Entendiendo el Sufrimiento - Llamados a Sufrir
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Entendiendo el Sufrimiento – Llamados a Sufrir

El mensaje anterior de esta serie de prédicas trataba sobre las pruebas que producen sufrimiento, las cuales sabemos que son permitidas por Dios para glorificar su nombre, madurar y ser santificados progresivamente. Continuando en esa misma línea, este mensaje habla del sufrimiento por causa de Cristo. Puede que en algún momento hayamos vivido persecución, calumnias, palabras hirientes, maltrato, rechazo y que nos hayan vituperado por seguir a Jesús. Esto puede venir de personas cercanas, de nuestra casa, lugar de trabajo, gente de la calle, un vecino, pero eso es real y va a pasar. Si lo persiguieron a Él, a nosotros también según Juan 15:20: Recuerden lo que les dije: “Ningún siervo es más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán. Si han obedecido mis palabras, también obedecerán las de ustedes”. Recordemos que esto no se trata de las personas que nos hacen daño, como lo dice Efesios 6:12: Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.”

Por otra parte, hay gente en muchos países que está sufriendo, personas en Corea del Norte que si dicen que son cristianas saben que las van a asesinar. Hay lugares en los que por tener una Biblia nos pueden matar y poner en prisión. En Somalia, Filipinas y Pakistán no reciben el evangelio, encarcelan y persiguen a los cristianos. En India no se puede tener otra religión porque ellos quieren mantener la suya pura. En México, en la parte de Chiapas, 35.000 cristianos evangélicos han sido perseguidos por creer en Cristo, han tenido que cerrar las iglesias, los han matado y golpeado brutalmente. A veces pensamos que eso solo pasa en el Medio Oriente, en países árabes o lejos de aquí pero no, eso se está dando. Dios nos dio un país privilegiado. En Costa Rica todavía hay paz y aún no nos persiguen físicamente. Aún tenemos la posibilidad de hablar de Jesús.

¿Hemos ido a hablarle de Él a alguien o hemos dejado de lado el llamado de Dios de predicar las buenas nuevas? Filipenses 1:29 dice: Porque a ustedes se les ha concedido no solo creer en Cristo, sino también sufrir por él.” En 2 Timoteo 4:2 se menciona lo siguiente: Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” El Señor nos dice que prediquemos en todo momento, no importa el día, la hora, ni el cuándo, ¡hagámoslo! Debemos convencer a las personas a través del Espíritu Santo, reprenderlos, exhortarlos y enseñarles la Palabra. Hay gente que está muriendo hoy sin Cristo, hasta en nuestra misma familia. ¿Por qué esperamos el día en que las personas estén en una cama o con un padecimiento para irles a hablarle de Jesús?, ¿por qué no les hablamos? El Padre nos puso en nuestra casa para ser luz, para que alumbremos en nuestra familia. Nos puso en el trabajo que tenemos para que seamos luz porque ahí se está perdiendo la gente. Si el Señor nos colocó en esta nación, ¿antes de ir a un país lejano, siguiendo un llamado misionero, debemos comprender que aquí hay gente que todavía no conoce de Dios? Pero estamos callados. Efesios 5:14-17 expresa: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.”

¿Qué estamos haciendo? Santiago 1:22 menciona: Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Un día Dios vendrá y nos dirá: Siervo, ¿qué fue lo que hiciste con lo que yo te di?, ¿qué hiciste con esos talentos, los enterraste, los guardaste o me los diste multiplicados? Este es un llamado y una exhortación. En nuestra casa hay gente a la que tenemos que hablarle, nuestra mamá, nuestro papá. No importa que nos hayan perseguido, sigamos hablándoles. Hebreos 4:12 dice:Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” Según Isaías 55:11: Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” La Palabra cumplirá el propósito por el cual el Señor la ha enviado a través nuestro. Nosotros somos testimonio vivo, cuidado si no lo estamos siendo en nuestra casa. Si nos dicen que no vayamos a la iglesia, igual vayamos a la casa del Padre. Puede que nos digan que preferirían otra cosa a que seamos cristianos, pero esas son mentiras de satanás. Nuestra santidad y Jesús, que está dentro de nosotros, alumbran las tinieblas y estas se ven confrontadas al avergonzar al enemigo por el pecado que hay en ellos.

