Jonás, el amor de Dios para los perdidos - La respuesta al amor
0
12

Jonás, el amor de Dios para los perdidos – La respuesta al amor

¿Por qué todos somos Jonás? Cuando observamos en Jonás capítulo 1, vemos a un hombre llamado por Dios a una misión, Jonás, en su rebeldía, en su forma de reaccionar ante este llamado, lo que hace es huir a un punto contrario al que Dios le había indicado. Varios estudios indican que del lugar donde Jonás estaba, hacia el lugar donde Dios lo había enviado – Nínive – había aproximadamente 900 km. 

La decisión de él, contraria a lo que Dios le había mandado, era aproximadamente 4,000 km de distancia hacia la península ibérica, lo que hoy conocemos como España. La pregunta es: ¿no creen que todos somos Jonás en algún momento? Todos como Jonás hemos tomado decisiones contrarias a lo que el Señor nos ha enviado o nos ha ordenado hacer. 

¿Cuál ha sido la respuesta de nuestro amor hacia Dios? Todos tendríamos distintas maneras de responder. Algunos podríamos decir: “Escuché a Dios a temprana edad, pero tomé el camino contrario”, o “Sí, escuché un llamado, pero no obedecí”. Otros podríamos afirmar que ese amor nos alcanzó cuando nuestras vidas estaban completamente desordenadas, y que hoy seguimos aquí, luchando con uñas y dientes para no apartarnos del camino.

Hace unas semanas, un grupo de hermanos de la iglesia salimos a realizar una jornada de evangelización nocturna en San Pedro, compartiendo un mensaje de esperanza. ¿Cuál fue la respuesta al amor de Dios? Algunos mostraron desinterés o dijeron no tener tiempo; otros, en cambio, agradecieron. Así vimos distintas respuestas al llamado y al amor de Dios en una sola noche.

«Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré». Jonás 3:1-2 Reina Valera 1960 (RVR1960). 

Dios vuelve a hablarle a Jonás con las mismas palabras del capítulo 1. En ese mensaje claro y contundente se reflejan su misericordia y su bondad: Dios no da la espalda a sus hijos. A pesar de la desobediencia de Jonás, le concede una segunda oportunidad y nos revela su carácter: amoroso, paciente, restaurador y dispuesto a redimir. ¿Qué espera Dios de nosotros? Obediencia. Su amor es un amor de oportunidades, incluso hoy.

Dios no le dice a Jonás: “Proclama el mensaje que tú quieras”, sino: “Proclama el mensaje que yo te diré”. El mensaje para Nínive era específico. Jonás no debía hablar de sí mismo, sino transmitir fielmente lo que Dios le ordenara.

El texto comienza con una orden clara: “Levántate y ve”. Esto implica una decisión. O nos levantamos y obedecemos, o permanecemos en la misma condición. No hay término medio. La respuesta al amor de Dios comienza con obediencia, con levantarnos de donde estamos y avanzar, porque si nos quedamos, no progresamos.

¿Saben cuándo el hijo pródigo volvió en sí? Cuando reconoció su condición en la chanchera. Antes de ese momento, no había aceptado su realidad. De la misma manera, cuando escuchamos la orden de Dios: “Levántate y ve”, no podemos quedarnos donde estamos ni conformarnos con nuestra condición actual. No hablamos de lo material, sino de lo espiritual. Busquemos crecer en Dios cada día, amemos su Palabra, aferrémonos a ella y valoremos su presencia.

Debemos hacernos algunas preguntas importantes: ¿A qué debemos obedecer hoy? ¿Qué nos ha pedido Dios que dejemos y a qué todavía nos resistimos? Jonás, al igual que muchos de nosotros, pudo haber dicho: “Señor, eso no es para mí; déjaselo a otro, yo no sé suficiente”. Sin embargo, el llamado es personal y sigue siendo el mismo. Es para todos, y debemos abrazarlo con pasión, amor y con la conciencia de quién es Él que nos llama.

