¿Qué celebramos en Navidad?
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¿Qué celebramos en Navidad?

 

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre”Lucas 1: 31-32

Tenemos que conocer qué es la verdadera navidad. Es una celebración donde se celebra cuando Dios vino a la tierra en forma de hombre para reconciliar consigo al hombre pecador mediante la muerte sustitutiva en la cruz. Nosotros, no celebramos como el mundo lo hace, pues lo hacen dejando de lado a Cristo, una Navidad llena de luces y campanas. Y aunque Cristo es la piedra angular, así también es la piedra de tropiezo para muchos: para el hombre natural que no quiere arrepentirse.

Si le preguntamos la definición de la Navidad a una persona que no la ve desde un punto de vista cristocéntrico, es probable que escuche de su boca palabras como: fiesta, comidas, reuniones familiares, pero la realidad es que la navidad se trata de Cristo. Sin embargo, existen muchas personas que desconocen de Cristo, y otros que por la misma misericordia de Dios hemos sido instruidos sobre quién es Él y por eso podemos hoy venir a celebrar de la manera correcta.

Para hacerlo queremos volver a lo que sucedió en esa Navidad. Vemos en Juan capítulo 1, en este evangelio a Cristo como al Verbo, y dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Juan 1:1-4

Aquí vemos que no solo Él mismo es el verbo que estuvo desde el principio, sino que es a la vez el agente creador y se hace evidente la necesidad de Juan de destacar la omnipotencia de Dios.

Ahora si nos dirigimos a Juan 1:14-15, este texto nos dice:

“Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él, y a voz en cuello proclamó: «Este es aquel de quien yo decía: “El que viene después de mí es superior a mí, porque existía antes que yo”

Primero se nos presenta a través de Juan la divinidad de Dios pero posteriormente se representa a Cristo, como aquel Dios, la segunda persona de la trinidad hecho hombre, hecho ser humano, hecho carne. Lo que quiere decir que en la encarnación de Cristo, en el vientre de María, no es otra cosa que Dios mismo que llegó a ser hombre, sin perder ni afectar su divinidad. Es decir que Cristo es una persona con dos naturalezas, una humana y una divina, es decir 100% humano y 100% Dios, es una persona única. Y esto, lo cambia todo y debe transformarnos, porque desde la primera célula que se implantó en María, era completamente Dios y hombre.

Esto es importante de comprender, aun cuando a veces cause un poco de confusión, Cristo como humano tuvo que desarrollarse como cualquier humano, crecer en estatura, sabiduría, aprendió a hacer todo, es decir tuvo el desarrollo de un niño humano, tuve que aprender a caminar, a comer, etc. Como hombre tuvo hambre, sueño, dolor, se angustió, sudó gotas de sangre, pero ninguna de estas características humanas afectó su divinidad, está permaneció intacta. Es así, que en esa encarnación se unieron inseparablemente y para siempre, es decir eternamente, la condición humana y divina, estas se unieron en Cristo. Y para la eternidad Cristo conserva su condición para siempre. Esto sucedió en el momento de su crucifixión, ya que como Dios, Él no podía llevar a cabo esto, pero como hombre, Él dio su sangre perfecta sin pecado a cambio de nosotros, para que nosotros podamos ser salvos.

De hecho, la ley exige que casi todo sea purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay perdón. Hebreos 9:22

No hay perdón de pecados, si no hay muerte y derramamiento de sangre, estaríamos en serios problemas por más santificados que desearíamos vivir, estaríamos muertos todavía. Cristo tenía que derramar sus sangre para que esto fuera posible, era necesario derramar sangre inocente, desde el inicio no hay un hombre perfecto después de Adán. Todos estamos apartados y destituidos de Dios. y por esta razón es que Cristo dejó su estatus en el cielo, se hizo hombre, y se humilló a si mismo para que pudiéramos ser salvos. Él se hizo pobre para que fuéramos ricos.

Y es por esto que durante la Navidad deberíamos estar dando gracias, es un acto de celebración de agradecimiento, de un Dios que decidió salir de Su casa, de Su lugar de gloria, para toparse con un hombre perdido. Porque, muchos dirán que sus problemas son los vicios, son hurtos, adulterios, etc… El verdadero problema del hombre es que es pecador y está alejado de Dios. Es imposible para un hombre pecador, injusto y depravado, estar delante de un Dios Santo, perfecto, sin mancha.

Esto quiere decir, que si Cristo nunca hubiera sido concebido por María y hecho hombre, ninguno de nosotros se habría podido acercar a Dios, simplemente era imposible por nuestros medios, no podríamos elevar nuestros ojos al cielo. Pues nosotros no éramos náufragos, y  Cristo vino a tirarnos un salvavidas. No, nosotros estábamos hundidos, muertos en delitos y pecados, sin Dios y sin esperanza alguna, no había nada que fuera digno para acercarnos a Dios. Cristo mismo tuvo que hundirse hasta lo más hondo para sacarnos a vida. Eso es el precio de nuestra salvación, de un Dios que aplica gracia al extender su misericordia sobre nosotros.

Navidad es desde este sentido, el regalo más grande de amor jamás contado, donde la segunda persona de la trinidad se ve afectada para siempre. Hoy Cristo es Dios y cuerpo humano, cuerpo glorificado pero humano. Es por esta razón que Él está intercediendo por nosotros, porque Él puede entender nuestras debilidades, Él también fue tentado en todo y conoce la condición humana.

Esta es la necesidad tan grande que teníamos de que Cristo viniera a la cruz a morir por nosotros, porque estábamos muertos, era imposible para nosotros poderlo escuchar, es tan imposible como que en un cementerio, vayamos a predicar y los muertos gritan amén. Estábamos tan lejos de Dios como lo está un muerto de un vivo. Esa era nuestra condición y esa es la justificación de la importancia de la venida de Cristo y de Su muerte en la cruz.

