Mensaje basado en Josue 1:9
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Mensaje basado en Josue 1:9

Siempre que cierra un año vemos en redes sociales un montón de mensajes trillados donde abunda ver publicaciones que dicen “Gracias a Dios por un nuevo año” o algo similar. Meditemos en esa frase: si realmente le diéramos las gracias a Dios posiblemente nuestra forma de abordar el año nuevo cambiaría, si realmente creyéramos que gracias al Señor y Su misericordia pudimos pasar por un año más nuestra forma de hacer muchas cosas cambiaría.

Si realmente toda nuestra confianza estuviese puesta en Dios ¿no actuaríamos diferente?, ¿cómo seríamos en nuestro trabajo?, ¿qué haríamos diferente en nuestra casa?, ¿cómo sería la forma en que adoramos o en la que confiaríamos en esas promesas de Dios, si realmente tuviéramos seguridad de que el Señor está ahí acompañándonos en esas decisiones?

Josué 1:9 dice: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Este versículo podría ser un lema para todos nosotros al iniciar el año, debemos querer que el Señor nos acompañe donde quiera que vayamos; sin embargo, la pregunta es ¿qué nos está mandando el Señor a hacer ahí?, Dios nos está mandando a esforzarnos y a ser valientes, pero la pregunta que debemos hacernos es ¿esforzarnos y ser valientes, en qué?

Los primeros 11 capítulos de la Biblia del libro de Génesis empiezan hablando de la historia de la creación; como el Señor creó el Universo, la Tierra, los animales, al hombre y la historia de la caída del hombre por causa del pecado en el Jardín del Edén. En el capítulo 11 el hombre termina de caer con la Torre de Babel llegando al versículo 12 donde el Señor levanta una promesa conforme a Su plan, el cumplimiento de la Palabra de Dios para con los hombres, donde el Señor quiere que los hombres se vuelvan a Él, restablecer relaciones y encontrarse con nosotros.

El Señor le dice a Abram, en Génesis 12:1-3“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Si bien esta era la promesa de la creación de Israel, sin embargo, la Palabra de Dios iba destinada a bendecirnos a nosotros hoy.

El Señor decidió utilizar un vehículo, para que pudiésemos llegar a Cristo, la promesa no se cumplió en Israel, se cumplió en Cristo. Toda bendición espiritual es accesible por medio de Él y solo de Él, no hay otra forma; para encontrarse con el Señor, hay que encontrarse con Cristo, nuestro Señor y  Salvador.

Cuando Abraham muere, la promesa sigue viva, y esta pasa de Abraham a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a José. José uno de los hijos de Jacob, fue vendido por sus hermanos a mercaderes llevándolo a Egipto, y aunque parecía ser destinado a esclavitud el Señor lo puso en un lugar de autoridad para mostrarle a sus hermanos lo que era el perdón y la restauración. Sus hermanos en medio de un tiempo de hambre llegaron adonde José quien los dejó entrar a Egipto

En medio de Egipto es como inicia tiempo de multiplicación de la tribu, dice la Palabra que el Faraón vio que los israelitas eran tantos que tuvo temor y empezó a oprimirlos para evitar que se pusieran en contra de él.

Por medio de la opresión de 400 años de esclavitud, el Señor levantó a Moisés, quien fue llamado a traer libertad a un pueblo esclavo. Este hombre logró sacar al pueblo, saliendo por el desierto, y cuando iba a llegar a la tierra prometida de Canaán mandó a unos espías para a ver lo que estaba sucediendo. Les pidió un reporte por cada tribu, las cuales eran 12, donde 10 dieron reportes negativos diciendo – jamás vamos a poder heredar esa promesa – pero dos le creyeron a Dios: Caleb y Josué.

Moisés decidió avanzar y Josué pasó ser su mano derecha, pero antes de llegar a la puerta de la tierra prometida, el Señor le dijo a Moisés que él no iba a entrar. Dios en su soberanía, le dijo a Moisés que pasara la batuta al que seguía, y este era Josué.

