Mensaje fin de año: Seguir a Jesús implica dejar una zona de comodidad
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Mensaje fin de año: Seguir a Jesús implica dejar una zona de comodidad

Mensaje especial de fin de año: Seguir a Jesús implica dejar una zona de comodidad

 ¿A cuántos les gusta entrenar con pesas?

Los músculos tienen memoria. Eso quiere decir que cuando entrenamos y hacemos cualquier ejercicio tenemos que ir cambiando peso gradualmente o haciendo más repeticiones para ver más resultados. Pero llega un punto donde nos estancamos, porque los músculos se programan para esperar cierto progreso y es donde la gente deja de ver resultados. Por esto, muchos atletas lo que hacen es que detienen el entrenamiento, ayunan, bajan cargas y empiezan a ver resultados nuevamente.

Hacemos esta introducción porque entrenar y la disciplina que se requiere para ello, se comparan con nuestra vida espiritual. A veces, nuestra memoria espiritual nos hace quedarnos en la comodidad.

Leamos el libro de Marcos 1:16-20

“Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.”

Marcos escribió esto, pero la mayoría de su conocimiento fue recibido por Pedro. Pedro mismo nos está dando a entender que él era un hombre diferente que antes se llamaba Simón.  De esta manera, es como Dios nos transforma. Antes de que Él nos encontrara y le conociéramos, nos llamábamos los fiesteros, mediocres, depresivos, o problemáticos, pero el Señor nos toma y nos transforma en una nueva persona. Vivir recordando quiénes éramos antes de que el Señor nos encontrará, es vivir entendidos de lo que Dios hace, porque comprendemos la necesidad que tenemos de Él.

El Señor nos creó, le conozcamos o no, lo hizo. Dios puso en nosotros nuestra esencia, incluso antes de que tuviésemos ese encuentro personal con Él y fuésemos transformados. Nuestra esencia y los dones con los que Él nos capacitó, los quiere usar para Su reino, en función de Su propósito. Como en el texto, si antes teníamos capacidad para pescar peces, ahora vamos a usarla para pescar hombres para Su obra.

Lucas nos daba señales de que para ellos la pesca que dejaron, más que un negocio artesanal, era una corporación de barcos de la región de Galilea, la cual era conocida por ser una región donde había gran cantidad de peces que se consumían en la zona y se distribuían entre Europa y zonas de Asia. O sea, era un negocio rentable, no era poco lo que ellos manejaban.

Leamos los siguientes versículos que afirman que seguir a Jesús implicaba dejar una zona de comodidad, de alivio y confort:

* “Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.” Lucas 5:11

* “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” Lucas 14:33

* “Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?” Mateo 19:27

Es difícil ver cristianos cómodos en situaciones en las cuales no deberíamos de estarlo. Estamos cómodos yendo a la iglesia, pero no sembrando nada en el reino; llenándonos, pero sin dar; cómodos en una estructura donde el músculo se nos acostumbró a vivir de cierta manera y donde ya no vemos resultados; entonces, toda la obra, dones y propósito que el Señor quiere hacer en nosotros están dormidos, porque estamos en nuestra comodidad.

Como Iglesia solemos asociar a Dios con confort y a satanás con conflicto, no obstante, muchas veces es lo contrario. El enemigo nos guía hacia el confort porque en medio de Él, nuestra fe merma, pero en el conflicto el Señor crea la oportunidad para que crezcamos. El conflicto es la forma en la que Dios prueba nuestra vida, para que, a través de los problemas más difíciles, nos rindamos y quebrantemos ante Él, y para que nos demos cuenta de que verdaderamente somos personas de oración.

¿Cuál es nuestra actitud en medio del conflicto? y ¿Cómo es nuestra actitud en la comodidad o alivio? Tenemos la misma necesidad de Dios, tanto en el confort, como en la crisis. Sin embargo, a veces somos más reactivos que proactivos y dejamos que la situación nos moldee, en vez de nosotros moldear la situación a los propósitos de Dios. Y somos egoístas en nuestra oración. Oramos por nuestra familia, nuestros trabajos, nuestra vida, pero oramos poco por otros o por la iglesia. Nos dedicamos menos a las cosas del Señor y no nos involucramos porque no nos trae beneficio a nosotros mismos, entonces vivimos un cristianismo egoísta, centrado en qué me pueden dar. Sin embargo, el crecimiento y la bendición están en dar, y no en recibir. La economía no es un sinónimo de bendición, pero Cristo Sí.

Jesús y la confrontación

Cuando Jesús predicaba, su predicación buscaba incomodar, no acomodar. A los fariseos les predicó para que salieran de su religiosidad y encontrarse con El Mesías y al emperador romano para que pudiera reconocer que delante de él estaba el Rey de reyes. El Señor buscó incomodar al pueblo y su religiosidad en su época, para que pudiesen ver y no se perdieran la bendición de estar en un tiempo donde Jesús mismo se estaba haciendo presente. Jesús traía alivio a quien lo necesitaba: a los pobres en espíritu y económicamente, pero también vino a confrontar y transformar la forma de pensar; a traer a cumplimiento la Palabra, la ley y todas las promesas. Nosotros no podemos cumplir con nuestras propias fuerzas lo que Jesús hizo.

