pero todo lo vale por Jesucristo, por estar con Él, porque Él entregó su vida por nosotros.

Juan 6:27 (RVR1960) dice: «Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.»

Jesús comenzó a presentarles este concepto acerca del Pan de vida. Les dijo que hay dos tipos de comida: la que perece y la que es eterna. La comida del mundo, las necesidades, los deseos el pecado, lo que hoy el mundo llama natural, lo cual es un engaño y en realidad es su pecado queriendo florecer otra vez en el mundo como una hermosa planta carnívora llena de color, que está esperando a su presa para asesinarla, así es el mundo. Hasta los filósofos griegos, los padres de la filosofía habían llegado a esta misma conclusión, que, en el corazón del hombre, en lo más profundo del hombre solo hay oscuridad y maldad, por lo que ellos decían que el hombre necesitaba salvación de afuera. Jesús les dijo que trabajaran, que se enfocaran en la comida que Él les traía, la que el mundo nunca les podría dar, la que les daría vida eterna.

Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: «Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.» Juan 6:28-29 (RVR1960)

La pregunta más importante de toda la humanidad y que todo hombre se ha hecho través de toda la historia.

Vi recientemente una noticia de un niño de 11 años que se graduó en 9 meses de física, uno de los genios y las promesas del mundo moderno.  Él dijo en la entrevista que su objetivo es alcanzar la inmortalidad. Todo hombre busca de alguna manera llegar a esa inmortalidad, porque la muerte es el terror del ateo, la tragedia más grande del humanista. Pero para aquellos que han creído y puesto su confianza en Jesucristo dice la Biblia que la muerte es victoria y ganancia.

Con esta respuesta del Señor toda cabeza religiosa se quiebra, porque toda dice que el camino a la salvación son las obras. Pero Jesús responde con la doctrina de la gracia: que creas en Jesucristo solamente. No hay obra que salve, no hay otro nombre que salve, solo el nombre de Jesucristo de Nazareth, el Cristo de Dios, solo Él salva.

Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Juan 6:30 (RVR1960)

Ellos habían visto el poder a nuestro Señor, lo habían visto sanar a miles, el día anterior habían visto como las multitudes fueron saciadas de comida solo con cinco panes y dos peces, y aun así le piden otro milagro para poder creer.

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Juan 6:31-33 (RVR1960)

Jesús comenzó a revelarles Su encarnación y Su preexistencia como dice Juan 1, «en el principio Él estaba con Dios, Él existía con Dios.» Él no fue concebido como nosotros en un tiempo específico de la historia. Él siempre estuvo con Dios, es el Ángel de Dios, aquel que siempre estuvo con Él en el principio y el fin. Solo hay uno que descendió del cielo solo uno viene de allá y solo uno ascenderá de vuelta. Jesús le dijo a Nicodemo que ninguno subió al cielo sino el que descendió del cielo, El Hijo del Hombre.

En Isaías 6, después de la muerte de su Rey, Isaías tiene una gloriosa visión donde ve a Jesús en toda su gloria, siendo guiado por ángeles, en su trono. Isaías estaba acostumbrado a esto, era muy cercano el rey, era uno de sus consejeros más cercanos, y aun así al ver esta visión se asombra y afirma que no se comparaba con nada de lo que había visto. Y este mismo Jesús se encuentra frente a esta gente diciéndoles cuál es el camino.

Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 6:34-35 (RVR1960)

Jesús vino a revelar el corazón del Padre. El Padre siempre soñó estar con nosotros, que lo conociéramos, que fuéramos uno con Él.  ¿Por qué Dios nos ama tanto? A este montón de pecadores. Nadie lo sabe, cómo un Dios perfecto y Santo, Santo, Santo quiere compartir con nosotros. Y no se quedó solo en palabras, su amor se reveló enviando a su Hijo, a quién Él más amaba, a su único Hijo, por usted y por mí. Ese es nuestro Dios, que nos amó tanto que entregó de quién es Él por nosotros.

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Juan 6:35-38 (RVR1960)

Primero Jesús les reveló su preexistencia, siendo Él, el Hijo de Dios y segundo, les revela el propósito por el cual vino: hacer la voluntad del Padre. No es un propósito nuevo, sino que vino a completar la obra que el Padre comenzó en nosotros. Ellos no trabajan separados, trabajan juntos como uno. El padre nos guía a Jesús, nos predestinó antes de nacer a estar algún día con Él. Antes de la fundación del mundo Él escribió nuestro nombre en el libro de la vida para que un día estuviésemos frente al Mesías, y comiéramos del Pan de Vida, fuésemos salvos, tuviésemos salvación y la seguridad de que nada nos va a alejar de esa salvación.

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Juan 6:39 (RVR1960)

Jesús les dijo que Su propósito era venir por lo aquellos quienes Su padre le dio. Y la promesa que dio fue de una resurrección no solo en lo espiritual, sino en lo físico.

