"Mensaje a las 7 Iglesias": Carta a Sardis
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«Mensaje a las 7 Iglesias»: Carta a Sardis

Compartimos 4 puntos importantes sobre las cartas de Apocalipsis:

1. El libro de Apocalipsis no fue hecho para juzgar ni para condenar, sino para encender y edificar a una Iglesia que estaba siendo perseguida. Habla de una bendición para aquel que lee ese libro.

2. Las cartas del Apocalipsis son doctrina porque es Biblia. Fueron escritas para Iglesias particulares en tiempos específicos. Cada carta cierra de la misma manera, nos dice que escuchemos lo que el Señor le quiere hablar a las Iglesias.

3. ¿Cuáles cartas aplican para nosotros? Debemos aprender a contextualizar lo que la Biblia nos está enseñando para saber cómo aplica a nuestra vida diaria.

4. El Señor quiere que nuestros ojos espirituales estén abiertos al mundo espiritual actual.

Preguntas que debemos hacernos cuando leemos este libro:

¿Qué me está diciendo el Señor que debo practicar? ¿Qué me está diciendo el Señor que debo abstenerme de practicar?

Hemos visto la Iglesia de Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira y hoy hablaremos de la Iglesia de Sardis. Estas Iglesias van en un orden postal, donde la ruta empezaba en Éfeso y hoy vamos llegando a la quinta parada que es la Iglesia de Sardis, donde actualmente es Turquía.

Esta es una carta de alerta, para que despertemos. El Señor quiere que adquiramos una mejor alarma espiritual para el tiempo que estamos viviendo hoy, ya que es muy fácil entrar en una rutina cristiana y olvidarnos de lo que verdaderamente es nuestra fe en Cristo, esa fue la advertencia que el Señor le quiso dar a esta Iglesia.

La ciudad de Sardis pertenecía a un reinado llamado “Libio”. La conocían por ser una ciudad impenetrable. Había una montaña la cual tenía riscos y murallas muy altas. Consideraban que nunca perderían su poder, sin embargo, llegó el ejercito persa y romano y lograron conquistarlos en diferentes periodos. Dice la historia que mandaron espías por la única ruta por la cual podían subir y conquistar esa tierra, lo hicieron de noche, mientras los soldados estaban durmiendo. Era una ciudad rica, se dice que fue la primera en crear monedas de oro y de plata. Sus riquezas los llevaron a ser una ciudad corrupta, idólatra y llena de pecado. Pese a todo esto, el Señor edificó una Iglesia. Aquí nos confirma que Él puede levantar Iglesias, promesas y obras indistintamente del nivel de oscuridad que haya en un lugar.

 Apocalipsis 3:1-6 dice: “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto»

En este caso, el Señor a quien llama “Ángel” es al pastor de la Iglesia de Sardis. Luego menciona a “siete espíritus”, con esto se refiere a las siete características que debemos tener si el Espíritu Santo habita en nosotros. Isaías 11:2 nos detalla cuales son: «Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.”

Juan indica que cada uno de los nombres que el Señor usó tenía importancia para una Iglesia en particular y que todos fueron revelados en este libro. A continuación dos características:

1. Él es el que tiene los siete espíritus de Dios. Él entiende cuál es la plenitud del Espíritu Santo que debería habitar en el creyente y en su Iglesia.

2. Él es el que tiene las siete estrellas, las cuales son las siete Iglesias.

La carta continúa diciendo “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”.Esta es una de las cartas más duras, ya que no hay nada que se pueda hacer cuando hablamos con una Iglesia que ya está muerta. Pudo haber tenido apariencia de estar viva, pero por dentro no lo estaba, y esa es la primera llamada de atención. Una Iglesia exitosa no se mide por la cantidad de gente que tiene, sino, por la cantidad de temor de Dios y presencia de Él que hay en ese lugar. Es momento de meditar en nuestras vidas y preguntarnos si estamos vivos o muertos.

Juan 15:5 nos enseña cual es la condición para estar vivo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”

Si estamos conectados a la vid verdadera, daremos fruto. ¿Qué tipo de vida queremos tener? ¿Estamos conformes con la vida espiritual que tenemos? ¿Estamos caminando en la plenitud de Dios? El Espíritu Santo y los pastores de la Iglesia de Sardis ya no lo estaban haciendo.

