Jesús: El Camino, la Verdad y la Vida
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Jesús: El Camino, la Verdad y la Vida

¿Quién es Jesús? En el libro de Juan, Jesús da 7 declaraciones acerca de el mismo: “Yo soy el pan de Vida, el Camino, la Verdad y la Vida, la Vid Verdadera”. Estas 7 declaraciones identifican el carácter de nuestro Señor. Una de las declaraciones que Jesús hizo de Él mismo, se encuentra en Juan 14:6; para entrar en contexto Jesús estaba a horas de ir a la cruz, había un ambiente de tristeza, depresión y desanimo en medio de sus apóstoles y el Señor vino con palabras de aliento y de ánimo, sabiendo que Judas lo iba a traicionar, que a pocas horas, el que decía ser su mejor amigo y fiel compañero de ministerio, Pedro, lo iba a negar y que todo el resto de los apóstoles lo iba a abandonar.

Jesús sabía que iba a ir a la cruz y que el Padre lo iba a desamparar por cargar el pecado del mundo. Sin embargo, Jesús sacó este momento tan importante y en medio de su propia necesidad, trasciende al dolor de sus amigos, como en Juan 13:1 – “los amó hasta el fin” -, al igual que nos ama a nosotros. Comenzó a darles palabras de esperanza, que llenaban el corazón, no dejando a sus amigos, seguidores y amados discípulos en desesperación.

Juan 14:1-6 (RVR1960) dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

En los primeros 4 versículos, el Señor les explicó que iba a hacer morada, que no se preocuparan, que no tuvieran temor en el corazón. Este concepto se refiere a que todo cristiano habitará en la Ciudad Santa; en Apocalipsis le llaman la Nueva Jerusalén donde el Señor hará tierra nueva y cielo nuevo. Esta una declaración de confianza, y es el Señor diciéndonos que hay una morada celestial esperándonos, no importa cuanta lucha y dificultad estemos teniendo, sabemos y entendemos por el Evangelio que hay una morada celestial esperándonos, una casa donde vamos a habitar junto a nuestro Padre, y esta es la promesa, que vamos a morar por siempre con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo por la eternidad.

El versículo 5 dijo Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”. Tomás le preguntó por el camino, y Jesús le dijo – Yo soy el camino – esa declaración implica que hay un Dios que dijo, que Él no es “un camino” de muchos, Él dijo que Él es “El Camino”. Este determinativo hace que sea el Único Camino. Solamente tenemos un Camino que lleva al Padre, tenemos solamente una Verdad y una Vida, la vida de Dios en nosotros, eso es lo que le Señor le estaba contestando a la pregunta de Tomás.

El Señor les estaba enseñando y afirmando que Él no era cualquier camino y entre muchos una opción, sino el único Camino personal para ir a Dios, para ir al cielo. El único Camino para el hombre, la palabra dice que Dios no miente, que Él no es hombre para mentir, y si Jesús dijo que Él es el único Camino, es porque es así.

Este camino no lo podía hacer un ángel, un hombre o una religión. Hay cristianos creyentes que no han encontrado el camino, pero lo que el Señor nos está diciendo, es que el camino que nos ofrece no es como un camino cualquiera.

En Proverbios 16:25 (RVR1960) dice que “hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero su fin es de muerte”. Hay gente que cree que el camino es tener dinero, otros creen que el camino es tener fama o tener muchos títulos, o simplemente tener éxito a la manera del mundo, y es triste ver en la iglesia gente que está gastando su vida en lo que es muerte, en lo que no sirve, su fin es muerte y el Señor nos explica esa realidad.

Debemos evaluar en nuestros corazones si estamos en el camino correcto, si es el camino de Dios y si es a la forma de Dios que nos estamos acercando a Él.

Jesús es la segunda persona de la Trinidad, el verbo encarnado que vino al encuentro del hombre, porque el ser humano nunca empieza una búsqueda de Dios por sí mismo, porque estamos muertos en delitos y pecados, no podemos; pero este camino que Jesús estaba hablando a los discípulos, empezó primero con Su misión, con Su oficio de ser el mediador de Dios entre los hombres.

Y nos dice la palabra de Dios en Juan capítulo 1:14 (RVR1960) “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” Era Cristo que emprendió ruta en dirección a buscar al hombre que estaba perdido, esa es la persona de Jesucristo y para poder hacer eso, Cristo tuvo que revestirse de humildad, asumir nuestras debilidades, limitarse como hombre, como todos nosotros, para poder abrazarnos, tuvo que dejar toda su gloria, de donde habitaba junto al Padre, y emprender ese viaje para venir a buscar y salvar lo que se había perdido.

En esa ruta vino y nos buscó a nosotros, Jesús sufrió nuestras miserias, aflicciones, experimentó las tentaciones, padeció nuestra hambre, cargó nuestra muerte, lloró nuestras lagrimas; Él no es ajeno a nuestro dolor, no importa cuál sea nuestra tribulación, batalla o aflicción, porque el Dios que emprendió viaje para salvar al hombre, se vistió de humildad, sabe y conoce nuestra debilidad y problema, no le somos ajenos, no es ajeno a nuestra tentación, al dolor humano.

Este viaje no lo podía hacer nadie más que Él y ese es el plan maravillo de Dios, porque si pensamos en una eternidad, ¿hubiéramos podido los hombres crear un plan para rescatar a la humanidad? Jamás se nos pudo haber ocurrido este plan de salvación.

Este camino no solamente es un camino de Dios hacia el hombre, hacia la salvación del hombre. La segunda dirección del camino es que Cristo es dicho Camino porque el hombre puede acceder a Dios por medio de Jesucristo. Esto es solo posible mediante la obra redentora de Cristo, esto no es para los que están de espectadores en una iglesia, y buscando ser emocionados sin tocar las fibras más profundas de la convicción de nuestra redención y el costo de ella. Este es el camino donde el hombre puede entrar a la presencia de Dios.

