Jesús el Buen Pastor
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Jesús el Buen Pastor

Iniciamos una nueva serie que buscará mostrarnos quién es Jesús basados en el evangelio de Juan.

Iremos al capítulo 10 del evangelio de Juan. Para ponerlos en contexto antes de leer el pasaje, el capítulo 10 de Juan es una respuesta de Dios a lo que ha sucedido en el capítulo 9, en dónde un hombre que había sido ciego desde hacía mucho tiempo es sanado por Jesús en un día de reposo.  Esto para los religiosos del tiempo era inaudito, ya que habían desarrollado una serie de reglas que no tenían nada que ver con los mandatos de Dios acerca del día de reposo, que se convirtieron en una camisa de fuerza que no les permitía hacer nada ese día.

No podían caminar más de 1999 pasos, partir el pan, encender una lámpara o enhebrar una aguja, y mucho menos lo que Jesús hizo. Él hizo un milagro a la vista de todo el pueblo. Jesús escoge un hombre que tenía muchos años de ser ciego, se inclina, hace barro y se lo unta en los ojos al no vidente y le dice que vaya a lavarse en el pozo de Siloé.

Este hombre recobra la vista, y los judíos que eran los llamados pastores de Israel, los llamados por Dios a impartir la ley y cuidar el rebaño, se enfurecen con Jesús por hacer un milagro en el día de reposo. El hombre que era ciego fue interrogado y expulsado del templo ya que se dejó sanar en el día de reposo. La expulsión del templo era una cosa muy grave, ya que este era el símbolo de la presencia de Dios en Israel. Jesús lo busca después de que lo expulsaron y da un sermón hermoso acerca de verdades muy profundas sobre el reino de Dios y su amor por las ovejas.

De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.» Juan 10: 1-5 (RVR1960)

Luego Juan 10:9-16 (RVR1960) nos dice: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.»

Este pasaje habla de un pastor, de una puerta y de un redil. En aquellos tiempos el ser pastor era un oficio de clase baja.

En Israel los estratos altos y medios no pastoreaban, eran los estratos bajos y así se identifica el Señor.  Dios no quiere hacer alarde, Él usa algo que está a la vista de todos, algo que Israel conoce muy bien.  Dice que el pastor llevaba las ovejas a un redil, que era un lugar cerrado, hecha de piedras, troncos, madera, cuya idea era encerrar en un espacio seguro a las ovejas, el cual solo tenía una puerta. El pastor todas las tardes y las noches traía los rebaños para meterlos al redil, para que estuvieran protegidas del peligro, para sanarles las heridas, alimentarlas, cuidarlas. Allí había todo lo que la oveja necesitaba.

Y el Señor le dice a los a los que estaban presentes “Yo soy la puerta del redil”. En esa puerta única que tenía el redil se encontraba la cama del pastor, nadie entraba al redil si no pasaba por encima del pastor. Todos los que trataban de entrar por otro lado eran ladrones que querían hacerle daño a las ovejas. La única puerta por la que se puede entrar al redil se llama Cristo. La puerta y el pastor hablan de salvación y provisión, de cuidado y protección, de seguridad.

Y el Señor se identifica en comparación con los malos pastores de Israel y les dice que Él es la puerta del redil, el que por Él entrare será salvo. En ese redil está todo lo que necesitamos, allí tenemos acceso a todas las promesas de Dios para nosotros, de la provisión divina, a todo lo que Dios nos ha dado por herencia

A veces no entendemos nuestra identidad en Cristo. Algunas personas buscan su identidad en su ropa, dinero, título, carro, casa, físico, su identidad está lejos de donde debe estarlo. La Biblia dice que Jesús es el Buen Pastor y nosotros sus ovejas, pero si no entendemos que somos ovejas no tendremos una identidad clara.

Jesús dice que Él es la puerta al redil, no nadie más, no María, los apóstoles, Él dijo “Yo soy la puerta”. El que cuida, protege y defiende a las ovejas. ¿Nos sentimos así de protegidos? Tú eres oveja, eres pueblo suyo y oveja de Su prado. Todo lo que necesita un cristiano está en ese redil.

Dios nos da tanto a través de la iglesia. Cuantas veces hemos llegado con un corazón cargado, pesado de problemas pero nuestros hermanos nos reciben con amor y nos levantan el ánimo; en ese momento se va nuestro cansancio y aflicción. Cuántas veces hemos recibido un abrazo sin saber que venía departe de Dios.  Este es el redil, esta es la provisión. Dios sabe la condición en la que venimos, el estado en el que estamos, conoce nuestro corazón. A la iglesia del Señor llegan personas que tienen un testimonio de fe que llena de gozo, que edifica, por eso venimos a la iglesia, porque este es el redil en el que Dios nos ha puesto.

Dice la palabra “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. Cuando nosotros hablamos de pastor, de redil, tenemos que hablar de oveja. La oveja es un animal que es totalmente indefenso hacia los peligros del exterior, que no se puede valer por sí misma, tiene una visión corta. Dicen si la oveja se adelanta al pastor y se equivoca y se  tira en un barranco, todas las demás le siguen. La oveja se cae y muere ahogada porque es incapaz de ponerse de pie sola.

No puede buscar el alimento que necesita ella sola. Es totalmente dependiente del pastor, y el Señor utiliza este ejemplo para enseñar la dependencia que su pueblo debe tener de Él. Somos ovejas, hijos de Dios, tenemos un buen pastor, que cuida de nosotros.  Si por estar en lucha has creído que Dios no está contigo te has equivocado, eso viene del ladrón que busca matar y destruir, tú eres oveja y nada de ti Dios desconoce. No se cae un cabello de tu cabeza sin que Él lo permita, Él está al control nuestro, nos lleva a su prado, nos limpia y quita todo lo que nos hace daño.  ¿Cuánto hace no vas al redil del Señor? ¿Cuánto hace que cargas opresión, dolor, crisis, miedo, cansancio, fatiga, enojo? ¿Cuánto hace que no entras al redil confiesas cuál es tu verdadero estado?

