La verdadera fuente de paz
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La verdadera fuente de paz

¡Jesús es la razón de nuestra Navidad!

 La Navidad proviene de un término del latín que significa nacimiento. Por eso, en este tiempo celebramos el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Esta se festeja el 25 de diciembre por una imposición del emperador Constantino, pero realmente en la Biblia no se especifica con exactitud el día en que Jesús nació. Sin embargo, la fecha no es lo esencial, sino celebrar con gozo y alegría que nuestro Señor nació y vino con un propósito: ser el Salvador del mundo, perdonar cada uno de nuestros pecados y darnos vida eterna.

La Biblia dice que por cuanto todos pecamos, estamos destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3:23), pero también dice que tanto amó Dios al mundo que mandó a su único hijo para que nosotros tuviéramos libertad y vida eterna en Cristo Jesús.

En esta  Navidad, reflexionemos sobre lo que realmente significa el hecho de que Jesús haya nacido en nuestros corazones. Compartamos este gran regalo de vida que el Señor nos dio con los demás, nuestros seres queridos,  familia, amigos y todas esas personas que hoy pueden estar pasando necesidad y no conocen al señor, y lo necesitan tanto como nosotros lo necesitamos. Esta es una época donde más que regalos materiales, podemos perdonar y amarnos los unos a los otros.

Una profecía cumplida

Todas las profecías que estaban en el Antiguo Testamento acerca del nacimiento de Cristo fueron cumplidas. Este es el caso de una profecía del profeta Isaías. “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: «He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” Mateo 1: 21-23

Ese niño, Dios con nosotros, no era un niño común y corriente, sino el mismo Dios haciéndose carne y hombre para estar con nosotros, porque Él se compadeció de nosotros y vino para darnos salvación, restauración y sanidad. El Señor nos ama profundamente. En Lucas 2: 10-14 dice:  Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: !!Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”

Esta paz es lo que nosotros necesitamos, no importa cómo estemos económicamente, el Señor quiere que vivamos en su paz. Una de las profecías más hermosas se encuentra en Isaías 9: 6-7: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.»

Es el Dios fuerte quien tiene poder sobre nuestra vida, nuestro padre que nos cuida y el Príncipe de Paz para nosotros. ¿Cuáles son nuestros pensamientos? ¿Estamos pensando en ansiedad, temor, angustia, conflictos, pleitos, dudas? ¿O por el contrario pensamos en serenidad, reposo, quietud de alma y mente, descanso, tranquilidad? Dios nos quiere llenar de Su Paz, aún en medio del afán de cada día y las malas noticias.

En Costa Rica se están viviendo situaciones dolorosas y difíciles, entre ellas: violencia, pobreza, desempleo, crisis económica, impuestos elevados, corrupción, una pandemia, familias destruidas, entre otras. Y en diferentes momentos, también se atravesaron situaciones que han generado que las personas no tengan paz. En los tiempos de Jesús se daba la esclavitud, pobreza, enfermedades —en ese entonces incurables —, y en medio de esto el Señor caminaba sanando enfermos porque Él tenía compasión de ellos y de la multitud. Jesús les sanó y les habló de paz, y hoy es el mismo, nuestro Príncipe de paz que nos quita la ansiedad, temores o angustias, porque únicamente Él es la paz verdadera. Esta paz solo la podemos experimentar al tener una relación íntima y genuina con Él.

Nuestra paz interna se refleja en la manera en que nos expresamos diariamente y la forma en que nos vemos a nosotros mismos y amamos a los demás. Si tenemos paz, también tenemos relaciones buenas y sanas con otras personas, podemos perdonar y exhortar diciéndole a una persona que algo no nos gusta, pero en amor. Al tener una verdadera relación con Jesús sin rebelión, rencor, o reclamos de todas las cosas; vamos a creer en Él, su salvación y perdón.

Filipenses 4: 6-7 dice «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» Tenemos que darle gracias a Dios aunque no veamos todavía todo cumplido. Jesús murió en la cruz del Calvario y derramó hasta la última gota de sangre para que en medio de un tiempo de dolor, tristeza, quebranto depresión o desánimo podamos tener Su Paz.

La paz de Dios y la paz con Dios

Juan 14:27 dice : “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”

Hay una paz con Dios y existe la paz de Dios. Muchas personas dicen “Ah yo tengo paz con Dios”  “Yo estoy bien”  pero no creen en Jesús y en su vida practican el pecado diariamente, siendo este su estilo de vida, pero el pecado nos va a quitar la paz porque nos separará de tener una relación íntima con el Señor. No podemos vivir en desobediencia y en rebelión con Dios y decir que tenemos paz o decir que Jesús es el Señor de nuestra vida, ya que la paz y el pecado van por dos caminos totalmente diferentes y opuestos.

Los hijos e hijas de Dios tenemos que estar atentos porque a veces permitimos que pasen cosas que no le agradan a Dios, como la envidia, el rencor, el resentimiento, malas actitudes en nuestra propia casa, desobediencia a los padres, hablar negativamente y con amargura en nuestro corazón, las cuales nos pueden traer duda en nuestro corazón y hacer que dejemos de confiar en Dios.

Aunque andemos con nuestra propia justicia y nos justifiquemos del pecado, Dios no puede ser burlado. Podemos decir que nos  traicionaron, que la culpa es de los demás porque nos hicieron daño, o que nos están persiguiendo, pero el Espíritu Santo nos va a convencer de pecado y de justicia en Cristo Jesús. Ante el pecado la solución está en Romanos 5:1  “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;” Entonces vamos a tener paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo quien nos reconcilió. Dispongamonos a reconocer nuestras malas actitudes, pedir perdón al Señor de todo corazón y arrepentirnos, para que tengamos paz y la vida eterna.

La paz no es algo que cae del cielo la paz, sino que viene solamente cuando estamos en una relación íntima con Dios. A partir de ello daremos fruto de amor, gozo, paz, amabilidad, humildad, misericordia, bondad. Así que cuando vivimos en Cristo Jesús y estamos en obediencia ese fruto va a actuar sobre nuestra vida,  entonces tendremos amor  por los hermanos, la paz que Él quiere que vivamos y su  gozo será nuestra fortaleza.

Para tener paz tenemos que estar convencidos de que Dios tiene el control y nada se sale de sus manos, pues no hay otro como el Señor y solo Él conoce el futuro antes de que suceda. Todos sus planes se cumplirán. Dios quiere que seamos como un niño, que vengamos a su presencia y le busquemos porque le necesitamos. Dios quiere que seamos pobres en espíritu y conozcamos  que Él es el único que puede arreglar nuestra vida, que para Él nada es imposible y sus planes son mayores que los nuestros.

No pongamos nuestra mirada en las circunstancias, sino en Cristo Jesús. Dios no quiere que estemos tratando de solucionar las cosas sino que su poderío sea establecido en nuestra vida y le entreguemos todo lo que somos porque separados de Él nada podemos hacer. Que el Señor calme nuestro corazón y nos dé paz y quietud.

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