Pecados Sociales
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Pecados Sociales

Si hemos recibido de manera genuina a Jesús como nuestro Señor y Salvador tendremos una eternidad en la presencia de Dios.

Es muy diferente nuestra condición eterna en relación a nuestro tiempo en esta tierra. Cuando nacemos de nuevo el Señor nos da una nueva naturaleza espiritual, la cual busca las cosas del espíritu: orar, leer la Biblia, se deleita en congregarse y en buscar a otros creyentes que compartan nuestra fe. Esto es fruto del Espíritu Santo en la vida de una persona que ha nacido de nuevo.

Nacer de nuevo no significa que nuestro cuerpo físico deja de existir; eso va a pasar cuando el Señor nos llame a Su presencia, pero mientras vivamos en esta tierra nuestro cuerpo físico sigue estando aquí y va a querer buscar las cosas de la carne las cuales traen agrado temporal.

Tenemos la alternativa de sembrar en el espíritu o en la carne, si lo hacemos en el espíritu vamos a recibir como resultado los propósitos de Cristo en nuestra vida, pero si alimentamos la carne – aún conociendo al Señor – vamos a vivir en pleitos, con adicciones a la pornografía, a las drogas, fornicación y vivir una vida de derrota.

Todo a lo que dediquemos más tiempo y lo pongamos como una excusa para no atender los temas del Señor, no orar en las noches, debemos revisarlo. Quizás hemos hecho de nuestros hijos, trabajo, relación, gimnasio o cuerpo; un ídolo.

Hay obras de la carne asociadas a pecados sociales.

Cuando nos sentimos bien físicamente, y cómodos con nuestro cuerpo y subimos una foto de redes sociales ¿cuál es la intención al hacerlo? Podemos engañar a los demás, e inclusive a nosotros mismos pero no podemos engañar al Señor porque Él conoce lo más profundo de nuestro corazón.

Dios sabe cuál es la intención al hacer un comentario en redes sociales. Hay personas que publican su vida privada en redes para llamar la atención, para que pongan su mirada en ellos, aparentar ser la persona más exitosa del mundo, por sus títulos y lograr una posición. Inclusive dentro del ministerio puede suceder, por ejemplo, si al tocar en alabanza queremos agradar a Dios o que la gente nos vea. Hay personas que quieren predicar desde un púlpito pero no lo hacen a nadie más en su vida cotidiana.

Gálatas 5:19-21 dice “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”

No estamos hablando de salvación; esto quiere decir que si alguna practica cualquiera de estas condiciones lo primero que debe hacer es revisar si realmente le entregó su vida a Cristo, pues si realmente lo hemos hecho no podemos practicar lo anterior.

Una vida realmente entregada a Cristo no quiere decir que hoy ya seamos perfectos, quiere decir que ese proceso tiene que estarse dando, tiene que doler fallar, tiene que doler pecar. Pero recordemos que la carta de Gálatas fue escrita a una iglesia llena de creyentes, es decir, esto es una advertencia nosotros que seguimos siendo seres humanos.

Aunque tenemos una nueva naturaleza espiritual seguimos siendo humanos de carne y hueso nuestra humanidad va a buscar cosas de la carne, aunque no debería de.

Es importante aclarar que la Biblia no haba de Internet, redes sociales, ni drogas, pero habla de los principios que se mueven detrás de cada una de esas condiciones.  La Biblia dice que todo nos es lícito pero que no todo nos conviene, que podamos hacer ciertas cosas porque tal vez la Biblia no las prohíbe no quiere decir que eso nos convenga, no quiere decir que eso no vaya a traer repercusiones a nuestra vida ni vayan a edificar, y el que no está sembrando el en el reino ni en el espíritu, está sembrando en la carne.

Entonces la pregunta es ¿dónde queremos sembrar?

Debemos tener la motivación correcta. Dice 1 Corintios 10:31 “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Si vamos a la iglesia por cumplir o para adquirir conocimiento, pero ese aprendizaje no lo llevo una práctica no le estamos dando gloria a Dios, sino que simplemente estamos aprendiendo principios. Más si lo llevamos a la práctica le damos gloria a Dios, pues lo que a Él lo glorifica es ver personas transformadas porque no es natural para uno salir de las cosas de la carne

No existe un cristianismo teórico, este tiene que ser llevado a acciones concretas que nos lleven a una transformación de vida. Hay una parte que va a ser Dios hay una parte que tenemos que hacer nosotros donde debemos luchar, no es una oración y listo. El carácter se forma en la repetición, en la perseverancia y ahí es donde el crecimiento espiritual empieza a darse.

Hay personas que han venido a decirnos por ejemplo que en sus trabajos se burlan de ellos por ser cristianos, el principio bíblico para esto es entender que si Jesús fue perseguido nosotros también; entonces nos gozamos en medio de esa persecución.