En Josué 1:1-2 “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.”, lo primero que aprendemos de este pasaje es que la promesa de Dios no depende de hombres, depende de Él y como Él es inmutable, Su promesa sigue siendo una realidad.

El Señor le recordó la promesa a Josué, y le dijo – levántate no me he olvidado lo que le prometí a mi siervo y yo voy a cumplirlo a través tuyo -.
El Señor dio dos verbos: primero “Yo les doy” y como dice en el versículo 3, “Yo os he entregado como le había dicho a Moisés”. Él usó un verbo pasado y otro presente, pues a Dios no le interesan los tiempos, sus promesas son igual en el pasado, el presente y el futuro.

A veces como cristianos descansamos porque tenemos confianza en el Señor y si está bien, pero por lo general las promesas de Dios llevan nuestra cuota de responsabilidad.

El Señor le dio dos palabras a Josué: levántate y anda. El Señor ya le había prometido la tierra, sin embargo, el Señor le dijo – tienes que ir y pisar con tus pies el lugar, donde lo hagas te lo voy a entregar – la promesa estaba allí, pero Él tenía que creerle y hacer lo que el Señor le había mandado para poder llevarla al cumplimiento.

Charles Spurgeon decía “ora como si todo dependiera de la oración y trabaja como si todo dependiera de tu trabajo”. Hay que orar, el Señor va a hacer lo que a Él le toca, lo imposible, pero no dejemos de hacer lo que a nosotros nos toca hacer.

Josué 1:4 dice “Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.”

La Biblia no es un libro de historia ni de cuentos, no es una narrativa de fantasía, la Biblia es historia, Israel existió, la Biblia da los detalles de donde estaba ubicado el lugar, Josué existió, Moisés existió, por lo tanto nuestro Dios es real, existe y abrió el mar, derrotó a sus enemigos, movió su mano y detuvo al sol.

No adoramos a un Dios falso, sino a uno real. La Biblia es la historia de Dios revelándose al hombre porque Dios quiere que el hombre actúe a su Palabra, Dios quiere hacernos protagonistas de su historia, quiere usarnos para bendecir a otros. La presencia del Señor no ha dejado de acompañarnos, sigue estando con nosotros, el mismo Dios que abrió el mar lo estamos viendo ser manifiesto delante de nuestros ojos.

Josué era un hombre que había visto los milagros de Dios, vio la provisión en medio del desierto, vio los milagros de Dios operando una y otra vez, y en medio de eso el Señor le dijo “esfuérzate y se valiente”. ¿Por qué?, porque si anhelamos un llamado grande, el pastorado, servir al Señor, ser usado, vamos a necesitar esfuerzo y valentía, porque no es fácil, predicar al Señor en medio de nuestra generación, no es fácil, pero si no nos esforzamos y somos valientes, el Señor nos va a respaldar.

¿Cuántas veces hemos pensado “Señor esa promesa es muy grande para mi”, pero olvidamos que las promesas de Dios son en el amén, eso debería darnos esperanza de que el Señor la va a traer a cumplimiento, no porque seamos capaces sino porque el Señor en nosotros es poderoso, todo lo podemos no es nuestras propias fuerzas, sino en Cristo quien nos fortalece.

Versículo 8-9, “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Versículo 9, “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Moisés ejemplifica la Torá, fue el autor de los primeros cinco libros de la Palabra de Dios, pero Moisés no tenía la capacidad de entrar a la tierra prometida, se entraba por medio de Josué. En Hebreo, el nombre de Josué es “Joshua”; es el mismo que el griego “Jesús”, algo nos estaba hablando el Señor que no era por medio de su Ley sino por medio de Jesús.

Entraríamos a la tierra que el Señor tiene prometida para nosotros y es en Cristo donde heredamos las promesas de Dios.