En Juan 6:37 (RVR1960) lo que vemos primero es que hay que venir a Él, decidir seguirlo, estregar de quien somos y dar nuestra vida, pero no basta con venir, hay que “ver”. Esta palabra “ver” en griego es “mirar intensamente”, “conocer”, “escudriñar”, “comprender”, es saber realmente quién es Jesús. Así que lo primero es venir a Él, después hay que ver quién es Él, y después, creer en Él. No somos salvos por obras, pero nuestras obras reflejan nuestra salvación.

Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. Juan 6:41-45 (RVR1960)

Jesús los confrontó con su falta entendimiento y les dijo que se trataba de la relación que tenían con el Señor. Es decir que aquel que conoce a Dios aprende de Él y quien aprende de Él por defecto viene a Jesús. Aquel que tiene una relación con Dios sabe, conoce, se le es revelado El Mesías. En el Antiguo Testamento se puede encontrar a David, Isaías, Jeremías, quienes conocieron a Dios de forma profunda, y Dios les presentó al Mesías, y ellos profetizan acerca de este hombre que vendría. Este hombre es Jesucristo. Dios los lleva a conocer esta revelación de Jesús, aunque no era el tiempo de ellos, comprenden que vendría este Mesías. Ellos supieron que esto pasaría porque conocían a Dios, no conocían la religión, sino que lo conocían a Él. Él les enseñó y su enseñanza los llevo a Cristo.

No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

Yo soy el pan de vida.

Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.

Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.

Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. Juan 6:46-59 (RVR1960)

Así que ellos apenas estaban intentando digerir el hecho de que Jesús decía que debían comer de su carne, y de pronto Jesús les dijo algo más controversial, que también debían beber de su sangre. Esto era blasfemia para ellos, ya que levíticos les prohibía tomar cualquier tipo de sangre, pero el mensaje no era más que una metáfora que ellos no entendieron.

Él es el pan que nutre, su enseñanza, sus palabras son vida, pero no bastan sus palabras, no basta decir que era un gran maestro, su sangre representa su muerte y esto no lo podían procesar ellos. No podían aceptar la muerte de su Mesías, de su vengador, ellos soñaban aquel gran banquete en los últimos tiempos donde se comerían al leviatán como decía el talmud, sus enemigos a sus pies.

Querían un Mesías a su manera, un Dios a su manera, como el que quiere el mundo hoy en día. Que acepte cualquier tipo de perversión, cualquier tipo de conducta, que acepte mis deseos y mis sueños, que simplemente quiera lo que yo quiero, que simplemente me acepte como soy y ese dios existe, es Satanás. Porque a Satanás no le importa tu conducta, no le importa lo que hagas, mientras sigas directo al infierno y a la muerte.

Él no se limitó a palabras sabias y enseñanzas, el actuó, y su sangre – la que Él pide que bebamos – es su sacrificio. Hoy no hay otro hombre en la historia, de ninguna religión del mundo que hiciera esto. El mundo tiene dioses eternos e impersonales que son inalcanzables, que no hacen nada por el ser humano, o dioses personales pero finitos como cualquier hombre que dijo ser dios y qué murió, y que no hizo nada más que enseñar. Aquí tienes al Eterno, que se hizo hombre, enseñó las palabras más profundas y los misterios más grandes de Dios, pero que además de eso murió por nosotros y entregó darnos la esperanza de que el día que muramos nos levantará de la muerte.

No basta con aceptar sus enseñanzas como aquellos que dicen que era un gran maestro, hay que aceptar su sacrificio, su muerte, porque el pan nos nutre y su sangre nos limpia. Esa es la salvación.

Juan 6:60-69 (RVR1960) dice: «Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.»

Esos hombres que habían venido Jesús siendo orgullosos, siendo altivos, queriendo un lugar para ellos mismos, están comenzando a cambiar, algo comenzó a cambiar en ellos, y Pedro habló representando a todos los que se quedaron y le dijo: «Señor a quién iremos, te conocemos, vinimos a ti, dejamos todo, te seguimos y conocimos de forma personal y sabemos que eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y hemos creído, hemos comido del pan de la vida y no podemos volver atrás, porque después de comer este pan, el pan del mundo nunca nos va a saciar. Con este pan nos hemos nutrido y con tu sangre hemos sido limpiados, y solo en ti hay vida Señor, ¿Así que quién iremos?»

Solo aquel que conoce, permanece, solo aquel que se alimenta del pan tiene vida eterna y hoy te pregunto ¿De qué pan te alimentas? ¿Te revuelca cualquier problema? ¿No te satisface nada? ¿Eres insaciable? ¿Nada te llena? ¿De qué te estás alimentando? ¿Del pan de vida eterna o del pan del mundo? No vas a perder nunca tu salvación, si has aceptado a Jesús en tu corazón nunca vas a perderla, pero ¿qué te llena todos los días? Sólo Jesucristo te va a llenar, solo Él es vida, solo en Él hay vida eterna, solo Él te resucitará  un día de los muertos.

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