Jesús la Vid Verdadera
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Jesús la Vid Verdadera

Quiero compartir una historia: Para el 2017 mi esposa y yo estuvimos en un pueblo llamado Pensacola ubicado en Florida, EEUU, participando de un congreso. El día de regreso a Orlando de donde salía nuestro vuelo, tuvimos que conducir por aproximadamente seis horas, un viaje largo y aburrido, pero que aproveché para conocer mejor el carro, apreté todos los botones que había hasta que encontré el “Cruise Control”, el cual maneja el carro automáticamente, en ese momento descubrí dos cosas: la primera, que relajante es conducir en un carro con ese sistema y la segunda, se necesita conocer algo para saber cómo se usa.

Hoy tomo esta historia y la uso como metáfora a nuestra vida en el cristianismo, es importante conocer quién es Jesús y lo que Él dice que debemos saber de Él para conocer cómo actúa. Existe una gran diferencia entre ir a una iglesia, conocer a las personas, ser parte de un grupo, asistir y verdaderamente conocer quién es Jesús, muchas personas vienen y se van, pero nunca experimentan esto y nunca son transformados. Porque sólo aquellos que verdaderamente tienen un encuentro con Cristo mismo, descubren ese cambio verdadero en sus vidas.

Teniendo esto en cuenta y comprendiendo la importancia de conocer el carácter de Cristo, vamos a enfocarnos en el capítulo 15 del Evangelio de Juan. Vamos a iniciar en Juan 15:1-3 (RVR1960) “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador, Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”.

Aquí se comienza con una palabra clave: VERDADERA. Jesús nos habla a través de una hermosa metáfora: de un palo de uvas, y sus ramas, para hacer referencia a cómo debemos vivir nosotros, siendo Él mismo el tallo y nosotros sus pámpanos. Menciona que las ramas que se mantienen unidas al tallo, el cual provee el alimento, agua y soporte para ellas.

Sin embargo, vemos a través de la historia que nos relata la Biblia, que en múltiples ocasiones Jesús hace referencia de una vid cuando desea comparar a Israel, lo que sucede es que muchos libros, como es el caso de Ezequiel, Isaías, Daniel, Salmos, vemos como el Señor se refiere a esta vid como una que no da frutos, una vid seca pero que debe de cambiar. Israel era una nación con un llamado, debía ser una nación llena de sacerdotes que manifestaran del Reino de Dios, en palabras y en acciones, Cristo deseaba reflejarse a sí mismo al mundo a través de ellos., pero Israel fracasó, y ni predicó ni lo representó, porque nunca cumplieron la ley.

Debemos analizar nuestros pasos, pedirle al Espíritu Santo que escudriñe nuestro interior y nos muestre qué tan diferentes a ellos somos nosotros hoy en día. Existe una diferencia entre una vida de religión y una vida de relación, donde conocemos que la primera es una donde sólo se pretenden cumplir principios y mandatos, pero si vemos la Palabra y analizamos nuestra condición y nos sinceramos con nosotros mismos, nunca vamos a lograr cumplirla a cabalidad.

Preguntémonos ¿hemos estado sintiendo que no avanzamos en nuestra relación con el Señor? ¿Nos sentimos fracasados y que no estamos creciendo?¿Nos sentimos decepcionados con nuestro proceso? Si es así, es probable que has estado intentando llevar el cristianismo sobre tus hombros, pero esto es imposible. Por esto mismo Jesús vino a decirnos: “Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera” Mateo 11:30 (RVR1960)

Pero existe una solución, la cual no significa que debemos hacer más cosas, orar más, ocuparnos más. No, la solución es que Cristo vino a llevar el cumplimiento y quién hace esto posible, quién vino a llevar la carga por nosotros, a quitarla de nuestros hombros, Él es quien quita el fracaso, el pecado, ataduras, entre otros, de nuestros hombros y nos da la victoria. Porque de estas cosas no se lucha esforzándose más, sino relacionándose más con Quien puede llevar la carga por nosotros: Jesús.

Regresando al texto bíblico, observamos que existen dos tipos de tallos: el que no da fruto y el que sí lo da. Aquellos que son de este primer grupo, no conoce a Cristo, estos serán cortados del tallo, serán quitados y serán quemados. El mensaje actual en muchos lugares nos dice que el conocer a Cristo significa obtener una serie de bendiciones a nuestras vida, que el Señor va a cumplir todos los anhelos del corazón. Sin embargo, esto es contrario a lo que la Palabra de Dios nos menciona sobre aquellos que sí conocen a Cristo, al decir: “porque estos, serán podados porque Dios los ama”, pasarán por pruebas, y esa es nuestra verdadera bendición, porque a través de esto es que pasamos de dar frutos pequeños a más grandes. Esto quiere decir que el Señor necesita cortar lo que esta muerto y podrido en nosotros para que lo vivo salga.

Entonces luego de comprender que conocemos a Cristo, si damos fruto, la siguiente pregunta que nos hacemos es: ¿qué quiere decir dar fruto? Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” Gálatas 5:22-23 (RVR1960).