Todos deberíamos vivir en algún momento sufriendo por causa de Cristo, nos deberían vituperar, perseguir, calumniar… Gloria a Dios por eso. Sería preocupante si no estamos pasando esto en nuestra vida, si nadie está hablando mal de nosotros por ser cristianos, porque podría deberse a que no estamos siendo verdaderos. Los cristianos reales serán perseguidos. Mateo 24:8-12 dice: Y todo esto será principio de dolores. Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” El Señor está hablando de los últimos tiempos. Nadie sabe el día ni la hora de la venida de Jesús pero los últimos tiempos ya han empezado, ya estamos ahí, en principio de dolores. Muchos dudarán de su fe, dirán que no son cristianos y mentirán, serán como Pedro que negó a Cristo. Hoy hay muchos fríos en la iglesia, tenemos que avivar el fuego del Espíritu Santo que hay en nosotros.

Mateo 24:13 dice: Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo”. Dios nos llama a perseverar, a permanecer firmes en nuestros valores, en la Palabra, en la fe en Jesucristo, en la oración, porque el que lo hace será constante y ese compromiso no se irá. Tenemos que mantenernos firmes por nuestros hijos, familia y amigos que no conocen al Señor. Esto es un mandato del Padre, es su voluntad, que a pesar de la tentación, sufrimiento, oposición, tribulación y todo lo que quiera venir en contra de nosotros, tenemos que estar parados delante de Dios. Mateo 24:46 menciona: Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” Es preocupante que las personas de la iglesia no estén pasando persecución ni sufrimiento. Hay tiempos de plenitud pero todos debiéramos haber pasado o estar pasando por esto, si no es así es porque somos tibios, nos hemos escondido y no hablamos del Señor. Podríamos decir que en el trabajo le decimos a la gente: ¡que Dios los bendiga!, pero eso lo dicen hasta los incrédulos. El Padre quiere que hablemos de un Cristo resucitado, que llamen al pecado como pecado, que las personas sepan que Dios los puede transformar, que hay vida y no están en condenación. Podemos decir que ponemos música cristiana en el trabajo pero eso no nos hace ser cristianos. Lo que nos hace serlo es hablar con nuestros compañeros, cuando abrimos nuestra boca para que la gente conozca al Señor. Predicar no es estar en un púlpito, es levantarnos en nuestra casa y hablar del evangelio. Nuestro comportamiento predica sobre nuestra manera de vivir en donde quiera que vayamos, eso es predicar.

Estamos en una cultura anticristiana, en la que las personas son ateas, los valores son pésimos, en contra de los de nuestros. Cuando hablamos, la forma en la que presentamos a Jesús y la manera en la que nos comportamos van a decir que somos diferentes porque nuestros principios son distintos, del reino y no del mundo, por eso nos van a odiar. Podemos decir que creemos en el Señor y que entendemos las cosas de Dios pero si no actuamos en consecuencia a eso no estamos haciendo la voluntad del Padre. No se trata solo de creer en Dios, Él no quiere oidores, quiere hacedores. Si no estamos haciendo nada, estamos engordándonos para nosotros mismos. Deberíamos estar haciéndolo, aunque nos vituperen, persigan y suframos. Tengamos cuidado si nos estamos escondiendo de esta misión que el Padre nos mandó a hacer, si nos escondemos para pecar. Las cosas que se hacen en la oscuridad el Señor las puede ver.