La Palabra también nos enseña que debemos esforzarnos y ser valientes, en tres puntos, número uno, “no se apartara la Palabra de mi boca”, ¿qué hablamos?, cuando estamos solos o con nuestros amigos, ¿qué palabra hablamos?, debemos ser íntegros y debemos siempre buscar el espacio para poder predicar la Palabra de Dios, debemos ser intencionales y hablar adonde quiera que vayamos y veremos el respaldo de Dios.

Número dos, “no se apartara de tu mente”, muchos cristianos no logran ver la victoria de la cruz sobre el pecado, pero es ahí donde nos debemos preguntar ¿de qué está llena nuestra mente?, porque si nuestra mente está llena de lujuria, maldición y ambición económica, ¿en qué vamos a terminar?, pero si nuestra mente está llena de la Palabra del Señor, en el momento en donde requerimos esa respuesta, vendrá el Espíritu Santo a sacar de la bóveda de palabra y llevarlo a nuestra mente y corazón, para que podamos vencer la tentación.

En la Biblia el Señor no nos prometió que nos iba a arrancar la tentación de nuestras vidas, pero si nos dio las armas para vencerla y se vence cuando tengamos una mente renovada en Cristo Jesús, es una mente llena de la Palabra de Dios.

Número tres y más importante, por eso el Señor lo dice de primero y de último, “no te apartarás de mi Palabra y vas a llevar al cumplimiento, obedece lo que Yo estoy estableciendo”. La vida cristiana no es una vida de emociones, no es una vida de “querer” o que me “nace”, es una vida de obediencia y de integridad, el verdadero creyente no es el que está ausente de problemas, no es el que camina en perfección, sino es el que pone en práctica lo que sabe.

¿Cómo cierra Josué su vida?, primero Josué cruzó el Jordán en seco. La mano de Dios que detuvo el mar para que Moisés y su pueblo pasara, fue la misma mano de Dios que detuvo el Jordán para que Josué pasara en seco, Dios respalda al que tiene obediencia, Dios no respalda al “favorito de Él”, ni al título ni tampoco al nombre de esa persona,

Dios respalda a la persona que cree en Él. Josué vio victoria en Jericó, vio los muros cayendo antes sus ojos y ¿cuál fue la instrucción del Señor?, dale una vuelta por día por seis días y el último siete vueltas, trece vueltas en total, grita, toca el shofar y los muros caerán, Josué vio los muros de sus enemigos caer ante sus ojos por su obediencia. Josué detuvo el sol y la luna, porque el Señor dijo que ese día iba a haber victoria, y si el Señor tiene que detener el sol y la luna para que veamos ese día victoria y que la Palabra de Dios se cumpla, el Señor lo va a hacer.

El libro de Josué cuenta la batalla de Jericó y como Dios dio la victoria, pero también habla de la batalla de Hai, y la batalla en esta tierra, el pueblo de Israel fue derrotado, porque el pueblo de Israel decidió conservar anatema en su tienda y a raíz de la desobediencia viene la derrota.

Nadie que extrañe vivir en Egipto entra a la tierra prometida, pero si nos despegamos a lo que antes era raíz de esclavitud, Dios nos va a llevar a lo nuevo de Él. Se ocupa valentía y esfuerzo para los grandes proyectos de Dios. Si el Señor nos ha pasado por pruebas grandes, es porque planes grandes vienen detrás. La razón del cristiano no es ser prosperado de formas egoístas, los planes de Dios no tratan de nosotros, sino de Él, el plan de Dios para nosotros es que Él sea suficiente.

Lo más grande que podemos encontrar en nuestra vida ya vino y es Cristo Jesús, Él es nuestra mayor motivación porque Jesús es suficiente y es nuestra mejor porción. La promesa del Señor es que en medio de cualquier situación Él se va a hacer presente, en medio de cualquier problema su presencia va a estar ahí, de cualquier situación su aprendizaje va a estar ahí, de cualquier circunstancia las promesas de Dios siguen siendo fieles. Estamos sostenidos porque creemos y confiamos en su promesa.

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