Nació nuestro Salvador y Rey
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Nació nuestro Salvador y Rey

Cualquiera de nosotros que quiera hacer una observación social sobre la Navidad, usando como fuente la televisión, muy posiblemente se percatará de una triste realidad; y es que el mundo ha creado una cultura paralela sobre la Navidad, al punto de que aquello que la originó se ha prácticamente invisibilizado.

La Navidad tiene una razón: es el cumplimiento del propósito de Dios. En este sentido, Él tiene su propio control del tiempo.

En el mensaje de hoy nos permitimos compartir una anécdota personal, qué sirva como un caso para reflexionar sobre una pregunta de fondo que solemos hacernos: ¿Por qué a la gente buena le pasan cosas malas?

En general, durante de mi época de estudiante de colegio fui un joven “bien portado”; pero un día cedí ante una incitación de un compañero para que nos escapáramos de clases. Para este compañero que en esta ocasión me incitó a mí y a otros más, el escaparse, era una práctica recurrente, cuyo arte había refinado, y lograba de manera exitosa. Pero en esta ocasión, algo salió mal; y fuimos descubiertos y sancionados.

Como consecuencia, ese día, se hizo toma de asistencia general en el colegio y todos los escapados, fuimos amonestados; de la misma manera el compañero incitador que incurría en esta infracción con frecuencia, como yo, que lo hacía por primera vez; ambos fuimos castigados por igual.

Esta experiencia traslada al plano espiritual y a nuestra relación con Dios, nos deja una gran lección: El Señor no juzga la intención, sino la acción.

Retomando la pregunta de partida: ¿Por qué a la gente buena le pasan cosas malas? Nos lleva por consiguiente a otra pregunta: ¿Desde qué óptica estamos planteando esta pregunta?

Multiplicidad de interpretaciones podríamos obtener, pero nosotros como creyentes tenemos que ir a la fuente de verdad que es la palabra de Dios.

Romanos 3:9 dice:

¿Qué pues?, ¿somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aún uno; no hay quién entienda. No hay quién busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quién haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su legua engañan. Veneno de áspides hay bajo sus labios; su boca está llena de maldición y amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron caminos de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos.

En la anécdota expuesta, si bien, la justificación humana es que el compañero incitador tenía más culpa que, este, su entonces compañero, dado que él se había escapado muchas veces más y, este seducido, solo una; desde la óptica de la palabra de Dios, ambos estábamos en la misma situación, pues ambos éramos transgresores. Así, la transgresión crea división entre Dios y nosotros y esa división no se puede eliminar simplemente con hacer obras.

Romanos 3:23:

“Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios…”.

1 Juan 3:4:

“Todo aquel que comete pecado infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”.

Dios quiere acercarse a nosotros, y relacionarse con nosotros. Por medio de su palabra nos trae, exhortación, consuelo y edificación. Hay una salida:

Juan 3:16:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquél que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Esto representa una alternativa de vida, un plan perfecto, un cambio de vida. Significa que en medio de cualquier prueba, su paz, su amor y su gozo se hará manifiesto en nuestras vidas, de manera que todo aquel vacío que buscábamos llenar afuera con cosas materiales, él quiere llenar a plenitud. El versículo refiere a Dios como autoridad suprema, que se mueve en lo personal y quiere tener relación con nosotros.

1 Juan 4:8:

“El que no ama no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.”

El amor de Dios es abundante y cubre multitud pecados; él nos amó primero, antes de que nosotros le amaramos a él. Dio a su hijo unigénito como regalo supremo… ¿Qué mejor regalo y qué mayor ofrenda de amor por parte de Dios podríamos recibir? Solamente tenemos que arrepentirnos y creer. La fe es la llave que nos da acceso a Dios.

Ocho evidencias de una persona salva y una vida realmente transformada en el Espíritu Santo:

1- Comprendemos quién es y cómo trabaja Dios

2- El que es nacido de nuevo, vive un fuego incontenible, y una sed por conocer más de Dios y tener intimidad con el Señor. En este sentido, la oración ocupa un lugar fundamental.

3- Revelación y comprensión de la palabra de Dios.

4- Conciencia de pecado y temor de Dios. El Espíritu Santo nos irá apartando progresivamente del pecado

5- Amor por los inconversos.

6- Un nuevo amor por los salvos. Buscaremos la permanencia en comunidad cristiana, siendo así edificados.

7- Se manifiesta el carácter de Cristo. Y los frutos del Espíritu Santo serán norma en nuestra vida: amor, paz, paciencia, gozo, benignidad, bondad, templanza y dominio propio.

8- Convicción de ser salvo.

Evaluemos nuestra vida y actuemos en consecuencia.

Volviendo a la pregunta: ¿Por qué a la gente buena le pasan cosas malas? La respuesta es: Porque no hay gente buena. Porque esto no se trata de nosotros. Es el plan Dios, y a través de nuestras situaciones, Él se glorifica. Lo importante es que si estamos en Cristo tenemos garantizada una eternidad en la presencia de Dios.

Es esta una oportunidad para preguntarnos: ¿Es Jesús nuestro Señor? Si tenemos dudas, y queremos recibirle, o restablecer una relación con él, elevemos una oración:

Señor, soy un pecador, he fallado, he caminado bajo mi propio criterio y he estado lejos de ti, no tengo intimidad contigo, no busco amar a las personas, no tengo seguridad de mi salvación, no oro, no leo tu palabra, y quizás estoy lejos de ti. Pero tu palabra dice que tú eres un Dios perdonador.  Y aunque yo haya transgredido tu orden y esté lejos de ti; si vengo con un corazón humillado, tú me recibes.

Perdón, si mis ojos me han hecho pecar, si mi boca ha hablado maldición, si he consentido más enojo que amor, si me he movido en la oscuridad, si he sido un transgresor, si he criticado y hablado mal de otros, si he sido envidioso, rencoroso, y si no he querido perdonar.

Extiende Señor tus brazos de amor. Concédeme tu paz, tu gozo, transforma mi vida, no quiero ser el mismo.

Hoy mi boca te declara, Señor y Salvador. En el nombre de Jesús.

 26 de diciembre 2022
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