El que confiesa su pecado Dios lo restaurará. ¿Cuánto hace que no llegas a la presencia de Dios y comienzas a tirar ahí todo lo que está mal en tu vida? Al Señor no hay que impresionarle con palabras, con apariencias o argumentos humanos. Solo debemos llegar y decirle la verdad, si estamos cansados, en luchas, con ansiedad, con miedo o enojo.  ¿Cuánto hace que no entras y comienzas a ver todas la promesas y la provisión de Dios y comienzas a echar mano de toda la provisión, de ese pacto de gracia que Dios ha hecho contigo? Ninguno es oveja porque lo merece, sino porque fuimos comprados a precio de sangre.

¿Cuánto hace que te dejes engañar por el mentiroso que te pone en tu mente que ya no tienes más oportunidad, que ya fracasaste tantas veces, que te has equivocado tantas veces que Dios no te puede perdonar? Y de pronto te encuentras que ya no oras ni lees la palabra, que ya no hay en ti gozo ni alegría.  El Señor te dice hoy “Yo soy tu buen pastor, el da la vida por sus ovejas”.

Y dice que las ovejas tenían un defecto más: eran de corta vista, pero que tenían una virtud, un buen oído, saben escuchar la voz de su pastor.  En algunos rediles había ovejas de varios pastores, y cuando el pastor llegaba, las llamaba por su nombre y solo las suyas le seguían, porque conocían su voz.

¿Sabes distinguir la voz de Dios? ¿Sabes cuando Dios te está hablando? ¿Escuchas la voz de tu pastor?

La voluntad de Dios es que lo conozcamos, que conozcamos a Cristo, al Padre, pero hoy en día se ha levantado una generación que no quiere estudiar la palabra, que solo quiere escuchar al pastor del momento, al que dé el show, personas que no saben filtrar porque no tienen Biblia, no escuchan, no meditan en la palabra de Dios. Una iglesia que no quiere tener nada que ver con responsabilidad, con intimidad con Dios. ¿Cómo vas a oír la voz de tu pastor si no le conoces? ¿Cómo distinguir la voz de Dios y a reconocer cuando Él te está llamando o corrigiendo sino le conoces? La Palabra dice que no andamos por vista, sino por fe, la cual viene por oír la Palabra de Dios.

¿Somos de esas ovejas que oyen la voz de su pastor y corren hacia Él?

Escuché es un artículo que cuando hay una oveja que acostumbra a separarse del rebaño, escaparse y ponerse en peligro el pastor le quiebra una patita voluntariamente. Y el pastor se echa esa oveja sobre su espalda, va, la venda y la tiene en recuperación mucho tiempo. En ese tiempo no deja que se vaya a ningún lado ni que se separe de Él, y crean intimidad, y cuando esa oveja se sana no se vuelve a alejar de su pastor. ¿Será que a veces nosotros también debemos ser quebrados? Que Dios nos debe hacer pasar por crisis para que nos acerquemos al buen pastor.

Dice la palabra que el pastor llama a las ovejas por su nombre. La intimidad entre el pastor y el rebaño llega a ser tan grande que él las llama a cada una por su nombre. Dios nos dará un nombre nuevo, para que nos familiaricemos con nuestro pastor y escuchemos su voz. Un nombre que solo el que recibe lo va a conocer, nadie más.

«El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.» Apocalipsis 2:17 (RVR1960)

Cuando entramos a ser ovejas de su redil Él nos puso un nombre nuevo, y lo escribió en el libro de la vida. Nuestra identidad espiritual es Cristo. Formamos una identidad espiritual con Cristo, porque la salvación no es solamente un asunto de que el pecador conozca a Cristo, sino de que Cristo lo conozca también.

No somos ovejas descarriadas, sin pastor, sin guardián, hay quien cuida y vigila nuestra vida. Y nos puso un nombre único, que nos da identidad, acceso y comunión plena con Cristo.

¿Cuál es tu identidad? ¿Sigues con los rudimentos del mundo pensando en que tu identidad está en cuánto pesas, en cuanto dinero tienes, en el modelo de tu carro o el tamaño de tu casa? Solo el que no conoce a su pastor puede seguir pensando esto.

Cuando el Señor resucita y se encuentra con sus apóstoles y Él les encarga la gran comisión, antes de hacer eso Él habla con Pedro y le dice “¿Pedro me amas? Cuida a mis cabritos”, “¿Pedro me amas? Apacienta a mis ovejas”.

¿Cuánto hace que no te dejas sanar tu herida en manos del pastor? Para que puedas apacentar a los tuyos. ¿Cuánto hace que no te sometes a la mano de tu pastor para que Él sane tu vida? El que encubre su pecado no prospera, pero si somos ovejas llamadas al redil debemos estar en comunión con nuestro pastor.

Hoy tristemente se ha levantado una generación que no oye la voz de su pastor.  Oye la voz de su computadora, de su teléfono, pero no tiene intimidad con su pastor.

¿Viniste cargado? ¿Viniste cansado? ¿Hace cuánto que el Señor no te refresca con aceite fresco?

Con razón el rey David decía:

Jehová es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará descansar;

Junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;

Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Salmo 23:1-4 (RVR1960)

Aunque alguno esté pasando el día malo, y esté pasando por valle de sombra y de muerte estará seguro, porque su vara y su cayado infundirán aliento. Dios nunca dijo que no íbamos a pasar por crisis, pero sí que la crisis no nos vencería porque Él iba a estar en medio.

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