Un paréntesis importante de mencionar es que el enemigo busca división. Cualquier persona que atente contra la unidad en chisme, crítica, murmuración, en rebeldía en hablar mal de otros por detrás, tiene un corazón lleno de carne.

La carne produce división, el fruto del espíritu produce unidad.

Es importante entender que somos humanos, y nos vamos a equivocar; no porque tengamos la intención de cometer un error, sino porque somos solamente seres humanos. Sin embargo; hay personas que cuando viene la iglesia están esperando a que la persona que está predicando cometa un error. Si hay algo que no compartimos con un hermano en la fe tomemos lo bueno y desechemos lo malo y asegurémonos que sea doctrinalmente lo adecuado.

Es triste que también dentro de la iglesia existan las peleas. Hay gente que se enoja si a alguien se le pone en una posición de servicio y su razonamiento es preguntarse “porqué” si ellos llegaron primero, pero quizás la otra persona está más comprometida. Esto es una rivalidad poco sana.

Cuando tenemos envidia de que otra persona crezca más que nosotros, no estamos bien. Si somos familia en Cristo debemos alegrarnos y gozarnos por las bendiciones de nuestros hermanos; no sentir celos, ni tener peleas o arrebatos de furia; lo cual sucede cuando la ira le gana al dominio propio.

Lamentablemente también existen la discordia dentro de la iglesia, y esto sucede cuando la gente habla sutilmente asuntos de otras personas y por lo general buscan al que está medio caído, en momentos inadecuados para decir cosas que no deberían. Buscan el peor momento para  humillar a su discipulador por ejemplo,  porque tal  vez estudió o leyó algo y en  medio del discipulado frente al resto de  sus discípulos tiene un filazo para  humillar a la persona que está dirigiendo. La discordia crea división.

La unidad está por encima de la opinión personal, y la unidad se da a través del Espíritu Santo.

La envidia es peor que los celos, pues estos quieren tener lo que otra persona tiene; se quiere el lugar del otro, no quiere ver crecer a otras personas; desea si están mal que los demás también estén mal.

Otro punto es el deporte y el ejercicio, esto no está mal en absoluto, pero debemos examinar si tenemos la motivación correcta. ¿entrenamos porqué queremos vernos más atractivos? Esto quiere decir que estamos buscando tener valor en mi cuerpo.

Tampoco necesitamos pastillas para dormir o sustancias o actividades para “desestresarnos”; necesitamos la paz que sobrepasa todo entendimiento; permanecer en Cristo, decir confiadamente que “en paz me acostaré y así mismo a dormiré porque solo Tú Señor me haces estar confiado”. No necesitamos una sustancia para controlarnos; lo único que necesitamos para controlarnos es dominio propio del espíritu.

Definamos de donde viene la palabra carne:

En Filipenses Pablo hace una separación entre el concepto de carne y carnalidad: “Pues, para mí, vivir significa vivir para Cristo y morir es aún mejor. Pero si vivo, puedo realizar más labor fructífera para Cristo. Así que realmente no sé qué es mejor. Estoy dividido entre dos deseos: quisiera partir y estar con Cristo, lo cual sería mucho mejor para mí; pero por el bien de ustedes, es mejor que siga viviendo”.

Pablo no estaba diciendo que quería quedarse en el actuar pecaminoso, sino que, si para él era más beneficioso quedarse en el cuerpo terrenal, su cuerpo físico para ser de bendición para otros pues que así fuese. Él anhelaba estar con el Señor, pero entendía que mientras estuviese en su cuerpo físico trabajaría para ser bendición para el pueblo de Dios.

Es a través de Cristo que podemos ir al Padre. Pablo dice que los títulos, las posiciones, insignias o talentos en esta vida son carnales. No nos llevan a nada.

La carne es una total bancarrota espiritual, una total dureza en nuestro corazón.  Es cualquier acto humano ajeno a una dependencia del Espíritu Santo, sin Jesús en el centro y sin dar gloria a Dios.

Pablo podía tener todos los títulos y estos lo llevaron a la peor condición, y llegó un momento donde llegó a estar cara a cara frente a Jesús, quien lo confrontó, lo tiró al piso y lo dejó en una ceguera de espíritu.  A eso lo llevaron sus títulos, pero la gracia lo llevó a tener un encuentro transformador.

La pregunta es ¿para qué venimos a la iglesia? ¿para cumplir con un propósito, con congregarse, con la iglesia, cumplir con tu rol o para salir transformado por el Espíritu Santo?

Nuestra batalla no es fácil por eso esta serie se llama plan de batalla, es algo que vamos a tener que pelear todos los días, vamos a tener que orar, que confesar, aunque no nos guste porque solo ahí vamos a ver transformación; sólo así hay crecimiento, transformación y cambio de carácter.

Toda esta enseñanza se resume en que cualquier táctica para combatir la carne es basura si Cristo no está en el centro.

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