La obediencia implica confiar en que el mensaje de Dios es suficiente. Su Palabra no necesita adornos: tiene poder para transformar y cambiar el corazón del ser humano. En ella está trazado el camino hacia la vida eterna y la comunión con nuestro Señor para siempre.

“Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino.” Jonás 3:3 Reina Valera 1960 (RVR1960).

Esta vez, a diferencia del capítulo 1, Jonás obedeció y fue a la dirección que Dios le había marcado. Nínive era tan grande en extremo que se necesitaban tres días para recorrerla; esto subraya la magnitud del desafío. 

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:19  Reina Valera 1960 (RVR1960).

El reto que tenemos como pueblo e iglesia de Cristo no es pequeño y no debemos tomarlo a la ligera. No se trata de un llamado humano ni de una organización religiosa: quien nos ha llamado es Jesucristo mismo, y debemos darle la relevancia que merece.

Jonás aprendió que resistirse a Dios es inútil y contraproducente; obedecer requiere esfuerzo. Como enseñaba mi mamá: “El cuerpo es un buen amo, pero un mal siervo”. Por ejemplo, si nos decimos: “Mañana me levantaré una hora antes para orar”, es fácil apagar la alarma y quedarnos dormidos. Pero si decimos: “Mañana debemos estar en el aeropuerto a las 3 porque vamos de viaje”, nos levantamos sin problema. La obediencia a Dios requiere la misma determinación y compromiso.

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” Romanos 8:3 Reina Valera 1960 (RVR1960). 

El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos exhorta a hacer morir en nosotros las obras de la carne que se oponen al Espíritu. Si alimentamos la carne, no podemos esperar que el Espíritu nos gobierne; pero cuando la sujetamos mediante disciplinas espirituales, entonces vencemos.

Pablo usa una palabra fuerte: “hagan morir”. No se trata de cuidar ni consentir la carne, porque si no la controlamos, ella nos controla a nosotros. Nuestra carne no quiere someterse ni obedecer; rechaza la voluntad de Dios. Por eso necesitamos obedecer, volver a la Palabra y depender de Él.

A veces Dios nos llama a tareas que parecen imposibles, pero su amor nos capacita para cumplirlas. La obediencia es nuestra respuesta activa al amor de Dios.

“Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” Jonás 3:4 Reina Valera 1960 (RVR1960).

Era un mensaje breve, pero lleno de contenido, de arrepentimiento y de amor para la gente de Nínive. A veces sentimos la necesidad de adornar la Palabra, como si necesitara algo más, pero la verdad es que la Palabra es suficiente por sí misma.

El amor de Dios no es permisivo y se refleja en el mensaje de Jonás, que advierte sobre el peligro del pecado. La predicación del juicio también es una expresión de amor, porque busca salvar. Debemos estar convencidos de que el mensaje para nuestro tiempo es el mismo que se proclamó en Nínive.

La maldad se eleva al cielo, y hoy vemos lo mismo: la muerte de los inocentes, la rebelión del hombre y la mujer contra su naturaleza, y el aumento de la brujería y la hechicería. Todo esto clama al cielo.

El mensaje sigue siendo igual: se avecina una tormenta, y nosotros, como iglesia, debemos preguntarnos: ¿cómo responderemos?

“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ello” Jonás 3:5 (RVR1960)

Hubo una respuesta, primero de Jonás hacia Dios, al obedecer y cumplir la tarea, pero también de los ninivitas, quienes reaccionaron al amor de Dios con arrepentimiento. Su respuesta fue inmediata y profunda: fe, ayuno y obediencia. En el versículo 5 no aparece la palabra “arrepentimiento” porque el arrepentimiento no es solo una palabra, es una acción, un cambio de rumbo y de vida.