Romanos 8:33-34 dice: ¿Quién se atreve a acusarnos a nosotros, a quienes Dios ha elegido para sí? Nadie, porque Dios mismo nos puso en la relación correcta con él. Entonces, ¿quién nos condenará? Nadie, porque Cristo Jesús murió por nosotros y resucitó por nosotros, y está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios, e intercede por nosotros.” ¿Quién acusará a los escogidos de Dios si Él es quien nos justifica? Nadie puede acusarnos. No importa lo que nos digan. Si somos verdaderos cristianos nos vamos a equivocar, todos hemos pecado, pero el Señor ya nos justificó, limpió y podemos ir confiadamente al trono de gracia a buscar ese favor en el tiempo que lo necesitemos. Aunque nos equivoquemos, el Padre siempre nos va a justificar porque Él ya lo hizo una vez y para siempre. Jesús ya pagó el precio por nosotros, por esa condenación. Él ya murió por nosotros, nos sanó, quitó de nosotros toda la carga de nuestro pecado y ahora somos nuevas criaturas, las cosas viejas pasaron y somos hechos nuevos. Nadie nos puede condenar. Si estamos en problemas, viviendo en pecado, tenemos a Jesucristo y Él va a estar para nosotros, va a interceder delante de nuestro Padre, Él es nuestro abogado. Busquémoslo porque Él nos limpiará y nos llevará otra vez al camino correcto.

Continuando con Romanos 8:35, “¿quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro o la espada?” Nadie puede separarnos de Jesús, ni nuestro propio pecado si lo confesamos. El Señor nos va a lavar y nos hará nuevas criaturas. Nada nos puede separar del amor del Padre. Si  no sentimos el amor de Dios o creemos que Él no nos ama porque hemos pecado mucho, porque no hemos sido buenos cristianos o porque a cada rato fallamos, es importante saber que Él sí nos ama, desde antes de la fundación del mundo ya nos amaba, nos escogió, nos puso nombre (mío eres tú). Él no escatimó ni siquiera su propio Hijo, entregó lo mejor que tenía por nosotros. ¿Entregaríamos un hijo para pagar el precio del pecado de una persona que es mala? Probablemente no lo haríamos, pero el Señor sí lo hizo. ¿Qué mayor muestra de perdón queremos que el Padre nos muestre? Ya entregó todo por nosotros y su amor estará siempre ahí.

Romanos 8:36 menciona: Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.” Al predicar sabemos que tal vez nos va a causar un sufrimiento, ya que si vamos a hablarle alguien, esa persona tal vez nunca más nos va a volver a hablar o nos va a vituperar o calumniar. De igual forma, debemos ir porque sabemos que ese sacrificio pruducirá algo bueno en la vida de alguien.

Romanos 8:37 dice: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” Esto es digno de aplaudir. Ninguna condenación hay para el que está en Cristo Jesús. Dios nos ha hecho vencedores. Él está ahí, no importa el hueco donde estemos metidos, hoy somos más que vencedores y el Señor nos sacará de ese lugar de oscuridad. Romanos 8:38-39 menciona: Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Nadie nos podrá separar del amor del Padre. Tenemos que creer que Él nos ama, que somos sus hijos y nos escogió para ser instrumentos útiles en sus manos.

Por otro lado, hay una persecución que viene por causa de la fe en Cristo, viene del enemigo, pero a la vez es una bienaventuranza, lo cual significa estar feliz, dichoso y lleno de gozo. Mateo 5:10-11 dice: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.” No importa que hablen mal, que nos vituperen, calumnien, cuando eso que ellos dicen es mentira. Si alguien dice que somos chismosos y es así, eso es una verdad, entonces no estarían mintiendo. Pero si alguien dice que somos chismosos y sabemos en nuestro corazón que eso no es así, gloria a Dios porque seremos dichosos y estaremos gozosos, no tendremos que preocuparnos porque nos persigan. Mateo 5:12 menciona: “Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” Hay un galardón cuando la gente nos calumnia, nos maltrata, el cual Dios ha guardado para nosotros.