Estar vivo no es la capacidad de venir a la Iglesia, es estar en Cristo, haber nacido de nuevo, entregarle nuestra vida y ponerla a su servicio. Si no lo hemos hecho no le conocemos, no sabemos la plenitud que podemos hallar en Él y lo que verdaderamente es el gozo del Señor.

Quien se considera amigo de Dios se debe considerar enemigo del mundo. El peor tipo de cristiano es el que va a la Iglesia pero está muerto espiritualmente, el que no tiene relación con Dios, el que carece de sabiduría, de discernimiento, que no tiene temor de Dios y esto fue lo que sucedió en Sardis.

Apocalipsis 3:2-3 dice: Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti»

 Nuestra fe no se basa en nuestro accionar, se basa en quién somos realmente en Cristo. Debemos anhelar una comunión íntima con Él, quiere transformar tu vida pero no trata con el que está muerto.

En este libro, el Señor habla de una persecución a las Iglesias, excepto a la de Sardis. Esto se debe a que esta Iglesia se amoldó a tal forma con la práctica del mundo que ya el enemigo no ocupaba perseguirlos. Como cristianos, no podemos permitir que el mundo entre a nuestra Iglesia, casa o vida porque Él no trata con quien está muerto, con aquel que no quiere oir su palabra, que cerró su corazón al Espíritu Santo de Dios.

Apocalipsis 3:4 dice: Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.”

 Menciona las vestiduras y al color blanco. Estas hacen referencia al carácter de una persona. En este caso, a que su carácter se ha preservado santo delante del Señor. El blanco representaba en ese tiempo justicia y gloria. La biblia nos dice que aquel que se mantenga puro caminará con el Señor.

Apocalipsis 3:5-6 dice: El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

 En esa época los gobernadores tenían libros donde se registraban a los ciudadanos de una nación. Había dos condiciones para perder la ciudadanía: la primera era por muerte y la segunda por realizar una traición muy grande. El Señor nos promete que el nombre de aquel que venciere, nunca será removido del registro de la ciudadanía celestial ya que no morirá. Si tenemos a Cristo tendremos vida en abundancia.

Finalmente, el Señor nos da algunos puntos sobre cómo debería actuar un cristiano:

1. No le pongamos barreras a nuestra oración de fe. En ocasiones pensamos que alguien es tan pecador que jamás llegará a conocer a Cristo, pero nunca olvidemos que Dios puede traer luz inclusive en el lugar más oscuro.

2. El pecado y la falta de perdón matan una Iglesia. El Señor da un mensaje a una Iglesia muerta que tienen un remanente santo por su misericordia pero que está a punto de morir, porque se dieron permisos que nunca se tuvieron que haber dado. El pecado nos va a llevar a muerte, nos mata poco.

3. Principios que nos deja el Señor para quien que está a punto de morir:

– Seamos vigilantes, no nos durmamos por que el enemigo va a usar la mínima entrada para venir y conquistar nuestra tierra.

– Afirmemos nuestra vida espiritual. Oremos y leamos la Biblia, no dejemos de congregarnos, permitamos que la vida espiritual que el Señor planeó para nosotros esté firme en la roca inconmovible que es Cristo.

– Acordémonos de lo que Dios ya hizo en nosotros. Tengamos presente de dónde nos sacó. Cuando estábamos muertos vino un espíritu de vida y nos levantó.

– Guardemos sus principios. De nada sirve saber la biblia si no la practico. Vivamos la palabra de Dios.

– Arrepintámonos. Tal vez no sintamos ganas de hacerlo, pero el arrepentimiento no es un sentimiento, es una acción.

Mateo 10:32 dice: A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Si estamos a punto de morir y sabemos que nos hemos apartado del Señor, es momento de que le pidamos perdón. Si por el contrario, hemos mantenido las vestiduras blancas, adoremos como Él lo merece y agradezcamos a Aquel que vive y reina por los siglos de los siglos.

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