Lucas 3 nos dice que debemos dar frutos dignos de arrepentimiento. No habla de raíces, porque los frutos son visibles y tangibles. Eso fue lo que hizo el pueblo de Nínive: ayunaron, se abstuvieron de alimentos y cambiaron sus vestiduras por mantos ásperos, mostrando un cambio de identidad y compromiso: “Debemos volvernos al Dios que nos está predicando Jonás”.

Nosotros también debemos hacer cambios reales en nuestra vida espiritual. El arrepentimiento no se limita a palabras ni promesas; requiere acciones sostenidas en la presencia de Dios. Todos hemos dicho “voy a cambiar esto”, pero por nuestras fuerzas solo dura un día. El verdadero arrepentimiento surge cuando reconocemos la gravedad de nuestro pecado y nos humillamos delante de Dios, dando frutos visibles y coherentes con nuestra fe.

Los ninivitas hicieron tres cosas fundamentales: creyeron en Dios, se arrepintieron y lo demostraron. Esa es la invitación para nosotros: reconocer el pecado, humillarnos y vivir un cambio auténtico que refleje el amor y la misericordia de Dios.

“Si Cristo murió por mis pecados, yo no puedo jugar con el pecado que mató a mi mejor amigo.” Charles H. Spurgeon

“Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?” Jonás 3:7 (RVR1960)

El rey de Nínive se humilló de manera extrema y tomó en serio el mensaje de Jonás. No solo el pueblo se arrepintió, sino también sus líderes, y el rey encabezó un movimiento nacional de humillación y arrepentimiento.

Padres, estamos llamados a proteger la santidad del hogar y a luchar contra todo lo que pueda corromperlo. No es solo responsabilidad del pastor o del líder; cada uno de nosotros debe velar por la familia. Job 1:5 nos muestra el ejemplo: todos los días santificaba a sus hijos y ofrecía sacrificios, orando para que no hubieran pecado contra Dios.

La pregunta para nosotros es: ¿cuánto clamamos a Dios por nuestros hijos? ¿Guardamos nuestro propio corazón con integridad delante del Señor? Debemos volvernos a Dios de verdad, como lo hizo Nínive, y abrazar su llamado.

No se trata de imponer la Biblia o dar “lecciones” sin sentido. Es en el amor y la misericordia de Cristo donde conquistamos los corazones de nuestros hijos. Cambiemos nuestra estrategia y digamos: “Señor, danos la estrategia correcta”.

“Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo” Jonás 3:10 (RVR1960).

¿Cuántos hemos dicho: «Dios, es que tú a mí no me ves”? Hoy Dios nos dice: “Yo te he visto”. Él no es indiferente. Vio lo que hicieron los ninivitas; no solo sus obras, sino sus corazones. El Señor responde al arrepentimiento con misericordia, porque su amor busca restaurar. Su carácter no cambia: sigue siendo Santo, Justo y Misericordioso.

Antes, éramos reos, dignos de muerte, destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3). No había nadie bueno, y el Único Bueno dio todo por nosotros: nuestro Señor Jesús.

El capítulo 3 de Jonás nos enseña sobre el carácter de Dios y la respuesta humana ante su llamado. Hoy, Dios nos notifica con claridad; no hay excusa para ignorar su voz. A veces nos llama a orar por alguien: mientras oramos, Dios actúa, aunque no veamos cómo.

Nadie está demasiado lejos de la gracia de Dios. Si sientes que la has perdido, la gracia aún está disponible por medio del Espíritu Santo.

El desafío para nosotros es obedecer sin demora. La pregunta es: ¿cómo vamos a responder al llamado de Dios? ¿Seguiremos posponiéndolo o resistiéndonos? ¿Qué haremos con este llamado?

El mensaje de Jonás era simple: “En cuarenta días Nínive será destruida”. Una predicación breve, pero poderosa. Jonás obedeció, los ninivitas respondieron y Dios, en su amor y misericordia, los trató con bondad.

Hoy, como iglesia, la pregunta sigue vigente: ¿cómo estamos respondiendo al amor de Dios?

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

/**/ //GOOGLE ANALYTICS - Derek - 2024