La confrontación es una bendición, ya que es una oportunidad que nos saca de nuestra zona de comodidad.  Dios tiene planes contigo, pero para recibir lo que Él está poniendo delante de nosotros, tenemos que dejar todo. Los discípulos de Cristo tuvieron que tomar decisiones y dejar todo atrás para poder seguirle. Nosotros no podemos seguir a Cristo, si no hemos dejado todo, porque la condición para ser discípulo es que Cristo tiene que ser Señor sobre todo y sobre todos.

Pedro y Andrés tuvieron que dejar su negocio rentable. Juan y Jacobo tuvieron que dejar a su padre y su negocio, su familia. Y nosotros tenemos nuestra familia, nuestro trabajo o título universitario por el cual tanto nos esforzamos; pero cuando reconocemos que todo proviene de Él, y no tendríamos nada de ser por Él, es donde entendemos que realmente hay que darlo todo.

Jesús vino a confrontar y no a condenar. La diferencia es que la confrontación pretende cambios, pero la condenación no. Cuando Dios nos confronta es porque ve potencial en nosotros. Aunque tal vez hoy nos vemos como Simón, el Señor está viendo Pedro detrás. Para el Señor somos útiles por eso nos confronta, porque sabe que podemos dar más y estar mejor.

A veces pensamos que el peor enemigo de la fe es el temor, ya que nos paraliza, pero en realidad es la comodidad, porque esta nos coloca en un estado donde creemos que no necesitamos nada. Cuando estamos cómodos, evitamos que la obra que el Señor quiere hacer en nuestra vida se desarrolle.

Jesús enseña con autoridad

“Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” Marcos 1: 21-22

La diferencia entre como Jesús enseñaba y enseñaban los escribas, es que Jesús enseñó con autoridad. La autoridad es ser consecuente con lo que se dice y se hace. Jesús era un hombre de autoridad.

Parte del plan perfecto del Señor fue reclutar a estos hombres y el primer lugar donde los llevó y empezó a manifestar Su poder fue en Capernaum —cuyo significado es Villa de comodidad—. En este lugar, Jesús hizo milagros, sanidades y prodigios, sin embargo, la Palabra dice:

“Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.” Mateo 11:23

El Salvador, Jesucristo, estuvo en ese lugar, pero ellos prefirieron su comodidad, su condición y su orgullo que recibirle. Lo que pongamos delante de Dios va a ser el obstáculo para que Él haga su obra en nosotros Es tiempo de salir de nuestra comodidad para entrar a lo nuevo de Dios. Es tiempo de salir de las redes de la pesca para entrar a pescar en la obra de Dios. La Iglesia no trata de nosotros, trata de Dios. Nuestra vida no se trata de trabajar, formar una familia, hacer hijos, trata de cómo Dios nos da una familia para que juntos le sirvamos mejor. Todo trata de Él y no sobre nosotros.

5 conclusiones

1-Dios quiere transformar nuestro entendimiento

Necesitamos desechar algo para que lo nuevo venga. Necesitamos darle lugar al Espíritu Santo para que nos renueve, pero no podemos hacerlo si nos aferramos a lo que éramos y si seguimos decididos a quedarnos en nuestra zona de pasividad, confort o tranquilidad.

2-Jesús transforma nuestra comodidad

Jesús no vino a acomodarnos, sino a incomodarnos. La confrontación es donde hay transformación, oportunidad y arrepentimiento genuino.

3-Debemos dejar algo para poder seguir al Señor

Algo tiene que morir para que lo nuevo pueda nacer.

4-Jesús fue el ejemplo de una autoridad consecuente

El Señor aun estando en el cielo, a la diestra del Padre, sentado en el lugar más hermoso, rodeado de ángeles cantando, decidió dejar su comodidad para bajar a esta tierra de mortales y de pecado para ser un hombre carnal y pasar por tentaciones, dolor y sufrimiento muriendo en una cruz y derramando su sangre para que nosotros no estemos cómodos, sino para que nos incomodamos para Su reino.

Ese es nuestro Rey. Él fue consecuente y no nos llamó a hacer algo que no podamos hacer. Él dejó su trono para enseñarnos que sí se puede dejar todo, que sí podemos darle la espalda al pasado y salir de nuestra comodidad para llevar a cabo Su obra. Este es nuestro Jesús. Dice la palabra que el que no está dispuesto a dejar todo, tomar su cruz y seguirle, no es digno de Él.

5-El Señor es primero

Lo primero no es el ejercicio, la familia, la dieta, el trabajo; el Señor es primero.

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