Jesús así se convirtió en el Único Salvador del hombre, no solamente lo dijo esta palabra, en Hechos 4:12 (RVR1960) dice “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. No hay religión, no hay santo, no hay iglesia, la iglesia es un acto de gracia que Dios nos regaló, pero nuestro Salvador y Señor, que posibilitó nuestro camino y acceso, nuestra segura morada en la eternidad con Dios se llama Jesucristo y en ningún otro hay salvación.

En la Palabra, Cristo se llama a el mismo camino, puente, y ese puente es el mismo camino, Jesucristo, y nuestro destino final, el Padre. Debemos entender esto, estamos tan entretenidos y distraídos, que debemos evaluar ¿para dónde va y cuál va a ser el final de nuestra vida?

A los creyentes del primer siglo los llamaban “los del camino”, esto debido a que ellos mostraban cambios y transformaciones, una valentía que a todos sorprendía, eran capaces de ir hasta la muerte, llevar a sus hijos consigo por causa de la fe en esta salvación tan grande que hemos recibido. Por esta revelación de un camino que es una persona, que es nuestro Salvador Jesucristo, y cuando ellos tenían que negar su fe, se negaban a echar marcha atrás en su confesión de fe, aunque esto tuviera que pagarse con la vida de sus hijos o su propia vida, con sus propiedades y todo les fuera arrebatado. ¿Somos de los del camino?

En Mateo 7:14 (RVR1960) Jesús ya había estado hablando con ellos, este es el proceso final de un entrenamiento que los apóstoles habían tenido con el Señor por unos tres años y medio; y dijo porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”

El camino es angosto, porque vamos a tener que darlo todo, nos costará todo, tendremos que rendirlo todo, no podemos quedarnos con nada, para entrar en este camino se necesita arrepentimiento, dejar nuestro pasado, todo dolor y excusas, dejar el amor por nuestro pecado, romper con todo lo que nos impide tener comunión con el Señor, romper con el mundo, romper con el amor excesivo a nosotros, necesitamos morir a nosotros mismos.

El Señor no estaba bajando los estándares, ni tampoco estaba en “oferta”, porque la salvación que el Señor nos promete es tan grande, es un destino tan glorioso, que nos costará darlo todo, y no porque la salvación sea por obras, sino esta muerte es en respuesta a la salvación, para los del camino entendemos que ahora nuestra misión y propósito es vivir para la gloria de Dios, nos casamos, estudiamos, vivimos y trabajamos para la gloria de Dios, todo en función de un nuevo objetivo.

Necesitamos obedecer, los del camino deben obedecer, y aprender a vivir de nuevo bajo los términos que el Señor establece en su Palabra, Dios no baja su estándar, tampoco pone las cosas fáciles, el Señor no dijo – vengan y todo se va a arreglar -, eso es un concepto falso del Evangelio y tampoco es una enseñanza del Señor, contrario a eso, el Señor nos enseña que nos va a costar todo.

Debemos meditar si estamos dispuestos a seguir por este camino, el camino es angosto y estrecha es la puerta, debemos aprender a andar en el camino, es un progreso que va lento o acelerado según la voluntad de Dios, es como la luz de la aurora que va en aumento, nuestra vida va en aumento cada vez más conociendo el camino y quien es nuestro destino, debemos sentarnos a reflexionar si vamos a poder concluir este camino, muchas personas en la Biblia empezaron bien y terminaron bien, como Enoc, que no se habla nada mal de él o José, pero también podemos ver a un David, que pecó, pero por la gracia y la misericordia de Dios y su arrepentimiento, Dios lo volvió al camino.

Satanás siempre va a querer sacarnos del camino, con cosas sutiles que en apariencia no son malas, pero necesitamos aprender lo que Jesús le dijo a sus discípulos y la implicación que eso conlleva en nuestras vidas, y lo que Dios demanda de nosotros.

En Mateo 10:34-39 (RVR1960) dijo No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”

Debemos entender que nada puede existir por encima del Señor en nuestra vida, si no tomamos nuestra cruz y lo seguimos, dijo la Palabra que no somos dignos de Él. Hemos confundido que el Evangelio es solamente hablar de prosperidad, bendición, bienestar, amor y paz, y claro que muchas cosas de esas son bíblicas, pero lo que el Señor nos dijo es que, por encima de todas las cosas, el amor al Señor debe estar primero, nuestra lealtad y obediencia, debemos pedirle al Señor que revise cuanta desobediencia hay en nuestro corazón, cuanto tiempo desperdiciado, cuantos afanes y equivocaciones. El que no toma su cruz, el que no le sigue y el que no ama su nombre más que cualquier otro, no es digno de Él.

¿Somos del camino? Dios no es un mapa con muchas rutas y que todas llevan al Padre, Dios no vino a darnos un mapa para que escojamos el camino que nos gustara y fuera bien con nuestra vida, Él vino a decirle a la humanidad que Él es el único camino entre Dios y los hombres, no hay otro, y eso debemos grabarlo en nuestro corazón, y ser confrontados con la Palabra del Señor, para traer limpieza de nuestro pecado.

El Señor dejó Su palabra para que meditemos, la estudiáramos y pudiéramos poner en ella todas las dudas, y el Señor con su amor y sabiduría nos respondería con grandes cosas, el que ama más otra cosa que a Dios, no es digno de Dios. Permitamos que el Señor nos confronte, que remueva de nuestro corazón toda pereza, toda dureza y falsedad, y nos muestre donde estamos en el camino.

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