Nuestra tarea y obligación ahora, es orar para que Dios nos convenza de pecado, nos revele nuestra condición en que vinimos a Cristo y debemos ser conscientes de pedirle que nos muestre a través de un avivamiento del Espíritu, que Dios pueda darnos un entendimiento de la realidad del estado en que Cristo nos encontró. Porque si no somos conscientes de nuestra condición, no vamos a lograr entender lo que este sacrificio significó. Los hombres no sabemos amar, no sabemos relacionarnos sin pecado, no sabemos administrar. El pecado lo envolvió todo, el área sexual, emocional, física, todas las áreas fueron tocadas y destruidas por la presencia del pecado.

¿Nos hemos puesto a reflexionar en la condición en la que nos encontró Cristo? Eso debería ser en lo que nos enfocamos cada fin de año durante la navidad. Podernos acercar a Cristo, y preguntarle: ¿Cómo nos encontraste y quien soy yo ahora en Cristo? Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. (Ef 2:8-9). En la carta de Efesios vemos como la salvación nuestra es una obra de Dios, una iniciativa de Dios, le salió de su gloria para venirnos a buscar.

Así que nos somos desechados de la gloria de Dios, nos somos fracasados. Que nadie nos diga que nuestro caso no tiene solución o que estamos perdidos, porque tenemos a Cristo morando en nuestros corazones que nos va a dar los pasos para esa comunión con Él, que nos guiará. Si Cristo no fuera hombre y Dios, estaríamos perdidos, porque el único ser en la tierra y en el cielo, el único que podía sustituirnos en la cruz y pagar lo que nosotros debíamos era Cristo, no existe otro capaz.

Colosenses 2:3 nos dice:  “a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (…),cuando nos acercamos a Cristo con un verdadero corazón de arrepentimiento, la Biblia dice que todos nuestros pecados han sido perdonados. Saben que el llenarnos de culpa es la mayor trampa del enemigo, llenarnos de temor, de pensamientos como: “Dios no me puede perdonar”, “Dios me ha desechado”, “Dios se alejó de mí”, esas son mentiras de Satanás, porque hay uno que se sacrificó por todos nosotros, que abandonó su casa y su gloria, y se humilló hasta la cruz para perdonar nuestros pecados.

Así que que nadie venga a decirnos que no tenemos perdón, porque cuando nos arrepentimos verdaderamente, Jesús viene y borra con su sangre preciosa todos y cada uno de nuestros pecados. Eso dice la palabra de Dios. El único que podía sustituirnos, el único que podía tomar la cruz que estaba destinada para nosotros. Porque debemos comprender que el acto que Cristo hizo en la cruz fue por cada uno de nosotros, para que tengamos vida eterna como regalo.

Es por esto que debemos incorporarlo a nuestro diario vivir, tenemos que estar predicándonos el evangelio todos los días, porque nuestro corazón es engañoso y decirnos a nosotros mismos que somos nuevas criaturas en Cristo Jesús, que las cosas viejas pasaron y que ahora todas son hechas nuevas.

Un día entendí que en medio de mi debilidad el Señor se glorifica. Cuando veo a una persona hundida en lo más profundo de su pecado, me vuelvo al Señor y le digo que por su gracia no caí ahí, pero que soy tan propensa como ellos, y que Él en mi debilidad se fortalece, porque hoy el Señor me permite ayudar a personas con problemas que jamás experimenté, pero Dios me da la gracia y el amor para entender el corazón humano. Porque si de algo soy consciente es de mi maldad y de que soy pecadora. y que si no caí más hondo fue por su misericordia, como así lo hizo con cualquier persona que Dios tomó del fango, la puso a sus pies, la limpió y le dio una nueva vida.

Estamos aquí por misericordia, porque Cristo nos escogió. Recuerden y nunca lo olviden, el único que podía reconciliarnos era Cristo. Ese que adquirió una naturaleza humana por amor a nosotros. Porque todo en la Biblia y en la vida se refiere a Cristo, nada se escapa de Él. Porque todo fue creado por Él. Todo se trata de él. Aun lo que el mundo llama navidad. Recordemos que la Navidad se trata de Cristo.

Cristo no vino por gente que se cree perfecta, sino por gente que sabe que tiene una necesidad, de Cristo. Porque el hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Lucas 5:32). En eso estamos incluidos nosotros y Él vino a buscarnos y a salvarnos. Hoy no podemos salir como llegamos, debemos salir de forma consciente entendiendo que nuestros pecados había hecho una división, un abismo entre Dios y nosotros, pero Cristo tomando forma de hombre, fue a la cruz y murió por nuestros pecados.

Meditemos en cómo Dios nos encontró y cómo nos miró, no pasó de lejos, puso Sus ojos sobre nosotros. No teníamos ningún valor pero aún así Él dejó toda su gloria, se limitó para poder habitar como humano sobre la tierra. Debemos darle gracias porque no pasó de lejos, debemos darle gracias por elegirnos. Y de eso se trata la navidad de darle gracias al Señor y celebrar Su nacimiento en esta Tierra aún despojándose de si mismo. Es un tiempo de amor con el Señor y de reconocer nuestra necesidad de Él.

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Comentarios

  1. Rufino Carrión Quispe : febrero 28, 2021 at 5:38 am

    Para un cristiano verdadero no existe la Navidad en la Biblia, sabemos sí q Cristo Jesús vino en carne en forma humana. Bueno, Navidad es para la Iglesia católica, estudia el origen de la palabra Navidad por más que seas católica; pero te felicito por la enseñanza he aprendido mucho, la Biblia dice escudriñad las escrituras retened lo bueno. Bendiciones

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