En este texto, se hace evidente que el dar fruto no es sinómino de hacer más sino de ser más, porque de lo que somos el Señor nos lleva a producir de lo que Él desea que hagamos. Vemos que existe sólo un fruto que contiene todo lo mencionado anteriormente, está ensamblado y todas las partes deben de crecer como un todo. Y el objetivo de esto es que el fruto del Espíritu Santo crezca simétricamente en nosotros para que manifestemos a Cristo.

El Señor nos dice que Él es la vid verdadera, y que Él quiere comenzar a mostrarnos como a través de Cristo vamos a comenzar a dar fruto, que Él nos va a podar y que a través de esa poda es que vamos a dar fruto más abundante… Pero, ¿para qué desea el Señor esto? Vamos de regreso al versículo Juan 15:3 (RVR1960), donde vemos que una vez más se refuerza que no es por lo que hagamos sino por lo que somos, por lo que Él hizo por nosotros.

Es decir, no hay forma humana que podamos presentarnos limpios delante su Presencia, sino que Él nos eligió para limpiarnos, al darnos Su Palabra y nosotros escucharla y creer, lo cual nos hace ser hijos del Dios viviente, la Vid Verdadera, el cual nos dice que si permanecemos en Él y Él en nosotros, daremos mucho fruto, y nos invita a estar con Él, y entender que separados de Él nada podemos hacer, no podemos reflejarle, nos secaríamos inmediatamente y moriríamos.

Así que nuestra relación con el Señor va a permanecer siempre y cuando estemos pegados y conectados a la Vida misma, y no nos soltemos. Cuando comprendamos que no hay nada que podemos hacer por nuestros medios para reflejar a Cristo con nuestras fuerzas. Por esto, si hasta el momento hemos estado separados, corramos inmediatamente al tallo, unámonos a Él y no nos soltemos más, y vamos a ver lo que es vivir en vida, en gozo, en abundancia de fruto, en una relación vivencial de amor entre Dios y yo.

Existen dos condiciones que se requieren si deseamos verdaderamente que nuestras oraciones sean escuchadas: 1. Estar en Cristo: el Padre en vez de vernos a nosotros por quienes somos, sino que ve a su hijo en nosotros y nos da acceso.  2. Orar en sus palabras y sus promesas, en la Biblia, es un concepto de alinearse.

¿Cómo están orando? ¿enfocados en las cosas y bendiciones o con la mirada puesta en Cristo mismo? ¿cuál es el objetivo de estar unidos a Cristo y dar fruto? Ya vimos que no es por las bendiciones que podamos obtener para nuestras vidas, sino en que llevemos mucho fruto para que seamos así los discípulos de Él. Un discípulo de Cristo es aquella persona en quien abiertamente se manifiesta el fruto del Espíritu Santo en su vida.

En muchas ocasiones, el llevar fruto y este en abundancia, no es sencillo, muchas veces eso implica sacrificios, sentirse solos, principalmente cuando tienes un llamado de parte del Señor, pero en nuestras familias puede que seamos el único cristiano.  Dios mismo, nos ve con ojos de Padre orgulloso y contento, porque estamos dando fruto y hoy nos dice: «Sigue así, no eres el mismo, haz estado siendo transformado.»

Yo te estoy cambiando, no eres la misma persona y no necesitas que te lo reafirmen. El camino de la fe cristiana no es un camino de emoción. No es uno donde un día vengo a Cristo y poco a poco me voy apagando y apagando, sino que es uno donde se deben entender que es una decisión que perdura en el tiempo, es una decisión de por vida, eterna. Todos vamos a tener pruebas y vamos a ser podados pero debemos recordar que en medio de esa situación, ahí está Dios, y Él nos sostiene y al final el nos muestra Su amor, porque para los que estamos en Cristo siempre va a haber propósito.

“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”Juan 15:10 (RVR1960). Muchas veces leemos este texto incorrectamente, porque creemos que debemos obedecer para obtener el amor de Dios, pero eso es imposible, porque somos imperfectos y fallamos y sentimos que no merecemos nada de parte del Él. Más bien es lo contrario, yo permanezco en Su amor, y por esto es que tengo las fuerzas para permanecer en obediencia.

Es la manera en la que vamos a poder sobrellevar cualquier adicción o cualquier situación. Así que si hemos estado luchando hasta ahora y seguimos cayendo, hoy digo: conectémonos a la vid verdadera, deja ya de intentarlo y hazlo. Porque vemos como el Señor va a hacer que Su gozo esté en nosotros en todo tiempo y este brota desde lo más profundo de nuestro interior al encontrarnos con la vida de Cristo mismo en nuestras vidas y este nunca cesará ni se apagará.

Pero les digo que aun cuando Cristo promete que no va a apartar ese gozo de nosotros, debemos anhelarlo y una única pero honesta vez, debemos levantarnos y dar un paso adelante, con nuestro corazón hacia el llamado que Cristo nos está haciendo hoy a aferrarnos a la vid y nunca más soltarnos de ella. Así que sí desean recibir ese gozo que no se apaga, y sujetarse a la vid: -«Dejen que yo me encargue», nos dice el Señor. Debemos solo confiar.

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