Adicionalmente, hay otra persecución que viene del mundo, el cual nos odia por causa de Cristo. ¿Por qué nos odia? Porque no somos de este mundo. Juan 15:18-20 dice: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.” Si nos aborrecen es porque ya odiaban al Señor. Si fuéramos del mundo nos amarían por ser iguales a ellos. Si somos fiesteros, mentirosos, estafadores, nos aman, adoptan y aceptan porque somos del mundo, pero si no hacemos lo que ellos dicen nos van a odiar. Dios nos sacó del mundo y en el momento que nosotros salimos de él, el enemigo y las personas empiezan a odiarnos porque ya no somos ni hacemos las cosas que hacíamos. Entonces, los principios del mundo, los anticristianos y ateos van a chocar con los nuestros, les vamos a caer mal. El mundo dice a los cuatro vientos sus valores, hablan del aborto, piden cambios de sexo, no les importa hablar de sexualidad libre, se sienten orgullosos. Y es triste pensar que nosotros ni siquiera hablamos de nuestros valores, nos cuesta decir que Dios es santo, que el pecado está mal, que el Señor no quiere que cometamos pecado porque podemos perder nuestra vida. ¿Dónde están nuestros principios? No los decimos, los callamos, nos escondemos, tenemos miedo de que nos persigan o nos digan algo que no nos gusta oír. Preocupémonos si estamos viviendo en el mundo, si tenemos un pie en él y otro fuera, o si nos gusta porque es una casa de gente que ama el libertinaje.

Qué lindo es llegar a nuestra casa después de haber salido a hacer mandados, estar ahí en paz porque nos sentimos protegidos, pero si nos gusta el mundo es porque esa es nuestra casa. Si nos gustaran las cosas de Dios nuestra casa sería otra, sería nuestro lugar de oración, estar en la presencia de Él, leyendo la Palabra, haciendo las cosas con amor. Entonces, ¿cuál es nuestra casa? Sería preocupante que nos gusten los ambientes, la música, las conversaciones, los chistes y la sensualidad del mundo. Tenemos que examinarnos porque si vivimos en el mundo ellos nos van a amar, pero si vivimos en santidad no nos van a querer, es algo que tenemos que saber. No se trata de que no vayamos al mundo porque vivimos en él, pero Dios nos puso por un breve tiempo. Nosotros también vivimos aquí, no es que no vayamos al cine, a un restaurante, a una fiesta sana, a un matrimonio, solo imaginemos con qué intención hacemos las cosas en el mundo.

Aunque nos digan fanáticos, radicales, no importa, no tenemos que apegarnos a las cosas del mundo, a lo material, porque esto va a pasar pero nuestros valores en Cristo no. Dios no nos va a compartir con nadie, Él es celoso, en cambio el mundo nos comparte con todos, con dioses, brujos, hechiceros, ídolos, el reguetón, entre otros. Al mundo no le importa porque es Babilonia, una mezcla, por eso aceptan a todos, no importa todo lo que quieran hacer, se vale, ese es el mundo. Dios no, o somos santos o no, somos de Dios o de satanás, somos amigos de Dios o enemigos de Él. Así es el Señor, porque no quiere que pisoteemos la sangre de su Hijo, la cual es santa. El Padre sabe que nos van a perseguir por esto, en este mundo somos extranjeros y peregrinos, estamos solo de pasada porque esperamos nuestra casa celestial, ese lugar que el Padre nos prometió, estar por la eternidad con Él día y noche, no habrá dolor, tristeza ni enfermedad en el cielo. Estaremos contentos por la eternidad, gozosos con el Señor.

