Plan de batalla contra la pornografía
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Plan de batalla contra la pornografía

Para poder comenzar, es necesario recordar la mayor verdad de todas: “Si tenemos a Cristo, ya somos libres”, Jesús mismo afirma: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. (Juan 8:36, RV1960). Es necesario que esto llegue a nuestro corazón, el enemigo tiene un plan de batalla, el cual es destruirnos. Sin embargo, no podemos olvidar al establecer nuestra estrategia de pelea que todos los que hemos depositado nuestra fe en Jesús, somos ya victoriosos en Él.

Mencionamos anteriormente en esta serie, tres categorías de pecados contra los que luchamos como seres humanos: sexual, social y espiritual. El enfoque de la prédica de hoy va dirigido al primero de ellos. Es un mensaje para verdaderos valientes que están dispuestos a moverse en honestidad y a soportar la verdad aunque esta sea fuerte y retadora para sus vidas. Con el objetivo de que al final se hagan la pregunta: ¿Cómo deberían vivir su vida?. Vamos a tener la oportunidad de escoger si continuaremos sembrando en el espíritu o en la carne? Si nos vamos a defender de la tentación a la pornografía, sexo y todos aquellos pecados que están fuera del diseño original de Dios con respecto a la sexualidad o dejarnos esclavizar por el enemigo.

Es necesario entender que la sexualidad es un regalo de Dios, para ser disfrutado dentro del diseño del Creador mismo: en un matrimonio entre un hombre y una mujer. Todo fuera de eso es pecado que atenta contra el propio cuerpo del ser humano y contra Dios. Somos consientes de que hoy en día muchos cristianos están luchando contra problemas asociados a problemas de la carne asociados a problemas sexuales. Este problema no sólo ha sido identificado a través de experiencias en consejería de la iglesia, sino por medio de encuestas realizadas a nivel mundial.

Estadísticas relacionadas a la pornografía: La edad promedio de la exposición a la pornografía es a los 11 años de edad y que el 94% de las personas a sus catorce años, han consumido pornografía. 68% de los hombres y 50% de los pastores consumen pornografía regularmente y 33% de las mujeres menores de 25 años consumen pornografía una vez al mes, solo 13% de las mujeres cristianas nunca han visto pornografía. El 55% y 25% de los hombres y mujeres casados, respectivamente, consumen pornografía una vez al mes y el 47% de las familias dicen que esta es un problema latente y continuo en sus hogares. La pornografía magnifica la posibilidad de infidelidad en el matrimonio en un 300%. (Covenant Eye, 2021).

 Pero, ¿cómo comienza el problema de la adicción a la pornografía? Con una primera exposición que conduce a una batalla en la mente, por un lado, un “rush” de adrenalina y emociones, que desembocan en un gran placer que produce satisfacción momentánea. Por otro lado, cuando esto se detiene, llega inmediatamente un sentimiento de culpabilidad, que conlleva a una batalla interna entre las emociones que vienen de la carne y el espíritu contristando.

¿Cuál es el resultado de la pornografía? Siempre va a conducir a heridas, que guían a emociones y un espíritu lacerado. Es ahí donde aparece la culpa, y el aislamiento. La mayoría de las personas, al sentirse avergonzados callan y deciden no compartir la situación con nadie. Pero es necesario detenerse y considerar estas verdades con respecto al pecado: El pecado crece más fuerte en la oscuridad, cuando los escondemos el pecado, este se fortalece. Nos adentramos en una oscuridad donde la carne se regocija y el enemigo comienza a actuar. Nunca debemos simplemente reprimir el deseo, creyendo que cuando haya un matrimonio todo se va a solucionar. La realidad es que es probable que el problema empeore.

Pero, ¿porqué reprimir el problema no es la estrategia adecuada? La siguiente anécdota de un amigo cristiano lo explicará: este chico luchaba con problemas sexuales de pornografía y masturbación. Él intentó durante todo el tiempo de noviazgo con su novia reprimir el deseo, nunca comentando su problema con nadie, nunca lo sanó y simplemente lo guardó por años, no teniendo relaciones sexuales con la pareja. Sin embargo, a los seis meses de casados, se divorciaron, debido a que lejos de que el sexo calmará su ansiedad, esté más bien fue el detonante para que aspirara a expectativas mayores, fue como una llama en medio de un bosque que destruyó todo lo que estaba a su paso.

El pecado no es algo que se administra, es algo que debe llevarse a ser crucificado en la cruz de Cristo. Debemos comprender que no se está lidiando solo con lujuria o con una tentación, la realidad es que los pecados en el área sexual es lidiar con heridas abiertas, y es ahí es donde debemos ir a que Dios nos sane. Es por eso que ante la tentación o una lucha debemos siempre confesar nuestro pecado delante de Dios para perdón y confesar delante de un líder, una persona firme en la fe que pueda ayudarnos a sanar las heridas que se encuentren abiertas en el proceso.

La Biblia nos enseña a través de la historia de un gran hombre de Dios, el Rey David, quien era talentoso en todo lo que hacía, el cual tenía un corazón conforme al corazón de Dios, pero que a pesar de eso, no se le deja pasar por alto una circunstancia que fue tan importante en su vida que aún en los evangelios del Nuevo Testamento se hace mención: sobre como un pequeño error y distracción marcó su vida para siempre. Un error del cual ninguno de nosotros está ajeno a vivir.

2 Samuel 11: 1-4: “Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa”

Errores que David cometió: a) Se distrajo: Él decide quedarse en casa cuando debía estar al frente de la batalla, él debía estar cumpliendo con su rol como Rey. Esta mala decisión que David toma, repercute en su vida, así como en la vida de toda su familia y generaciones. David decide estar con una mujer que no debía. b) David se mostró vulnerable en un momento: él estaba demasiado confiado. “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” 1Co 10:12. Esto nos enseña que no podemos estar con nuestras alertas bajas, no debemos permitir que un momento de vulnerabilidad sea suficiente para cometer un error. c) David produjo la oportunidad para que algo sucediera: subió a la azotea en busca de algo. David se tomó el tiempo para contemplarla.

Se podría resumir lo que sucedió con aquel gran hombre de Dios en cuatro frases:

1. David estaba donde no debía estar

2. David vio lo que no debía ver

3. David hizo lo que no debía hacer

4. David perdió un montón de cosas que no debía perder.

Consejos para establecer el plan de batalla:

1. Recordar que tanto dentro pero aún más afuera de su casa siempre hay minas que pueden detonar en tu vida, y es indispensable que las identifiquemos. Debemos aprender a construir muros

2. Definir cuales son nuestras prioridades, un trabajo donde estás tentado o vivir en una santidad con Dios.

3. Aplica 2 Ti 2:22. “Huye también los deseos juveniles; y sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de puro corazón”.

¿No estamos cansados ya de sentirnos tan lejos de Dios por estar alimentando tanto la carne? ¿Cuál es tu plan de batalla? Porque aquel que va a la guerra sin estrategia está destinado a perderla. No va a ser una batalla fácil, puede que dure toda la vida, pero ya somos libres y la victoria ya fue dada en Cristo Jesús.

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