Hay otra cosa por la que nos persigue el mundo, porque cuando nos convertimos alumbramos los pecados de esas personas. En 1 Pedro 3:4 dice: En el pasado, han tenido más que suficiente de las cosas perversas que les gusta hacer a los que no tienen a Dios: inmoralidad y pasiones sexuales, parrandas, borracheras, fiestas desenfrenadas y abominable adoración a ídolos. No es de extrañarse que sus amigos de la vieja vida se sorprendan de que ustedes ya no participan en las cosas destructivas y descontroladas que ellos hacen. Por eso los calumnian.” El mundo conocía nuestro pasado, algunos nacieron en hogares cristianos pero la mayoría venimos del mundo, hicimos todo eso y peores cosas. No nos extrañemos de lo que nos vayan a decir, que somos aburridos, que qué pereza salir con nosotros, no nos van a invitar porque les vamos a empezar a hablar de Cristo. Así es cuando hay dos amigos del mundo que se emborrachan, todo es fiesta y se reíen de sí mismos. Cuando uno de ellos se convierte, le cuenta al otro que su vida ha cambiado, está feliz, que ha dejado todo lo malo que hacía y que se siente tan bien. El otro le va a decir que no le venga a hablar de esas cosas, que está feliz en lo que está haciendo. Eso es mentira porque piensa que el convertido pudo mientras que él no, sigue metido todavía siendo un alcohólico. Por eso el Señor nos dice que no nos extrañemos porque la luz que hay en nosotros hace que ellos empiecen a avergonzarse de sus propios pecados. Ni se diga del hombre que era agresor y ahora está con su esposa, la mujer que era como Jezabel, queriendo controlar, mandar y ahora es sumisa. Ellos saben que estamos alumbrando las tinieblas y no les gusta ver nuestros cambios.

Reflexión

Sabemos que no somos del mundo, lo que el Señor tiene para nosotros ni siquiera se compara con lo que habremos de recibir. El sufrimiento que hoy estamos pasando, la persecución, el dolor, no se comparan con lo que vamos a recibir, con esa herencia eterna que Dios nos da. Que hoy podamos negarnos a nosotros mismos, esto es morir al orgullo que hay en nuestro corazón, a la altivez que está en nuestro espíritu, que no nos permite ser humildes y poder pedir perdón a otros, sino que estamos llenos de odio, rencor y amargura. Eso nos impide ir a hablarle a otros de Cristo porque el enemigo ha venido con condenación, pero no hay ninguna condenación para los que estamos en Jesús. Vayamos a casa, a la presencia del Padre, Él nos limpia y pueda quitarnos todo eso y poner en nosotros un corazón humilde. El orgullo es egoísmo, que podamos morir y negarnos a él.

¿Cuántas cosas dejamos de hacer para el Señor debido a que estamos llenos de egoísmo? Primero yo. segundo yo y tercero yo, no nos importa si el otro está enfermo, si una hermana hoy necesita una oración, tenemos cosas que hacer. ¿Quiere eso el Señor de sus discípulos? Él quiere gente que ame a las personas, porque Dios es amor y porque así como Él nos amó, nos perdonó y dio a su Hijo, hoy espera que perdonemos, amemos hasta a nuestros enemigos y que los podamos bendecir. Él espera que amemos a los demás como nos amamos a nosotros mismos.

Dios quiere que quitemos nuestro orgullo, altivez, egoísmo y a cuántas cosas tengamos que morir, nuestra doble vida, ira, enojo, disensiones, pleitos, tantas cosas. Él quiere que muramos a eso hoy. Tomemos nuestra cruz. Esta es un símbolo de muerte y Cristo la cargó cuando fue condenado porque simbolizaba que Él ya iba hacia la muerte. El Padre quiere que clavemos en esa cruz lo que tengamos que sacrificar, así como el Señor sacrificó su vida. Vayamos a la cruz, sacrifiquemos nuestro pecado, eso que nos gusta tanto, que no podemos dejar, nuestra carne, esa que nos gobierna, nos hace mentir, robar, estar airados, pelear, todo lo que esta trae, ¡crucifiquémoslo!

El Señor está esperándonos, llevemos a la cruz nuestro dolor, tristeza, ansiedad, miedo, angustia, todo lo que hoy sentimos en nuestro corazón, clavemoslo ahí. Con Cristo estamos juntamente crucificados y lo que vivimos hoy lo vivimos para el Hijo de Dios, quien nos perdonó y nos limpió de nuestros pecados. Hoy lo que estemos viviendo de dolor, crucifíquemoslo ahí porque lo estamos haciendo para Él. Estamos padeciendo un poquito de lo que el Jesús padeció por nosotros. Dichosos dice el Señor, Pablo decía que él daba todo por basura, que él lo único que quería era conocer a Cristo. Lo único que tenemos que desear es conocerlo a Él.

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